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Full text of "Rimas"

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1k.: 



LA CULTURA ARGENTINA 



BARTOLOMÉ MITRE 



RIMAS 



Texto completo de la 3* edición (1891) 
corregida y considerablemente aumentada (por el autor) 



Con una introducción de 
JOSÉ CANTARELL DART 




BUENOS AIRES 
«La Cultura Argentina» — Avenida de Mayo 646 

1916 



RIMAS 



BARTOLOMÉ MITRE 



Nació en Buenos Aires el 26 de Junio de 1821. Sólo con- 
taba diez y seis años cuando se dio a conocer como poeta 
y militar; en el sitio de Montevideo distinguióse como 
capitán, al mismo tiempo que publicaba sus primeras 
producciones. Después de servir la causa de la libertad 
en el segundo sitio de esa ciudad, pasó a Bolivia y a 
Chile (1848), donde actuó en la prensa opositora, emi- 
grando después al Perú. Regresó a Chile en 1852 y luego 
se alistó en las filas del ejército aliado contra Rozas, 
teniendo bajo su mando la artillería oriental en Monte 
Caseros. Fué electo diputado, pero tuvo que emigrar 
nuevamente por su oposición al gobierno de la Confede- 
ración. Desde esa fecha su personalidad política creció 
extraordinariamente; fué ministro de la guerra, dirigió 
los ejércitos de Buenos Aires contra la Confederación, 
fué Gobernador de Buenos Aires y elejido Presidente de 
la República (1862-1868). Su administración fué liberal y 
progresista; sólo la guerra con el Paraguay entorpeció 
algún tanto los progresos de la paz. Varias veces fué 
candidato popular para desempeñar nuevamente la presi- 
dencia, renunciando al fin ese honor y retirándose a la 
vida privada. En Junio de 1901, al cumplir los 80 años de 
edad, la nación entera le hizo una apoteosis nunca igua- 
lada en América. 

Mitre fué grande bajo tres aspectos: poeta en su juven- 
tud, estadista en la edad viril e historiador en la madurez. 

Su Historia de Belgrano (4 vol.) y su Historia de San 
Martín (6 vol.) son verdaderos tesoros nacionales; com- 
plementan su obra de historiador la "Biografía de Rivera 
Indarte", los "Estudios Históricos sobre la Revolución Ar- 
gentina", las "Cartas-polémicas sobre la Triple Alianza", 
las "Comprobaciones Históricas", y numerosos ensayos 
monográficos sobre personajes o acontecimientos argen- 
tinos. También publicó doctos estudios sobre lenguas 
americanas. 

En su vasta labor literaria culminan sus "Rimas" 
(1854), poesías juveniles, anotadas y corregidas en reedi- 
ciones sucesivas; la última (1901) "tiene el carácter 
auténtico de una edición definitiva". Tradujo en versos 
castellanos el "Infierno" del Dante y el "Ruy Blas" de 
Victor Hugo. Escribió el drama en cuatro actos "Poli- 
carpa Salvarrieta". Sus mejores discursos están reunidos 
en el volumen "Arengas". 

Entre sus mayores títulos, en la historia de la cultura 
americana, cuentan la fundación del diario "La Nación" 
y del "Archivo Mitre". 

Falleció en Buenos Aires, el 19 de Enero de 1906, pro- 
duciendo su muerte intensa emoción continental; su nom- 
bre y su actuación están indisolublemente ligados a me- 
dio siglo de vida argentina. 



LA CULTURA ARGENTINA 



BARTOLOMÉ MITRE 





AS 



Texto completo de la 3* edición (1891) 
corregida y considerablemente aumentada (por el autor) 



Con una introducción de 
JOSÉ CANTARELL DART 




BUENOS AIRES 
«La Cultura Argentina» — Avenida de Mayo 646 

19 16 



[ S£P ^• 



ñ; A, 



t rs 



/niTRE POETA 



Roma tuvo su poeta : Juvenal ; Buenos Air^ su can- 
tor, el poeta del civismo: Mitre. 

Como Cynthia amó a Propercio y Lycoris a Galo, 
«orno Tíbulo se inspiró en su adorada Némesis y Ovidio 
en su Corina, y como Horacio cantó al nevado Soractes, 
así Mitre cantó, en su juventud, al Buenos Aires glo- 
rioso, al Buenos Aires acariciado por las dulces aguas 
del Plata: 

"Si leo algún escrito que nombre a Buenos Aires 
Sus páginas exhalan magnético perfume." 



Mitre fué indiscutiblemente el poeta popular*, el 
ídolo de la juventud bonaerense de su tiempo. Sus ver- 
sos conmovían los corazones de toda porteña romántica 
y de todo vate de disoluta cabellera; y también ¡cuán- 
tos viejos solían recitar sus sonoras y cálidas estrofas 
patrióticas ! 

Puede decirse que "su lira abarca toda la gama del 
sentimiento. Ora es sonriente ; ora grave ; hoy triste ; 
mañana alegre; sabe reir y sabe llorar; para el placer 
tiene una sonrisa y para el pesar una lágrima." 

Desde mi edad más tierna amé a esa figura de após- 
tol y militar, en que parecían fundii'se la gravedad y 
la dulzura de un viejo sacerdote de Cibeles. No obs- 
tante la acritud de algunos y la displicencia de todos 
en reconocerlo poeta, ha persistido mi fervorosa fideli- 
dad por su musa y mi empeño de contrastar sistemáti- 
camente a cuantos intentasen cubrir de olvido la obra 



VÍII MITRE POETA 

armónica y sustancial de este bardO; cuya característica 
era la de unir a las arduas empresas guerreras las gala- 
nas flores de sus madrigales . . . ¡ Cuántas veces, en me- 
dio de sus no igualados honores, pulsaba tiernamente la 
lira para evocar a Josefina, la hija muerta ! . . . 

Hay médula de moralista y de filósofo en este poeta 
que no tuvo frivolidades, pues sus labios jamás emplea- 
ron el ornato de la lisonja para llegar a ser cumbre. 
Fué grande en sus actos y grande por su corazón. Tuvo, 
sí, la pasión de ser infinitamente bueno. Acaso sea el vi- 
cio que eleva a los hombres a dioses. Héroe de la espada,^ 
héroe del civismo argentino, en su jardín hubo variedad 
de ñores. Hubo aromas, coloi'es, mieles incomparables . . 
Jardín en donde la flor simbolizaba el "libro mágica 
que no encierra ningún error peligroso, depositario que- 
rido de la fugitiva historia de las revoluciones del co- 
razón". 

Arte y t-emperamento se piden mutua ayuda y con- 
tribuyen a fortnar un buen poeta, según Horacio. En 
Mitre brillaron eficientemente estas calidades. Pulsó la 
lira con las alternativas nostálgicas del ave que no to- 
maría la estación del frío por la de las flores. 

Poeta, sufrió estoicamente la bonanza y las tem- 
pestades de las pasiones, en sus vuelos no malgastó las 
alas en derroteros falsos. Sólo pudo alguna vez vacilar 
en su rumbo, de la misma suerte que el ave al verse sor- 
prendida poi' un huracán cesa en sus inefables armo- 
nías. 

¡Peregrino de la poesía, profeta y cantor de nues- 
tras glorias militares; militar que, a pesar de tus ha- 
zañas guerreras, te remontaste hasta el Olimpo, mon- 
taña sublime, sobre la cual, según la tradición, Júpiter 
residió con toda su divina corte; espíritu excelso y pa- 
ladín de nuestra democracia; tú fuiste, en verdad, el 
apóstol de la libertad y contribuíste a enterrar en la 
fosa común de la tiranía los restos del caudillismo! 

II 

Faltaríamos, sin duda, al respeto que su augusto 
nombre merece, si entráramos a analizar en detalle su 
obi'a "juvenil" de poeta. Pertenece al género de las que 
se sienten y se admiran, como bloques parciales de un 
monumento cuj^a grandiosidad está en el conjunto. Mi- 



MITKK POETA IX 

tre poeta es un aspecto de la vasta personalidad que 
sólo puede abarcarse en su grandeza junto con Mitre 
historiador y con Mitre estadista. 

El timbre triste y simpático de sus estrofas da es- 
pecial relieve al vencedor de Pavón y factor principal 
de la or'ganización de la República. "En medio de las 
más grajides agitaciones, cuando no había un solo espí- 
ritu equilibrado y se respiraban odios y resentimientos 
en todas partes, el general Mitre, sustraído por una 
voluntad de hierro que le hace gobernarse con sereni- 
dad siempre, y levantada la inteligencia, buscaba r-fe- 
poso y aislamiento en el libro, en el estudio, en el tra- 
bajo histórico" (1). 

Con Várela y con Echeverría, representa Mitre 
una hora que fué augura! en las letras argentinas ; y 
como en la obra de esos vates, mézclanse en la de Mitre 
el tierno sentimiento de la pléyade romántica con las 
explosiones cálidas del civismo patriótico. Fuei'on poe- 
tas civiles, cantores de la patria, custodios de la liber- 
tad : pero impregnados siempre de romanticismo. 

En la poesía titulada "En la tumba de un poeta" 
resalta la sencillez, la ternura, la inspiración espontá- 
neas, la filosofía cristiana, y el solemne tono quejum- 
broso que la anima. í]sta sentencia traduce fielmente 
la vida: 

"Antes que ver los infortunios nuestros. 
En tu lecho de tierra duerme en paz." 

"Y la musa que vela en tu sepulcro 
En medio de la triste soledad. 
Aun hace estremecer tu dulce lira 
Y en cenizas, el fuego hace brotar." 

" ¡ Oh tú, que en esa mente generosa 
Abrigaste una utopía celestial, 
Antes que ver los infortunios nuestros. 
En tu lecho de tierra duerme en paz!" 

"Plegaria" es una po^ía religiosamente tienia, 
cuya expresión corre parejas con su simplicidad y hace 
pensar dulcemente. 



(í) «El Diario, juüo 30 de 18P6. 



X MITEE POETA 

''Que la mujer que sueña es como el ave 
Que oculta su cabeza en ala suave." 

En la composición "Despedida" se advierte la me- 
lancolía suave y resignada de un Byron, al par que la 
trabazón profundamente expresiva del poeta que con- 
templa desvanecerse sus sueños. . . 

"Adiós, mujer nacida para inspirar amores, 
Nacida como nacen en el jardín las flores. . . " 

"Nada diré" es una inspiradísima composición 
cuyo tono ai'monioso deleita y cuya sutilidad, galanura 
y riqueza de imágenes sedúcenos hondamente . . , En 
cuanto a la técnica, es digna de un profesional por la 
seguridad y solidez del verso. 

"Yo que no tengo cortesano genio, 
Nada quiero decir ante tu altar. 
Cuando otros rail las flores de su ingenio 
A. tus plantas vendrán a derramar." 
"No te diré si es bella tu cabeza, 
Ni si tienes de Fidias el perfil, 
Ni si tu frente, cielo de pureza, 
Está cubierta con estrellas mil. 
No te diré si tu alma resplandece 
Como diamante en urna de cristal, 
Ni si tu seno blando se estremece 
Como la niebla al soplo matinal. 
No te diré si el labio que enamora 
En sus palabras desparrama miel, 
Ni si al caer, cual perlas del aurora, 
Hacen brotar las ñores del verjel. 
No te diré si tus hermosos ojos 
Son dos astros que Dios dejó caer, 
Para alumbrar los púdicos sonrojos 
Que tus mejillas suelen encender. 
No te diré si tus cabellos rubios 
Que circundan tu frente cual capuz, 
Llamas son de magnéticos efluvios 
Que de tu mente vuelan a la luz. 
No te diré si tus airosos brazos 
Los gajos son de madreselva en flor. 
Si se entreabren para dar abrazos 



MITRB POETA XI 

Y al pino añoso visten con amor. 
Sólo diré: "Jamás a tu cabeza 
Falte la eterna flor de la virtud, 
Ni la sonrisa falte a tu belleza, 
Ni al corazón le falte su quietud." 

"A Santos Vega" tiene la rica levadura de una 
leyenda indiana. Reúne a la naturalidad del acento 
una expresión dulce y supersticiosa que encanta: 

"Allí duerme Santos Vega; 
De las hojas al arrullo 
Imitar quiere el muimullo 
De una fúnebre canción, 

Y mientras el gaucho errante 
Al cruzar por la pradera, 

Se detenga en su carrera 

Y baje del alazán: 

Y ponga el poncho en el suelo 
A guisa de pobre alfombra, 

Y rece bajo esa sombra 
Santos Vega duerme en paz." 

¡ Cuan agr'adable y al propio tiempo triste' es la 
titulada "El caballo del gaucho"! 

"En la guardia de frontera 
Paraba oreja agorera 
Del indio al sordo tropel, 

Y con relincho sonoro 
Daba el alerta mi moro 
Como centinela fiel. 

Ya no vamos de carrera 
Por la extendida pradera. 
Pues somos viejos los dos. 
¡ Oh mi moro ! el cielo quiera 
Acabemos la carrera 
Muriendo juntos los dos!" 

Bien merecida fué su pr^eeoz reputación de prosista 
y de poeta. Y fácil fué para Esteban Echeverría, en 
la ojeada retrospectiva sobre el movimiento intelectual 
de la época (1), profetizar días de gloria al joven que 

(1) latroducción al «Dogma Socialista». 



Xn MITRE POETA 

entusiasmaba a toda una generación: "El señor Mitre, 
artillero científico, soldado en Cagancha y en el sitio de 
Montevideo, ha adquirido, aunque muy joven, títulos bas- 
tantes como pi^osador y poeta. Su musa se distingue 
de las contemporáneas por la franqueza varonil de sus 
movimientos, y por cierto temple de voz marcial, que 
nos recuerda la entonación robusta de Calimaco y de 
Tirteo. Se ocupa actualmente de trabajos históricos 
que le granjearán, sin duda, nuevos lauros." 

III 

Pai'ece que Mitre aplicase en sus versos aquel 
Simplex dum taxat et unum de Horacio. Sin embargo, 
se oye decir que al autor de "Rimas" le faltó ameni- 
dad, sutilezas, exaltación creadora, rebeldías a lo An- 
drade. 

Convengamos en que fuese así. Pero es innegable 
que deleita la melodía de sus estrofas, el estilo a lo Tu- 
cídides, la dulzura reposada y noble de un Jenofonte, 
la melancólica emoción de un Byron. 

Preguntémonos con Brunetiére : ¿ha de despren- 
derse el poeta de toda filosofía y estética, y ser el "eco 
sonoro" de todas las cosas? ¿o ha de aparecer tal como 
es en sí mismo? Mitre no se desfiguró jamás. Fué un 
poeta "personal", no "egoísta", y se caracterizó más 
por su "naturalismo". Vale decir, que no expi'esó 
ideas abstractas, ni menos metafísicas, en sus concep- 
ciones poéticas. Si en ocasiones idealiza abundante- 
mente y purifica, musicaliza y hasta da relieve a las 
imágenes más triviales, no culmina en la ejecución rít- 
mica con la fuerza, precisión y agilidad indispensables. 
Descuida a veces la perfección técnica para ceñirse a 
los hechos .y reflejarlos en forma nítida, primorosa por 
momentos. 

Mitre sentía hondamente la poesía. "Ija considero 
— dice — como un arte sintético, o, lo que es lo mismo, 
un arte que obra sobre la imaginación y sobre todos los 
sentidos a la vez, por la doble combinación de las formas 
materiales e inmateriales del espacio y del tiempo." 

Pero ¡cuan poco pudo cultivarla dudante su aza- 
rosa vida pública! Sin embargo, quien lea con amor 
sus "Rimas", compartirá este juicio: "La lira de Mi- 
tre se presta fácilmente a la expresión de todos los sen- 



MITBE POETA XIII 

timientos sublimes, filosóficos, melancólicos y tiernos. 
El poeta es espiritualista y con igual felicidad alza sus 
cantos al amor y a la libertad. Tan graciosas y llenas 
de donaire y galanura son sus composiciones a las be- 
llas, como arrebatadoras y llenas de fuego son sus es- 
trofas contra la tiranía o sus himnos a la patria. Amor, 
patriotismo y fe, ese es el triple sello de las poesías de 
Mitre." (1)' 

Debemos tener presente que el ''carácter de nues- 
tra poesía fué espontáneo; flor brotada al influjo del 
sol Inca, en el campo de nuestras propias her'edades re- 
dimidas del poder que la dominaba por el derecho de 
la fuerza. Mitre aprendió su estética en el fondo del 
corazón, movido por el patriotismo." El espíritu evoca 
esta otra elocuente cita, debida también a la pluma del 
"sobresaliente hijo espiritual de Mitre", don Juan Ma- 
ría Gutiéi'rez: "Fué sublime (nuestra poesía) como los 
Andes, majestuosa como el Plata, solemne como la apa- 
rición de la aurora en nuestras latitudes templadas." 

IV 

Mitre tenía alma de poeta. Sus primeras composi- 
ciones de la edad juvenil, publicadas bajo el título df 
"Ecos de mi lira", así lo atestiguan. Alguien asegura 
que la primera composición poética de Mitre se titu- 
laba "No tengo un nombre", y se publicó en "El Ini- 
ciador" de Montevideo, hacia el año 1838; pero su bió- 
grafo, el doctor Lamarque, i'efiere que ya en 1836 Mi- 
tre había publicado una colección de poesías "cuyos 
ecos se han perdido". 

Solicitada su actividad intelectual por los estudios 
históricos y los asuntos de Estado, no pudo Mitre se- 
guir rindiendo culto a las musas con la asiduidad que 
deseara su temperamento. "Como es de notoriedad — 
dice el prólogo de la tercera edición de sus "Rimas" — 
el autor dejó de hacer versos a la edad de veinte añ&s, 
y sólo poi' acaso y muy de tarde en tarde, escribió al- 
gunas poesías de carácter íntimo y una que otra tra- 
ducción del francés, del inglés o del italiano." 

Antes de la publicación de sus "Rimas", Mitre 
las había hecho ya conocer en la prensa. En "El Tni- 



(1) Torres Caicedo M. M.). «Ensayos b¡o>;ráficos y de crítica literaria». 



XIV MITRE POETA 

ciador", en "El Nacional"', en "El Talismán "^ fun- 
dado en 1840 por Gutiérrez y Rivera Indarte, se en- 
cuentran algunas composiciones patrióticas y amato- 
rias. Igualmente en "El Corsario", en "El Comercio" 
de Valparaíso y en "El Progreso" de Santiago de 
ChUe. 

En el mencionado prólogo están consignadas las si- 
guientes noticias bibliográficas: "En 1854 se coleccio- 
naron por la primera vez estos ensayos de su musa ju- 
venil, bajo el modesto título de "Rimas". Agotada la 
primera edición, se hizo en 1878 una segunda más co- 
rrecta y mejor ordenada, corr'egida y aumentada. 

"Posteriormente, después de cerca de cincuenta 
años de silencio, la musa provecta del autor de las "Ri- 
mas" se ensayó en la traducción poética de la "Divina 
Comedia" del Dante, cuyos primeros cantos y comen- 
tarios tanta repercusión han tenido en Europa y Amé- 
rica, asignándole un puesto entre los poetas y críticos 
del habla castellana en sus enlaces con la poesía ita- 
liana." 

La presente reedición de las "Rimas" de Mitre 
constituirá, sin duda, un acontecimiento bibliográfico y 
literario, poniendo en manos de la juventud una vasta 
obra poética hasta hoy sólo accesible para pocos elegi- 
dos. Se ha escogido, como es lógico, el texto de la "ter- 
cera edición", para la que se ha "tenido a la vista un 
ejemplar anotado y corregido por el mismo autor, con 
inclusión de algunas tíaducciones que faltaban en las 
anteriores ediciones. Tiene, pues, el carácter auténtico 
de una edición definitiva ..." 

Expresamos aquí nuestro agradecimiento al señor 
don Luis Mitre, director del "Archivo Mitre", que con 
su habitual generosidad nos ha permitido durante lar- 
go tiempo frecuentar los documentos allí atesoi'ados, lo 
que nos ha hecho comprender y admirar en su monu- 
mental conjunto la obra del ilustre patricio. 

V 

Mitre tuvo el culto " washingtoniano " del pueblo. 
En la poesía fincó parte de su credo republicano, y si 
no hizo poesía pura, hubo en él un poeta natural y ar- 
monioso. No empleó actitudes forzadas, ni fomentó la 
revolución de extravagancias métricas con que los poe- 



MITRE POETA XV 

tas de lioy cantan su epicureismo. A éstos podria apli- 
cárseles, aunque parezca exagerada, esta definición de 
Bacon: "La poesía es el deleite de la mentira". Sí, lo 
es; y má-s aún: es el himno a las diabólicas concupis- 
cencias de la carne y a las fingidos sentimientos del co- 
razón. Como se la cultiva hoy, amenaza tocar los lindes 
de la patología. ¡ La neurastenia contagiando a las mu- 
sas ! i Todo por la técnica, por la desdichada técnica 
que nos está "militarizando" hasta la música! 

En suma: a Mitre, como poeta, se le acusa de exce- 
siva sencillez, de bajo acento rítmico, de precaria or'na- 
mentación artística. . . Es de lamentar el desgano con 
que se lo estima. La modestia suele ser nociva, y Mitre 
fué modesto. ¡ Cuántas tibiezas injustas, si pensamos 
que el republicano, el guerrero, el historiador, el pa- 
triota, sólo cultivó la poesía como un reposo espiritual, 
tan sencilla, tan simplemente como el jardinero riega 
en las tardes de sol las flores de su huerto ! . . . 

José Cantareil Dart. 

Buenos Aires, 1916. 



ADVERTEhCIA 



A LA TERCERA EDICIÓN 



Esta tercera edición de las poesías sueltas del ge- 
neral Bartolomé Mitre no tiene un objeto comercial, 
sino simplemente bibliográfico. 

Como es de notoriedad, el autor dejó de hacer ver- 
sos a la edad de veinte años, y sólo por acaso y muy 
de tarde en tarde escribió algunas composiciones de 
carácter íntimo y una que otra traducción del francés, 
del inglés, o del italiano. 

En 1854 se coleccionaron por la primera vez estos 
ensayos de su musa juvenil, bajo el modesto título de 
"Rimas". Agotada la primera edición, se hizo en 1876 
una segunda más correcta y mejor ordenada, corregida 
y aumentada. 

Posteriormente, después de cerca de cincuenta 
años de silencio, la musa provecta del autor de las "Ri- 
mas" se ensayó en la traducción poética de la "Divina 
Comedia" del Dante, cuyos primeros cantos y comen- 
tarios tanta repercusión han tenido en Europa y Amé- 
rica, asignándole un puesto entre los poetas y críticos 
del habla castellana en sus enlaces con la poesía ita- 
liana. 

Habiendo tomado a nuestro cargo la edición de la 
traducción completa del "Infierno" del Dante, hemos 
pensado que una nueva edición de los ensayos poéticos 
del traductor, en el mismo formato, era un complemen- 



XVIII ADVERTENCIA 

to bibliográfico necesario de sus antecedentes literarios, 
como parte accesoria de su obra, pues fueron sus "Ri- 
mas" las que le merecieron el haber sido nombrado Ar- 
cade de Roma, y a esta circunstancia se debe su traduc- 
ción de la "Divina Comedia", cuyos primeros cantos 
dedicó a la Academia de la Arcadia, para corresponder 
al honor recibido de ella. 

Para el efecto, hemos tenido a la vista un ejemplar 
anotado y corregido por el mismo autor, con inclusión 
de algunas traducciones que faltaban en las anteriores 
ediciones. Tiene, pues, el carácter auténtico de una edi- 
ción definitiva, a la vez que de un libro complemen- 
tario. 

Para conservar a esta edición su carácter pura- 
mente bibliográfico, ella ha sido limitada al niimero 
de doscientos ejemplares, de los cuales el autor se ha 
reservado cien para circulación privada, y sólo cien 
de ellos con destino a los que deseen poseer por curio- 
sidad la colección de sus obras completas. 

FÉLIX LAJOUANE, 
Editor 



ADVERTEhCIA DEL EDITOR 

DE LA SEGUNDA EDICIÓN 



Hace treinta años que el ilustre poeta D. Esteban 
Echeverría consignó estas palabras en un libro dedica- 
do a la joven generación de sus días: " El señor Mitre, 
" artillero científico, soldado en Cagancha y en el sitio 
"' de Montevideo, ha adquirido, aunque muy joven, tí- 
" tulos bastantes como pensador y poeta. Su musa se 
" distingue de los contemporáneos por la franqueza 
" varonil de sus movimientos, y por cierto temple da 
" voz marcial que nos recuerda la entonación robusta 
" de Calimaco y Tirteo. Se ocupa actualmente de tra- 
" bajos históricos que le granjearán, sin duda, nuevos 
" lauros, " 

Precisamente en la época en que las líneas que 
acaban de leerse se publicaban (año de 1846), la musa 
del señor Mitre enmudecía, pues, como él lo ha dicho 
en su conocida "Carta-Prefacio", casi todas las poesías 
líricas que forman su colección fueron escritas por él 
a la edad de veinte años. 

Estas poesías, reunidas por la primera vez en un 
volumen, se publicaron en Buenos Aires en 1854, preci- 
samente por la imprenta en que hoy se da esta nueva 
edición, siendo su editor el mismo que firma esta adver- 
tencia. 

Aunque se hizo un tiraje bastante copioso para la 
época, la edición se agotó muy luego, al punto que a 



XX ADVERTENCIA DEL EDITOR 

los pocos meses nos fué imposible atender a la demanda, 
creciente de la obra. La demanda, lejos de disminuir, 
ha ido creciendo cada vez más, como hemos podido cer- 
ciorarnos por nosotros mismos en el comercio de libros 
de que hace veinte años nos ocupamos, obteniendo pre- 
cios subidos, que no ha alcanzado entre nosotros nin- 
gún libro, los pocos ejemplares que por casualidad se 
ofrecen en venta. 

Esta circunstancia nos ha determir-ado a hacer de 
las "Rima,? de don Bartolomé Mitre" ana edición más 
completa y correcta que la anterior, a la vez que más 
lujosa, satisfaciendo así la demanda del público y enri- 
queciendo con ella la Biblioteca de Escritores Argen- 
tinos que hemos emprendido y de que llevamos publi- 
cados ya algunos volúmenes. 

Para el efecto, hemos obtenido la colaboración de 
un joven literato, quien teniend'^ a la vista un ejem- 
plar de la edición de 185-1 anotado por el mismo autor, 
se ha prestado gustoso a dirigir estí trabajo, enea.*- 
gándose de su clasificación y correcciój?, 

A esto se deberá poder itieluir en este tomo varias 
composiciones que no tuvieron cabida en la primera 
edición, y que, publicadas anónimas, andaban disper- 
sas en los diarios ; así como el poder presentar algunas 
otras con toda corrección en su forma definitiva. 

Aun cuando el señor Mitre no ha hecho profesión 
de poeta, como él mismo lo ha dicho, y dejó de escribir 
versos muy temprano, como todos sus contemporáneos. 
Mármol, Gutiérrez, Domínguez, Rivera In darte, Irigoyen, 
Thompson, Balcarce, Cuenca y otros, para quienes la 
lira fué más bien un arma de combate que un instru- 
mento artístico, precisamente por esto, su obra poé- 
tica es una página de nuestra historia revolucionaria, 
siéndolo a la vez de la literatura nacional. 

Para hacer resaltar este carácter especial de sus 
poesías, han sido clasificadas bajo un orden metódico, 
dividiéndolas en cinco libros y agrupándolas por se- 
ries según sus afinidades. 

El "Libro Primero" comprende sus "Poesías pa- 
trióticas" escritas casi todas durante la gloriosa lu- 
cha de la libertad contra la tiranía, en la que el autor 
manejó al mismo tiempo la lira y la espada. Entre 
ellas, el "Canto a la derrota del Quebracho", la "Muer 
te de Zacarías Alvarez", la "Elegía a Lavalle", "Ei 



I 



ADVEETENCIA DEL EDITOR XXI 

Grito de Alarma" en 1841 y su composición "Al 25 de 
Mayo" en 1844, durante el sitio de Montevideo, son 
verdaderas páginas históricas llenas de vida, en que 
las heroicas pasiones de sus contemporáneos acompa- 
ñan al canto varonil del poeta. Los "Recuerdos de 
Buenos Aires", en que el proscripto rememora sus be- 
llezas, sus glorias y sus desgracias, el himno a los 
"Mártires de la Libertad" y su popularísima canción 
del "Inválido", pertenecen también a esta serie, y 
tanto ellas como las anteriores justifican el juicio aven- 
tajado que a su respecto hizo Echeverría en 1846. 

El "Libro Segundo" contiene, bajo el epígrafe de 
"Armonías de la Pampa", algunas composiciones, que, 
según el mismo autor lo ha dicho en una nota al pie 
de una de ellas, pertenecen a un género esencialmente 
nacional, que puede llamarse nuevo, así por los asun- 
tos como por el estilo, según la teoría que él mismo 
ha desenvuelto sobre este tema. A este género perte- 
necen "Santos Vega", "El Caballo del Gaucho" y 
"El Pato". Por razón del escenario y aun del asunto, 
hemos creído deber incluir entre ellas la "Revolución 
del Sud" y "El Ombú en medio de la Pampa", bien 
que la primera corresponda más a las poesías patrió- 
ticas y la segunda a las de géneros diversos reunidas 
en otro libro. 

El "Libro Tercero" comprende, bajo la denomi- 
nación de "Poesías diversas", los asuntos morales, 
sentimentales, fantásticos o de caprichosa y fugitiva 
inspiración, que corresponden a varios géneros y 
asuntos. Señalaremos, entre ellas, las que se titulan: 
"En la Tumba de un Poeta", "El Vals", "La Des- 
pedida", "La Agonía del Poeta", "La Desespera- 
ción", las "Noches de Diciembre" y los "Dos Pen- 
samientos", en que, no obstante sus variados tonos, pre- 
domina un tinte melancólico que les da un aire de fa- 
milia. 

El "Libro Cuarto", bajo el rubro de "Poesías 
familiares", comprende las composiciones inspiradas 
por los afectos íntimos del hogar y de la amistad ex- 
pansiva, descollando, entre todas ellas, la que lleva por 
título "A mi hija Delfina". 

Por último, en el "Libro Quinto" están coleccio- 
nadas todas las "Imitaciones" y "Traducciones poé- 
ticas" del autor. Entre ellas sobresalen "El Cemente- 



XXII ADVERTENCIA DEL EDITOE 

rio de la Aldea" de Grey, ''El Salmo de la Vida" de 
Longfellow, "El Apóstol" de Beranger y "La Ora- 
ción por todos" de Víctor Hugo, que así por la cele- 
bridad universal de los textos, como por la manera 
magistral con que están manejados, jueces muy com- 
petentes estiman como los trabajos más notables que 
encierra este libro. 

Tal es la edición que presentamos y que viene a 
agregar un volumen más a nuestra Biblioteca de Es- 
critores Argtíntinos, de la cual forma parte iutegrante, 
habiendo, por consiguiente, adoptado el mismo formato 
y papel de los ya publicados, continuando nuestro pro- 
pósito. 

C. C. 



CARTA-PREFACIO 



DE LA PRIMERA EDICIÓN 



A Domingo F. Sarmiento. 

Buenos Aires, Marzo 1.° de 1854, 

Kecuerdo que en uno de los más bellos capítulos 
de sus "Impresiones de Viaje", me llamó usted "poe- 
ta por vocación". 

Hoy, al tiempo de publicar mis poesías, se me ocu- 
rre retribuir aquella fineza, colocando esta carta al 
frente de su primera edición. En el mismo capítulo 
en que me hacía el agradable cumplimiento que he ci- 
tado, decía usted, hablando del sitio de Montevideo, 
de que yo era soldado en aquella época: — " En me- 
dio de este caos de intereses, respirando la atmós- 
fera cargada de humo, y encerradas en un horizon- 
te que a cada punto tiene aparejadas tormentas que 
de una hora a otra pueden descargar sobre sus ca- 
bezas, las musas argentinas, cualquiera que sea la 
ribera donde les sea permitido entregarse a sus sue- 
ños lo divinizan todo, hasta la desesperación y el 
desencanto. Me parece que una causa profunda hace 
al pueblo español por todas partes poeta: inteligen- 
cias caídas, como aquellos nobles de otro tiempo 
descendidos a la plebe, con organizaciones e instin- 
tos desenvueltos ; mentes elevadas y ociosas que se 
remueven y agitan en su nada, revelando su ele- 
vada condición por entre los harapos que las cu- 
bren. El español, inhábil para el comercio, que ex- 
plotan a sus ojos, naves, hombres y caudales de otras 



XXIV CAKTA-PEEFACIO 

naciones, negado para la industria, la maquinaria y 
las artes; destituido de luces para hacer andar las 
ciencias, o mantenerlas siquiera; rechazado por la 
vida moderna para que no está preparado, el espa- 
ñol se encierra en sí mismo y hace versos; monó- 
logo sublime a veces, "estéril siempre", que le ha- 
ce sentirse ser inteligente y capaz si pudiera, de ac- 
ción y de vida, por las transformaciones que hace 
experimentar a la naturaleza que engalana en su 
gabinete, como lo haría el norteamericano con el 
hacha de los campos, aquel poeta práctico que hace 
una pastoral de un desierto inculto, e inventa pue- 
blos y maravillas de la civilización, cuando del bos- 
que asoma su cabeza a la margen del río aun no 
ocupado! ¡Yo os disculpo, poetas argentinos! 
Vuestras endechas protestarán por mucho tiempo 
contra la suerte de vuestra patria. Haced ver- 
sos y poblad el río de seres fantásticos, ya que 
las naves no vienen a turbar el terso espejo de sus 
aguas. Y mientras otros fecundan la tierra, y cru- 
zan a vuestros ojos con sus naves cargadas el "al- 
mo río", cantad vosotros como la cigarra; contad 
sílabas, mientras los recién venidos cuentan "pata- 
cones"; pintad las bellezas del río que otros nave- 
gan; describid las florestas y campiñas, los sotos y 
bosquecillos de vuestra patria; mientras el teodoli- 
to y el grafómetro, prosaicos en demasía, describen 
a su modo y para otros fines los accidentes del te- 
rreno. — ¡ Qué de riquezas de inteligencia, y cuánta 
fecundidad de imaginación perdidas ! ¡ Cuántos pro- 
gresos para la industria, y qué saltos daría la cien- 
cia si esta fuerza de voluntad, si aquel trabajo de 
horas de contracción intensa en que el espíritu del 
poeta está exaltado hasta hacerle chispear los ojos, 
clavado en su asiento, encendido su cerebro y agi- 
tándose todas sus fibras, se empleara en encontrar 
una aplicación de las fuerzas físicas para producir 
un resultado útil! " 
La diatriba es un poco fuerte, y aunque algo me- 
recida, hace tiempo que le guardo cierto rencor por la 
parte que me toca como soldado raso en la falange de 
poetas del Río de la Plata, que ha divinizado hasta la 
desesperación y el desencanto. Monólogo estéril, men- 
tes decaídas, hombres incapaces para la acción, inhá- 



CAETA-PBEFACIO XXV 

biles para el trabajo, derrochadores de la inteligencia, 
tales son los calificativos que prodiga a la poesía y a 
los poetas, deplorando que la fuerza creadora aplica- 
da a ensanchar los límites del mundo inmaterial no se 
hubiese aplicado exclusivamente a hacer alguna nue- 
va conquista sobre el mundo material. Para confusión 
de sus detractores y para honor de la poesía, ha te- 
nido que valerse de su propio lenguaje al atacarla, co- 
mo esos caudillos de la montonera, que al mismo tiem- 
po que procuraban desacreditar la táctica europea, se 
servían para contrarrestarla de sus propias maniobras 
mal aprendidas y peor enseñadas. 

Ya veo que si le diesen a organizar el mundo, des- 
terraría, como Platón, a los poetas de su república, 
sin embargo de que usted, lo mismo que aquel grande 
hombre, tiene más de poeta que de filósofo, y sólo le 
falte para complementar su "inteligencia privilegiada 
iluminar la parte tenebrosa de su mente con la luz res- 
plandeciente de la poesía. 

Tal es el objeto que me propongo en esta carta, 
y creo que. lo conseguiré, haciendo resonar en el fondo 
de su conciencia aquella voz misteriosa que gritó a San 
Pablo, perseguidor de los cristianos: — " Saulo, ¿por 
qué me persigues? " 

Habiendo usted estudiado filosofía sin maestro, 
como yo, debe haber leído a Herder, Bouterweck, Rich- 
ter, Jouffroy, Schlegel, Burke, Winckelmann y tantos 
otros, y por consecuencia debe saber lo que es estética, 
palabra derivada del griego, que, si hemos de dar cré- 
dito a los que comprenden este idioma, significa "sen- 
sación, sentido, facultad de sentir"; y por medio de 
la cual se designa la parte de aquella ciencia que ex- 
plica y analiza la teoría de lo bello, de lo agradable 
y lo sublime. Asunto es éste que ha inspirado a Kant 
uno de sus libros más serios y bien pensados, libro que 
obligó a los espíritus más austeros a dar carta de ciu- 
dadanía en los dominios filosóficos a la ciencia de la 
estética, que ya Baumgarten había bautizado con el 
nombre alambicado de "Filosofía de las Gracias y de 
las Musas " 

Sabiendo todo esto, debe saber también que la 
estética divide el imperio de las artes en dos: artes de 
espacio, y artes de tiempo, es decir, artes que se ven 
o que se palpan, y artes que se oyen o se sienten. A las 



XXVI CARTA-PREFACIO 

primeras corresponden la pintura, la escultura y la 
arquitectura; y a las segundas, la música y la poesía, 
división con la cual ya no estoy del todo conforme, por 
las razones que paso a exponer. 

Yo considero la poesía como un arte sintético, o, 
]o que es lo mismo, un arte que obra sobre la im^igina- 
ción y sobre los sentidos a la vez, por la doble combi- 
nación de las formas materiales e inmateriales del es- 
pacio y del tiempo. Así ha observado Sismondi con mu- 
cha propiedad que " la poesía es una feliz combina- 
ción de dos de las más bellas artes : música por los so- 
nidos y pintura por las imágenas. '' Esto se comprue- 
ba con la observación hecha por todos los críticos de 
que los más grandes poetas son precisamente aquéllos 
cuyas ideas poéticas son susceptibles de representarse 
por medio de la pintura, como se ve leyendo con aten- 
ción las obras de Dante o de Milton; habiendo el pri- 
mero inspirado a Miguel Ángel los famosos frescos, 
cuyos dibujos ornados por la mano del Giotto, habrá 
podido ver en la biblioteca del Vaticano ; y habiendo 
sido propuesto el segundo como modelo a los pintores 
por uno de los grandes prosadores de nuestra época, 
por Guizot. D'Ampére, un espíritu no menos serio, ni 
menos profundo, ha dicho a este respecto: ''La gran- 
de escultura griega, tal como se muestra en la Niobe 
de Florencia o en las estatuas del Partenón, es la 
poesía homérica traducida en mármol. El Dante dibujii 
sus figuras a la manera enérgica, atrevida y grandiosa 
de Miguel Ángel; y el fresco del "Juicio final" es un 
canto del Dante. " 

No puede negarse que la línea, el colorido y la pala- 
bra tienen sus límites, y que a la pintura y a la escul- 
tura les está vedado lo que es permitido a la poesía, 
pero esto no destruye la regla general de que, para ex- 
citar la admiración, la pintura necesita ser poética, así 
como la poesía necesita ser pintoresca. La razón de es- 
to es muy clara: la idea que escapa a la pintura, es de- 
cir, la idea que no es pintoresca, que no puede tradu- 
cirse por una imagen, o que no tiene cierto movimien- 
to dramático, se presenta confusamente a la imagina- 
ción. En esto se diferencia la poesía de la filosofía que 
es una pura abstracción. 

Toda esta disertación metafísica — que va a hacer 
me pasar la plaza de pedante — no tiene más objeto que 



CARTA-PREFACIO XXVII 

crearme uu punto de apoyo para repetir lo que se ha 
dicho tantas veces: que "algo le falta al hombre que 
es insensible a los encantos de la música o de la pin- 
tura " y que, por consecuencia, le falta todo al que 
no es susceptible de comprender todas las bellezas de 
la poesía, que condensa a la vez la idea, la imagen y 
la armonía. 

Y a propósito, ya que hablamos de música, ¿sabe 
usted quién fué el inventor de la lira? Según dice Apo- 
liodoro (aun cuando los descubrimientos de Champol 
lion parecen desmentirlo, pues sólo se ha descubierto 
el arpa en los monumentos egipcios), su inventor fué 
Hermes Trimegisto, secretario de Osiris, quien habien- 
do encontrado en las riberas del Nilo una tortuga 
muerta, cuyos nervios resecos por los rayos del sol se 
habían convertido en cuerdas sonoras, tomó de aquí 
la idea del instrumento que hoy simboliza la poesía 
y al son del cual bailaba el hierofanta egipcio, expre- 
sando simbólicamente las revoluciones de los astros y 
el orden aparente del universo. A esta escuela musi- 
cal perteneció Moisés, y ella dio origen al arpa hebrai- 
ca, a los salmos de David, a los cantares de Salomón 
y a las lamentaciones de Jeremías. 

Algún tiempo después, inventó Hiagnis la flauta 
frigia, que acompañó los primeros himnos que se can- 
taron en honor de Baco y de Pan. Estos dos instru- 
mentos (poniendo, si se quiere, el arpa en vez de la 
lira), tomados de la naturaleza, compusieron ]a pri- 
mera orquesta de los tiempos primitivos, y de la lira 
o arpa egipcia y de la flauta frigia ha nacido ese len- 
guaje universal que cuenta hoy más de ochenta soni- 
dos, y que, según me lo aseguró un día el gran pianista 
Hertz, puede dar más de cien sonidos distintos en el 
piano ; mientras que los idiomas más ricos de nuestros 
días no pueden dar ni la mitad. 

¿Cómo se explica este misterio? Es que la música, 
más filosófica que los filósofos, y menos desdeñosa que 
los hombres de letras, ha recogido en su seno todas 
las modulaciones de todos los idiomas antiguos y mo- 
dernos del norte y del mediodía, con las cuales se ha 
enriquecido, en la misma proporción en que se ha em- 
pobrecido el idioma hablado, por el radicalismo exa- 
gerado de hombres que a título de espíritus serios 3' 
positivos, pretenden d£salojar a la armonía poética 



XXVIll CAETA-FBEFACIO 

del Último atrincheramiento en que se defiende aún 
con heroísmo, rechazando los ataques violentos de los 
prosistas iconoclastas, cuyo bello ideal es un lenguaje 
sin símbolos y sin música, y para quienes la estructura 
del verso no es una forma tomada de la naturaleza 
misma, como la lira egipcia (o griega, según otros), 
sino una combinación feliz del capricho humano — 
'* un ingenioso contrasentido ", como decía Newton. 
Por eso el verso se le presenta a usted como la prisión 
del pensamiento; por eso ve en él un obstáculo más 
bien que un punto de apoyo; por eso, en fin, cree que 
una idea pierde en profundidad todo cuanto gana en 
sonoridad; y esto explica, ya que no disculpa, su jui- 
cio desventajoso sobre la poesía. 

Si usted hubiese hecho un estudio detenido de las 
leyes de la versificación, si se hubiera propuesto darse 
cuenta de la razón del yambo, del dáctilo, del troqueo 
y del espondeo, habría visto que todo su mecanismo 
reposa sobre la combinación de las sílabas agudas y 
graves caracterizadas por los acentos ; y que el movi- 
miento del verso, su número y sus pausas, obedecen a 
reglas constantes que tienen su origen en la natura- 
leza de los idiomas, y en la organización humana, sien- 
do la rima y la cantidad de sílabas lo más secundario 
que hay en la estructura del verso. Así vemos que el 
francés, que es el único idioma moderno que no haya 
adoptado para su versificación la prosodia poética in- 
ventada por los provenzales, — de que hablaremos más 
adelante — es, en manos de sus más grandes poetas, un 
instrumento pobre e insonoro, por no contar con más 
recursos métricos que con los que le presta el número 
de sílabas y la repetición de la rima, lo que hace que 
ios franceses hayan llegado hasta el grado d(! negar 
que exista una armonía poética fuera de estas dos 
condiciones materiales. Por eso la lengua francesa es 
la lengua más prosaica del mundo, según lo han reco- 
nocido sus grandes hablistas, y entre ellos Carlos No- 
dier y Michelet; lo cual explica por qué la Francia 
no haya producido un gran poeta, digno de rivalizar 
con Homero, con Virgilio, con el Dante, con Byron, 
con Goethe, con Camoens o con Calderón, aunque el genio 
lírico de Víctor Hugo haya convertido este instrumen- 
to sordo en instrumento sonoro. Aquí se demuestra 
hasta la evidencia la importancia de la forma métrica, 



CAKTA-PKEFACIO XXIX 

y la influencia que ella ha ejercido y ejerce en el des- 
envolvimiento del entendimiento humano y el desarro- 
llo de las lenguas. 

No extrañe que entre en estos detalles minuciosos 
sobre la cadencia poética en sus relaciones con la mú- 
sica y con la naturaleza humana, desde que ellos me 
sirven tan eficazmente al objeto que me he propuesto 
en esta carta. Además, como lo ha dicho Sismondi, 
" la estructura del verso, esta parte en cierto modo 
mecánica de la poesía, está ligada, por acordes mis- 
teriosos y secretos, con nuestras sensaciones, con nues- 
tras emociones, con todo aquello que habla a nuestro 
corazón y a nuestra imaginación, y sería conocer muy 
mal el lenguaje divino de los poetas considerarla so- 
lamente como una traba impuesta al pensamiento. Los 
versos no conmueven nuestras almas, no cautivan 
nuestras pasiones, sino porque tienen algo de más ín- 
timo que la prosa, algo que se apodera de todo nues- 
tro ser, encontrando más directamente el camino del 
espíritu y de los sentidas, y trayéndonos impresiones 
más completas que las que el lenguaje por sí sólo y 
desprovisto de estos accesorios puede despertar." Y 
más adelante agrega: "La rima es una especie de lla- 
mamiento al recuerdo y a la esperanza ; ella despierta 
una sensación pasada y hace desear una nueva, realza 
la importancia de los sonidos, y da en cierto modo 
una especie de colorido a las palabras. " 

Nada de extraño sería que los poetas elogiasen su 
lenguaje, pero cuando los más eminentes prosistas 
proclaman su excelencia, preciso es reconocer que hay 
en él algo de verdaderamente sublime, y que, por lo 
menos, no se le debe juzgar sin haberle estudiado an- 
tes. 

Si del lenguaje poético, considerado en sus rela- 
ciones con la música y con la organización humana, 
la mente se eleva hasta la contemplación de la idea 
abstracta, y penetra en los dominios de la psicología, 
se verá que, siendo la poesía a la prosa lo que el dra- 
ma lírico es al drama recitado, ella no es otra cosa 
que el lenguaje a toda orquesta, la palabra que se 
acompaña con la música del ritmo y de la rima, quf^ 
se impregna de ella, que la asimila a su ser, que funde 
on un todo compacto la idea y la armonía al fuego 
inextinguible de la inspiración que arde en la cabeza 



XXX CAKTA-riíBFACIO 

del poeta. Así es cómo la poesía, a la manera de iina 
onda sonora, penetra en lo rnás hondo de la imagina- 
ción y de la conciencia, apoderándose al mismo tiem- 
])o de los sentidos, despertando suavemente las emocio- 
aes perezosas que dormitan, y hace sentir al hombre 
la unidad de su ser, formando en el fondo del alma 
vin acorde sublime, al dominar con su canto las emo- 
ciones disonantes del corazón humano. 

Suprímase la poesía, y las relaciones del hombre 
con la naturaleza quedan interrumpidas, mientras que 
nuestras facultades, funcionando aisladamente como 
en sueños, jamás producirán ese acorde sintético que 
es el resultado de la imagen, del sonido, del movimien- 
to y de la abstracción; que son las cuatro grandes ma- 
nifestaciones de la vida, los cuatro principios constitu- 
tivos de las bellas artes, los cuatro elementos de cuya 
combinación se forman todos los productos intelectua- 
les, y que la poesía es la única que condensa y reduce 
a una sola fórmenla. 

La poesía es el puente misterioso que une al hom- 
bre físico con el hombre moral, y que pone en contacto 
todas sus facultades. Por eso decía Schiller: — " Para 
filosofar, basta la mitad del hombre, mientras que la 
otra mitad puede descansar: pero las musas lo absor- 
ben todo, " Para ser poeta, se necesita sentir y pensar 
a un mismo tiempo, y poner en ejercicio el poder de 
abstracción a la vez que la imaginación, porque lo que 
no conmueve y convence haciendo sentir, no merece 
el nombre de poesía. Las ciencias y las artes no tienen 
alas para volar más allá de las fronteras del mundo 
laaterial, ni ojos para objetos que se hallen fuera del 
alcance del telescopio. La poesía, además de tener alas 
y de tener ojos para recorrer el universo y contemplar 
en él cuanto hay de grande y de bello, puede lanzarse 
a los espacios infinitos de la creación, penetrar en los 
dominios del mundo inmaterial, poner al hombre en 
relación con Dios, y establecer entre el cielo y la tie- 
rra aquella cadena de oro, que, según los antiguos, li- 
gaba a la criatura con su Creador. 

Esto es la poesía, esto es el arte divino, del cual 
ha dicho usted que sólo tiene sacerdotes entre los hom- 
bres incapaces de acción, esto es lo que usted ha lla- 
mado " monólogo sublime a veces, estéril siempre ". 

Una república prosaica, tal cual usted parece de- 



CARTA-PKEFACIO XXXI 

Simarla, tendría mucha semejanza con aquella pálida 
mansión de los héroes de la antigüedad que el Dante 
nos describe en su "Infierno": imagen clebilitada de 
la vida, en que las sombras vagan sin esperanzas de 
un bien mejor, llorando silenciosas la pérdida de una 
felicidad que nunca conocieron. Sería un cuerpo sin 
alma; sería la bella estatua de Prometeo sin el fuego 
sagrado que le dio vida y movimiento. Desheredados 
de la poesía, ¿qué voz simpática respondería a las ar- 
monías secretas del corazón? ¿qué potencia sobrenatu- 
ral nos elevaría a la contemplación de lo infinito? 
¿qué relámpago ihiminaría con sus resplandores pasa- 
jeros las profundidades de nuestro ser? ¿por qué me- 
dio se dirigirían los instintos, una vez quebrado el 
instrumento usual con que se forma y desarrolla el 
sentimiento y la inteligencia de lo bello? Preguntas 
son éstas que pondrían en bárbaros aprietos al legisla- 
dor en teoría de esa soñada república platónica. 

No sé por qué me parece encontrar cierta analo- 
gía entre su idea y las asociaciones de las abejas, de 
las hormigas y de los castores. He aquí tres repúblicas 
que realizan el bello ideal de los positivistas, y que 
llenan todas las condiciones pedidas por usted: repú- 
blicas de matemáticos, de ingenieros, de químicos y 
de industriales, que pasan la vida cavando la tierra, 
edificando y destilando, "aplicando al trabajo todas 
las fuerzas físicas, sin malgastar sus fuerzas intelec- 
tuales en ornamentaciones inútiles, ni en monólogos 
sublimes, pero estériles "; ¡y deshojan las flores para 
arrojar sus perfumes en el gran alambique de la fá- 
brica comunista ! He aquí su bello ideal : el hombre 
róenos la idea del progreso, menos la aspiración a lo 
infinito, menos la condición de la perfectibilidad ; por- 
que, desengáñese, sin la poesía bajo alguna de sus for- 
mas, el progreso, la abstracción y la perfectibilidad 
son imposibles. Así se ve que los castores, las hormi- 
gas y las abejas fabrican sus casas, hacen sus provi- 
siones, trazan sus exágonos y destilan la miel lo mis- 
mo hoy que al principio del mundo, lo mismo mañana 
que hoy, sin dar un paso adelante. ¿Por qué? Porque 
les falta la poesía que satisface a la aspiración de lo 
mejor, de lo ideal, que es el resorte poderoso de la 
perfectibilidad humana. Su aspiración prosaica me 



XXXII CARTA-PREFACIO 

trae a la memoria en este momento los versos de uu 
poeta español del siglo pasado : 

" Dura resolución desesperada 

" Labrarse un molde en que vaciar la vida, 

" Sin que se altere de la estampa nada. " 

Los espartanos pretendieron también extirpar la 
poesía del corazón, y lograron fabricar un molde arti- 
ficial para dar una nueva forma a la naturaleza hu- 
mana; ¿y qué consiguieron? Destruir el libre albedrío, 
arrebatar a la inteligencia el atributo más bello de la 
divinidad, despojar a la humanidad de sus amables 
virtudes, sin extirpar, sin embargo, esa poesía colec- 
tiva, a despecho del mismo pueblo que la rechazaba, 
pue, como lo ha observado Tocqueville, es el signo ca* 
racterístico de la poesía democrática. La república de 
Esparta no es, por otra parte, sino un engendro de la 
imaginación poética de Licurgo, que concibió una aso- 
ciación en su cabeza, la formuló en un poema que lla- 
mó leyes, y fanatizado por su idea, como Saint-Simon 
y Fourrier en nuestros días, dio su vida a trueque de 
ver realizada su teoría, hija más bien de la fantasía 
que de la observación de la naturaleza humana. 

A pesar de tantas precauciones, la música y la 
poesía tenían un culto secreto en el corazón de aque- 
llos austeros ciudadanos, dispuestos a morir por sus 
santas leyes; y la prueba de esto es que allí fué donde 
se añadió una cuerda más a la lira, lo que valió un 
destierro perpetuo al inventor, bajo el pretexto de que 
tales armonías convidaban al pueblo a la molicie. La 
lira se encargó de su venganza. 

Años después, los de Esparta, en guerra con los 
Mesenianos, pidieron auxilio a Atenas. Esta República 
les envió por contingente un poeta armado de una lira. 
El poeta se llamaba Tirteo. Sus himnos guerreros en- 
cendieron el entusiasmo en todos los corazones y tem- 
plaron la fibra viril del pueblo abatido por la derrota, 
que voló con decisión a la batalla. Rotos los escuadro- 
nes de Esparta, los dispersos oyeron a su espalda la 
voz robusta de Tirteo, que se acompañaba con la lira 
encordada por los Espartanos, y volviendo caras, con- 
quistaron de nuevo el lauro de la victoria, probando a 
sus enemigos que la poesía, lejos de convidar a la rao- 



CARTA-PREFACIO XXXIII 

lieie, sabe exaltar lo que hay de más noble y de más 
sublime en el corazón humano. Por esto, el mismo Li- 
curgo se vio obligado a confesar que el triunfo de La- 
cedemonia se debía a Tirteo. Los Lacedemonios, sal- 
vados por la poesía, que en vano habían procurado 
proscribir, dieron a Tirteo el título de ciudadano, y 
promulgaron una ley para que en adelante sus poesías 
fuesen recitadas a los ejércitos de la república, reuni- 
dos en torno de la tienda de campaña de sus gonerales. 

A usted, a quien veo muy propenso a seguir el 
ejemplo del éforo espartano, puesto que, según dice, 
la poesía es hija de la impotencia y la pereza, bueno 
es predicarle con estos ejemplos elocuentes que echan 
por tierra todas las teorías, que con la mayor seriedad 
llama cosas prácticas. Y ya que andamos viajando 
por la antigua Grecia, no abandonaremos este pa's en- 
cantador, cuyos laureles nos quitan el sueño, sin haber 
hecho otra excursión por su historia. En una carta 
que nada tiene de geográfica, son permitidos estos pa- 
seos caprichosos, en que la imaginación gusta extra- 
\iarse por los senderos floridos que se abren ante sus 
pasos, aunque ignore a dónde van a parar. 

La palabra poesía se deriva del griego, y si he- 
mos de dar crédito a los filólogos, significa "crear", 
"componer", "fabricar", "hacer", "construir"; en 
fin: es una verdadera palabra enciclopédica, que repre- 
senta dignamente a la potencia creadora por excelen- 
cia, que a la manera del Creador sobre el barro, sopla 
sobre una idea invisible, le da forma y vida, y la in- 
mortaliza por los siglos de los siglos, sin el auxilio de 
la reproducción. 

Marmontel pretende que allí donde esa palabra 
tuvo su origen, fué donde nació la poesía. La historia 
desmiente esta hipótesis: la poesía nació con el hom- 
bre, y el idioma rítmico fué el primero que vibró en 
sn labio balbuciente, como el gorjeo es el primer so- 
nido que sale de la garganta de las aves. Si el hombre 
210 fuese perfectible, habría hablado eternamente en 
verso, como el pájaro, que por no ser susceptible de 
aprender a hablar, se ha quedado con su lenguaje pri- 
mitivo, sin poder alcanzar hasta la prosa, que es, como 
lo observa Michelet, la última forma en que se concre- 
ta el pensamiento humano. ¿Y quién nos dice que por- 
<tue el pájaro no pronuncie palabras como el hombre, 



XXXIV CAETA-PREFACIO 

310 hay poesía en su canto? ¿,Qué otra cosa es la poesía 
smo la queja tierna o dolorida, la vibración armónica 
de cada organización, las emociones o las ideas íntimas 
que se convierten en sonidos al pasar por los labios, 
como el viento al pasar por las arpas cólicas? En este 
punto estoy de acuerdo con Calderón, que dice que el 
pájaro es poeta, susceptible de pensar y de sentir, y 
l>or lo tanto de hacerse comprender en el lenguaje que 
le es peculiar. Cito los versos en que así lo da a en- 
tender, porque son admirables y dignos de un gran 
poeta : 

Y con acento suave 

Se queja una simple ave, 

Y en amorosa prisión 
Así aliviarse pretende; 

Que al fin la queja se entiende 
Si se ignora la canción. 

Pero dejando aparte esta profunda cuestión fisio- 
ornitológica, de lo que no h&y duda es que el verso 
precedió a la prosa, y sus más antiguos monumentos 
así lo atestiguan. Esto se prueba con la historia de los 
tiempos primitivos. 

El Egipto, cuna de la civilización del mundo, don- 
de estudiaron la música Moisés y Pitágoras, tuvo en su 
origen cantos para todos los trabajos, calculados para 
reglar el movimiento de los trabajadores por medio del 
ritmo, pues sus habitantes, como grandes observadores 
de la naturaleza, habían descubierto ya el fenómeno 
fisiológico que se ha explicado en nuestros días, de 
como la música y las canciones hacen sobrellevar por 
más largo tiempo la fatiga con menos cansancio del 
hombre. Este pueblo, que tenía sin duda el órgano de 
la simetría, y que sujetaba al ritmo hasta los trabajos 
de campo, las ceremonias religiosas y las revoluciones 
de los astros, no puede haber hablado en sus primeros 
tiempos otro lenguaje que el métrico ; y aunque ni los 
Árabes ni los Griegos hagan mención de sus poetas, 
esto no prueba que su modo de hablar dejase de ser 
cadencioso, como el de todos los pueblos primitivos, 
pues de esto a lo que propiamente se llama poesía, hay 
una gran distancia. 

Los primeros civilizadores de la Grecia fueron 
músicos y poetas. Los sacerdotes, los sabios, los médi- 



CAKTA-PKEFACIO XXXV 

eos, los filósofos y los matemáticos, fueron los primeros 
poetas griegos. 

Anfión, por el poder irresistible de las armonías de 
su lira, según cuenta la fábula, puso en movimiento 
las piedras y levantó los muros de la ciudad de Tebas. 

Orfeo, que hizo parte de la expedición de los Ar- 
gonautas, cuyo viaje es tan cierto como el de Colón, 
domesticó a las fieras con los blandos sonidos de su 
lira, según cuenta la misma fábula. Aun cuando pue- 
da ponerse en duda este milagro y el de Anfión, ahí 
están sus Himnos de Iniciación para comprobar que 
antes de que hubiese prosa, hubo un poeta. Ahí están 
para mayor abundamiento los mitos y las poesías ín- 
dicas, anteriores a las leyendas y a los himnos de Orfeo. 

Homero y Hesiodo, su contemporáneo, que enno- 
blecieron el dialecto jónico, resumieron en sus poemas 
toda la civilización del mundo, concretaron todo un 
ciclo histórico, y ensanchando los límites del corazón 
y de la inteligencia, pusieron al hombre en relación con 
todos los objetos de la naturaleza de que estaba ro- 
deado. 

Sólo ochocientos años después de Orfeo, y cuatro- 
cientos años después de Homero y Hesiodo, apareció 
por primera vez la prosa en Grecia, en el año 600 (an- 
tes de J. C). Según algunos eruditos, el honor de esta 
invención correspondería a un indio llamado Bidpai; 
según otros, a un esclavo frigio llamado Lokman, que 
no falta quien diga que es el mismo Esopo. Plinio^ sos- 
tiene que la gloria de la prosa corresponde al filósofo 
Ferecides, y a Cadmo de Mileto la de la historia. Otros 
piensan con Strabón que debe darse la prioridad a 
Cadmo. Ambas opiniones encontradas convienen em- 
pero en un punto, y es, que tanto la prosa de Cadmo 
como la de Ferecides, su contemporáneo, eran todavía 
una imitación del lenguaje poético, consistiendo toda 
su innovación en romper la medida del verso. 

Pitágoras, la cabeza más matemática que haya 
producido el mundo, sin excluir la de Pascal, continuó 
pensando en verso, y en verso continuó hablando a sus 
discípulos, que en sus "Versos Dorados" nos han trans- 
mitido las lecciones de aquel gran maestro y de su 
inmortal escuela. 

Hasta la época de Platón no se acreditó la prosa 
entre los filósofos griegos. 



XXXVI CAETA-PllBFACIO 

Los latinos no conocieron la prosa sino 307 años 
después de la fundación de Roma, en que con motivo 
de una arenga pronunciada ante el Senado por Apio 
Caecus, para excitarlo a que no hiciera aUanza con 
Pirro, se introdujo el uso de este lenguaje en la vida 
civil. 

Los Árabes no escribieron en prosp iiasta el siglo 
VI de nuestra era, es decir, bajo la, üominación de Ma- 
Iioma; y en Irlanda no se uizo uso de ella hasta el 
siglo XII. 

Basta lo dicño para demostrar que la poesía pre- 
cedió a la prosa, y que ésta no es otra cosa en reali- 
dcid que el verso roto y descompuesto, ajustado a otra 
cadencia más grave y menos vibrante. 

Aquí tiene usted como al descomponer los versos 
y ensartarlos unos tras otros, no ha hecho otra cosa 
que plagiar a los primitivos prosadores, repitiendo, sin 
sospecharlo, uno ele los pasos más gigantescos que ha- 
ya dado el lenguaje universal, cual es la transición del 
verso a la prosa. 

Pero lo que en los antiguos era un progreso, en 
usted es un retroceso; y para demostrarle claramente 
€sto que parecerá una paradoja, necesito entrar en al- 
alinos detalles técnicos sobre la versificación. 

En las edades primitivas era más fácil hacer verso 
que prosa, porque el lenguaje métrico era para el hom- 
bre lo que el canto para el pájaro, en razón de que, 
fundándose los idiomas primitivos sobre sonidos imi- 
tativos, eran más sonoros, más armoniosos, más ricos 
en su pronunciación, y todas sus palabras, a la manera 
de esas tres notas musicales que de cualquier modo que 
se combinen producen una melodía, de cualquier modo 
que se mezclasen, siempre daban por resultado un ver- 
so. Eran también, si así puede decirse, más pintores- 
cos, pues, como lo observa un crítico español, "los so- 
nidos prolongados más bien que articulados, de que 
están llenas las lenguas salvajes, parecen más propios 
para conmover la imaginación pintando, que p-^ra ha- 
blar al entendimiento definiendo". En tales id'omas, 
lodo el artificio del verso — si es que artificio había — 
consistía en la medida de las partes y en los tiemp-^s 
de la pronunciación. La inspiración era todo; el verbo 
no S3 había encerrado todavía — según la expresión de 
Nodier — en el tubo de una pluma. 



CAETA-PEEFACIO XXXVÍI 

Como, entre los antiguos, la música y la poesía es- 
taban identificadas, pues, según dice Strabón, "hablar 
y cantar era lo mismo en otro tiempo", el ritmo go- 
bernaba a la melodía. Cada sílaba tenía un sonido y 
una duración determinada, y la división de las sílabas 
en largas y breves había asimilado completamente el 
ritmo poético al ritmo musical. Así es que en Grecia, 
el descubrimiento de un nuevo metro daba por resul- 
tado inmediato la invención de una nueva música, y 
las escuelas musicales que conocemos con los nombres 
de "dórica", "lidia", "frigia", "jónica" y "cólica", 
no estaban fundadas sino en la diversidad de metros, 
siendo los sonidos radicales exactamente los mismos. 
Cada verso estaba dividido en cierto número de com- 
pases, a que damos todavía el nombre de pies, y cuya 
pronunciación, alternada dentro de tiempos iguales, 
producía la cadencia acentuada que venía a herir el 
oído periódicamente, cualquiera que fuese la diversi- 
dad de los sonidos. El movimiento alternado de las 
sílabas largas y breves o viceversa, y la combinación 
armoniosa de los pies o compases, era lo que producía 
la diversidad de metros, la cual fué muy considerable 
entre los Griegos y Romanos. Debido sin duda a ese 
sentimiento de la armonía que se desarrollaba con el 
hombre, y que dejaba libre la imaginación para re- 
montar su vuelo, es que las edades primitivas hayan 
producido poetas tan sublimes como Homero y como 
Job, poetas que no serán igualados jamás, a menos que 
la humanidad vuelva a encontrar la rica prosodia de 
Jos primeros tiempos y la frescura de las primeras im- 
presiones. 

Hoy sucede todo lo contrario. Es más fácil ha- 
blar y pensar en prosa que cantar en verso, habiéndo- 
se multiplicado las dificultades de la versificación, así 
por la complicación del nuevo sistema métrico cuanto 
por las abstracciones de que las lenguas modernas se 
han impregnado, al absorber tantas ideas nuevas y com- 
plejas como han surgido de la mente humana. La rica 
prosodia de los idiomas onomatopéyicos ha desapare- 
cido en los idiomas modernos, y con ellos el ritmo y 
la cadencia de la versificación primitiva, falta que ha 
sido necesario suplir con la invención del actual siste- 
ma métrico, cuyos recursos armónicos consisten en pe- 
ríodos musicales, marcados por consonantes o asonan- 



XXXVIII CAETA-PEEFACIO 

les, acentos y apoyaturas, arte completamente desco- 
nocido de los anti^os, porque esto era totalmente 
inútil, desde que el ritmo suplía ventajosamente la 
rima. Los provenzales fueron los primeros que se die- 
ron cuenta de la dificultad de distinguir las sílabas en 
largas y breves, como lo hacían los antiguos, y los que 
a imitación de los Árabes (a lo que parece), sacando 
partido de una lengua enérgicamente acentuada, com- 
binaron hábilmente las acentuaciones haciéndolas al- 
ternar con las sílabas no acentuadas, y añadiendo el 
ornamento de 1í rima, produjeron en su conjunto un 
movimiento análogo al del verso antiguo, aunque, por 
otra parte, cada sílaba dejó de tener su valor musi- 
cal, como sucedía anteriormente. Tal es la teoría de 
la cesura que divide el verso en dos partes de un mo- 
vimiento uniforme o acompasado, dando al oído un li- 
gero descanso que romj^a la monotonía, de lo que pro- 
viene que versos de un mismo niimero de sílabas difie- 
ran tan notablemente entre sí. La colocación respectiva 
de los acentos y apoyaturas decide del movimiento del 
verso : así es que hay varias clases de versos endeca- 
sílabos, cada uno de los cuales representa en realidad 
un metro distinto, fenómeno prosódico que no todos 
los poetas españoles han observado, y que es a la mé- 
trica lo que el contrapunto a la música. 

Tales son las leye>s de la versificación moderna, a 
las cuales se han sometido las lenguas del mediodía de 
la Europa, a excepción de la francesa, como lo observé 
antes. En esta última el esfuerzo de la pronunciac'ón 
está repartido igualmente entre todas las sílabas, sin 
que el acento marque el sonido capital de cada palabra, 
de lo que pi'oviene el martilleo monótono de sus versos, 
martilleo que Víctor Hugo ha pretendido corregir por 
el corte del alejandrino, asimilándolo en cierto nodo a 
la prosa, que es lo mismo que los españoles — ^y entre 
ellos Moratín y Jovellanos — han hecho con el verso 
blanco. 

El autor de "La Literatura del Mediodía do Euro- 
pa" desenvuelve esta teoría prosódica: "En nuestra 
poesía moderna, las sílabas no son consideradavS por lo 
que respecta a su duración solamente, sino también en 
cuanto a sus acordes; y esas vocales, ya ligeras, ya sen- 
sibles o sonoras, no pasan desapercibidas cuando la ri- 
ma las hace esperar y determina su situación. ¿Qué se- 



CAETA-PKEFACIO XXXIX 

ría de la poesía proven;?;al, si no buscásemos en ella más 
que el pensamiento, tal cual puede reflejarlo una prosa 
lánguida? Había en ella algo más que el simple sentido 
de las palabras, cuando el trovador armonizaba su bello 
lenguaje con los sones melodiosos de su arpa; ciiaado 
la inspiración guerrera le suministraba rimas enérgicas,, 
ue'rviosas y resonantes; cuando expresaba la eixibria- 
guez del amor por medio de sonidos tristes y voluptuo- 
sos. La prosodia, del mismo modo que la rima, se acor- 
daba con las emociones de su alma mucho mejor que el 
sentido de las palabras; la acentuación repetida y pre- 
cipitada, que golpeaba cada segunda sílaba en los veí- 
sos yámbicos, parecía corresponder a las pulsac,iones 
de su corazón y al movimiento del alma. Así fué cómo 
por medio de esta sensibilidad exquisita de las impre- 
siones musicales, y de esta organización delicadísima, 
inventaron los trovadores un arte de que ellos mismos 
no podían darse cuenta, y cómo, con el auxilio de una 
nueva armonía, lograron comunicar' esa emoción del al- 
ma, que todos los poetas han buscado, y que no pueden 
encontrar sino siguiendo las huellas de esos inventores 
de nuestra prosodia." 

La rima y el acento : he aquí, pues, los dos pilares 
en que se columpia suavemente el verso, he aquí las dos 
líneas pronunciadas que lo separan del verso antiguo, 
y la causa de que sea tan difícil hablar y pensar en ver- 
so en nuestros días. Esta dificultad es tal vez la causa 
de que el mundo, después de la aparición de la prosa, y 
después de la extinción de los idiomas muertos, haya 
producido un número tan limitado de grandes poetas, 
todos los cuales han quedado siempre muy abajo del 
original, incluso Virgilio, que es un reflejo de la poesía 
primitiva, hasta que el Dante, con una lengua nueva, 
creó una poesía nueva. Pero estas nuevas dificultdes im- 
puestas al lenguaje poético, si por una parte han dismi- 
nuido el número de los que pueden hablar en verso, por 
otra parte han servido eficazmente a su adelanto, dán- 
dole ese resorte poderoso que hace que el pensamiento 
se escape con más potencia a medida que más se recon- 
centra. La rima, que Madame Stáel llama "el eco del 
pensamiento", ha contribuido no poco a templar la poe- 
sía, que de otro modo sería un lenguaje lánguido y des- 
colorido; y así se observa, estudiando las obras de los 
buenos poetas, que huyen con cuidado de emplear con- 



XL CAKTA-PEEFACIO 

sonantes vulgares para expresar pensamientos sublinies, 
y que muchas veces la rebusca de un consonante original 
imprime a la idea una novedad inesperada y abre a la 
imaginación nuevos horizontes, que de otro modo la 
inteligencia no habría entre^^sto. 

Los que crean ver en esos accesorios de la poesía 
las ornamentaciones plásticas de un arte en decadencia, 
se equivocan sobremanera; desde que, como se ve, esos 
accesorios de la poesía son parte integrante de ella, co- 
mo los nervios de la estructura del cuerpo humano. La 
fuente de la poesía no se ha agotado aiín, bien que los 
poetas de estos tiempos no vayan a beber la inspiración 
en las ondas de Helicona, y la lira del clásico Apolo es 
un instnimento que está muy lejos de haber dado todas 
sus armonías. Como lo observa D'Ampere: — "todo en 
este mundo tiene su colocación, y la poesía consen'^ará 
eternamente la suya. Siempre habrá una necesidad de 
ideas, una aspiración hacia un mundo superior, que ca- 
da día será más difícil satisfacer, y a la cual no podrán 
jamás bastar ni las altas abstracciones del pensamiento, 
ni los curiosos resultados de la ciencia, ni los descubri- 
mientos de la historia. 

Hay que pintar todavía los nuevos sentimientos que 
desenvuelve el progreso de los siglos; y hasta las gran- 
des ideas de la ciencia, las \ñda.s elevadas de la filosofía, 
de la historia, tienen su poesía, y esta poesía está por 
crearse. Existe para la humanidad un océano de entu- 
siasmo que está muy lejos de agotai'se." Sería una in- 
sensatez empeñarse en romper ese instrumento, cuya 
escala no tiene término, cuyas notas son infinitas, y que 
todavía no ha recorrido una mínima parte del diapasón 
de las pasiones. 

Pero observo que el sendero florido que seguíamos 
nos ha llevado a la frontera del antiguo Egipto. Yolv'a- 
mos hacia atrás en busca de nuestra querida Grecia, 
que todavía no he agotado el tema, y en ella hemos de 
volver a encontrar al Egipto. — Hablábamos de Homero. 

Para Yd. la epopeya de Homero es un monólogo 
estéril y sublime. Pues bien: ese monólogo estéril y su- 
blime es el resumen de la cosmogonía y de la filosofía 
sacerdotal del Egipto, cuna de la civilización del mundo. 
Así dice el erudito don Agustín Duran, que "Hesiodo y 
Homero, creadores de la epopeya griega, formaron sus 
poemas, redactando con sus fábulas todo el sistema po-^ 



I 



CARTA-PREFACIO XLI 

lítico, filosófico y i'eligipso que constituye el espíritu de 
los pueblos progresivos, bajo cuyos auspicios marcha 
aún la sociedad europea." No es de extrañar que eu vis- 
ta de una obra tan vasta y tan su])limc, muchos hayan 
dudado de la existencia de Homero — entre ellos Vico, 
en su "Scienza Nuova" — acreditando la hipótesis de 
que la "Iliada" y la "Odisea" se componen de una se- 
rie de cantos populares, que transmitidos de siglo en 
siglo por la tradición oral, que adicionados con nuevos 
cantos al pasar por la boca de cada generación, llegaron 
a formar esos dos libros inmortales, cuyo verdadero au- 
tor es todo el pueblo griego. Cuando hablemos del' 'Ro- 
mancero" español se vei^á que la hipótesis no carece de 
fundamento racional; pero por ahora, sea que Homero 
haya existido o no, para el fin que me propongo es lo 
mismo, puesto que con este ejemplo le demuestro, hasta 
la última evidencia, que no sólo el lenguaje poético sino 
la poesía más sublime fué la primera manifestación de 
la inteligencia humana, el primer molde en que se va- 
ció el verbo hecho hombre para redimirnos del cautive- 
rio de la ignorancia. 

Si esto no le bastase para convencerse de la verdad 
de mi tesis, oiga a los genios investigadores que han 
compulsado los documentos escritos de la antigüedad, y 
le dirán que el "Veda" enigmático de los Bractnanes, 
las tradiciones pérsicas de les Güebros, el Zend Aves- 
ta" de Zoroastro, los libros de Osiris, el "Koran", y el 
"Edda" de los Escandinavos, fueron escritos, "en un 
lenguaje métrico y sentencioso", así como el "Génesis" 
y los demás libros poéticos de la" Biblia"; y que los 
Frigios y los Licios, en la extremidad occidental del glo- 
bo, lo mismo que los Túrdulos y Turdetanos en el me- 
diodía de la Europa — segÚ7i lo dice Strabón y lo repite 
Humboldt — redactaron en verso sus leyes, a las cuales 
asignaban una antigüedad de seis mil años. 

6 Cómo, pues, habla con tan poco respeto de la poesía 
que hizo surgir la luz de la inteligencia, el mundo moral 
de las ideas, del caos sin forma ni color de las masas iner- 
tes de nuestro ser material? 

¡Arrodíllate, pecador, y pide la absolacicn de tu 
blasfemia, a los pies de esa madre misericordiosa, que 
se llama poesía, y de cuyo seno mana la leche y la miel 
con que alimentas tu alma! 

Pero no : antes de vestir la candida túnica de los 



XLII CAETA-PEEFACIO 

neófitos, volvamos a la Grecia por la última vez, y es- 
tudiemos el mágico poder de la poesía en uno de sus más 
grandes pueblos y de sus más grandes hombres: Atenas 
y Solón. 

Los atenienses, después de haber sido batidos por 
los de Megara — ciudad dórica — decretaron la pena de 
muerte contra todo el que hiciera una moción para re- 
tornar a Salamina. Algunos años después, un poeta hizo 
llorar' al pueblo con el relato de las desgracias de Jonia, 
y el poeta fué multado por el tribunal, imitando en esto 
la crueldad de Esparta al desterrar al que encordó la 
lira . 

Solón, comprendieudo todo el par-tido que podía sa- 
carse de la poesía para imprimir al pueblo un movi- 
miento eléctrico y sublime, haciéndose el insensato, in- 
fringió el decreto sobre Salamina, entonando en la plaza 
piiblica un cántico guerrero, por medio del cual el fu- 
turo legislador, cual otro Tirteo, logró encender el en- 
tusiasmo popular. El pueblo pidió a gritos el ataque 
de Salamina, y Solón, haciéndose general eu jefe, y 
cambiando la lira por la espada, tomó a Salamina a la 
cabeza de quinientos hombres. 

Al dejar par'a siempre las playas de la Grecia, yo 
le impongo por todo castigo que coloque ese lauro mi- 
litar sobre las sienes de la poesía, para que otra vez se 
mida un poco antes de calificar de estéril a la que tantas 
ideas sublimes y tantos sentimientos nobles ha sabido 
producir. 

No es éste y el de Tirteo el único lauro guerrero 
que la poesía puede reivindicar para sí. 

Dando un salto al ti^aves de los siglos, trasladé- 
monos a la risueña Italia, que Vd. ha visitado con re- 
ligioso respeto, según nos cuenta en sus "Viajes". 

Si es que ha leído la historia del mediodía de la 
Europa, debe acordarse que el emperador Luis II, cau- 
tivo del duque de Benevento, debió su libertad a una 
canción compuesta por sus soldados. Esta canción, que 
es el monumento más antiguo de la baja latinidad re- 
unió en torno de la bandera caída del monarca a sus an- 
tiguos soldados dispersos por toda la Italia, que mar- 
chando valientemente contra Adelghiso, duque de Be- 
nevento. lograron rescatar de su cautiverio al ilustre 
prisionero. Sin la poesía, la humanidad contaría esta 



CAETA-PEEFACIO XLIII 

acción generosa de menos en el catálogo de los grandes 
hechos que la honran y dignifican. 

¿Quién ignora la influencia que la poesía tuvo en 
la batalla de Ilastings? La historia nos cuenta que pró- 
ximos a chocarse los ejércitos de líaroldo y de Guiller- 
mo el Conquistador, un caballero normando, dando 
espuelas a su caballo, entonó entre los dos ejércitos el 
célebre canto car'lovingiano, que conocemos desde aquella 
época con el título de "Canción de Rolando", y que es 
la más hertuosa epopeya de la edad media. El poeta, al 
presentar el ejemplo del paladín de Roncesvalles, y evo- 
car los gloriosos nombr'es de Cario Magno, de Olivierio 
y de Turpín, logró inflamar el entusiasmo de los nor- 
mandos, excitándolos a vencer o morir, y por eso vencie- 
ron, repitiendo en coro la "Canción de Rolando". Dan 
testimonio de esto el poeta Wace, y los historiador'es 
Guillermo de Malmesbury, Mateo de París, Ralph Hy- 
den, Alberico y Mateo de Westminster. 

La influencia de la poesía no fué menos decisiva 
en la revolución de los Países Bajos. Es sabido que el 
alma de esa revolución fué el famoso Marnix de Sain- 
te Aldegonde, político, escritor, orador, teólogo, renom- 
brado diplomático y uno de los célebres hombres de 
guerra de sus días. Pues bien: cuando el duque de Al- 
ba ocupó los Países Bajos en 1569. degolló 18.000 hom- 
bres y proscribió 100.000. El príncipe de Orange, a la 
cabeza de 24.000 hombres, no pudo triunfar del te- 
rror, y fué vencido sin combatir. Es entonces que Mar- 
nix escribe en el destierro el canto nacional, que se ha 
perpetuado hasta nuestros días, con el título de 
"Wilhelmus Lied" (Canción de Guillermo). Con esas 
estrofas en los labios, se sublevó un pueblo en masa, 
se levantó el entusiasmo guerrero y religioso, se triun- 
fó del terror, y se inauguró una nación que combatió 
sin tregua cien años por su independencia, entonando 
el himno varonil, que, como dice Edgar Quinet, " es 
una meseniana bíblica, que dio su ritmo a la revolu- 
ción, y por el cual los escritores del siglo XVI llama- 
ron a Marnix "nuevo Tirteo" ("alterum quasi Tir- 
teum"). Este gran poeta, profeta de la nación neer- 
landesa, es el mismo de quien ha dicho el austero Bay- 
le que cada verso de sus canciones valía por un libro ; 
el mismo que redactó la constitución de las Provin- 
cias Unidas y tradujo en verso la Biblia, que es la 



XLIV CARTA-PREFACIO 

fuente de la lengua holandesa, siendo otra rara coinci- 
dencia, que también sea un poeta el creador de un idio- 
ma, cuya raíz y genealogía es necesario buscar en la 
poesía. Dan testimonio de todo esto las crónicas y 
memorias de la época. 

Pero ¿para qué ir tan lejos? ¿No hemos sido tes- 
tigos del poder mágico de la Marsellesa en nuestros 
días? ¡Cuántas victorias, cuántos valientes de menos 
contaría el pueblo francés, sin ese canto bélico que ha 
dado la Aoielta al mundo ! 

Hasta los tiranos y los conquistadores han recono- 
cido el poder irresistible de la poesía, persiguiendo 
con más encarnizamiento a los poetas que a los solda- 
dos en armas. Testigo de ello es Eduardo I, conquis- 
tador del país de Gales, el cual hizo degollar a todos 
los bardos de la comarca por consolidar su conquista, 
porque temía con razón que, mientras hubiese un arpa 
pulsada por ellos, mientras sus inspirados himnos re- 
sonasen en aquellas agrestes montañas, el recuerdo de 
Ja antigua libertad no moriría en sus habitantes, y que 
las armas serían impotentes para vencerla. Muertos 
los bardos, la conquista se consolidó. Esta es la catás- 
trofe que Thomas Grey ha cantado en versos memo- 
rables. 

No quiero abusar de mi superioridad en este pun- 
to, y guardándome otras muchas citas históricas que 
mantengo de reserva en mi cartera, me contentaré con 
recordar otro ejemplo del mismo género. ¿Quién su- 
blevó el espíritu teutónico del nacionalismo germánico 
contra la intervención napoleónica en Alemania? 

¿Quién, sino la falange de poetas, a cuya cabeza 
se puso Koerner, el intrépido Tirteo del siglo XTX que 
murió atravesado de una bala al frente de su Regi- 
miento de Cazadores, entonando el himno marcial con 
que había reclutado sus soldados ? ¡ Niegue ahora el 
poder de la poesía! 

Si prescindiendo de la parte rítmica de la poesía, 
y no contando para nada los progresos que ha hecho 
hacer a la civilización en el sentido de la filosofía y do 
la cosmogonía, pasamos igualmente por alto la influen- 
cia irresistible que ejerce sobre los móviles que impul- 
san al hombre al sacrificio generoso de la vida, y des- 
cendemos a considerar la poesía como instrumento de 
adelantos filológicos, ¡vamos a ver que sin el auxilio- 



CAKTA-PEEFACIO XLV 

de la poesía los idiomas modernos serían los más bár- 
baros del mundo ! 

Ya le he demostrado que la prosa fué hija de la 
poesía. Ahora voy a demostrarle que la prosa ha he- 
cho progresos, alumbrada por la antorcha de la poe- 
sía, que ha sido para ella la columna de fuego que la 
ha conducido hasta la tierra de promisión. 

Dejemos a un lado los idiomas de la antigüedad, 
y las lenguas teutónicas, y estudiemos tan sólo los cua- 
tro principales idiomas que fluyeron como cuatro rau- 
dales del seno del latín, en el momento en que de la 
descomposición del mundo romano surgían los ele- 
mentos de una nueva civilización. 

El italiano era un dialecto vulgar cuando el Dante 
se sirvió de él para escribir su "Divina Comedia", 
que a la par de la más grandiosa epopeya de los tiem- 
pos modernos, es la fuente del idioma más puro y más 
armonioso de la raza latina. El Petrarca ornamentó, 
dio elasticidad y clasificó en cierto modo la lengua dig- 
nificada por el Dante, cambiando hasta cierto punto 
su esencia, como lo dice Sismondi, y legó a su patria 
un idioma digno de rivalizar con los de Grecia y 
Roma. Los poetas que se han sucedido, dieron la úl- 
tima mano a la obra iniciada por los padres de la poe- 
sía italiana. Así. queda establecido que el idioma ita- 
liano es hijo de la poesía, y esta creación bastaría por 
sí sola para inmortalizar a su progenitor, y desmentir 
las imputaciones de esterilidad que se le hacen. 

¿Cuál es el origen del francés moderno? Por su- 
puesto que la fuente original es el latín, que por es- 
pacio de cinco siglos estuvo depositando en el fondo 
de las poblaciones los materiales de los nuevos idio- 
mas que debían reemplazarlo, y que hasta hoy son co- 
nocidos con el nombre de lenguaje-romance, y del cual 
dice Sismondi que "circunstancias accidentales, más 
bien que diversidad de razas, han dado origen a la di- 
ferencia que se nota entre el portugués, el español, el 
provenzal, el francés, y el italiano, cuyo fondo común 
es el latín." Las Galias, después de haber perdido su 
idioma indígena (el celta), el cual ha llegado hasta 
nuestros días refugiado en la antigua Armórica, se 
hallaron — en el espacio que media entre el V y X si- 
glo — divididas por los idiomas "franko", "theotesco" o 
tudesco y el latín, y en una multitud de jergas y dia- 



XLVI CARTA-PREFACIO 

lectos, que al fiu se reconcentran en dos grandes frac- 
ciones: el román provenzal o lengua de "Oc" (sí), y 
el román-wallón o lengua de "Oil" o de "Oui" (sí). 

Estos dos idiomas se repartieron la Francia. Al 
Mediodía el provenzal, que pasó los Pirineos e invadió 
la Navarra, dando origen al catalán; y al Norte, el 
román-wallón, que modificado por los Normandos, dio 
origen al francés actual, y fué el mismo que Guillermo 
el Conquistador llevó a Inglaterra, y que bajo el rei- 
nado de Hugo Capeto se hizo la lengua nacional. 

El provenzal, que en el siglo X produjo millares 
de poetas, dando a luz una literatura original que en 
nada se parece a la griega ni a la latina, fué por el 
espacio de tres siglos la lengua de la poesía y del can- 
to en Europa, así como hoy lo es el italiano. Hoy es 
una lengua muerta y sólo se conoce por los cantos de 
sus trovadores. 

El román-wallón, que también fué en su origen un , 
dialecto poético, aunque más áspero y seco que el pro- 
venzal, produjo los ''troveros" o "trouvéres", que 
no deben confundirse con los "trovadores" o "trou- 
badours", que son provenzales. Son los troveros los 
que primero compusieron los "fabliaux", y los "lais" 
de amor. 

A ellos también debe la Europa los romances ca- 
ballerescos y las representaciones dramáticas ; y gra- 
cias a. la poesía, la lengua francesa, tan pobre como 
es, ha llegado a ser un idioma universal, el idioma de 
la prosa por excelencia, pasando de las manos de Cor- 
neille y de Racine a las de Pascal, que es el que tiene 
la gloria de haber fijado esta lengua, complementada 
por Voltaire, Montesquieu, Buffón y Rousseau y or- 
namentada por Lamartine y Víctor Hugo. 

El portugués dejó de ser jerga, y es hoy conside- 
rado como idioma, gracias a las "Lusiadas" de Ca- 
moens, que al inmortalizar a su patria con sus cantos, 
inmortalizó a la vez la lengua materna, fijándola en 
versos de bronce, para probar a las edades venideras 
que el lenguaje que la poesía adopta por suyo, por 
vulgar y pobre que sea, se sublima, se complementa y 
se hace eterno con su solo contacto. 

El español, que es el antiguo "romance", y que se 
llamó así para distinguirlo del romano o latino, vino 
al mundo bajo los auspicios de la poesía, y por medio 



CARTA-PKEFACIO XLVII 

de ella se generalizó, se perfeccionó, y se perpetuó de 
generación en generación, hasta llegar a ser la lengua 
de Cervantes y de Solís. El monumento más antiguo 
del romanee castellano, es el "Poema del Cid", que en 
este momento tengo ante mis ojos. Un poema fué, pues, 
el núcleo de la lengua castellana que hoy hablamos, 
y aunque no se conozcan las demás composiciones an- 
teriores al siglo XII, en que este poema fué compuesto, 
debe suponerse que fueron en verso, pues sólo por 
medio de la cadencia métrica podían trasmitirse de 
generación en generación, sin corromperse, los libros 
fiados a la tradición oral, no habiéndose inventado to- 
davía el uso del papel, siendo el pergamino carísimo, 
y habiendo cesado de venir el papirus de Egipto con 
motivo de la invasión de los Árabes. 

Así, pues, la poesía desempeñó entonces el mismo 
oficio que hoy está encomendado a la imprenta. Ella 
fué la que se encargó de grabar en la mente las pro- 
ducciones del idioma vulgar, dando a la memoria pun- 
cos naturales de apoyo en el corte simétrico del verso 
y en la repetición periódica de la rima, de tal modo 
que, cuando una generación perdía un verso, la si- 
guiente lo echaba al momento de menos. 

Al "Poema del Cid" siguió la traducción del 
"Fuero Juzgo", y el código de "Las Partidas", cuyo 
autor, el célebre don Alfonso el Sabio, fué, como So- 
lón, poeta al mismo tiempo que legislador. Sus canti- 
gas y sus coplas de arte mayor, verdaderas joyas poé- 
ticas, contribuyeron inmensamente a pulir el tosco 
lenguaje de aquella época de barbarie. 

Después vino el "Romancero", esa magnífica epo- 
peya caballeresca, escrita por millares de autores, en 
el curso de varios siglos, y cuya unidad de acción y de 
lenguaje ha venido a demostrar prácticamente que la 
" Ilíada" de Homero pudo haber sido compuesta del 
mismo modo por la agregación sucesiva de los cantos 
de diversos autores y edades. El "Romancero" es el 
arca santa del idioma castellano, es una verdadera 
gramática y su verdadero diccionario. Sin los cantos 
del "Romancero", es decir, sin la poesía, la España 
hablaría catalán, árabe, gallego o teothesco, y el mun- 
do no poseería este idioma abundante y sonoro, que 
según Carlos V, parece hecho para hablar con Dios. 
Los progresos sucesivos del castellano fueron obra ex- 



XLVIII CAETA-PREFACIO 

elusiva de sus poetas, que lo pulieron y ornaron, im- 
I)riniiéndole esos giros elípticos, valientes y atrevidos 
que lo caracterizan, que llevan en sí el sello de la 
inspiración poética. Puede decirse que Calderón y Lope 
de Vega han hecho más por el idioma castellano que 
toda la Academia Española desde su fundación, 

¿Qué me dice ahora del monólogo estéril y subli- 
me de esta musa, que después de obrar tantos prodi- 
gios, vuelca su urna y derrama de su seno cuatro idio- 
mas inmortalizados por la poesía, y que han sido por 
espacio de cuatro siglos, los agentes poderosos de la 
civilización moderna ? 

Mucho podría decirse sobre la influencia de la poe- 
sía en el desarrollo de las lenguas vivas de origen 
teutónico, especialmente sobre el inglés, que debe a 
{Shakespeare mucho de lo que vale; pero me limitaré 
a apuntarle que el solo Milton introdujo en el lengua- 
je vulgar más de seiscientas palabras nuevas ; y que el 
alemán debe a sus poetas, especialmente a Lessing, a 
Goethe y Schiller, la asombrosa flexibilidad que lo hace 
tan propio para expresar las ideas más abstractas y 
vaporosas, dándoles forma y color por un proceder 
completamente poético. 

No extrañará, pues, que a despecho de la oposición 
de hombres como usted, la poesía haya conquistado 
una alta posición, y que, en cada día que pasa, extien- 
da y afirme más su imperio sobre la imaginación y 
sobre las conciencias, invadiendo audazmente los do- 
minios psicológicos. En este sentido, la poesía ha hecho 
y hace más por la mejora y por el conocimiento ínti- 
mo del hombre, que cuantos estudios filosóficos se han 
emprendido. " El hombre y sus enfermedades invisi- 
bles, lo que es y lo que debe ser ", tal es la intermi- 
nable espiral en que asciende la poesía moderna, mar- 
chando en torno de un eje sin encontrarse jamás sus 
extremos. Así se ve que por lo que respecta al hombre 
íntimo, ]a poesía inicia, la filosofía explica y la prosa 
vulgariza, y que por esta triple operación llega a for- 
mar parte del fondo del gran tesoro del sentido común, 
lo que al principio se presentó como una brillante 
]>aradoja. Y en esta carrera precipitada de las ideas, 
mientras que la filosofía se entretiene en explicar, y la 
prosa en vulgarizar la poesía, sigue su marcha ascen- 
dente hacia la región de luz, mareando con una colum- 



CARTA-rEEFACIO XLIX 

na de oro el gran paso dado por la humanidad, y de- 
jando muy atrás a sus auxiliares en la labor constante 
del progreso. 

Desde este punto de vista, la poesía puede conside- 
rarse hoy como un método de enseñanza superior, que 
coadyuva eficazmente al progreso moral en el sentido 
de la Inglaterra y de los Estados Unidos, los pueblos 
más progresistas del mundo, y los dos que con más te- 
nacidad y valentía han perseguido el ideal en el terreno 
del experimento. Estas dos naciones trabajan hace mu- 
cho tiempo por mejorar la condición social por medio 
de la mejora parcial de los individuos, a la inversa de 
los alemanes, que pretenden regenerar a la humanidad 
entera por medio de esos ensalmos universales, que se 
llaman sistemas filosóficos; y a la inversa también de los 
franceses, que hace sesenta años se agitan en el círculo 
vicioso de las revoluciones, buscando instituciones ade- 
cuadas al hombre, antes de haber formado los instintos 
del hombre, o lo que es lo mismo, el hombre adecuado a 
las instituciones. 

La cuestión capital en Inglaterra y en los Estados 
Unidos es la que se relaciona con las almas y las con- 
ciencias. Así, se les ve contraer todas sus facultades a 
la propagación de las sociedades morales que mejoran 
las costumbres, al desarrollo de la libertad de pensar, a 
la difusión de la instrucción primaria, que mejora la 
condición del hombre, derramando con profusión por 
el universo todo la palabra poética del antiguo y nuevo 
Testamento. Por eso ha dicho un escritor norteamerica- 
no: " Tenemos ya bastante ciencia popular ; lo que falta 
a nuestros hijos son libros capaces de formar sus ins- 
tintos." Este es el papel que desempeñan en la mejora 
del género humano los libros de poesía, que, como se ha 
dicho, son los que forman la conciencia de un mundo 
mejor. Si ellos nos faltan, ¿con qué los reemplazaremos? 

Dejando a un lado la poesía, y pasando a los poe- 
tas, tengo que decirle cosas que le parecerán un poco 
paradógicas, y que sin embargo no son menos positivas, 
ni menos prácticas, que las anteriores. 

Los hombres prácticos, serios y positivos, tienen 
una manera muy singular de juzgar de la capacidad de 
los demás hombres, y la Hamo singular, por no darle el 
nombre de absurda. Cuando un hombre sabe cuanto hay 
que saber en este mundo, o al menos tanto cuanto puede 



L CARTA-PBEFACIO 

aprender un hombre, y a más la poesía, dicen: "¡es 
un poeta!" Y con esto queda condenado. De manera que 
para que un hombre sea completo, es necesario que igno- 
re la poesía, es decir, que desconozca al hombre moral ; 
que no tenga el sentimiento de lo bello ; que carezca de 
las facultades perceptivas de la armonía, que no haya 
leído ni a Homero, ni a Horacio, ni a Dante, ni a Scbi- 
Uer, ni a Shakespeare, ni a Lope de Vega, ni a Calderón, 
ni a Lamartine, ni a Goethe o Víctor Hugo ; que no co- 
nozca la historia literaria de los pueblos antiguos o mo- 
dernos, que no le ande sobrando la imaginación, y que 
sea incapaz de crear seres de la nada en el silencio de 
la inspiración. Faltándole todos estos requisitas, es de- 
cir, siendo un ser incompleto, puede contar por seguro, 
cualquiera que responda a tales condiciones negativas, 
que será proclamado como hombre positivo por el Areó- 
pago de los hombres serios. Pero si sabe todo lo que ese 
hombre puede saber, más la poesía, que supone otra 
multitud de conocimientos, puede contarse por seguro 
que será declarado, sin apelación, espíritu superficial. 
¿Es serio este modo de juzgar? 

Napoleón decía del poeta Corneille que, a haber 
vivido en su tiempo, le habría nombrado su primer 
ministro. Napoleón, que fué un gran poeta en acción, 
a la manera de Alejandro, era digno de comprender 
cuánta ciencia política había en el creador de esos 
grandes caracteres de la antigüedad, en cuj^a boca ha 
puesto palabras que han inmortalizado a su autor, y 
que prueban que quien tan profundamente conocía a 
los hombres, bien pudo atinar con el mejor modo de 
dirigirlos. 

¿Ha existido con relación a su tiempo un hombre 
más sabio que Homero, si hemos de juzgarle por sus 
obras? Astrónomo, geógrafo, erudito, filósofo, políti- 
co, habla de la guerra con la precisión de Xenofonte, 
describe los detalles culinarios como Careme en nues- 
tros días, conoce perfectamente la mineralogía, y ha- 
bla por la boca de Néstor y de Ulises con más buen 
Bentido que nuestros titulados hombres de Estado. De- 
bido a esto, hace treinta siglos que preside a los des- 
tinos de la poesía, y que domina en todas las bellas 
artes. ¿Qué le falta a los ojos de los hombres serios 
para ser un hombre completo? No ser poeta, es decir, 
uo haber escrito el libro más sublime que haya produ- 



i 



CAKTA-PKEFACIO LI 

cido el ingenio humano, y por el cual el mundo que- 
maría diez bibliotecas como la de Alejandría. ¿Esto es 
serio? ¿Y qué diremos de Shakespeare? ¿Quién ha pe- 
netrado más hondamente que él en los arcanos del 
■corazón humano? ¿Quién con más sabiduría y más 
profundidad que él ha sabido crear esos tipos inmor- 
tales, que personifican las pasiones de tal modo, que 
a no haber surgido de su mente, el hombre no se cono- 
cería a sí mismo? Shakespeare, puede decirse, que, no 
KÓlo nada de lo que tenía relación con el hombre le 
era indiferente, sino que sabía todo cuanto al hombre 
concernía. ¡Lástima que fuese poeta!, dirá usted, y 
que en vez de escribir dramas, no haya empleado su 
fuerza de voluntad en buscar alguna aplicación útil de 
las fuerzas físicas, en vez de extasiarse en un monólo- 
go estéril y sublime ! ¿ Esto es serio ? 

Podría seguir bosquejando otra porción de cua- 
dros del mismo género, por medio de rápidos perfiles, 
pero la multiplicidad de ellos no probaría más que los 
nombres de Homero, de Corneille y de Shakespeare, 
a quienes tendríamos que clasificar de hombres incom- 
pletos, si hubiésemos de juzgar con el criterio de los 
hombres positivos, que cuando les presentan un libro 
de poesía preguntan ''¿y esto qué prueba?" Esos tres 
genios prueban, por lo menos, el poder del hombre 
para comprenderse a sí mismo, y no es poco probar, 
pues sin ellos no sabríamos de lo que somos capaces, 
ni lo que somos moralmente. Las ciencias y las artes 
nos han revelado o hecho presentir todo aquello que 
podemos percibir o alcanzar por medio de los sentidos, 
menos los límites del entendimiento, que, como dice 
Leibnitz, es lo único que no entra por los sentidos. 
Lo primero está fuera del hombre, corresponde a una 
vida exterior que no es la suya. Lo segundo pertenece 
ai hombre mismo, y, como lo dice Leroux, es la expre- 
sión de su propia vida, o más bien, su propia vida que 
se realiza y se idealiza comunicándose a los demás, y 
esforzándose en eternizarse. 

Puede objetarse, que por muy completo que sea 
\in poeta, la preponderancia de la imaginación produce 
en sus facultades un desequilibrio que lo hace poco ap- 
to para los negocios prácticos de la vida. Esta es una 
"vulgaridad desmentida por los hechos. Para poner de 
manifiesto lo contrario, bastará decir, que si algún día 



LII CARTA-PREFACIO 

hubiese de escribirse el código del buen sentido prác- 
tico, es a los libros de los poetas adonde irían a beber- 
se sus principios. 

El ser poeta no impidió a Solón ser el primer le- 
g-islador de la antigüedad. El poeta Esopo representa 
la moral del sentido común. Tito, no por hacer versos 
dejó de ser un gran político y un gran guerrero. Sa- 
lomón, a pesar de ser un gran poeta, es el tipo de la 
sabiduría gobernando. Cicerón, que era poeta hablan- 
do en prosa, ha escrito hermosos versos que lian llega- 
do hasta nosotros. Augusto, el político más sagaz de la 
antigüedad, hacía versos, y en versos lloró la muerte 
de Virgilio, para salvar de la destrucción a la Eneida. 
César y Bruto, la víctima y el matador, también hicie- 
ron versos, qu.e depositaron en bibliotecas públicas : 
poetas tan débiles como Cicerón, pero más felices que 
él, pocas personas supieron que los hacían. Maquiave- 
lo, que, a haber vivido en este siglo, se reiría de Ta- 
lleyrand y de Metternich, era poeta. Cervantes, el buen 
sentido hablando, era poeta, y Sancho Panza, el senti- 
do común personificado, es una creación esencialmente 
poética en contraste con la poesía. 

Un político célebre, reconocido por uno de los pri- 
meros oradores del mundo, el Lord Chatham, empezó 
por hacer versos, como puede verae en Villemain. D. 
Alfonso el Sabio, el hombre más práctico de su tiempo, 
fué también poeta. Poeta fué también el marqués de 
Villena, eminente hombre de Estado de su época. El 
Dante bebió toda,s sus inspiraciones d,el conocimiento 
pr'áctico que tenía de la vida y de los negocios público» 
de su país. L'Hopital, "representante de la conciencia 
iiumana", como le llamó Sainte-Beuve, hacía versos, Ha- 
lley, el más grande astrónomo de la Gran Bretaña, amó 
y cultivó la poesía, y en hermosos versos, que brillan 
como astros al frente de los "Principios" de Newton, 
celebró las sublimes ideas de su predecesor, hermanan- 
do el cálculo con la inspiración. Grocio, el severo publi- 
cista, es contado entre los poetas de su nación, y legó a 
Milton el germen de su inmortal poema. Milton, que ha 
escrito panfletos políticos, fué un hábil Ministro de Re- 
laciones Exteriores, antes de ser el autor de "Paraíso 
perdido". El célebre Bolingbroke fué poeta, y de poetaa 
oe rodeó y aconsejó en la época en que la Inglaterra pe- 



CAETA-PEBFACIO Lili 

saba con todo su poder en la balanza de los destinos del 
mundo. 

Montesquieu, que tenía todas las cualidades brillan- 
tes ded poeta, y que se extasiaba en leer a Ovidio, Mon- 
tesquieu, el que encontró las tablas perdidas de los de- 
rechos del hombre, también ha escrito poesías. Beau- 
m.archais, el autor del "Barbero de Sevilla", fué un há- 
bil negociante y un diplomático sagaz. Pocos hombres 
han poseído en tan alto grado la ciencia del mundo y 
el conocimiento del corazón humano, como el poeta 
Moliere, cuyas obras valen por doscientos tratados de 
moral. Voltaire, el representante del buen sentido de 
Ja humanidad, fué un poeta, y como tal será estimado 
en el futuro, cuando muy pocos lean sus obras en pro- 
sa, Federico II, a pesar de ser un mal versificador, rin- 
dió también culto a las musas, y sus composiciones 
poéticas, escritas en la víspera de sus grandes bata- 
llas, han sido recogidas por la historia y adoptadas por 
la literatura. Canning, el hábil ministro que salvó la 
Inglaterra, fué un poeta. Beranger, otro representante 
del buen sentido universal, es uno de los primeros poe- 
tas populares. Madame Stáel, una de las cabezas más 
fuertes de nuestros días, era una cabeza eminentemen- 
te poética. Rossi, profundo economista, el político se- 
sudo, uno de los primeros jurisconsultos del siglo, 
empezó su carrera literaria traduciendo en verso ita- 
liano los poemas de Byron, por lo que ha merecido los 
elogios del severo historiador Mignet. El mismo La- 
martine, a quien por su calidad de poeta se le han 
negado las facultades del hombre político, tuvo (con 
todas sus deficiencias) la idea de la República cuando 
todos vacilaban; pacificó la Europa con un manifiesto, 
y en tres meses de gobierno hizo más y se mostró más 
iiábil que el hábil Luis Felipe auxiliado por Thiers y 
por Guizot, en el espacio de diez y ocho años. Entre 
nosotros, Florencio Várela, el hombre de tacto políti- 
co, el hombre de recto juicio y de tino práctico, era 
también poeta. 

De manera, que si los poetas pueden reivindicar 
para sí la ciencia práctica y el buen sentido que por 
la vulgaridad se les niega, los hombres positivos que 
se enorgullecen de su ignorancia poética, deben conve- 
nir, en vista de estos ejemplos, que son incompetentes 



LIV CAETA-I'KEFACIO 

para juzgar aquello de que no entienden, o no son ca- 
paces de sentir. 

Alejandro, Tácito, Sócrates, Platón, Herodoto, Na- 
poleón, Tito-Livio, Colón, Bolívar, han sido poetas a, 
su manera, y si no escribieron iDoemas, fué porque die- 
ron otra dirección a las fuerzas poéticas de que podían 
disponer. El primero, las aplicó a las grandes conquis- 
tas civilizadoras; el segundo, a las pinturas dramáticas 
que lo han inmortalizado. Sócrates y Platón presintie- 
ron, por intuición poética, las sublimes verdades del 
progreso moral. Herodoto es el verdadero rival de Ho- 
mero, y Tito-Livio eclipsa muchas veces a Virgilio. 

Para comprender la idea poética que hizo a Colón 
descubrir el Nuevo Mundo, es necesario leer su "Diario 
de Viaje", publicado por Navarrete, en el cual se ve al 
visionario, al espíritu entusiasta, mirando con los ojos 
del alma la tierra prometida de que se reían los espí- 
ritus positivos. Además, es bien sabido que Colón hizo 
realmente versos, habiéndose salvado algunos de loa 
que le inspiró la musa cristiana en su ''Libro de las Pro- 
fecías ' ' . 

Bolívar, que carecía del genio metódico de la gue- 
rra y de las cualidades sólidas del político equilibra- 
do, derramó toda la poesía que rebosaba en su alma, 
en brindis, proclamas, discursos, boletines y acciones 
grandiosas dignas de la epopeya, procurando en esto 
marchar tras la huella de Napoleón, poeta en acción, 
cuyo genio militar se dilataba en presencia de las Pi- 
rámides o evocando los recuerdos de la antigua Ro- 
ma, y que se dormía bajo su tienda militar leyendo 
a Corneille o a Ossian, como Alejandro, leyendo a Ho- 
mero, derramaba lágrimas de dolor a la idea de que 
lio tendría un poeta semejante que cantase sus haza- 
fias. 

¿Cuál es el reproche que los ingleses hacen a Ro- 
berto Peel, el primer hombre de Estado de nuestros 
días? Pues bien, le reprochan no haber sido poeta. 
No se sonría: lea la biografía de Peel, escrita por D'Is- 
raeli, el jefe del partido tory, y se convencerá de que 
hablo formalmente. Todos convienen en que este re- 
proche es merecido. Roberto Peel era un gran organi- 
zador, pero carecía de esa facultad poética que se lla- 
ma creadora, sea que ella se aplique a la composición 
de un poema, o a los negocios de la administración' o 



I 



CARTA-PlíBFACIO LV 

de la política. Nada de lo que Pecl ha hecho ha sido 
creado por él, y aun la misma reforma comercial que 
ha ilustrado su nombre, a la cual se opuso largo tiem- 
po, fué, como se sabe, idea original de Cobden, caudi- 
llo imaginativo de la Liga de Manchester. Sus refor- 
mas sobre la Irlanda le fueron sugeridas por O'Con- 
nell, el inspirado poeta de los "meetings" al aire libre, 
a cuya palabra poética debe su redención un pueblo 
que lo aclama su libertador. Si Peel hubiese poseído 
la potencia creadora, es decir, si hubiese podido mere- 
cer el nombre de poeta que se le niega, habría sido el 
más eminente hombre práctico de nuestros días. No lo 
fué porque faltó el segundo término, la potestad crea- 
dora, que es el patrimonio de los genios poéticos, sea 
que hagan o no versos. Así, pues, en los negocios prác- 
ticos de la vida, las cualidades poéticas, lejos de ser 
un inconveniente, constituyen una ventaja real y posi- 
tiva, siempre que la imaginación no predomine de tal 
modo, que sofoque todas las demás facultades del en- 
tendimiento. 

Ahora estudiemos al poeta por el lado de la serie- 
dad. Generalmente se le considera como un hombre fri- 
volo, que pasa su vida contando "sílabas" en vez de con- 
tar "patacones", y que malgasta todo su talento en "pro- 
ducir ficciones", en vez de llevar a cabo realidades. Dis- 
tingamos. Hay dos especies de poetas : unos que se lla- 
man "objetivos" y otros que llamaremos "sujestivos". 
Los primeros son los que se asimilan todas las ideas poé- 
ticas de los demás, identificándolas con las suyas pro- 
pias, y que sin agotar su propia sustancia, las vuelven 
modificadas y digeridas como si exclusivamente les 
pertenecieran. Estas naturalezas artísticas pei'o frías,, 
no se gastan jamás y producen siempre, y a ellas co- 
rresponden Voltaire, sin inspiración, y Goethe, con nu- 
men, que debieron a esta circunstancia el poder alcan- 
zar una ancianidad serena. Los poetas por tempera- 
mento, para quienes la poesía es una vocación, son co- 
mo las lámparas : alumbran gastando en sus poemas 
el aceite de la vida, y derraman en sus obras su propia 
sustancia, apagándose muy temprano, como BjTon o 
como Schiller. 

Considerada desde este punto de vista, hay pocas 
ocupaciones más serias que la del poeta, que en cada 
sílaba, en cada verso, en cada estrofa, gasta tal vez 



LVI CAKTAPBEFACIO 

un minuto, una hora, un día de su existencia, vive en 
un solo momento lo que otros en un año. Todo cuanto 
el poeta describe o pinta lo ha visto, lo ha sentido, co- 
mo el Dante vio las penas del infierno, y existe despa- 
rramado en la creación, aunque los ojos del vulgo no 
puedan percibir su armonioso conjunto. Los tipos in- 
mortales creados por Rafael, no han existido ni exis- 
tirán jamás; ¿son por esto una mentira? ¡Oh, no! ellos 
son la idealización de la realidad, o, como se ha defi- 
nido el ideal, "la expresión más alta de la verdad". 
Tal es la poesía; y el poeta, su inspirado intérprete, 
cuando de pie sobre la trípode del genio fatídico repi- 
te las palabras misteriosas que susurran en su alma, sa 
asemeja a la sibila de la antigüedad, que sólo entona- 
ba el canto profético en medio de dolorosas convul- 
siones. 

En vista de todo esto, podremos decir, que tanto 
]a prosa como la poesía son dos manifestaciones de la 
palabra, son las dos formas de que se reviste el pen- 
samiento, y que si la una es el fruto, la otra es la flor; 
que sin flor no puede haber fruto, y que por lo tanto, 
enredarse más en esta cuestión sería lo mismo que dis- 
putar sobre si tiene más importancia la base que la 
cúspide de la pirámide, o cuál fué primero: el huevo 
o la gallina. Por lo que pongo aípií el punto final a 
mi disertación. 

He terminado, y sin embargo, apenas he desflora- 
do el vasto campo de mi tesis. Podrían escribirse sobre 
día muchos volúmenes, gastando tantas plumas de 
diamante, cuantas yo he gastado de acero en esta car- 
ta. Dejo a otros esa agradable tarea. A mí me falta 
tiempo para ser literato, así como me ha faltado para 
ser poeta, si es que hubiese podido serlo. 

Hubo un tiempo en que fui poeta por vocación, 
como Vd. me ha llamado en sus "Viajes"; y cuando me 
acuerdo de esto, me digo a mí mismo, penetrado de 
una profunda melancolía : " ¡ Y yo también viví en Ar- 
cadia ! ' ' 

Las poesías que va a leer, fueron escritas casi to- 
das ellas a la edad de veinte años. Entonces soñaba con 
la gloria poética, y los laureles de Homero me quita- 
ban el sueño. Pronto comprendí que ni podía aspirar 
a vivir en la memoria de más de una generación co- 
mo poeta, ni nuestra sociedad estaba bastante madura 



CARTA-PREFACIO LVII 

para producir un poeta laureado. Sin embargo, ese po- 
co de poesía que Dios había depositado en mi alma, 
lo he derramado a lo largo del camino de mi vida, 
consagrándolo unas veces a mi patria, otras a mis ami- 
gos, otras a las afecciones puras y serenas del hogar, 
porque el que cuenta por seguro que sus versos no lle- 
garán a la posteridad, debe ser generoso con su pe- 
queño tesoro. 

Tal es el origen de las pocas composiciones que he 
escrito después de los veinte años. Hoy, hace tanto 
tiempo que no hago versos, que creo que me he olvi- 
dado de pulsar la lira, hablando en estilo metafórico 
de mal gusto. Por eso amo las páginas que siguen, las 
cuales reflejan algunos de esos dolores intensos y de 
esos momentos solemnes de la última revolución contra 
el tirano de nuestra patria, tiranía que, para honor de 
nuestro culto, no ha contado un solo poeta entre sus 
filas. 

La tiranía se levantó, imperó veinte años en nues- 
tro país haciendo rodar cabezas, y cayó al fin postrada 
por sus propios excesos, sin que un solo poeta le que- 
mara un grano de incienso, lo que prueba que la poe- 
sía ha sido considerada entre nosotros como un verda- 
dero sacerdocio, mientras que la prosa se prostituía 
torpemente. Por este solo rasgo serían acreedores nues- 
tros poetas a la corona cívica, aun cuando no fuesen 
dignos de ceñir sus sienes con el lauro literario de 
los grandes genios. En la antigua Roma, el despotis- 
mo de Augusto tuvo por auxiliares la musa de Ho- 
racio, de Virgilio y de Ovidio ; y la bárbara tiranía 
de Nerón tuvo por aduladores a Séneca y a Lucano, 
notables poetas de la decadencia latina. Entre nos- 
otros, la tiranía de Rosas apenas ha merecido algunas 
coplas vulgares, porque la poesía que tiene el senti- 
miento de lo bello, huye de la fealdad moral, a la par 
que se apasiona por la virtud y la justicia, que son un 
reflejo de la belleza ideal sobre la tierra. Por eso, los 
poetas del Río de la Plata han derramado en sus ver- 
sos su amor a la libertad y su odio por la tiranía, 
guiados siempre por ese sentimiento de lo bello, que 
hace comprender cuanto hay de sublime y de hermoso 
en la libertad y en la justicia. 

Tengo otra razón más para odiar a Rosas, y la pu- 
blicación de estas "Rimas" es mi venganza. Odio a Rosas, 



LVIII CAKTA-PEEFACIO 

no sólo porque lia sido el verdugo de los argentinos, 
sino porque a causa de él he tenido que vestir las ar- 
mas, correr los campos, hacerme hombre político y lan- 
zarme a la carrera tempestuosa de las revoluciones sin 
poder seguir mi vocación literaria. 

Hoy mismo, en medio de las embriagantes agita- 
ciones de la vida pública, no puedo menos de arrojar 
lina mirada retrospectiva sobre los días que han pasa- 
do, y contemplar con envidia la suerte de los que pue- 
den gozar de horas serenas, entregados en brazos de 
la musa meditabunda. Cuando esto me pasa, se me vie- 
ne a la memoria un cuento que en otro tiempo me hi- 
zo reir, y que hoy me hace suspirar, tal es la profun- 
da verdad que encierra. Oiga el cuento, por fin de car- 
ta: Un pobre pastor, hablando consigo mismo, se de- 
cía: — i Ah ! ¡ si yo fuera rey ! . . . — Y bien, ¿ qué ha- 
rías? preguntóle uno que le oía, sin él advertirlo. — 
¿Qué haría? dijo el pastor, ¡Cuidaría mis ovejas a ca- 
ballo! — Digo lo mismo. Si fuese rey, haría versos, por 
el gusto de hacer versos... a caballo. Y sin embargo, 
¡iís probable que en el resto de mi vida no haga una 
docena de versos. 

Bartolomé Mitre. 



LIBRO PRIMERO 



poesías patrióticas 



LIBRO PRIMERO 



POESÍAS PATRIÓTICAS 



RECUERDOS DE BUENOS AIEES 

¡ Oh patria, oh Buenos Aires ! ¡ oh sueño de mi vida !! 
Como inmortal recuerdo reinas en mi memoria 
Si evoco aquellos días de dicha promiisoria 
Que en tu seno amor'oso, Buenos Aires, pasé. 
Eecuerdo la ribera do a meditar yo iba 

Y el árbol siempre verde que sombra me prestaba, 
Recuerdo los momentos en que se deslizaba 

Mi vida por un lago sereno de placer. 

¡ Oh patria, oh Buenos Aires ! tú ocupas hoy la mente 
De miles de proscriptos poi' tierras extranjeras, 
De grandes ciudadanos a los que el ser tú dieras 

Y vagan alejados del suelo de su amorj 



4 KIMAS 

Y tú eres para ellos el sueño de su vida, 
Eres la blanca estrella que guía al peregrino, 

Y en noche tempestuosa le enseña su camino 
Como a^tro de los mares que alumbra al viajador. 

En vano en los albores de una existencia estéril 
Abandoné tus playas; no te olvidé por eso, 
Como al dejar la bella que nos brindó su beso 
Da más placer al alma pensar en él después. 
Si atravesé los mares y recorrí los campos, 
Si manejé la pluma o si empuñé la lanza. 
Vivificado siempre por íntima espei'anza, 
Jamás he sacudido tu polvo de mis pies. 

Si leo algún escrito que nombra a Buenos Aires 
Sus páginas exhalan magnético perfume, 

Y todas las palabras mi mente las asume 
Como el rocío puro que cae sobre la flor; 

Y entonces se presentan a mi memoria triste 
Tus torres, tus jardines, tus calles animadas, 
Tu cielo hermoso y puro, tus playas dilatadas, 
Tu río, tu horizonte, tus lunas y tu sol. 

¿Do están aquellas plazas llenas de movimiento, 
Sus altas catedrales, sus grupos bulliciosos. 
Sus verdes arboledas, sus alazanes briosos. 
Que ofrecen a la vista continua variedad? 
i Qué es del perfume suave del polvo de la patria, 
De aquel aroma intenso de sus lozanas flores. 
De sus flotantes nubes de vividos colores, 
De la dulzura grata de su agua de cristal? 



poesías patrióticas 



Tus bellas hijas miro, con albas vestiduras, 
Envueltas por la luna como plateado velo, 
Cruzar cual las estrellas errantes por el cielo 
Que trazan su camino con dulce resplandor. 
Mi mente trasportada poblando los espacios 
Admira la aérea forma que tienen las porteñas, 
Sus ojos que deri'aman miradas halagüeñas. 
Sus labios que destilan el bálsamo de amor. 

Y veo en mis ensueños tus bailes voluptuosos, 
Salones que perfuman las ninfas argentinas, 

Y grupos en que brillan sonrisas peregrinas. 
Cual no las ha fijado de Fidias el cincel. 

Y siento entre los giros del vals, que corre, vuela, 
Las brisas que producen las alas del ambiente 
Cargadas con efluvios que envuelven dulcemente 
Mi corazón y mi alma, mi espíritu y mi ser. 

¡ El vals ! Silfos alados sin duda lo inventaron 
Al ver entretejida la madreselva airosa 
En torno de la encina que altiva y vigorosa 
Se viste con sus galas cuando sus brazos da ! 
Así te me presentas, ciudad fuerte y hermosa. 
Pendientes de tus brazos tus hijas hechiceras. 
Como guirnaldas tenues que adornan las palmeras, 

Y al recibir su apoyo su emanación le dan. 

No suenan en mi oído las dulces vidalitas 
Que en medio de la noche modula el tucumano. 
Ni los sentidos tristes que murmura el riojano, 
Ni el alegre cielito que el porteño hace oir; 



6 RIMAS 

Cantares de mi patria, al abrir yo mis ojos 
Susurrabais suaves a la par de mi cuna, 

Y vuestro eco inefable, en las noches de luna, 
Es música secreta que el alma sabe oir. 

A veces, paseando de noche por las calles 
De la dulce guitarra ell eco me encantaba, 
Cuando el amante tierno sus cantos modulaba 
Al pie de los balcones del ángel de su amor*; 
Mientras la niña candida, oyendo las canciones, 
Prestaba a otros acordes del alma grato oído, 

Y entre cendales albos el plácido sonido 
Llenaba su alma y mente de plácida ilusión. 

No veo el ancho estuario en que los grandes ríos 
Cual urnas inclinadas se llenan y derraman, 
Ni siento aquellos soplos que tempestuosos braman 
Cuando el pampero azota sus ondas con furor; 
No veo el alta torre del templo majestuoso 
Cuyo círculo cubije la gloria con sus alas, 
Almena acribillada por las rugientes balas 
Que el cañón argentino lanzara a Whittelok. 

No veo aquellos muros que consagró la gloria 
Cuando, asilado en ellos ejército extranjero, 
El pueblo en son de guerra, con ademán severo, 
Hizo rendir la espada del bravo Berresford; 
No veo el foro cívico do fueron nuestros padres 
A proclamar del pueblo la gran soberanía 
Ni el balconaje rústico donde el Cabildo un día 
La libertad de América por bando proclamó. 



poesías patrióticas 



No veo la tribuna do ardientes oradores 
El pan de la palabra caliente le brindaban, 

Y desde lo alto de ella severos fulminaban 
Rajaos a los tiranos con santa indignación; 

No veo un pueblo inmenso la catedral llenando, 
A par de los sonidos del órgano, suaves, 
Ni entre nubes de incienso bajo sus anchas naves 
Leopardos, quinas, leones, mostrar cada pendón. 

¡ Oh patria ! como esclava suspiras en cadenas, 
Cubiertas de cadalsos tus calles enlutadas. 
Marchitos tus laureles, tus glorias mancilladas, 
Ajada tu bandera de gloria y esplendor; 
Tu seno profanado por déspota cobarde 
Que duerme resguardado por míseros esclavos. 
Que en su calvario triste remachan férreos clavos 
Al pueblo generoso que pueblos redimió. 

¡ Oh madre ! aunque de lodo te cubran la cabeza, 
Yo siempre con orgullo pronunciaré tu nombre, 
Diré que con tus hechos ganaste gran renombre 
Que oscurecer no pueden los días de baldón. 
¡Ah! vuélvante la espalda degenerados hijos; 
Yo inclinaré mi frente ante tu altar caído, 

Y besaré la orla del manto carcomido 
Llorando tus desdichas, cantando tu esplendor. 

Y aunque de tí apartado y eríante por el mundo. 
Hijo desheredado de tu cariño inmenso. 
De la extranjera playa te quemo el puro iuciens:> 
<^\ie a tí tan sólo, ¡ oh madre ! me es dado tributar. 



KIMAS 



No sólo llanto estéril será mi humilde ofrenda : 
Mis vacilantes manos arrimaré a tus aras; 

Si derrumbadas bajan entre reliquias caras 

¡Feliz si entre su polvo me puedo sepultar! 



1839. 



II 

A LA DERROTA DEL QUEBRACHO 

(CON MOTIVO DE LA MUERTE DE RUFINO VÁRELA) 



Corramos al combate, a la venganza, 

Y el que niegue su pecho a la esperanza 

Hunda en el polvo la cobarde frente. 

Quintana. 



Cuando enhiestos los patrios pabellones 
Tremolen con el soplo de la gloria, 
Anunciando entre nobles emociones 
De un pueblo esclavizado la victoria, 
Salude el vate al pueblo fuerte y libre, 

Y en sus labios triunfal cántico vibre. 

Mas si los siervos un laurel levantan 

Y en medio de los brindis de la orgía 

El triunfo impío en su insolencia cantan. 

Ensalzando la torpe tiranía, 

Anuncie con su voz alentadora 

De un nuevo triunfo la radiante aurora. 



10 EIMAS 

Sí, que del numen la misión sagrada 
Es inflamar el bélico ardimiento. 
Dar nuevo temple a la fulmínea espada 
Con el soplo encendido de su aliento, 

Y entre el polvo que cubre la derrota, 
Alzar del libre la bandera rota. 

En la derrota el pueblo valeroso 
Prueba su resistencia y su pujanza, 
Para volver después más ardoroso, 

Y entre el sordo clamor de la matanza, 

Y entre el humo que envuelve la pelea 
Desafiar el cañón que centellea. 

Cancha Rayada viera con denuedo 
A los héroes de Mayo caer vencidos, 
Pero sin dar cabida al torpe miedo 
Alzaron sus pendones abatidos, 
Sus melladas espadas levantaron, 

Y en sus hombi'os la patria sustentaron. 

Imitemos nosotros su alto ejemplo: 
El caído pendón enarbolando, 
Marchemos de la gloria al sacro templo 
"O muerte o libertad'' todos clamando; 

Y afirmando la planta en los escombros, 
La libertad aleemos en los hombros. 

Aquel cobarde que del triunfo dude. 

Quien al tirano eternizado crea, 

El que a los gritos del honor no acude 



POESÍAS PATRIÓTICAS 11 

Y do el pendón de libertad flamea, 
Ese es un vil de cor'azón cobarde 

Do el entusiasmo de la patria no arde. 

¿Y quién no abriga fuego sacrosanto 

Y vuela con ardor a la batalla 1 

¿A quién detiene ni el amor, ni el llanto, 
Ni el silbo de la bala y la metralla? 
¿Quién por la patria perecer no jura 
De Várela en la yerta sepultura? 

Los atrevidos cantos de la guerra ; 

Estremezcan la fosa del soldado, 

Y de flores reguemos esa tierra 
Donde cayó sin vida, degollado, 

Y de la patria el estandarte santo '> 
Sea de paz y protección su manto. 

¡No débil llanto su cabeza inunde! ;" 

Que una corona del laurel sagrado 
Su frente polvorosa orne y circunde, 

Y al empuñar su hierro ensangrentado, 
La juventud que a combatir se apresta 
Muestre la enseña de la patria enhiesta. 

El funeral del mártir generoso 
Le corresponde al pueblo redimido, 
Cuando libre del yugo ignominioso 
La pira encienda en el altar ungido, 

Y cuando puedan elevar sus almas 

Y sus manos alzar cívicas palmas. 



12 EIMAS 

Vamos a conquistarle noble tumba 
En la tierra natal purificada, 
Pai*a que aquel que en esta lid sucumba 
Pueda dormir en tierra libertada, 

Y no sean sus huesos quebrantados 
Por tiranos ni siervos pisoteados. 

Dueime en tanto en el campo de batalla 
Mientras su patria gime en servidumbre; 
Mientras la fe del corazón desmaya 

Y el hierro se carcome con la herrumbre; 
Cuando el tirano al vernos en derrota 

i Con su lauro la espalda nos azota ! 

¿Quién es el vil que ríe, canta y danza 
Cuando el lamento de la patria suena, 
A sus hijos llamando a la venganza? 

Y si el cañón de la batalla truena, 
¿Quién el torpe que el miedo no sacude 

Y que al llamado del honor no acude? 

Juventud de mi patria, los laureles 
Se conquistan con cívica bravura, 

Y la lira, la pluma o los cinceles 

No eternizan jamás progenie impura : 
Los genios a los fuertes divinizan 

Y a los cobardes con su planta pisan. 

Vuestros padres titanes todos fueron. 
Que desplegando al viento sus banderas, 
Contra un poder gigante combatieron. 



POESÍAS PATEIÓTICAS 13 

y encima de las altas cordilleras 
Lanzaron sobre el león de las Españas 
Del pueblo irresistible las montañas. 

Y vosotros, ¿qué sois? Flacos pigmeos 
Sin brazos, sin espada, ni creencia, 

j Trémulos ante el tirano como reos. 
Sofocando la voz de la conciencia ! . . . 
¡Y beberéis oprobio eternamente 
Sin levantar la pisoteada frente ! 

Mas así no será, que de Várela 

Todos van a clamar sobre la tumba, 

Que es un cobarde el que a pelear no vuela; 

Un nuevo grito unísono retumba 

Y en medio de las huestes debeladas 
Resuena el estridor de las espadas. 

Del fondo de esa yerma sepultura 
Surge de la esperanza mieva llama, 
Cual de fría ceniza en noche oscura 
Brota la chispa que la luz derrama, 

Y a su calor los tibios corazones 
Palpitan con heroicas vibraciones. 

Imitad su constancia y bizarría 

Y el alto ejemplo que su vida abona. 
Que de la Patria en el hermoso día 
El pueblo os ceñirá sacra corona. 
Galardón en la vida y en la muerte 
Del aliento viril del alma fuerte. 



? 



14 KIMAS 

Empuñad una lanza vengadora, 
Abandonad el ocio y la molicie, 
Arrimad una mano protectora 
Antes que uílestra patria se desquicie 
Y arrastre en su caída soberana, 
La libertad, la gloria americana. 

1840. 



III 

LA MUERTE DE ZACARÍAS ÁLVAREZ 

(EN LA BATALLA DEL SAUCE GRANDE) 



Los gritos de los bravos, 
De libres y de esclavos, 

Y el trueno del cañón; 
Del plomo los silbidos. 
Del sable los crujidos, 

Y el golpe del tambor. 

Del potro las carreras, 
Los vivas y los mueras, 

Y el toque del clarín. 
Cual trueno tramontano 
Que asorda todo el llano, 
Eetumba en el confín. 



16 EIMAS 



Y en medio a las legiones 
Opuestos los pendones 
Se miran tremolar; 

Y en la humareda envueltos, 
Como cabellos sueltos 

Del sol se ven flotar. 

Las huestes se adelantan, 

Y el polvo que levantan 
De carga es la señal. 
La muerte carnicera 
Levanta su bandera 
Cual símbolo fatal. 

El Escuadrón de Maza 
Por la campaña rasa 
Se avanza con valor, 

Y su entusiasmo brilla 
Como en vei'de cuchilla 
Los reflejos del sol. 

Y con marcial fiereza 
Se mira a su cabeza 
Zacarías marchar: 
Alma fuerte y altiva 
Que renunció a la oliva 
Del pacífico hogar ; 

Y voló a la batalla, 

Y la acerada malla 

Y el plomo despreció, 



i 



POESÍAS PATEIÓTICAS 17 

Y al frente de sus bravos, 
De Rosas los esclavos 

Valiente acucliiiló. 

Potentes escuadrones 
Al pie de los cañones, 
Su lanza dispersó, 

Y en medio a sus fusiles 

Y bayonetas viles 
Su caballo dejó ^^^ 

Al frente de su tropa 
Zacarías galopa 

Y hace el suelo crujir, 

Y la potente lanza 
Blandida con pujanza 
Se mira relucir. 

Como un pendón tremola 
La altiva banderola 
Del ínclito campeón, 

Y en medio a la pelea 
Su moharra centellea 
Como una exhalación. 

El infante enemigo 
De zanjas al abrigo 
Tremendo fuego abrió. 

Y al ver sus bayonetas, 
"A la carga, cornetas!" 
Zacarías gritó. 

<1) Histórico. Véase el parte de la batalla de D. Cristóbal. 



18 KIMAS 



Y todos enristraron 

Y en pos de él se arrojai'on 
Sus lanzas a clavar. 

¿El plomo y la metralla, 
El foso y la alta valla 
Su furia detendrá? 

Proteja Dios al fuerte 
Que va a retar la muerte 
Cargando con ardor. 

Y si caer le toca, 
Caiga como una roca 
Con ímpetu y fragor. 

Y en la veloz carr'era 
Flameaba la bandera 
Del ínclito Escuadrón, 

Y al ver la artillería 
Su jefe le decía: 

' ' ¡ Soldados, al cañón ! ' ' 

Mas ¡ay! bala traidora 
De pronto silbadora 
Su pecho traspasó; 

Y con férrea pujanza 
Apretando la lanza 
Moribundo cayó. 

Alzando la cabeza, 
Repite con firmeza: 
''¡Avance el Escuadrón! 



POESÍAS PATEIÓTICAS 19 



' ' Yo por la patria muefo . . . 
"Éste es mi adiós postrero, 
' ' j Soldados, al cañón ! ' ' 

Ningún soldado gime, 
Pero dolor sublime 
Las frentes anubló. 
Mas él del hondo seno 
Lanzaba voz de trueno: 
' ' ¡ Soldados, al cañón 1 ' ' 

Y el Escuadrón valiente 
A la batalla ardiente 
Con furia se lanzó, 

Y en la garganta estrecha 

Y encima de la mecha 
Su jefe le miró. 

Y su bandera viendo, 
Él exclamó muriendo : 
"¡Oh de mi Patria sol!" 

Y su cabeza noble 
Como gigante roble 
Al polvo descendió. 

Murió como un valiente 
De su Escuadrón al frente 
Cargando con valor, 
En un túmulo inmenso 

Y en medio del incienso 
Del taco del cañón. 



20 RIMAS 

Cual funerarios fuegos 
Flameantes lanzafuegos 
Ardieron en su honor. 
Banderas le envolvieron, 
Y ¡vivas! le siguieron 
A su final mansión. 

1840. 



IV 



AL SOL DEL 25 DE MAYO DE 1844 

(EN MONTEVIDEO SITIADO) 



Niágara undoso y alto Tequendama 
Donde el agua de un mundo se derrama 
Para apagar de América la sed ; 
Amazonas, Ontario, bello Plata, 
Donde la virgen pura se retrata 
Coronada de flores y laurel. 

¡ Pampas inmensas, selvas olorosas, 
Del Andes cordilleras orgullosas 
Que corona la ardiente cruz del Sud! 
Perfumaos como nube de incensario, 
Armonízaos cual himno del santuario 
Para decir de Mayo al Sol : ¡ Salud ! 



:22 EIMAS 

¡ Salve, página inmensa de la historia, 
Divino resplandor de la memoria, 
Fuente de perennal inspiración ! 
En tus alas de fuego me sublimas, 

Y al entusiasmo sacro en que me animas 
Calientas mi cabeza y corazón. 

Hoguera abrasadora del gran Mayo, 
Do se encendió como se enciende el rayo 
El fuego de un pensar generador; 
Que el corazón templó cual hierro fuerte, 

Y dio existencia a la materia inerte, 
Como el soplo divino del Creador. 

Al vivífico rayo de tu lumbre 

Se estremeció la inmensa muchedumbre 

Y el polvo del esclavo sacudió; 
Allí surgió la dignidad humana 
Con la nación potente y soberana 
Que el soplo democrático animó. 

Allí, genios robustos, inspirados. 
Formularon derechos conculcados 
En sólo una palabra : ¡ Libertad ! 

Y Dios vertió con generosa mano 
Perfumes sobre el Mundo Americano, 

Y le dijo: "¡Naciones, levantad!" 

La inspiración del alta inteligencia. 
El calor de la intrépida elocuencia 
En el astro de Mayo concentró; 



poesías patrióticas 23 

Y del ardiente labio de Moreno 

Se desprendió de su palabra el trueno 

Y el programa de Mayo formuló: 

''Derribemos su trono al despotismo, 
"Abramos ancha vía al patriotismo, 
"Alcemos los fanales de la Ley; 
"Rompamos su barrera a la ignorancia, 
"Alumbremos la mente de la infancia, 
"Y ennoblezcamos a la humana grey!" 

Esta palabra el entusiasmo inflama, 
Prende en los corazones noble llama. 
Que como chispa eléctrica cundió : 

Y cual hierve entre escollos la marea. 
Hirvió entre las cabezas una idea 
Que dio vida a la gran revolución, 

Revolución sin lanzas ni fusiles. 
Un alto pensamiento fué su Aquiles, 

Y la razón su escudo tutelar; 
Revolución fundada en la justicia, 
Que tuvo los principios por milicia, 

Y por columna ardiente la verdad. 

Revolución con cauda de cometa, 
Que atravesó el espacio, cual saeta 
Despedida de un arco en vibración; 
Parto de mil ideas generosas 
Que volaron en chispas luminosas 
Por todo el continente de Colón. 



24 RIMAS 

Sólo una vez brillaron sus espadas: 
Para romper cadenas execradas, 

Y sostener las tablas de la Ley; 
Para postrar esclavos y tiranos, 

Par'a afirmar los vínculos de hermanos, 

Y atarlos con guirnaldas de laurel. 

Tuvo ejércitos, grandes generales, 
Que llevaron gloriosas y triunfales 
Sus banderas, del pueblo paladión; 

Y de los Andes en la blanca cima, 
En Cbile y el Pacífico y en Lima 
Postraron al ibérico león. 

Legisladores de alta inteligencia 

Que encendieron la luz de la experiencia 

Para legar un pacto al porvenir, 

De Independencia el acta formularon, 

Y entre rayos y truenos proclamaron 
Decálogo de un nuevo Sinaí. 

Sol de Mayo, que entonces refulgente 
Suspendido por Dios en el Oriente 
Alumbraste la gran Revolución, 
Al fecundar su universal semilla. 
Hoy te doblan humildes la rodilla 
Los nietos de esa audaz generación. 

Mifa el árbol sembrado por sus manos. 
Que enarbola sus gajos soberanos 

Y al Sud da sombra, al Norte y Ecuador; 



POESÍAS PATRIÓTICAS 25 

A cuyo pie la Libertad divina 
Vagando por el mundo peregrina 
La tienda americana levantó. 

En vano las segures cortadoras 

En su tronco se hundieron destructcras 

Sin conseguir sus ramas mai^chitar; 

Y aunque hollados por hondas cicatrices 
Extiende poderoso sus raíces, 

La América abarcando cual titán. 

Contempla al Norte, en trece fajas bellas 
Como flamea el pabellón de estrellas 
Simbolizando libertad y unión; 

Y en la torre de su alto Capitolio 

La democracia antigua en su gran solio 
Con más justicia y con mejor razón. 

De allí voló de Mayo la simiente. 
De allí de Libertad el soplo ardiente 
Que la mente del pueblo calentó; 
Como se esparcen jugos y colores 
En el fecundo polen de las flores, 
Que la brisa en sus alas derramó. 

Contempla al pueblo libre que en el Istmo 

Defendió con intrépido heroísmo 

El suelo que dos mundos ha de atar : 

Al formarle parece que Dios quiso 

Dar a su Americano paraíso 

Puente de universal fraternidad. 



26 KIMAS 

Al Sud, siete Repúblicas hermanas 
Enarbolan banderas soberanas 
En vez del estandarte colonial, 

Y al soplo tenpestncso de la guerra 
Fortalecen sus astas en la tierra 
Como árbol que sacude el vendaval. 

Las Repúblicas hijas de Bolívar 
Beben en copa de oro miel y acíbar 
Caminando a un hermoso porvenir, 

Y Chile, cual fanal del marinero, 
Nos muestra más seguro derrotero 
Porque debe la América seguir. 

¿Y qué es de la República que un día 
Hizo surgir de entre la noche fría 
De esclavitud, un mundo colosal ; 
La que dando patrióticas lecciones, 
Fundó en el continente tres naciones 
Sobre el polvo del trono colonial? 

¿De aquella que €on brazos vigorosos 
Derribó los guerreros orgullosos 
Del Brasil, de la Iberia y de la Albi'ón; 
La que abatió la cima de los Andes, 

Y dio a la historia de los hombres grandes 
Páginas inmortales de esplendor? 

' ¿ La que en^iielta en el manto de la gloria 
Sobre el carro triunfal de la victoria 
Se coronó la frente de laurel; 



POESÍAS PATRIÓTICAS 27 

Y en vez del negro trono de los reyes 
Supo elevar el ara de las leyes 

Y derramó sobre ella mirra y miel? 

¿La que libre, feliz y soberana 

Bebía la virtud republicana 

En el soplo viril del huracán; 

La que en alas del rápido pampero 

Parecía decir al mundo entero : 

"A donde va mi viento mi voz va."? 

¿La que, Atenas del mundo Americano, 
Distribuyó con generosa mano 
De ilustración y de verdad el pan, 

Y en la mente sin luz de la criatura 
Encerraba la ardiente levadura 

Que con la edad debía fermentar? 

Ahí la tenéis en lo alto de un calvario, 
Envuelta por el fúnebre sudario 
Que le arrojó la torpe esclavitud; 
Eeina con el cabello pisoteado, 
Laurel al que la lluvia no ha regado 

Y se marchita en flor de juventud. 

Su sociedad sin leyes, desquiciada, 

Y bajo férrea mano nivelada. 
Tiembla ante la cuchilla del terror; 
Los nombres de patriotas eminentes, 
No grabados en bronces esplendentes 
Sino en tablas de ingrata proscripción. 



28 EIMAS 

Los principios de Mayo conculcados, 
Los derechos del hombre pisoteados, 
Sin que pueda decir: "éste es mi pan' 
Un pueblo destinado al sacrificio 
Sobre el horrendo tajo del suplicio 
Que sai gre pura destilando está . 

¡Al deshonor sus hijas entregadas, 
Las madres en los templos azotadas 
Coronadas de un moño de irrisión, 
Arrastran como muías torpe carro 
Donde llevan un ídolo de barro 
Que colocan al lado de su Dios! 

La tribuna de Agüero y de Dorrego, 
Cuya palabra descendió cual riego 
En medio de la barra popular. 
Hoy la ocupan estúpidos sectarios 
Donde leen un papel sin comentarios 
En abono del crimen y maldad. 

La bandera que guiaba al combatiente 
Despojada del sol resplandeciente, 
Y ennegrecido su celeste azul; 
Desterrado el honor de su milicia, 
Derrumbado el altar de la justicia, 
Sus poetas sin patria ni laúd. 

En todo impreso del demonio el sello: 
El robo, la injusticia y el degüello 
Sancionados en ley y religión; 



POESÍAS PATEIÓTICAS 29 

Coágulo de los vicios más inmundos 
Que emponzoñara el aire de dos mundos 
Si no se contuviese su expansión. 

El genio que preside esta anarquía 
Entre el vapor espeso de la orgía 
Desparrama en su aliento corrupción : 
Aborto abominable del infierno, 
O maldición tremenda del Eterno 
Porque el lazo rompimos de la unión. 

Salvaje, que en sus raptos de demencia, 
Volcó la hermosa antorcha de la ciencia 
Para encender con ella su fogón. 
Donde quemó del pueblo los derechos, 

Y el libro eterno de sus grandes hechos . . . 
Mas ¡ ali ! su cifra está en el corazón . 

Entonces en demanda tuya, ¡ oh Mayo ! 
Armamos nuestra diestra con tu rayo 
Para acorrer la patria en su orfandad, 
Dando al viento de nuevo los colores 
Que engalanó en los nítidos albores 
De nuestra patria el sol de libertad. 

Pero la diestra que mi patria azota 
La revolcó en el campo de la rota, 

Y vio abatido su inmortal pendón; 
Los cruzados de Mayo sucumbieron 

Y a las playas de Oriente se acogieron 
Cual la paloma que huye del halcón. 



30 EIMAS 

Hija del pabellón del Argentino 
Su bandera dio sombra al peregrino 
Como el palmero al pobre viajador; 
Pero el feroz tirano, en torvo ceño 
Los despertó de su agitado sueño 
En la tierra de lenta proscripción. 

Al mirar levantarse engrandecido 
Un pueblo por las leyes presidido, 
Vio su trono sangriento bambolear; 
Ante la ley retrocedió el salvaje 

Y sus hordas hambrientas de pillaje 
Bajo rojo pendón hizo juntar. 

Y dijo: — '*A1 otro lado de este 
" Se levanta con fuerte poderío 
" El odiado pendón de libertad; 

" Corred allí, mis bravos federales, 

" Y quemad esos libros infernales 

" En que se habla de Patria y de Igualdad. 

" ¡ A la carga ! ¡ a degüello ! mis sicarios. 
" ¡Que mueran los salvajes unitarios 
" Por mi mazorca a filo de puñal; 
" Despedazad sus cráneos con la bola 
" Y arrastrad de los potros a la cola 
" Sus cabezas en medio de un cardal! 

" Que vista en pocos días triste luto 
" Y que me pague en llanto su tributo 
" La que llaman República Oriental: 



POESÍAS PATRIÓTICAS 31 

" Atádmela a la cincha con un lazo 

" Que dando espuela y rienda a mi picazo 

" La veréis por las pampas arrastrar. 

" ¡Predicad que a los pies de mi caballo 

" He borrado los códigos que en Mayo 

" Una turba de locos escribió, 

" Y he formado en la palma de mi mano 

" Un famoso sistema americano 

" Para reinar sobre las leyes, yo!" 

La mesnada de torpes asesinos 

Que deshonran el nombre de Argentinos 

Volaron cual hambriento gavilán, 

Y al barbárico son de un clamoreo 
Llegan ante la gran Montevideo, 
Donde los libres en su puesto están. 

Llegan, y se detienen asombrados 
Ante los fuertes muros, levantados 
Del pueblo por la mano colosal : 

Y en el Cerrito de eternal memoria 
Donde Rondeau se coronó de gloria 
El invasor levanta su real. 

No ya cual otro tiempo, en las almenas 
Van a trozar las bárbaras cadenas 
De tres siglos de oprobio y opresión: 
Renegando las glorias de esos días 
Vienen a traer satánicas orgías. 
Vienen a traer degüello y proscripción. 



32 RIMAS 

Por las orillas fértiles del Plata 
La gavilla de Rosas se dilata 
Amenazando hundir la Libertad: 
Montevideo grande, fiel, sublime, 
Bajo el enorme peso que la oprime 
Alza tranquila el último fanal. 

Oponiendo su espada a la venganza 
Guarda el arca de la última esperanza 
Que un destino propicio sellará; 

Y en ella cual depósito sagrado 
Se encierra el porvenir ilimitado 
Que en los tiempos su luz proyectará. 

En ella, como en surcos misteriosos 
Fructifican los gérmenes preciosos 
Que fecundan la sangre y el sudor; 

Y día y noche la ciudad invicta 
Guardando con amor su arca bendita 
Vela al pie del sagrado pabellón. 

En vano viejos pueblos enervados 
Escriben por el miedo dominados : 
"¡El oro, el oro es de la tierra el Dios!" 
Que ella dice con hechos elocuentes : 
" En los pueblos viriles y valientes 
" El Dios, es de la patria el santo amor. 

Funde cañones, arma ciudadanos, 

Y al niño, a la mujer, a los ancianos 
Les infunde su aliento varonil; 



POESÍAS PATRIÓTICAS 33 

Amasa con su sangre su muralla 
Bajo el fuego de la hórrida metralla 

Y el mortífero plomo del fusil. 

La pólvora y la sangre siempre humea, 
De sol a sol su ejército pelea, 

Y uno a uno sus hijos ve caer; 

Pero ella más heroica y más constante 
Los envuelve en su manto rutilante 

Y les ciñe coronas de laurel. 

Al que infame, cobarde y miserable 

Deserta su defensa inimitable 

Le estampa el sello ardiente del traidor, 

Y teje siempreviva y mustio lirio 
Para ceñir coronas de martirio 
Al que le dé su vida en oblación. 

Y sus hijas también, con patriotismo, 
Vendan al que cayó con heroísmo 
Defendiendo su hogar y castidad; 

Y comprendiendo su misión inmensa. 
Se entregan de la patria a la defensa 
Al ofrecer sus hijos en su altar. 

¡ Oh, mil veces, mil veces venturosa 
La juventud que en lucha tan gloriosa 
Puede toda su sangre derramar; 
La que serena ante el embate rudo 
De los tiranos, cae en el escudo 
Del mártir de una causa universal! 



34 EIMAS 

Estos tus hijos son, los que a tus dogmas 
Hoy tributan sus cánticos y aromas, 
Su brazo y su poder intelectual: 
Que acaudillan de Mayo aquellos hombres 
Cuyos gloriosos e inmortales nombres 
Son nuestro patrimonio nacional. 

Cada viejo de Mayo es flor divina 
De la corona cívica argentina 

Y la corona cívica oriental ; 

Y si el viento arrebata alguna hoja, 
Tu luz seca las gotas de congoja 
De nuestra patria en la divina faz. 

Detente, oh Sol, y mira ese caído : 

Fué un guerrero de nombre esclarecido 

Que en holocausto tuyo se ofreció, 

Y hasta lanzar su postrimer aliento, 
A ti te consagró su pensamiento, 

Y al ver tu luz, contento sucumbió. 

Grande, entre los gigantes de aquel Mayo 
Que robaron a Dios su ardiente rayo 
Para decir al pueblo: "Fiat Lux", 
Hoy miro su postrer aniversario, 
Sirviéndole de espléndido sudario 
De la ciudad el estandarte azul. 

Tuvo seis hijos, del amor el fruto. 
Que presentó a la Patria por tributo 
Cuando miró su estatua bambolear, 



POESÍAS PATRIÓTICAS 35 

Y a la cabeza de su prole briosa 
Desenvainó su espada victoriosa 
Para poner a raya la maldad. 

Y en cien combates dignos de memoria, 
Do la ciudad se coronó de gloria, 
Relampagueó su acero vencedor, 

Y el entusiasmo puro en que él ardía 
A sus valientes hijos infundía 
Entre el silbo del plomo matador. 

Hermosa cual sú vida, fué su muerte : 
Con el aliento varonil del fuerte 
En pro de su bandera sucumbió. 
En hombros de su ejército esforzado, 
De balazos el pecho acribillado. 
El campo de batalla abandonó. 

Extendido en el lecho de agonía, 
Reconcentró de su alma la energía 
Para poderte contemplar i oh Sol ! 

Y a veces repetía el fuerte anciano : 
" ¡Pueda mirar el astro soberano 

* * Que el día de la América alumbró ! ' ' 

El cielo oyó su ruego. Esta mañana. 
Cuando tocaba a vuelo la campana 

Y tronaba la salva del cañón, 
Sintió fuego patriótico en el alma, 

Y cual hojas al tronco de la palma 
Su valerosa prole le rodeó. 



36 KIMAS 

Sobre su calva e inspirada frente 
Relucía la chispa refulgente 
Que fijó con su dedo el Hacedor: 
Abrió sus ojos a la luz suave, 

Y arrojó una mirada dulce y grave 
A sus retoños, que en amor regó. 

Los estrechó con paternal terneza, 

Y elevando exaltada su cabeza. 
En las nubes de Oriente la fijó : 
Cayeron de rodillas ante el lecho. 
El corazón en lágrimas deshecho, 

Y así les dio postrera bendición : 



Benditos seáis, para salvar la Patria 

Y fecundar de Ma^'o la simiente. 
Para adornar con palma refulgente 
De nuestra patria el pabellón triunfal. 

Benditos seáis, para morir por ella, 
Entre el ardor de la feral batalla. 
Para oponer incontrastable valla 
En la tribuna, al despotismo audaz. 

Benditos seáis, para rasgar el pecho 
Del torpe Rosas, con robusta mano, 

Y dar al pueblo en que nació Bel grano 
De libertad y gloria la señal. 

El mundo entero aplaudirá ese golpe, 
La humanidad consagrará loores, 



POESÍAS PATRIÓTICAS 37 

' Y el cincel de los grandes escultores 
' Os armará del salvador puñal . 

' Himnos sin cuento os rendirán los vates, 

' Párvulos tiernos, santas bendiciones, 

' Casta doncella, puras emociones, 

' Y admiración la noble ancianidad. 

' El pueblo grato os ceñirá de lauros, 

' Enjugaréis de una nación el lloro, 

' Que vuestro nombre escribirá con oro 

' En su libro con página inmortal. 

' Grandes seréis por cien generaciones, 

* Y vuestra gloria llenará este suelo, 

' Y vuestro padre desde el alto cielo 

' Os enviará su bendición de paz. 

' Benditos seáis, para salvar la Patria 

Y dar al mundo ese inmortal ejemplo. 
Volar de gloria al sacrosanto templo 

Y de Mayo las aras restaurar." 

Dijo el anciano, y el gran sol de Mayo 
Vertió sobre su frente un puro rayo 
Que en misteriosa aureola la ciñó: 
Lo contempló con ojo entusiasmado 
Diciendo: "¡Patria mía!". . . ¡y apagado 
Quedó su inteligente resplandor! 



38 EIMAS 

Así de Libertad sucumbe el hijo : 
Sobre la Patria el pensaraier.to fijo, 
Abrazando las gradas de su altar; 
Como Castelli y cual Berón de Astrada, 
Como Lavalle de alma no domada, 
Muere, para vivir vida inmortal. 

Bebiendo el entusiasmo de sus hechos 
Buscaremos del hombre los derechos 
A la radiante luz de la verdad; 
En el templo de Mayo elevaremos 
Hostia de paz y allí profesaremos 
Su doctrina de amor y de hermandad. 

Profética la mente ve otros días 
En que se oirán sublimes armonías 
Bajo el domo que habremos de elevar. 
No habrá tiranos, ni sangrienta guerra. 
Tierra de promisión será esta tierra, 
Norma de la afligida humanidad. 

i Oh Mayo ! de tu espíritu invisible 
Penetrarás un munoo indivisible, 
Como la luz la vasta inmensidad ; 
Y al esplender tu sol del alto cielo, 
Se elevará sonoro desde el suelo 
Un coro de alabanza uTuversal. 

cono 

*' Gran lámpara del templo soberano, 
" Vasta concretación del ser humano, 
' ' Condensación de la inmortal verdad ; 



POESÍAS PATRIÓTICAS 39 



Fuente perenne de fecunda idea 

Que en los espacios nuevos mundos crea, 

Antorcha de la inmensa eternidad. 

Inagotable manantial de \'ida 

Que fecunda la savia bendecida 

Del árbol de la sacra libertad ; 

Árbol que ostenta flores inmortales 

Teñidas de colores celestiales, 

Con que perfuma Dios la humanidad. 

Cosmopolita cifra que concreta 
Las utopias doradas del poeta 
Y el ideal del genio pensador; 
Eflmdo poderoso de otros mundos, 
Que haces brotar los gérmenes fecundos 
En el limbo del surco de labor. 

Del gran día celeste monumento, 
Donde arde su divino pensamiento 
Como el fue^o sagrado en el altar: 
Tú alumbrarás del mnndo las edades 
En medio de las negras tempestades 
Para impedir al nuuido naufragar. 

Numen del libre, signo de victoria, 
Luz de los pueblos, astro de la gloria, 
Que das al genio noble inspiración : 
Tú, la divina imagen que soñaron 
Los hombres que tus luces invocaron, 
Realizas con tu sola emanación. 



40 RIMAS 

TÚ guardas de los hombres el tesoro 

Y en tus altares, de las urnas de oro 
Derramas democrático raudal; 
Tú bañas con tu linfa a las naciones, 

Y viertes en sedientos corazones 
De la justicia universal maná. 

Bajo la ígnica cruz del cristianismo 
Que corona tu domo, el despotismo 
Yace herido del rayo popular, 

Y la divina imagen que soñaron 
Los hombres que tu baí5a levantaron, 
Le oprime con su planta de titán. 



V 
EL CORSARIO 

(PROSPECTO DE UN DIARIO POLÍTICO EN 1840/ 



Es mi barco mi tesoro, 
Es mi Dios la libertad. 

Espronceda. 



Es una linda goleta 
Con las velas desplegadas. 
Que navega en las entradas 
De las Bocas-del-Guazú. 
De Libertad bella imagen 
Sobre su popa se asienta, 
Y en sus mástiles ostenta 
Bandera blanca y a2n.1l. 

Lleva su tripulación 
Blancas y azules divisas, 
Cual las nubes, que las brisas 
Agrupan en claro sol. 



42 BIMAS 

Sentado sobre un cañón 
El ancho Plata admirando, 
El capitán va fumando; 

Y entona marcial canción. 

CANCIÓN 

"Es mi goleta el cisne de este río 
Que tiende el ala cuando brilla el sol : 
Es, en el puerto, libre como el viento, 

Y en altos mares libre como j'O. 
A mi buque se le llama 

La goleta "Libertad", 
Porque asila al hombre libre 

Y hace fuego a la maldad. 

Y de todo tirano los pendones 

Se abaten al rugir de sus cañones. 

Ha navegado hasta la vieja Europa 
Enarbolando el argentino sol, 

Y en su crucero, al pabellón de Iberia 
Con sus rayos ardientes eclipsó: 

Y al divisarse sus velas 
De Cádiz en la áudad, 
Decían los gaditanos: 
"¡Allí viene la "Lihertad!" 

Y flotaba el pendón americano 
Desafiando las balas del tirano. 

Cubierto el puente de caliente sangre. 
Izando al tope flámula de honor. 



POESÍAS PATRIÓTICAS 43 

Ha visto la bandera de un Imperio 
Sepultarse entre el humo del cañón. 

Y al pasar por su costado, 
Brown, que el combate ordenaba, 
Con su bocina de mando 

A los bravos saludaba, 
En el Juncal, donde con pecho fuerte 
Clamaban todos: ''¡Libertad o muerte!" 

Ora corsario de los hombres libres 
Se ve mi enseña por do quier flotar, 
Y el marinero, en medio de la noche, 
Suele decir: "¡Ahí va la "Libertad!" 

Soy el amigo del pueblo, 

Ante naidie me arrodillo, 

Ni a los esclavos halago, 

Ni a los déspotas me humillo. 
Vivo en el mar, desprecio los tiranos, 
Nunca con ellos enlacé mis manos. 

Cuando cruzando el Río de la Plata 
Veo flamear de Rosas el color, 
De alerta el grito doy a mis marinos 
Empuñando la barra del timón . 

Y cuando al frente aparecen, 
Grito a mis valientes ¡ fuego ! 
Por no tomar esas presas, 

A las llamas las entrego. 
Que allí mi Libertad tan sólo impera : 
Bajo sus fuegos rinden su bandera. 



44 RIMAS 

El \dgía que en lo alto ^dgilaha 

Gritó al Corsario que cantando estaba : 

"Un barco viene." 
Toma el anteojo, ajustase la espada, 

Y en actitud resuelta y reposada 
Todo previene. 

Era trances el buque que venía, 

Y allá en su mástil ondear se vía 
De Julio el pabellón. 

¡Viva la Francia! gritan muchas veces, 
¡ Vivan los libres ! gritan los franceses 
De noble corazón. 

Sigue el buque f raiicés su deiTotero 
Impelido del soplo del Pampero 

Por el piélago azul; 
En tanto que el Corsario navegaba 

Y al divisar sus velas exclamaba : 
' ' A los libres, ¡ salud ! ' ' 

Un negro bergantín pasó a lo lejo«, 

Y del poniente sol a los reflejos, 
Dijo, al ver su pendón : 

'' Mirad, se llama de la mar señora 
" Esa bandera que enlutada llora 
" En el templo de Dios. 

' ' Hoy de la Francia muéstrase celosa' 
" Porque piensa que fuerte y poderosa 
" Nos podrá sojuzgar. 



POESÍAS PATRIÓTICAS 45 



" ¿Islas quiere la Francia? Ya ei Britano 
'' Ha robado en el mundo americano 
' ' Malvinas y Roatán . 

*■ ¿Quiere nuestras ciudades? los pedazos 
" De la bandei"a inglesa, que a balazos 

" Supimos conquistar, 
" Y son de gloria nuestra herencia rica, 
" Levantados en lo alto de una pica 

" A la Europa dirán : 

" Que en todo el continente americano 
" Ni el francés, ni el inglés, ni el castellano 

' ' Su mano asentará . 
" ¡A ver ! que alguno la conquista intente 
" Y de todo un ejército imponente 

" Los cráneos mostrará. " 

Dijo el Corsario, y en su altiva frente 
Relámpago de luz cruzó luciente 

Como una exlialación. 
Luego, en la popa, se acostó en su asiento, 
Y en medio de la música del viento 

Tranquilo se durmió. 



La aurora aparece con dulce sonrisa 
Y llena de aromas la atmosfera está . 
Hermosa goleta que impele la brisa 
Surcando va el agua del ai'an ParaTsá, 



46 RIMAS 

En tanto el Corsario la costa observando 
Saluda aquel río de gracia inmortal, 

Y en alto del mástil su enseña fijando 
Con "iin cañonazo tronó su señal. 

Y dice a los suyos con gesto valiente : 

" Lavalle y sus bravos aquí rae hallarán, 
" Y el río cruzando de oriente a poniente, 
" Mañana las playas del Sud pisarán." 

De pronto aparecen legiones guerreras, 
Bandera Argentina se mira lucir, 

Y al pie se amontonan las densas hileras 
Que van por la patria su f>spada a esgrimir. 

" Salud, hombres libres: la patria os aguarda. 
' Guerreros antiguos y nuevos, salud," 
Les grita ; y responden con alma gallarda : 
" ¡O libres o muertos! Entremos en lid". 



1840. 



VI 



ELEGÍA A LAVALLE 



Mejor se triunfa inuriendo que matando. 



INTRODUCCIÓN 

En la región andina que libertó Bolívar 
Reposa la cabeza del mártir esforzado, 
Que en sus membrudos hombros potente 

ha sustentado 

La inmensa pesadumbre de graii revolución. 
Robusto como el pino que bate la tormenta, 
Sus ramas han crujido con ímpetu violento, 
Y hoy yace por el suelo tendido y sin aliento . . , 
¡ Tendido y sin aliento, pero domado no ! 

Donde un mortal sucumbe, un héroe se levanta, 
Sus formas vagarosas se animan lentamente. . . 
Relámpagos y nubes coronan su alta frente 
A par de los gigantes que doman la ereac-ión r 



48 RIMAS 

Los Andes, atrevidas pirámides del mundo 
Vestidas por la pompa severa del invierno, 
Inmensos pedestales que levantó el Eterno, 
De pedestal le sirven, de histórico panteón. 

I Cuál página más grande para inscribir su nombre 
Que esas gigantes moles que mundos equilibran, 
En cuyas canas frentes los huracanes vibran 
Como arpas misteriosas que pulsa el vendaval? 
Atleta americano lanzóse de su cumbre 
Por conquistar a hierro la libertad de un mundo, 

Y de su altivo paso se ve surco profundo 

Que el tiempo en su pendiente se para a contempla'' 

Su vida fué un invierno, sañudo, interminable : 
Envuelto por el hielo, luchando brazo a brazo, 

Y el fuego de la patria guardando en su regazo 
Para encender la antorcha de gloria y libertad. 
Por eso, para libro de sus heroicos hechos 

Los Andes han abierto su tempestuoso seno, 
Como para la tumba del inmortal Moreno 
Sus agitadas ondas abrió el profundo mar. 

EL CENTINELA 

Pálida brilla en la celeste esfera 
La blanca antorcha que refleja el día, 
Y ya la noche su mortaja fría 
Como un sudario tiende en derredor. 
Soberbia en tanto entre la espesa bruma 
Se ve la cumbre de los altos Andes, 



1 



POESÍAS PATRIÓTICAS 49 

Donde un gran pueblo con alientos grandes 
La bandera clavó de redención. 

Sordo fragor en sus entrañas ruge 
Al despeñarse el agua del torrente, 
Cual si arrastrase en rápida corriente 
De un mundo el esqueleto colosal. 

Y allá en su cima los eternos hielos 
Brillan como el almete de un guerrero, 
Cuando cubierto de fulmíneo acero 

Se ve atrevido su crestón ondear. 

Y en ancho mar de blanquecina nieve 
Sólo una forma humana se elevaba : 
La de un fiel centinela que velaba 
Apoyada la mano en su fusil. 
Blancos cabellos su cabeza orlaban, 
Hondos surcos cruzaban su semblante, 

Y su mirada firme y penetrante 
Revelaba un aliento varonil . 

Era una sombra de las grandes huestes 
Que de Mendoza al Ecuador partieron, 

Y que del grande San Martín siguieron 
Por entre abismos la pisada audaz ; 
Era un guardián de la ignorada tumba 
De los caídos sin legar su nombre, 
Que esperaba a los héroes de renombre 
Para dar a otro mundo la señal. 

Así velaba en medio de dos mundos 
Custodio de los vivos y las muertos, 



50 RIMAS 

Cuando un rumor en los espacios yertos 

Con la voz del torrente se mezcló : 

¿Quién vive? preguntó, y tristes voces 

'' ¡Quien murió por la Patria!" contestaron, 

Y" cuarenta adalides avanzaron 

Alzando mi desgarrado pabellón. 

Negros los rostros y la frente roja, 
La mano herida y como sierra el sable, 
Llevaba aquella hueste formidable, 
Fugitiva del campo del honor. 
Envueltos en banderas argentinas 
Conducían los restos de un soldado, 

Y brillaba en su cráneo descarnado 
La aureola que al mártir coronó. 

El centinela eomprcudió que a un héroe 
Aquellos huesos fríos sustentaron: 
Sus lágrimas ardientes resbalaron 

Y su fusil al hombro levantó. 

¿Quién es el héroe? preguntó, y un joveu 
"De veinte Maj'os, de inspirada frente. 
Doblando la rodilla reverente 
En discurso elocuente prorrampió. 

DISCURSO 

■ ' Su nombre está escrito del pueblo en el seno, 
De sus altas glorias un mundo está lleno. 
Su frente circuye laurel inmortal ; 
Atleta de Mayo, venció los esclavos, 



POESÍAS PATKIÓTTCAS 51 

De un pueblo de siervos rompiendo los clavos 
De heroica contienda le dio la señal. 

"Los Andes le vieron alzarse a su cumbre, 

Y allí, derramando magnética lumbre, 
De América el mundo con ella alumbró ; 
Le vieron soberbio venciendo a los reyes, 
Llevar el progi'ama de glorias y leyes 
Grabado en el sable que grillos trozó. 

"Con lanza enristrada cruzó como rayo 
Llevando la enseña del pueblo de Mayo 
Del Plata a los Ancles y ardiente Ecuador; 

Y reales diademas, y tronos y cetros 

Se hicieron pedazos, cual viejos espectros, 
Crujiendo a las plantas del gran lidiador." 

El centinela alzó la noble frente 
Que súbito relámpago cruzó ; 
Y su fusil con mano reverente 
Ante los huesos fríos presentó. 

"Alzóse en su patria soberbio tirano, 
De libres la senda mostrónos su mano 

Y heroico el primero por ella cru2Ó. 

Y justos principios alzando en su espada 
Batió el estandarte de santa cruzada 
Que en rota y victoria seis veces se vio. 

"Pero él con su espada, con nervio pujante 
La patria y sus glorias sostuvo constante. 



52 EIMAS 

Y minea cobarde su espalda dobló: 
Jvliró su bandera de polvo cubierta, 
Miró de la lucha la arena desierta, 

Y entonces su frente soberbia rindió. 

' ' ¡ Su grande destino la muerte ha cortado ! 

La causa camina, pero i ay ! ¡ está helado 

El soplo de fuego que vida le dio ! 

Así en otros tiempos en campo extendido 

El fuerte guerrero yacía caído, 

¡Y el carro que hollaba seguir triunfador!" 

El centinela atento le escuchaba 

Y el corazón guerrero arder sintió, 

Y aquel fusil que al frente presentaba 
Rendido hasta sus plantas abatió. 

"Envueltos sus restos por patria bandera 
Encuentran al menos en tierra extranjera 
La tumba que al mártir su patria negó. 
Sus fieles soldados, cavando su fosa, 
Cubrirán de tierra con mano piadosa 
La frente laureada que el mundo admiró, 

' ' ¡ Al pie de su tumba que calle la envidia ! 
Su espíritu noble preside a la lidia 
Que aun arde en nosotros su llama inmortal. 
Apóstol y mártir su pueblo le nombra, 

Y grande y serena su pálida sombra 
De dulce esperanza levanta el fanal. 



POESÍAS PATRIÓTICAS 53 



"Un día, los hijos del pueblo argentino, 
Orlando sus sienes con lauro divino. 
Darán a sus inanes la patria ovación, 
Y entonces nosotros los Andes cruzando. 
Veréis que volvemos en triunfo llevando 
Los huesos proscritos del grande campeón.'" 

El centinela contempló aquel muerto 
Que el martirio y la gloria consagró, 

Y arrodillado sobre el suelo yerto, 
Humilde ante su gloria se postró. 

EPILOGO 

Como una chispa de la luz diA^na, 
Se ve brillar en la región andina 
La estrella matinal; 

Y una mano invisible, misteriosa, 
Descorre de la noche silenciosa 

El fúnebre cendal. 

Y descubre un cadáver coronado, 
De lágrimas y espinas incrustado 

Su lauro triunfador : 

Y en su presencia el ángel del aurora 
Levanta con su voz consoladora 

El himno del dolor. 

HIMNO 

Lavalle, tu cabeza 
De penas fué calvario, 



54 KIMAS 



Y vaso lacrimario 
Tu grande corazón : 

Y los cautivos pueblos 
Vertieron en tu seno 
El llanto de amor lleno 
Que el pueblo derramó. 

Luchando cuerpo a cuerpo, 
Caíste en nol)le guerra, 
Sobre la misma tierra 
Que tu sudor regó. 

Y el corazón del mártir 
Que atesoraba el llanto 
Un genio sacrosanto 
Del cuerpo arrebató. 

¡ Esencia de dolores 
Que en ti se ha condeusado, 
Cual dictanio sagrado 
Que destiló el amor! 
¡ Oh corazón que fuiste 
El cáliz de amarguras, 
A las espadas duras 
Da el temple salvador! 

Acerqúese allí el joven 

Y beba fortaleza, 
Allí busquen firmeza 
Las brazos sin vigor ; 
Allí vaya ese pueblo 
Que dobla su garganta. 



POESÍAS PATEIÓTICAS 



Y beba la ira santa 
Que hiera al opresor. 

Allí vaya la 'virgen 
A derramar sus flores^ 
Para jurar amores 
Al que combata al vil ; 
Acerqúese allí el niño 

Y en su dolor templado, 
Levante el grito osado 
De lucha varonil. 

Y diga a los que duermen 
En el polvo sangriento : 

" Dad otra vez al viento 
' ' De Mayo el pabellón ; 
" Y vencidos cien veces 
" Y otras tantas deshechos, 
" Oponed duros pechos 
" A la dura opresión." 

Sí, que la voz del niño 
Oráculo es del cielo 
Para anunciar consuelo 
A un pueblo en orfandad, 

Y siLs puras palabras, 
Al tiempo de verterlas, 
Se convierten en perlas 
En la urtia funeral. 



1841. 



vil 

JOSÉ CAMPÓN 

(PÁGINA DE UN DIARIO MILITAR EN 1839) 



Cuando las huestes de Rosas 
Pisaron de Oriente el suelo, 
Al toque de la corneta 
Seis mil bravos acudieron: 
A su cabeza se vio 
Al héroe antiguo de Haedo, 
Acaudillando los bravos 
Que de la patria en el seno 
Heroicos se levantaron 
En sostén de sus derechos. 
Todo oriental que abrigaba 
De la libertad el fuego, 



58 RIMAS 

Bajo el pendón de los libres 
Iba a desnudar* su acero, 
Lleno de noble energía, 

Y de patriotismo lleno. 

II 

Campón tranquilo vivía 
Bajo del paterno techo: 
Ciñóse al punto su espada, 
Montó un veloz parejero, 

Y voló do le llamaban 
De la corneta los ecos. 
Ni le detuvo el peligro, 

Ni el triste llanto materno, 
Ni del amor las dulzuras, 
Ni del dolor los lamentos: 
Sólo escuchó al patriotismo 
Que atesoraba en su pecho. 

III 

A la orilla de un arroyo 
Se ven veinte coraceros 
Dispersados en guerrilla 
Sobre caballos ligeros; 
Se ven al frente asomar 
Bajo las talas y ceibos 
Que baña el Santa Lucía 
Mil y quinientos guerreros; 

Y el denodado Campón 
Mandando los coraceros 
Con firmeza les repite : 



POESÍAS PATRIÓTICAS 



59 



"¡Firmes! Firmes en su puesto!" 
Lanzando grito salvaje 
Viene la tropa de sier\^os, 
Como una nube de polvo 
O una bandada de cuervos. 
Campón, cual muro de bronce, 
El choque espera sereno, 

Y a sus valientes soldados 
Manda hacer continuo fuego, 

Y cuando balas no tuvo, 
Dijo, la espada blandiendo: 
"¡La carabina a la espalda; 
"Sable en mano, coraceros!" 

IV 

Santander con su escuadrón 
Se lanza en el entrevero; 
Cuadra, ¡A la carga! ¡a la carga! 
Repite con voz de trueno; 
Sigue Blanco con sus bravos 
Montados en moros negros. 
Por su valor y su arrojo 
Es conocido el primero, 
Y se distingue el segundo 
Por su semblante sereno: 
La calva frente de Blanco 
Es de su alma fiel espejo. 
Pues se retratan en ella 
La honradez y el ardimiento. 
Trescientos hombres le siguen 
Cargando al son de degüello, 
En protección de los bravos 



60 EIMAS 

Que lidiando como héroes, 

Más que hombi-es de hueso y carne 

Parecen hombres de hierro; 

Ni les intimida el número, 

Ni el morir les causa miedo; 

Con sables hechos pedazos 

Sus ojos despiden fuego; 

Está abollado el morrión 

Y sangre vierten sus miembros; 
Ruge el plomo en sus cabezas 

Y retiembla el pavimento: 
Pero ellos, imperturbables, 
En medio del entrevero. 
Sueltan la rienda al caballo, 
Descaigan golpes tremendos; 

Y ante su diestra valiente. 
Llenos de susto, los siervos 
Bajan la mustia cabeza. 
Abren un ancho sendero; 

Y allí donde del clarín 
Resuenan los tristes ecos. 
Llenos de sangre y de polvo 
Júntanse diez coraceros. 

Blanco, que fué rechazado 
En el encuentro primero, 
Al frente del enemigo 
Organiza los dispersos. 
Hace tocar a la carga 

Y otra vez los lleva al fuego. 



POESÍAS PATRIÓTICAS 61 



Campón y Alberdi, entretanto, 
De los esclavos en medio, 
Abandonados se miran 
Del hombre, no de sn aliento. 
De su alarido de guerra 
Retumba el eco a lo lejos; 
Al galopar sus corceles, 
Con fragor retumba el suelo; 
Sobre sus negras corazas 
Rechina el fúlgido acero, 
Los sables cubren la luz 
Sobre sus cráneos sangrientos. 

Heroicamente lidiaron, 
Cien heridas recibieron, 

Y clamando ¡Libertad! 
Al suelo cayeron muertos. 

Blanco a la carga conduce 
A sus valientes de nuevo, 
Pero, al querer batallar. 
Todos se miran envueltos, 

Y cual las hojas de otoño 
Por la campaña dispersos. 
En vano el buen coronel 
Levanta su voz de trueno: 
Abandonado y sin gente. 
Sólo le ampara su acero. 



62 RIMAS 



VI 



En la inmediata cuchilla 
Un i'elámpago de fuego 
Brilló, rugiendo con furia 
Del cañón el ronco trueno. 
Núñez avanza atrevido 
Con setecientos guerreros, 

Y blande lanza potente, 
Montando un tordillo negro. 
Es imponente su marcha, 

Y por su rostro moreno 
El entusiasmo asomaba 
Como en la noche un reflejo. 
Al marchar de sus campeones, 
Al i'elumbrar de sus hierros, 

Y al tremolar su estandarte 
Los enemigos huyeron. 

Los libres, en vez de rostros. 
Espaldas tan sólo vieron, 

VII 

Cuando los viles esclavos 
Riendas al caballo dieron. 
De cadáveres y de armas 
El campo quedó cubierto, 
En expiación de los libres 
Que con honor sucumbieron. 

Cuarenta bravos perdimos 



POESÍAS PATRIÓTICAS 63 

En este glorioso encuentro; 

Y al otro día, al cruzar 
Aquel campo de los muertos, 
Nuestros soldados decían: 
"Tanta sangre vengaremos; 
"Por cada gota de sangre 
"Un arroyo verteremos." 

YIII 

En los campos de Cagancha 
En medio al humo y al fuego, 
El escuadrón de Campón 
Admiró por su denuedo. 
El ala izquierda ocupaba, 

Y en el furibundo encuentro 
El eampo quedó sembrado 

De hombres y caballos muertos. 
Quedó en medio a la cuchilla 
De sangre un ancho reguero : 
¿Quién lo hizo? El escuadrón 
Que por vengar sus guerreros. 
Pasó legiones de esclavos 
A los filos de su acero. 

1839. 



VIII 



HIMNO 



A LOS MÁRTIRES DE LA LIBERTAD 



CORO 

De América las vírgenes 
Con mano temblorosa, 
La cabellera frígida, 
Sangrienta y polvorosa 
De las heroicas víctimas. 
Con flores ceñirán. 

Entre perfumes célicos 
Y grata melodía 
De cánticos suavísimos, 
Hasta la tumba fría, 
Entre aureolas fúlgidas, 
Los héroes bajarán. 



\ 



66 KIMAS 

Sobre la huesa húmeda 
Donde su lauro brilla, 
Los pueblos i'edimidos 
Doblando la rodilla, 
Al trono del Altísimo 
Plegarias alzarán. 

El Bardo de la América 
Invocará su gloria 
Y al son de la arpa armónica 
De la final victoria, 
Sobre su frente indómita 
La inspiración caerá. 

POETA 1 

La tumba del valiente 
No pide débil llanto. 
Sino del vate ardiente 
El estridente canto, 
Que imite en su armonía, 
Vibrante vocería 
Del campo del honor. 

¡ Qué importan a los bravos 
Las pompas de los templos 
Que compran los esclavos! 
¡Les bastan sus ejemplos, 
Su inmarcesible gloria. 
Su tumba, su victoria, 
Sus lauros, su valor! 



rOESÍAS PATRIÓTICAS 67 



Cual rinde su alta frente 
El sol al Océano, 
Como el audaz torrente 
Que baja el ancho llano, 
Debe ser la caída 
Del que rinde la \'ida 
Del pueblo en el altar. 

Cantemos a los muertos 
En la inmortal pelea, 
Que sus despojos yertos, 
De América presea, 
Valen más que la pompa 
Que celebra la trompa 
Del poeta servil. 

Indómitos guerreros 
Triunfantes y caídos 
Por los eternos fueros 
De pueblos redimidos; 
Venid, llegó la hora: 
La América hoy valora 
Vuestra misión viril. 

Llegad, nubes de incienso. 
Bañando vuestras fi'entes. 
Oiréis el himno inmenso 
Que pueblos reverentes 
Cantan en el osario, 
No al genio sanguinario. 
Ni al Régulo opresor. 



68 BIMAS 

Generaciones nuevas 
Ricas de independencia, 
Tras dolorosas pruebas 
Por fecundar tu herencia, 
La ley republicana 
Que aclaman soberana. 
Guardan con fe y amor. 

El genio americano 
Desde los altos Andes, 
Contempla un mundo hermano 
Que con alientos grandes 
Prosigue sus destinos 
Por ásperos caminos, 

Y va a la salvación. 

COK o 

Sus lívidos cadáveres 
Veránse entre humo denso, 
Del pueblo, del incienso, 

Y entre la pompa nítida 
Del templo de Israel. 

Relucirán las lámparas 
Ante el sombrío coro, 

Y al órgano sonoro 

Se mezclarán melódicas 
Las arpas de Sión. 

Resonará en la bóveda 
El cántico suave, 



f 



« 



I 



I 



POESÍAS PATRIÓTICAS 69 

Y en medio al ancha nave 
Se elevará en el túmulo 
La gloria y libertad. 

Y el inspirado vate, 
Envuelto por el manto 
Del entusiasmo santo, 
Exclamará profético : 

' * i Tu nombre vivirá ! ' ' 

POETA 

La libertad enciende 
La consagrada pira; 
La fama que trasciende 
La gratitud inspira, 

Y un mundo rememora 
Los nombres que el sol dora 
Del Plata al Ecuador. 

Cayeron cual gigantes 
En medio de la gloria: 
Sus páginas brillantes 
Abrió la augusta historia, 

Y en letras de granito 

Su triunfo ha sido inscrito 
Con fúlgido esplendor. 

Y su pendón miraron 
Yaciendo moribundos, 
Del suelo se aferraron 
Con brazos tremebundos, 



70 EIMAS 

Cual si al morir peleando 
La tierra así abrazando 
Quisieran defender. 

Y al abrazar la tierra 
Con ánimo esforzado, 
Su alarido de guerra, 
Por el viento llevado, 
Resonó en los hogares 

Y en los undosos mares, 
Cual voz de redención. 

Si existe una creencia 

Y un pabellón triunfante, 
Si es libre la conciencia. 
Si en libro de diamante 
Se esculpen altos hechos, 
Conquista es de los pechos 
Que el hierro traspasó ; 

De los varones fuertes 
Que la espada blandieron, 
Que arrostrando mil muertes 
En el campo cayeron 
Del noble sacrificio 
Bajo el marcial auspicio 
Del alto galardón. 

De todo un pueblo el luto, 
De todo un mundo el llanto. 
Es postumo tributo 
Para su polvo santo, 



POESÍAS PATKIÓTICAS 71. 

En que renacen palmas, 

Y en que resurgen almas 
Al soplo del amor. 

No necesitan urnas 
Ni estatuas levantadas, 
Porque las horas diurnas 
De luces coronadas 
Guardan el monumento, 
Que cubre el firmamento 
Del hemisferio austral. 

CORO 

De la tierra sangrienta 
Se elevarán los muertos, 

Y con rayos inciertos 
La luna amarillenta, 
El esqueleto pálido 
Trémula alumbi'ará. 

De luces coronada 
La sombra de los fuertes, 
En túmulos inertes 
Resurgirá animada, 
Como inmortal espíritu 
De gloria perennal. 

Las fúlgidas espadas, 
Las bélicas banderas, 
Trotones y cimeras. 



72 RIMAS 

Y lanzas destrozadas, 
Cual súbito relámpago 
Fulmíneas brillarán. 

Se elevarán ardientes 
Atléticas legiones 
Al pie de sus pendones, 
Cuando el Omnipotente 
Les diga como a Lázaro : 
"Del polvo levantad." 

POETA 

jLa losa de la tumba 
Conmoverá mi lira? — 
Oid : El viento zumba, 
El Hacedor me inspira. 
Siento su soplo ardiente 
Que en alas del ambiente 
El polvo hace tremer. 

i Campeones inmortales ! 
Alzad la noble frente. 
Que adornan las señales 
De la metralla ardiente! 
Alzaos del frío lecho. 
Con voces en el pecho. 
Latiendo el corazón. 

Rasgad con mano fuerte 
La fúnebre mortaja 
Con que os vistió la muerte, 



POESÍAS PATRIÓTICAS 73 

Y oiréis la sorda caja 
Que toca ¡ a bayoneta ! 
La voz de la corneta, 

Y el trueno del cañón. 

La luna brilla hermosa 
Cual lámpara divina 
Rielando misteriosa ; 
En la región Andina 
Su genio se levanta, 

Y en torno se quebranta 
La tierra con fragor. 

Los cascos resplandecen 
Cual súbito meteoro, 
Las plumas que se mecen 
Entre celajes de oro 
Anuncian los campeones, 
Que en medio a las legiones 
Levantan su pendón. 

Mil ecos fragorosos 
Producen los aceros, 
Los potros ardorosos 
Relinchan altaneros, 

Y en masas apiñadas 
De sombras laureadas 
Se forma una legión. 

i Silencio ! los tambores 
Ya la señal han dado, 

Y ravo de fulgores 



74 RIMAS 

El campo ha iluminado. 
¡ Gloria a los inmortales 
Que pisan los umbrales 
De un mundo superior ! 

¡Mirad, ya no es del alma 
Fantasma vaporoso : 
Vestidos con la palma 
Del mártir generoso, 
Después de su caída 
Renacen a la vida 
De gloria perennal ! 

CORO 

De América las lágrimas 
Bañando los cabellos 
De los gigantes mártires, 
Cual nítidos destellos, 
Una corona mística 
A sus virtudes cívicas 

Y a su valor serán. 

En las eternas páginas 
Del libro de los hombres, 
Como inmortal espíritu 
Revivirán sus nombres, 

Y las coronas pálidas 
De las edades áridas 
De gloria teñirán. 

El sacro tabernáculo 



POESÍAS PATRIÓTICAS 75 



De la igualdad preciosa 
Protegerán intrépidos 
Con su égida gloriosa, 
Guardando el texto bíblico 
Del inmortal decálogo 
Que a un mundo redimió. 

Aéreo coro de ángeles 
Entonará mil cánticos 
Como la brisa plácidos; 
La libertad en tanto, 
Como visión espléndida, 
Tendiendo el ala rápida 
Se elevará hasta Dios. 

POETA 

Como en el Andes brama 
El huracán tremendo, 
Cuando veloz derrama 
El trueno ronco estruendo, 
Y en tanto el polo cruje, 
Resisten al empuje 
Sus moles de cristal; 

Así del tiempo el vuelo 
Que abate las barreras, 
Extiende por el suelo 
Sus ondas altaneras, 
Chocando resonantes 
El muro de diamantes 
Del alma libertad. 



76 EIMAS 

Y ella con faz serena 
Sus furias dominando, 
Desde la excelsa almena 
Los cielos contemplando, 
Mira nacer la aurora 
De dichas precui'sora. 
De paz y de igualdad. 

Su inspiración sagrada 
Los tiempos anticipa, 
Surgiendo de la nada 
Los pueblos que emancipa, 

Y concita a sus bravos 
Rompan de los esclavos 
La argolla y el cordel. 

Y por eso los nombres 
De redentores fuertes 
Alientan a los hombres, 

Y cuando caen inertes. 
Las almas se electrizan, 

Y gratas divinizan 

Su nombre y su laurel. 

Vuestros restos divinos 
Son nítidas lumbreras, 
Que alumbran los caminos 
De edades venideras. 
Por donde ardientemente 
La juventud valiente 
Se lanza al porvenir. 



POESÍAS PATBIÓTICAS 77 

Vendrán horas serenas 
Que caigan en pedazos 
Las últimas cadenas 
Que amarran nuestros brazos, 
Alzando los escudos 
Que con brazos membrudos 
Vuestro aliento forjó. 

En ellos sostendremos 
Al genio americano, 
Y en él bendeciremos 
Al numen soberano, 
Que al descubrir un mundu 
Hizo brotar fecundo 
Un mundo de Igualdad. 

Y de Colón la sombra 
El ámbito cruzando 
Sobre celeste alfombra, 
Se elevará clamando : 
"¡Al fin, aur'ora, brillas! 
' ' i Tiranos, de rodillas ! 
' ' ¡ Naciones, levantad ! ' ' 



1838. 



TX 



INVOCACIÓN 

(EN EL ANIVERSARIO DE LA INDEPENDENCIA DE CHILE> 



Pueblos, batid vuestro pendón glorioso 
Del Atacama al Cabo tempestuoso 

Donde se estrella el mar; 
Que en este día la nación chilena 
Lo hizo ondear sobre la anti^a almena 
De independencia al grito popular. 



II 



Guerreros, por la gloria consagrados. 
De inmarcesibles lauros coronados 

En el campo de honor; 
Despertad del cañón al estampido 
Que hoy rememora un pueblo agradecido 
Que os debe su existencia y esplendor. 



80 EIMAS 



III 



Niños, alzad las inocentes palmas, 

Y ardan en entusiasmo vuestras almas 

Al honrar la virtud, 
Que niños cual vosotros, vuestros padres 
Descendieron del seno de sus madres 
Para destruir la dura esclavitud. 

IV 

Vírgenes puras, como el sol hermosas, 
Que os coronáis con perfumadas rosas 

La frente virginal; 
Cubrid con ellas los sepulcros yertos 
De los soldados por la patria muertos 
Que cayeron en época inmortal. 

V 

Sacerdotes del Dios crucificado, 
Quemad sobre el altar inmaculado 
Inciensos al Señor, 

Y suba entre la nube de humo denso 

La sublime oración de un pueblo inmenso 
Que ensalza de la patria al redentor. 

VI 

Legisladores de alta inteligencia, 

Que alumbrasteis del pueblo la conciencia 

Clamando : ¡Fiat Lux! 
Si los campeones dieron altos hechos. 
Vosotros proclamasteis los derechos 
De libertad del hemisferio Sud. 



POESÍAS PATRIÓTICAS 81 

VII 

Ancianos, cuya mano temblorosa 
Nos indica la ruta misteriosa 

Que debemos seguir; 
Bendecid con amor a vuestros liijos, 
Para que sigan con los ojos fijos 
La estrella que los lleve al porvenir. 

VIII 

Jóvenes, de la patria la riqueza, 
El porvenir está en vuestra cabeza, 

Bella es vnestra misión : 
Es coronar el noble monumento, 
Que simboliza el grande pensamiento 
Que inauguró la tierra de Colón. 

IX 

Sombras de las falanges militares 
Que alzaron los escudos tutelares 

Al pie del patrio altar; 
Dejad caer el hierro fulminante, 
E iluminado el plácido semblante, 
Vuestra obra venid a contemplar. 

X 

Naves, izad las flámulas hermosas 
Envueltas por las nubes majestuosas 

Del humo del cañón, 
Conmemorando los gloriosos días 
En que Chile botó a las ondas frías 
En leño audaz su invicto pabellón. 



82 EIMAS 



!ÍI 



Campos feraces do la mies ondea, 
Selvas en donde el pájaro gorgea, 

Kíos que vais al mar: 
Un himno alzad en nota melodiosa, 
Que os fecundó la sangre generosa 
Que heroica vena quiso derramar. 

XII 

Andes, en cuya frente encanecida 
La historia americíína está esculpida 

En cifra colosal; 
Tú que levantas la cabeza al cielo, 
Pídele a Dios la lluvia del consuelo 
Y a la América baña en su raudal. 



1848. 



X 



AL CÓNDOR DE CHILE ^^ 



Tú que en las nubes tienes alto nido, 
Tiende tu vuelo, cóndor atrevido 
Que sustentas de Chile el paladión ; 
Sigue del sol la luminosa huella, 

Y trae cual Prometeo una centella 
Para inflamar con ella a la nación ; 

Para encenderla en noble patriotismo, 

Y reanimar la antorcha del civismo; 
Para templar del pueblo la virtud, 

Y calentar los tibios corazones; 
Para quemar los últimos girones 
Del manto de la torpe esclavitud, 

(1) Las armas de Chile estáa sustentadas por un cóndor y un 
huemul rampante, a la manera de las armas inglesas. 



84 BIMAS 

Extiende, extiende el ala vigorosa, 
Cual la vela qne en noche procelosa 
Alza la nave en negra tempestad ; 
Vuela a traer la vivida centella 
Que en ochocientos diez, fulgente y bella. 
La antorcha hizo brillar de libertad. 

Tú sabes ya el camino, ave altanera: 
Fuiste de nuestros padres mensajera 
Para pedir a Dios chispa inmortal 

Y dar fuego de alarma los cañones, 

Y derretir los férreos eslabones 
De la innoble cadena colonial. 

Tú los viste lanzarse a la pelea, 
Blandir la espada, sacudir la tea, 
Vencer, caer en la reñida acción. 
Mientras que tú, cruzando las esferas, 
Dabas aire de Chile a las banderas, 

Y fuego del patriota al corazón. 

Tú los viste en la noche tem.pestuosa 
Guiados por tu pui)ila luminosa, 
Cual por la estrella el navegante audaz, 
Escalar de los Andes las montañas, 
Esculpiendo en su cima las hazañas 
Que realizaron con vigor tenaz. 

Allí también reverberó tu lumbre 
Cuando bajó rodando de la cumbre 
Desmelenado el iracundo león, 



I 
1 



poesías patrióticas 



A par que retumbaba en la eminencia 
El grito atronador de independencia 
Que repetía el mundo de Colón. 

Desde entonces tu llama se ha apagado, 
El corazón del pueblo se ha enfriado, 

Y ha muerto el fuego patrio en el altar. 
Fuego necesitamos: danos fuego, 

Que nuestras venas abundante riego 
De libertad al árbol dieron ya. 

Haz por los hijos lo que en otros días 
Hiciste por sus padres, cuando hendías 
Las esferas con ímpetu veloz, 
Para traer la chispa salvadora 
Que de ese sol, que el universo adora, 
Brotó, y en tus pupilas puso Dios. 

Las alas tiende y vuela hasta los cielos, 
Cual vuelas al traer a tus hijuelos 
El alimento que la vida da; 

Y mientras bajas desde el alta esfera. 
Nuestra voz de Septiembre a la bandera 
Con himno popular saludará. 

Y cuando venga la centella ardiente 
Que del cobarde el corazón caliente 

Y nos llene de aliento varonil ; 
Danos sombra propicia con tus alas. 
Mientras que en el espíritu que exhalas 
Impregnamos la tiinica viril. 



«6 llíJilAS 

Después condúcenos a la victoria, 
Traza con luz la senda de la gloria 
Que nos lleve sin sangre a la igualdad; 
Toma luego en tu pico oliva y palma 
Y arrancando una chispa a nuestra alma, 
Vuélvesela a ese sol de libetrad. 

1850. 



XI 



LA ORACIÓN DE SETIEMBRE 



Doblemos la rodilla : ya nace en el Oriente 
El sol, que en otros días con brillo refulgente 
Inauguró del pueblo la estatua colosal. 
Miradla en este templo que alzó la Providencia 
Sobre el altar se eleva, fijando la creencia 
Que llena nuestras almas de espíritu inmortal. 

Chile es su templo inmenso : los Andes sus altares, 
Sus flores el incienso, sus cedros los pilares, 
Sus aves la armonía, su cielo el pabellón; 
Valparaíso el pórtico que hacia la mar se inclina, 
Y el sol que nos alumbra, la lámpara divina, 
Do arde sagrado fuego de eterna religión . 

Mirad cual lo saludan del muro los cañones, 
Cual alzan los guerreros sus ínclitos pendones. 
En que la estrella luce cual signo de hermandad ; 

10 



88 EIMAS 

Mirad como se riza del mar la blanca espuma, 
Cual se disipa en torno la misteriosa bruma, 
Y cual se tiñen de oro los Andes, ¡contemplad! 

Oid como resuenan los ¡vivas! nacionales, 
Cual desde el alta torre sus glorias inmortales 
Publica la campana con lenguas de metal; 
Oid como retumban los bélicos tambores, 
Los cantos de la infancia, del pueblo los clamores. 
Que llenan todo el templo cual coro universal. 

Doblemos la rodilla, y en nuestros labios vibre 
Una oración solemne digna de un pueblo libre. 
Que en alas de los tiempos prolongue su rumor. 
Doblemos la rodilla, y alzando el pensamiento. 
En un amor unidos y un mismo sentimiento, 
Boguemos al amparo de un numen protector. 

Roguemos por la suerte del mundo americano, 
Porque sus nobles hijos con palmas en la mano 
En nombre de un principio se abracen con amor; 
Roguemos por que caigan los reprobos caudillos, 
Que en el altar sagrado dan filo a los cuchillos. 
Para apagar, matando, el popular clamor. 

Roguemos por que nunca se apague la conciencia. 
Para que tenga un culto la excelsa inteligencia 
Que dice a la barbarie : — ''¡De aquí no pasarás!" 
Roguemos por que todos escriban en sus pechos 
Con sangre de sus venas sus leyes y derechos, 
¡Que nunca borrar pueda la tiranía audaz! 



POESÍAS PATRIÓTICAS 89 

Pidamos para el camijo las mieses abundosas, 
El pan para los pobres, virtud a las hermosas, 
Y para el pueblo todo, la luz de la razón; 
i Y ante la tumba fría do yacen nuestros padres, 
Que de laurel eterno cubrieron nuestras madres, 
Pidamos para todos de paz la bendición! 

Este es el ruego digno de un pueblo generoso. 
El único que al solio del Todopoderoso 
En alas de los ángeles la brisa llevará; 
Roguemos, que templados por el sublime ruego. 
El alma encandecida del entusiasmo al fuego 
A otras generaciones su ardor trasmitirá. 

Doblemos la rodilla : ya nace en el Oriente 

El sol que a nuestros padres iluminó la mente 

Para vaciar en ella de Chile la nación : 

¡ Silencio ! en nuestros labios como en el arpa vibre 

Una oración solemne digna de un pueblo libre 

Que pida para todos Amor y Eedención . 



9 



I 



XII 



A LA AMÉRICA 



Por las fieras hambrientas perseguido 
Cruza indómito potro las llanuras, 

Y amarrado con fuertes ligaduras 
En sus hombros Mazeppa va tendido . 

Por la carrera al fin desfallecido 
El bruto cae sobre las breñas duras, 

Y libre de sus recias ataduras 
Mazeppa se levanta rey ungido. 

Así América gime entre cordeles 
Al rudo potro colonial atada, 
Seguida por jauría de lebreles ; 



92 EIMAS 

Y exánime, y sangrienta y lacerada 
Corre, cae, se levanta y de laureles 
Resplandece su frente coronada. 

1849. 



XIII 



A LOS MÁRTIRES DE LA INDEPENDENCIA 



Herido y vencedor en la pelea, 
Epaminondas cae sobre su escudo, 
Abierto el pecho por el dardo agudo 
Que mata el cuerpo, pero no la idea. 

Y al ver que enhiesto su pendón flamea, 
Afloja de la muerte el fiero nudo 

Y dice a Tebas: "¡Madre, te saludo! 
"Quedan mis hijas: ¡Leuctra y Mantinea!" 

También dos hijas bellas nos dejaron 
Los que el libre pendón dieron al viento, 

Y a su sombra cayeron y triunfaron . 



94 KIMAS 

Hijas son de su esfuerzo y su ardimiento ; 
La Independencia que ellos proclamaron, 
La Libertad que dio su pensamiento. 



1849. 



I 



XIV 



EL INVÁLIDO 



Mira a ese pobre meadigo 
De aquella iglesia a la puerta, 
Cuya miseria despierta 
Simpática compasión; 
Y que a todos los que pasan 
Tendiendo mano transida, 
Pide con voz dolorida 
¡Una limosna por Dios! 

Es un mártir de la patria, 
Un soldado valeroso 
Del estandarte glorioso 
Que el hemisferio cruzó ; 
Soldado que en otro tiempo 
Hizo temblar al guerrero 
Y que hoy pide al pasajero -. 
¡Una limosna por Dios! 



96 KIMAS 

Ved: en su manga vacía 
Se perciben dos galones, 

Y de Maipo los cordones 
Que la patria le acordó. 
Cabo inválido, sin brazo. 
Sólo le resta en la tierra 
Pedir, después de la guerra, 

¡Vna limosna por Dios! 

A la puerta de la iglesia 
Rememora sus hazañas, 

Y las gloriosas campañas 
Que en otros días siguió; 

Y al señalar con orgallo 

De su frente un anclia herida, 
Pide con voz dolorida 
¡Una limosna por Dios! 

" Fui soldado de los Andes, 

" En Maipo cabo me hicieron, 

" Y las balas deshicieron 

" Mi brazo en Ituzaingó : 

'^ Entonces mi voz se oía 

" En medio del fuego recio, 

" Y hoy me arrojan con desprecio 

'' ¡Una limosna por Dios! 

" ¡De frente! ¡A la bayoneta! 
" El coronel nos gritaba, 
" Y sin miedo nos llevaba 
" A la boca del cañón. 



I 

4 



* 



97 

POESÍAS PATRIÓTICAS 



Con el arma a discreción, 
" Metralla y bala llovía, 
" Y entonces yo no pedía 
" ¡Una limosna por Dios! 

" ¡Cuántas veces, en los Andes, 
" Al venir la madrugada, 
' ' En medio de una nevada 
" Mi bigote emblanqueció! 
' -• Hoy la nieve de los años 
" Mi cabello ha encanecido, 
'' Y extiendo la mano y pido 
" ¡Una limosna por Dios! 

" ¿Dónde están mis camaradas 
'' Del Cerrito y Ayacucho, 
" Que mordían el cartucho 
*« Con indomable valor? 
'' ¿Dónde están? tal vez ahora 
'' Duermen en la tumba helada, 
" O piden con voz quebrada 
" ¡Una limosna por Dios! 

" Como ellos yo moriré, 

" Y en la tierra de mi fosa 

" ¿Qué alma verterá piadosa 

" Una gota de dolor? 

" Y cuando en algún camino 

" Bajo los años sucumba, 

" ¿Quién dará para mi tumba 

<' Una limosna por Diosf 



98 KIMAS 

Cesa, cesa en tus lamentos, 
Cabo lleno de laureles, 
Que hay olvidos más crueles 
Que los que llora tu voz: 
La República Argentina 
Bajo el yugo de un tirano 
Pide al mundo americano 
¡Una limosna por Dios! 

1838. 



I 



i 



XV 



LA CAMPANA 



Profético metal, los ciudadanos 
Que de agüero y comento son exentos 
A tu voz bailarán por estos llanos, 

En tanto que tu voz y tus acentos 
Oyen descoloridos los tiranos 
Y te atienden los reyes macilentos 

QUEVEDO. 

(Polimnia — Musa II.) 



¡Oh, campana! de mi Patria 
Eres símbolo de gloria : 
O heraldo de la victoria, 
O intérprete del dolor; 
Eres corona de bronce 
En los aires suspendida, 
Que los fastos de la vida 
Publicas con tu clamor. 

Tú concretas nuestra historia: 
Has dado la voz de alerta. 
Golpeando de puerta en puerta 
Con tu metálica voz; 



100 KIMAS 

Has anunciado las paces 
Adornada con la oliva, 

Y orlada con palma altiva 
La guerra cruenta y feroz. 

Has sido la grave orquesta 
De los cánticos triunfales, 

Y en los tristes funerales, 
Melancólico pregón; 

Y colgado de tus cuerdas 
Un pueblo de aiidaeia lleno, 
Hizo brotar de tu seno 

La voz de revolución. 

Y tus ecos dilatados 
En un mundo resonaron 
Cuando en Mayo saludaron 
El sol de la redención, 
Cuyo vivífico rayo 

Como un martillo de oro 
Te dio el acento sonoro 
De la estatua de Memnón. 

Has pregonado cien veces 
Por el mundo americano 
Las victorias de Belgrano, 
De San Martín y Alvear ; 
Has concitado a los pueblos 
En medio de la matanza, 

Y alentado su esperanza 
La derrota al publicar. 



POESÍAS PATRIÓTICAS 101 

En las contiendas civiles, 
Esclava de las facciones, 
Te ha arrancado tristes sones 
La espada del vencedor, 

Y dominando el murtnnllo 
Del pueblo desenfrenado, 
Ante el mundo has protestado 
Con dolorido clamor. 

Y cuando por un tirano 
El pueblo se vio oprimido, 
Tú articulaste un gemido 
Con tu lengua de metal, 

Y otra vez sobre tu torre 
Sonarás estrepitosa, 
Cuando mires victoriosa 
La bandera azul flotar. 

Eres la voz del destino 
Que presides a las horas, 
Que con sus alas sonoras 
Te golpean sin cesar, 

Y tú, su vuelo mareando, 
Generosa en demasía. 
Devuelves una armonía 
Por el golpe que te dan. 

1839. 



4 



XVI 



SÁTIRA A SANDOVAL 

AL TRAIDOR QUE ENTREGÓ A ORIBE LAS ILUSTRES 
VÍCTIMAS AVELLANEDA Y VIDELA 



Le traitre se fait justice, 
II se chasse de nos rangs. 
Ahí que son nom retentisse 
Maudit par nos vétérans. 
Babthélemy. 



Prendiendo fuego a na templo portentoso, 
Erostrato su nombre eternizó; 
Vendiendo Judas a Jesús piadoso, 
Su fama en el Madero se esculpió . 

Entregando al verdugo dos cabezas, 
Te has hecho en nuestros fastos inmortal, 
Que si no tienes que contar proezas, 
Tienes una traición ¡vil Sandovalt 



104 RIMAS 

¡ Vil Sandoval ! tu nombre será eterno, 
Como un remordimiento le iias de oir, 
y hasta tocar el linde del infierno, 
La maldición de Dios te ha de seguir. 

Siete veces traidor, tu, miserable, 
De la historia en el libro vivirás. 
Como en jardín ameno y deleitable 
Vive entre flores el reptil rapaz. 

Tú te has hecho justicia con tu crimen: 
Mi noble patria batirá las manos, 
Al ver que en ti sacuden sucio limen 
Los libres que combaten a tiranos. 

Sigue por esa huella ensangrentada 
Que el verdugo señala con su planta, 

Y encontrarás al fin de la jornada 

Un buen cordel que oprima tu garganta. 

Y mientras tu amo el látigo sangriento 
Hace sobre tu espalda resonar. 

Yo empuñaré el azote del tormento 
Para tu nombre infame flagelar. 

jTu nombre! dije: ¿En qué gloriosas lides 
Entre la voz del plomo resonó? 
¿Entre qué renombrados adalides 
Tu acero vencedor relampagueó? 



POESÍAS PATRIÓTICAS 105 

Mas no en batallas se probó tu aliento : 
En pulperías fueron tus campañas, 
Armado con un naipe más mugriento 
Que el corazón que abrigan tus entrañas. 

Pérfido el vaso de licor tendías 

Y bajo el poncho armabas el cuchillo, 

Y a tus contrarios por la espalda herías, 
De bandoleros y ebrios vil caudillo. 

Tendido entre las patas del caballo, 
En vez de sangre revolcado en vino : 
Tales son tus proezas, vil lacayo ; 
Tales tus hechos son, vil asesino. 

Escoria de la fragua de los vicios. 
Tahúr, ladrón, borracho y aun cobarde, 
Al buscar de la gloria los auspicios, 
De cínica traición hiciste alarde. 

¡ Ojos de gato, lengua de serpiente. 
Garras de tigre, boca de lagarto ! 
Satán, sin duda, con un beso ardiente 
Selló tu rostro en la hora de tu parto. 

Y envidiando el laurel de la derrota, 

Y de los libres la última jornada, 
Fuiste a vender cual miserable ilota, 
Nobles patriotas de alma levantada. 



106 KIMAS 

Sí, que la inmensa gloria de los bravos 
No era para tus hombros sin pujaiiza: 
Debes cargar cadenas entre esclavos, 
No de los libres la quebrada lanza. 

Los libres solos, sa bandera alzando, 
Con doble esfuerzo treparán los Andes, 

Y entre argentinos que el aliento dando 
Los buenos sólo llamaránse grandes. 

Tú, Sandoval, la fúnebre guirnalda 
Con tus manos inmundas no ajarás, 
Porque ese hierro que marcó tu espalda 
Te ha impreso ya su cicatriz tenaz. 

No azul pendón te prestará su sombra 
Sino la planta del señor feroz. 
Que haciéndote servir como de alfombra. 
Te lanzará, iracundo, torpe coz. 

¡ El lodo cubra tu cabeza infame. 
Tu cuello dobla al recio bofetón. 
De tu señor el pie sangriento lame, 

Y de tu labio mane corrupción! 

i Sicario vil entre sicarios seas. 
Sucios insectos cubran tus heridas. 
Arrastrado cual víbora te veas, 

Y Dios te dé, para sufrir, mil vidas ! 



POESÍAS PATRIÓTICAS 107 

Sangre bebas en vez de linfa pura, 
Sangre tan sólo bebas por doquier, 
¡Y al entrar en el lecho, sangre impura 
De la almohada veas tú correr! 

¡ El más cobarde escúpate a la cara. 
Tu nombre sea voz de deshonor, 
Mientras mi musa con candente vara 
Fija en tu frente el nombre de TRAIDOR ! 

¡La maldición del mundo eternamente 
En tu oído resuene noche y día, 

Y las furias con látigo crujiente 
Te precipiten a la tamba fría ! 

Que por las furias siempre perseguido 
Llegues a la mansión de Satanás, 

Y al darte abrazo estrecho, estremecido. 
Dedos ardientes sientas por detrás. 

Y que te brinde copa reluciente, 

Y al apurarla lleno de embriaguez. 
En la lengua te pique una serpiente, 
Que surja enfurecida de la hez. 

Luego te traiga naipes caldeados, 

Y te obligue con ellos a jugar, 

Y sientas por tus dedos abrasados 
Tu negra sangre a chorros destilar. 



108 EIMAS 

Y levantando un coro de clamores 
Los demonios, al son de innoble trompa, 
i Te arrojen donde yacen los traidores. 
Con infernal y con grotesca pompa ! 



I 



XVII 
GRITO DE ALARMA 

(DESPUÉS DE LA DERROTA DEL ARROYO GRAKDE EX 1841) 



Alzaos del polvo inerte, 
Vencidos, no domado^' 
Cerniendo la melena 
Como soberbio león : 
Alzaos, y ante los bustos 
De hermanos degollados, 
Levante iin pueblo libre 
Su ajado pabellón. 

Oíd, que del poeta 
Las voces son augustas, 
Ya entonen la elegía 
O el cántico triunfal . 



lio K12IAS 

A SU eco se levantan 
Los pueblos oprimidos, 

Y en pechos maldecidos 
Esconden el puñal. 

A su eco se alza el pue'ülo 
Rompiendo sus cadenas, 
Con brazos vigorosos 
Más duros que el metal, 

Y si en la dura lucha 
Dan vuelta las espaldas, 
Vuelven, si da la lira 
De alarma la señal. 

Un día fué en la Grecia 
Que en medio a la derrota 
Los cantos de Tirteo 
Se oyeron resonar, 

Y revolviendo al punto 
Los escuadrones rotos, 
El lauro de victoria 
Supieron rescatar. 

¿Será que ya en el mundo 
No exista el entusiasmo 
Ni acorran a la patria 
Los hombres de esta edad? 
¡ Oh, no ! los corazones 
Sacudan ese pasmo, 

Y asiendo de la espada 
Gritemos : " ¡ Libertad ! ' ' 



POESÍAS PATRIÓTICAS 111 

La libertad no ha muerto, 

Y en la sangrienta arena 
Donde se ve postrada 
Su aliento no rindió : 

De heridas traspasada, 

Y en rojo humor teñida, 
En sus con\aüsas manos 
Nuestro laurel salvó . 

Secad el triste lloro 
Que baña las mejillas 
Al sol de la esperanza 
Que miro ya lucir. 
Los pueblos no se salvan 
Con infecundo llanto, 
Sino queriendo altivos 
Ser libres o morir. 

Agrúpense los libres 
Al pie de la bandera, 
Que las legiones rotas 
Aun hacen tremolar, 

Y firmes, denodados, 
Velando en la trinchera, 
Como la sombra al cuerpo 
La sigan sin cesar. 

Al que huya del peligro, 
Al que la muerte tema, 
Al que del triunfe dude, 
¡ Oprobios, veces mil ! 



112 RIMAS 

Los cascos de los potros 
Que doman los valientes 
Pisen esas cabezas 
Sin nervio varonil. 

¡ Verán a los bandidos 
Sus puertas derribando, 
-. Violadas en su lecho 

Las prendas de su amor, 

Y en medio a la algazara 
De torpes asesinos, 

Los cráneos de sus hijos 
Colmados de licor! 

¡Honor a ios valientes 
Que empuñen el acero, 
Ck)nfiando en nuestra causa 
Con grande corazón; 

Y firmes y serenos, 
La espada levantando, 
De esclavos y tiranos 
Detengan la invasión ! 

¡Honor al que en las filas 
Peleando como bueno, 
Consagre a sus hermanos 
La vida en oblación ! 
¡ La palma del martirio 
Circundará su frente, 
Que de los hombres libres 
Tendrá la bendición ! 



POESÍAS rATKIÓTICAS 

El fuego, el hierro, el plomo 
Llevemos en las manos, 
Lidiemos con denuedo. 
Caigamos con valor, 
y antes que ver la patria 
Eevuelta por el fango, 
En pálidas cenizas 
Salvemos el honor . 

Luchad como valientes, 
Porque si dais la espalda, 
Como a traidores viles 
El mundo escupirá; 
Luchad, que defendemos 
El último baluarte. 
Donde salvar podremos 
La gloria y el hogar. 

j Al arma! i Al arma! Al arma 

Y el grito repetido 
Haga vibrar las almas 
Con súbita emoción, 

Y en torno de la hoguera 
Que brilla moribunda, 
Encienda sus antorchas 

Del pueblo la legión. 

Arriba, ciudadanos, 
Suene de ¡ alarma ! el grito . 
Alzar vuestra bandera, 
Eodead el patrio altar, 



113 



111 Km AS 

Antes que el nuevo Atila, 
Pisando vuestras sienes, 
Os haga a latigazos 
Del polvo levantar. 

¡ De frente, infantería ! 
La boca en el cartucho, 
La cara al enemigo. 
La mano en el fusil. 
Soldados, adelante, 
Rompamos esas filas : 
¡ Quien caiga será grande. 
Quien huya será vil! 

¡ Valientes escuadrones 

Que en ardorosos potros 

Oís con lanza en ristre 

Los ecos del clarín. 

En cargas redobladas 

Romped esas legiones, 

Que alzan bandera roja É 

Del campo en el confín! 



Tranquilos artilleros, 
Al pie de la cureña, 
Ardiente lanza-fuego 
Tended sobre el cañón; 
¡Y entre humo y entre sangre, 
Y en nubes de metralla 
Vomite cada bronce 
Muertes y destrucción ! 



I 



POESÍAS PATRIÓTICAS 11') 

Prudentes timoneros 
Que con membrudos brazos 
Lucháis contra las olas 
Que agita el huracán, 
Poned la proa al viento 
Con ánimo esforzado, 
Fijando el gobernalle 
Con incansable afán. 

Alzad, de alarma al grito, 
Vencidos, no domados, 
Cerniendo la melena 
Como soberbio león; 
Alzad, y ante los bustos 
De hermanos degollados. 
Levante un pueblo libre 
Su ajado pabellón, 

1841. : 



i 



I 



XYIII 
HIMNO AL 25 DE MAYO 

(ARREGLADO A MÚSICA) 
CORO 

Libertad, sube a tu trono 
De la gloria en el broquel, 
Agitando nobles palmas, 
Coronada de laurel . 

. ESTROFA 

Como la flor hermosa 

De cáliz recogido, 

Que se abre al estallido 

Del rayo destructor, 

La Patria, al ronco estruendo 

Del rayo de la guerra, 

En Mayo dio a la tierra 

Su aroma y esplendor. 



118 EIMAS 



CORO 



Libertad, sube a tu trono 
De la gloria en el broquel, 
Agitando nobles palmas, 
Coronada de laurel. 

, ESTROFA 

Esclava Buenos Aires 
Gemía en desconsuelo, 
Cuando brilló en el cielo 
De libertad el sol, 

Y entre flotantes nubes 
El astro colocando. 
Dijo, su sien orlando: 
"¡Mirad mi pabellón!" 

CORO 

Libertad, sube a tu trono 
De la gloria en el broquel, 
Agitando nobles palmas, 
Coronada de laurel. 

ESTROFA 

Al dar de alarma el grito 
Con eco poderoso, 
El pueblo generoso 
La espada desnudó; 

Y destrozó cadenas, 

Y derribó coronas. 



POESÍAS PATRIÓTICAS 



119 



y en las opuestas zonas 
Naciones redimió. 



CORO 



Libertad, sube a tu trono 
De la gloria en el broquel, 
Agitando nobles palmas, 
Coronada de laurel. 



ESTROFA 



Los héroes con su sangre 
Sellaron la victoria, 
Al sucumbir con gloria 
Bajo el sagrado altar, 
Y el pueblo agradecido 
Sus nombres rememora, 
Que el sol de Mayo dora 
En la urna tumular . 



CORO 



Libertad, sube a tu trono 
De la gloria en el broquel, 
Agitando nobles palmas, 
Coronada de laurel . 



ESTROFA 



Con palmas, y laureles 
Tejidos con el lirio, 



120 RIMAS 

La gloria y el martirio 
Reciba su ovación ; 
Y al son de patrios himnos 
Que vuelen por los aires, 
Levante Buenos Aires 
Su invicto pabellón. 

CORO 

Libertad, sube a tu trono 
De la gloria en el broquel, 
Agitando nobles palmas, 
Coronada de laurel. 

1852. 



LIBRO SEGUNDO 



ARMONÍAS DE LA PAMPA 



I 



I 



i 

I 



LIBRO SEGUNDO 



ARMONÍAS DE LA PAMPA 



A UN OMBÚ 

EN MEDIO DE LA PAMPA 



Aquí estás, ombú gigante 
A la orilla del camino, 
Indicando al peregrino 
No siga más adelante 
En la llanura sin fin. 
Tú señalas las barreras 
Que dividen el desierto, 
Y oyes el vago concierto 
Que alzan las auras ligeras 
De la pampa en el confín. 



f 

i 

I 
I 



124 RIMAS 

Eres la verde ^irnalda 
De la cabana pajiza, 
Que vas mardiando de prísa 
Con el pasado a tu espalda 

Y a tu frente el porvenir. 
Donde huye el indio salvaje 

Y el cristiano se adelanta, 
Tu cabeza se levanta 
Susurrando tu ramaje: 
"El rancho llegó hasta aquí." 

Eres lo último que muere 
De la morada del hombre, 

Y sin registrar un nombre 
Estás contando al viajero 
Memorias de hoy y de ayei*. 
Al proseguir tu carrera 

Por la llanura extendida, 
Sobre tu cima florida 
Hoy alzas en la frontera 
El pendón de nuestra fe. 

¿Qué ves más allá? ¿La pampa 

Que en contorno se dilata. 

El arroyuelo de plata, á 

El toldo en que el indio acampa, t 

O el inmenso pajonal? 

Tú miras allá a lo lejos 

Al trasponer aquel monte 

En el remoto horizonte, 

Como en mágicos espejos 

Lo que es y lo que será. 



ARMONÍAS DE LA PAMPA 125 

Miras la pampa argentina 
De ciudades matizada, 

Y por mil naves surcada 
La laguna cristalina 

Que hoy cubre verde juncal; 

Miras la pobre cabana 

Que en palacio se transforma. 

Y que al tomar nueva forma, 
Con nuevas luces se baña 

Su contorno natural. 

Miras al indio tostado, 
Que lanzando un alarido. 
Va huyendo despavorido 
Por el llano dilatado. 
En pavoroso tropel; 
Seguido del tigre fiero 
Que abandona su dominio, 
Hoy teatro de exterminio, 

Y tras él, el jornalero 

Que las transforma en vergel. 

No pases más adelante, 
Que más lejos, abatido, 
Marchito y descolorido 
Verás al ombú gigante 
Hoy de la pradera rey: 

Y en su lugar la corona 
Verás alzarse del pino, 

Que unido al hierro y al lino 
Sirve al hombre en toda zona 
Para dar al mundo ley. 



I 



126 EIMAS 

Ese destino te espera, 
Árbol, cuya \'ista asombra, 
Que al caminante das sombra^ 
Sin dar al rancho madera, 
Ni al fuego una astilla dar; 
Recorrerás el desierto 
Cual mensajero de vida, 
Y, tu misión concluida, 
Caerás cual cadáver yerto 
Bajo el pino secular. 

1842. 



4 



4 



11 

A SANTOS VEGA 

PAYADOR ARGENTINO 



Cantando me han de enterrar. 
Cantando me he de ir al cielo. 
Saktos Vega. 



Santos Vega, tus cantares 
No te han dado excelsa gloria, 
Mas viven en la memoria 
De la turba popular; 
Y sin tinta ni papel 
Que los salve del olvido. 
De padre a hijo han venido 
Por la tradición oral. 

Bardo inculto de la pampa, 
Como el pájaro canoro 



I 



128 EIMAS 

Tu canto iiido y sonoro 
Diste a la brisa fugaz; 

Y tus versos se repiten 
En el bosque y en el llano, 
Poi' el gaucho americano, 
Por el indio montaraz, 

¿Qué te importa, si en el mundo 
Tu fama no se pregona, 
Con la rústica corona 
Del poeta popular? 

Y es más difícil que en bronce, 
En el mármol o granito, 
Haber sus obras escrito 

En la memoria tenaz. 



¿Qué te importa? ¡si has vivido 

Cantando cual la cigarra, 

Al son de humilde guitarra 

Bajo el onibú colosal! É 

¡ Si tus ojos se han nublado 

Entre mil aclamaciones. 

Si tus cielos y canciones 

Por tradición vivirán ! 

Cantando de pago en pago, 
Y venciendo payadores, 
Enti'e todos los eantores 
Fuiste aclamado el mejor; 
Pero al fin caíste vencido 
En un duelo de armonías, 



ARMONÍAS DE LA PAMPA 129 

Después de payar dos días; 

Y moriste de dolor, ^ 

Como el antiguo guerrero 
Caído sobre su escudo, 
Sobre tu instrumento mudo 
Entregaste tu alma a Dios; 

Y es fama, que al mismo tiempo 
Que tu vida se apagaba. 

La bordona reventaba 
Produciendo triste son. 

No te hicieron tus paisanos 
Un entieíro majestuoso, 
Ni sepulcro esplendoroso 
Tu cadáver recibió; 
Pero un Fago te condujo 
A caballo hasta la fosa, 

Y muchedumbre llorosa 
Su última ofrenda te dio. 

De noche bajo de un árbol 
Dice que brilla una Uama, 

Y es tu ánima que se inflama, 
¡ Santos Vega el Payador ! 



(1) Histórico. Santos Vega murió de pesar, eegún tradición, 
por haber sido vencido por un joven desconocido, en el canto que 
los gauchos llaman de contrapunto, o sea de réplicas improvisadas 
en verso, al fon de la guitarra que pulsa cada uno de los cantores. 
Cuando la inspiración del improvisador faltó a su mente, su vida 
se apagó. La tradición popular agrega que aquel cantor descono- 
cido era el diablo, pues sólo él podía haber vencido a Santos Vega. 



130 BIMAS 

¡ Aíi ! levanta de la tumba ! 
Muestra tu tostada frente, 
Canta un cielo derrepente ^ 
O una décima de amor! 



Cuando a lo lejos divisan 
Tu sepulcro triste y frío, 
Oyen del vecino rio 
Tu guitarra resonar. 

Y creen escuchar tu voz 
En las verdes espadañas, 
Que se mecen cual las cañas 
Cual ellas al suspirar. 

Y hasta piensan que las aves 
Dicen al tomar su vuelo: 

' ' ¡ Cantando me he de ir al cielo ; 
"Cantando me han de enterrar!" 

Y te ven junto al fogón, 
Sin que nada te arrebate, 
Saboreando amargo mate 
Veinticuatro horas payar. 

Tu alma puebla los desiertos, 

Y del Sud en la campaña 
Al lado de una cabana 
Se eleva fúnebre cruz; 

(1) Lo mismo que improvisado. 



I 

1 



AEMONÍAS DE LA PAMPA 131 

Esa cruz, bajo de un tala 
Solitario, abandonado, 
Es símbolo venerado 
En los campos del Tuyú. 

Allí duerme Santos Vega; 
De las hojas al arrullo 
Imitar quiere el murmullo 
De una fúnebre canción. 
No hay pendiente de sus gajos 
Erdutada y mustia lira, 
Donde la brisa suspira 
Como un acento de amor. 

Pero las ramas del tala 
Son cual arpas sin modelo, 
Que formó Dios en el cielo 

Y arrojó a la soledad ; 

Si el pampero brama airado 

Y estremece el firmamento, 
Forman místico concento 
El árbol y el vendaval. 

Esa música espontánea 
Que produce la natura, 
Cual tus cantos, sin cultura, 

Y ruda como tu voz, 
Tal vez en noche callada, 

De blanco cráneo en los huecos. 

Produce los tristes ecos 

Que oye el pueblo con pavor. 



132 EIMAfi 

¡Duerme, duerme, Santos Vega! 
Que mientras en el desierto 
Se oiga ese vago concierto, 
Tu nombre será inmortal; 

Y lo ha de escuchar el gaucho 
Tendido en su duro lecho. 
Mientras en pajizo techo 
Cante el gallo matinal. 

¡Duerme! mientras se despierte 
Del alba con el lucero 
El vigilante tropero 
Que repita tu cantar, 

Y que de bosque en laguna, 
En el r'epunte o la hierra, 
Se alce por toda esta tierra 
Como un coro popular. 

Y mientras el gaucho errante 
Al cruzar por la pradera. 

Se detenga en su carrera 

Y baje del alazán; 

Y ponga el poncho en el suelo 
A guisa de pobre alfombra, 

Y rece bajo esa sombra, 

¡ Santos Vega, duerme en peiz ! 

1838. 



III 



EL PATO 



CUADRO DE COSTUMBRE 



Clara, bella y perfumada, 
Era una tarde serena. 
De esas tardes en que el cielo 
Todas sus galas ostenta, 
En que la brisa y la flor 
Nos hablan con voz secreta, 
En que las bellas suspiran. 
En que medita el poeta. 
En que el infame se esconde, 

Y en que el pueblo se recrea. 

Y matizando la alfombra 
De una extendida pradera 
Se ve una alegre cuadrilla 
Con sus vestidos de fiesta, 
Porque cien gauchos reunidos 
Las pascuas de Dios celebran. 



134 BIMAS 

En las aucas del caballo -. 

Cada cual lleva su bella, ■ 

El que ufano con su carga 

Bate el suelo con soberbia, 

Mientras que el viento levanta 

La nevada pañoleta, 

Que acaricia las mejillas 

Del jinete a quien estrecha 

Tal vez por no resbalar. . . 

Quizá de puro coqueta. 

No llevan collares de oro, 

Ni caravanas de perlas, 

Ni relucientes sombreros, 

Ni corbatines de seda: 

Humildes son los vestidos 

Que las mujeres ostentan ; 

Y bajo pieles curtidas 

Y de ponchos de bayeta 
Aquel nóstico gauchaje 
Alma independiente alberga, 
Como el tosco ñandubay 
Bajo su áspera corteza 
Roba a la vista del hombre 
Del corazón la belleza. 

II 

Encima de una loma 
Se ven a las muchachas 
Haciendo con donaire 
Pañuelos agitar; 



I 



ARMONÍAS DE LA PAMPA 135 

Y en tanto, en la llanura 
En círculo formados, 
Se ven de los jinetes 
Los ponchos ondear. 

Sus ojos resplandecen 

Eadiantes de alegría. 

Que templa con sus sombras, 

Del rostro la altivez. 

Con juegos lierculáneos 

Festejarán el día. 

Que el pueblo hasta jugando 

Respira robustez. 

Diríanse campeones 
Que esperan la pelea 
Que anuncian con estruendo 
Las lenguas del clarín : 
La inercia los consume. 
Mas si el cafíón humea, 
Con varonil coraje 
Buscan glorioso fin. 

Tal vez unas carrei'as 
Esperan a porfía 
Para cubrir de palmas 
Al potro más veloz. . . 
Mas no, todos desean 
Robustecer el alma, 
Por eso ¡El Pato! El Pato! 
Repiten a una voz. 

13 






133 El MAS 

¡ El Pato ! juego fuerte 
Del hombre de la pampa, 
Tradicional costumbre 
De un pueblo varonil. 
Para templar los nervios, 
Para extender' los músculos 
Como en veloz carrera, 
En la era juvenil. 

Las fiestas populares 
De un pueblo de valientes 
Semejan a las rudas 
Caricias del león, 
Porque el pampero raudo 
Batiendo en esas frentes 
Parece que inocula 
Vigor al corazón. 

Ya todos se aprestaban 
A comenzar la pugna. 
Asiendo de las garras 
Con fuer'za de titán: 
Los pies en los estribos 
Apoyan con pujanza, 
Y esperan afanosos 
Del jefe la señal. 

Las madres, las esposas 
Contemplan aquel grupo, 
Pendientes del latido 
Del brazo muscular; 



ARMONÍAS DE LA PAMPA 137 

Mas de repente vese 
Que las manijas sueltan, 

Y se oye entre el corrillo 
Sordo rumor vagar. 

¿Quién desarmó la fuerza 
De los cincuenta brazos, 
Que un pino gigantesco 
Podrían sacudir? 
Dos hombíes que se acercan 
Al medio de la liza, 

Y muestran ser campeones 
Que quieren combatir. 

III 

El uno es Diego Zamora 
Apellidado el ' ' valiente ' ', 
Cuya daga vencedora 
A sus contrarios devora 

Y es el terror de la gente. 

Su mirada decidida 

Y negra su cabellera; 

Y una sonrisa atrevida 
Del labio está suspendida 
Revelando un alma fiera. 

Lleva un facón en la falda, 
Lleva un poncho balandrán 



138 RIMAS 

Terciado por inedia espalda, 

Y del campo la esmeralda 
Huella en un potro alazán. 

El otro es Pedro de Obando, 
Compañero de fatigas 
De Zamora, y peleando 
Anda con él desafiando 
Las partidas enemigas. 

Estriba con bizarría 

Y la espétela nazarena 
Suspira en dulce armonía, 
Como grillos que a porfía 
Lloran del preso la pena. 

Guapos el Pago los llama, 

Y el alcalde salteadores, 
Pero publica la fama 

Que no la avaricia inflama 
Su pecho en vivos ardores. 

Ligados por nudo fuerte, 
Los dos siguen un camino: 
Hermanos de vida y muerte 
Aceptan la misma suerte 
Bajo el yugo del destino. 



ARMONÍAS DE LA PAMPA 139 



IV 



Adelantóse Zamora 

Y sujetando la rienda, 
Pidió parte en la contienda 
Con altanera atención. 
Todos a una voz gritaron 
"Que entren Zamora y Obando' 

Y entonce el pato tomando, 
Zamora con él salió. 

Picaron todos de espuelas 
Galopando a rienda suelta 
Para pi'ocurar la \"uelta 
Del jinete vencedor; 
Mas en vano corren, vuelan, 
Gritan, pegan, forcejean, 

Y resudan, y espolean, 

Y le siguen con furor. 

Hasta que al fin un jinete 
Lo alcanza, y con mano fija 
Asiendo de la manija 
Hizo el caballo cejar, 
Pero Zamora con furia 
Lo lleva de una pechada. 
Dejando en tierra estampada 
De su triunfo la señal. 



140 EIMAS 

Pero tres nuevos atletas 
Dispútanle su presea, 

Y él en tr'emenda pelea 
La disputa a todos tres. 
Forcejean, y tendidos 
Furiosos luchan en vano 
Por quebrantar una mano 
Que hierro parece ser. 

Crujen, se estiran los miembros, 
Se hinchan de sangre las venas, 

Y enronquecidos, apenas 
Pueden el aire lanzar; 
Mas él, firme en sus estribos 
Como animado centaura. 
Disputa a todos el lauro 
En combate desigual. 

Llegan tres más, y Zamora, 
Con la presteza del rayo 
Dando riendas al caballo 
Las manijas les quitó: 
Dos de ellas fueron al suelo 
En pos del tremendo empuje, 

Y el que queda firme ruge 
De vergüenza y de furor. 



Y corriendo 
Desbandados, 



I 



I 



ABMONÍAS DE LA PAMPA 141 

Y empapados 
En sudor, 

A Zamoía 
Todos siguen, 

Y persiguen 
Con furor. 



Ya lo alcanzan 
O despuntan, 
Ya se juntan 
En redor, 
Cual las hojas 
De una planta 
Que levanta 
El ventarrón. 



Cual relámpago 
Flamígero, 
El alígero 
Alazán, 
Los zanjones 
Que encontraba 
Los salvaba 
Sin parar. 

Y por último, 
Rendidos, 
Alaridos 
Dan de paz, 



142 El MAS 

Y las gorras 
Que se quitan 
Las agitan 
En señal. 

VI 

Zamora entonces levantando en alto 
El pato, cual si fuese una bandera, 
Detiene del caballo la carrera 

Y le hace el freno con furor tascar, 

Y así parado en medio de la pampa 
Con su ademán a todos desafía ; 
Mas viendo que ninguno se movía 
Dirige a todos la señal de paz. 

Torció las riendas del soberbio bruto 

Y a trote largo adelantóse al rato 
Llevando al lado el disputado pato 
Que a gruesas gotas de sudor ganó ; 

Y al acercarse ante el vencido corro, 
Se desciñó del rostro su barbijo, 

Y estas palabras atrevidas dijo 

Que la turba entre aplausos recibió : 

"Si hay quien dispute que gané la palma 
"Atesé al punto a la cintura un lazo, 
"Que yo tan sólo con mi izquierdo brazo 
"Jinete, y pingo, y pato arrastraré." 



AKMOKÍAS DE LA PAMPA 143 

Nadie admitió su formidable reto: 
Tan sólo Obando en ademán airado 
Sacó del anca un lazo que arrollado 
Una serpiente parecía ser. 



Por la presilla lo fijó en su cuerpo 

Y poí la argolla se lo dio a su amigo 
Quien se admiraba hallar un enemigo 
En el bermano que le diera Dios; 
Pero impulsado por feroz orgullo, 
Asió del lazo en la siniestra mano, 

Y a gran galope atravesando el llano, 
Tirante el lazo entre los dos quedó. 



Cual hosco toro que en lazada envuelto 
Se niega altivo a obedecer la fuerza, 

Y rebramando con furor se esfuerza, 

Y aspa y pezuña quiere allí clavar. 
Tal Pedro Obando con poder resiste 
Al férreo brazo de que está pendiente, 
Mientras el lazo entre los dos, cinijiente, 
Se ve como una víbora oscilar. 



Silencio pavoroso en torno reina: 
Enmudece el frenético alarido, 
Y sólo se oye el fúnebre crtijido 
Del lazo palpitante entre los dos ; 
Mas de repente resonó un gemido 
Dos espirales al formar el lazo, 



144 



RIMAS 



Y cada cual llevando su pedazo, 
Envuelto en él, al polvo descendió. 



(i) 



1839. 



(1) Para la mejor inteligencia de este cuadro, véase la nota 
correspondiente al final de la obra. 



I 



1 



IV 



EL CABALLO DEL GAUCHO 



Mi caballo era mi Tida. 
Mi bien, mi ilnico tesora. 
Juan M. Gutiérrez , 



Mi caballo era ligero 
Como la luz del lucero 
Que corre al amanecer; 
Cuando al galope partía 
Al instante se veía 
En los espacios perder. 

Sus ojos eran estrellas, 
Sus patas unas centellas, 
Que daban chispas y luz : 
Cuanto lejos divisaba 
En su carrera alcanzaba, 
Fuese tigre o avestruz. 



146 RIMAS 

Cuando tendía mi brazo 
Para revolear el lazo 
Sobre algún toro feroz, 
Si el toro nos embestía, 
Al fiero animal tendía 
De una pechada veloz. 

En la guardia de frontera 
Paraba oreja agorera 
Del indio al sordo tropel, 

Y con relincho sonoro 
Daba el alerta mi moro 
Como centinela fiel. 

En medio de la pelea, 
Donde el coraje campea, 
Se lanzaba con ardor; 

Y su estridente bufido 
Cual del clarín el sonido 
Daba al jinete valor. 

A mi lado ha envejecido, 

Y hoy está cual yo rendido 
Por la fatiga y la edad ; 

Pero es mi sombra en verano, 

Y mi brújula en el llano, 
Mi amigo en la soledad. 

Ya no vamos de carrera 
Por la extendida pradera, 



AEMONÍAS DE LA PAMPA 147 



Pues somos viejos los dos. 
¡ Oh mi moro, el cielo quiera 
Acabemos la carrera 
Muriendo juntos los dos ! 



\ 



4 



LA EEVOLUCION DEL SUB 



A BUENOS AIRES 

' ' El cuello atado a la servil cadena 

' ' Del tirano postrándose a los pies, 

" Buenos Aires esclava y miserable 

" Ya no es el pueblo de ochocientos diez. 

¡Oh Patria! así decían, y entretanto 
Tú oías esas voces con desdén, 
Esperando mostrar con grandes hechos 
Que eras el pueblo de ochocientos diez. 

La vista al suelo con dolor bajabas, 
Pero en tu corazón había fe, 
Y ardiente por tus venas aun corría 
La sangre pura de ochocientos diez, 



150 RIMAS 

Y de repente, cual gigante inmenso 
A quien dormido ataran al cordel, 
Despertaste rompiendo tus cadenas 
Como en el día de ochocientos diez. 

" ¿Quién alza el grito?", preguntó el tirano, 

Y trueno sordo retumbó a sus pies, 

Y la corneta contestó en la pampa : 

" ¡Yo soy el pueblo de ochocientos diez! " 

Fuiste vencida, cara patria mía, 
Tus legiones sufrieron un revés, 
Pero nadie dirá que no caíste 
Como los héroes de ochocientos diez. 

En sus lanzas filosas levantaron 
Los sicarios del déspota cruel. 
Del inmortal Castelli la cabeza, 
Del hijo noble de ochocientos diez. 

De la sangre del mártir de la Patria 
De cada gota un héroe ha de nacer, 
Sangre fecunda, como fué fecunda 
La de los muertos de ochocientos diez. 

Tus nobles hijos, al mirar su busto, 
Del polvo alzaron la humillada sien, 

Y levantaron con robustos hombros 
El ara santa de ochocientos diez. 



4 



AKMONÍAS DE LA PAMPA 151 

" ¡Venganza al pueblo!", prorrumpieron todc?, 

' ' ¡ Palmas al mártir que murió con fe ! 

' ' i Gloria al que caiga en medio del combate ! 

" Gloria a los hijos de ochocientos diez! " 

Se vio agitar del mártir la cabeza, 

Y su ojo frío se volvió a encender, 

Y desatado el labio a la palabra, 

Clamó: " ¡Sois hijos de ochocientos diez! " 



n 



EL ALZAMIENTO 



En la llanura de la inmensa pampa, 

Do de América el genio, firme estampa 

Su huella colosal ; 
Do el Pampero con alas de gigante 
La nube arrastra y la ola que espumante 

Alza la tempestad, 

Levanta erguida el gaucho su cabeza. 
Con el sello de agreste gentileza 

Y de genial virtud. 
Cuya negra melena al aire flota. 
En la tostada frente a la que azota 

el ábrego del sud. 



159 BIMAS 

¡ El gaucho ! noble tipo americano, 
Que desdeña doblar ante un tirano 

Su indómita cerviz, 
Que despreciando halagos femeniles. 
Conserva los alientos juveniles 

De una raza viril. 

Entregado en su estancia al pastoreo, 
No escucha el importuno clamoreo 

Que eleva la ciudad, 
Sino cuando la patria acongojada 
Le demanda el apoyo de su espada 

Para su ley guardar. 

Así, cuando la horrenda tiranía 
De Rosas se afirmó, en su agonía 

La Patria le llamó : 
Y al escuchar su voz, se alzó cual rayo 
Del lado del hogar, montó a caballo 

Y la lanza empuñó. 

" ¡A las armas, valientes! ¡Al combate! 
" ¿A quién cobarde el corazón no late 

" Al toque de reunión? 
" ¡A sus puestos, guerreros argentinos! 
" ¡Venid cantando vuestros patrios himnofc 

' ' Al trueno del cañón ! ' ' 

Así dijo Castelli, y mil valientes, 
Al toque del clarín, vuelan ardientes 
La patria a libertar; 



ARMONÍAS DE LA PAMPA 153 

No es Castelli caudillo de alta hazaña: 
Hombre del pueblo, vive en la cabana 
De la mansión rural j 

Pero la hermosa causa que proclama. 
Millares de hombres a su lado llama, 
Que no saben quién es, 
Vuelan a las banderas de la gloria, 

Y en su frente presagios de victoria 

Creeríanse leer. 

Castelli los convoca a la pelea 
Al pie del pabellón que al aire ondea, 
Y que en Mayo nació; 

Y en su serena faz resplandecía 

El entusiasmo santo en que él ardía 

Cuando " ¡Igualdad " gritó. 

De guerreros cubierta la llanura, 

Y la bandera azul cual siempre pura 

Se miró relucir; 

Y a la sombra del símbolo divino 
Pronunció juramento el argentino 

De ser libre o morir. 

Castelli desnudó su fuerte espada, 

Y a los cielos la vista levantada, 

Sereno meditó : 
Cruzó su frente signo misterioso, 

Y a los libertadores dijo ansioso 

Con alta inspiración : 



154 KIMAS 

¡Compatriotas!, se acerca el fausto día, 
De ventura, de paz y de alegría, 

' ' De vivir o morir ; 
Después que revolquemos en la tierra 
Al tirano feroz, no habrá más guerra 

" Y se podrá vivir. 

¡Soldados!, un antiguo veterano 

Que esta bandera sustentó en su mano, 

" Os convoca a la lid. 
i Insensibles seréis a su llamado, 
Y al gemido doliente y prolongado 

" De la Patria infeliz? 

¡Cómo serlo! ¡Ya el bravo miliciano 
Monta a caballo, y con el sable en mano 

" Se apresta a combatir! 
¡Ya el pueblo entero se alza como un hombre 
Invocando de Patria el santo nombre 

" Con eco varonil! 

A las armas, valientes argentinos, 
Venid a decidir vuestros destinos 

" Con grande corazón. 
¡Paisanos, a líis armas! Derroquemos 
Al infame tirano a quien debemos 

Llanto y desolación. 

De lo alto del pirámide sagrado 
¡Libertad! por tres veces ha clamado 
" El arcángel de Dios, 



AEMONÍAS DE LA PAMPA 155 



¡En SU cumbre, después de esta cruzada, 
La bandera argentina laureada 

" Pondremos con honor!" í'> 

¡Viva la Patria! ¡Viva! 
¡ Guerra al tirano ! ¡ Guerra ! 
Por todo el llano y sierra 
Se siente retumbar. 
Tres mil libertadores 
Por la cruz de su espada 
A la Patria adorada 
Juraron libertar. 

Castelli, Kico y Olmos 
Al frente de sus bravos, 
A los torpes esclavos 
Prometen humillar. 

Y en alto los aceros, 
¡Al combate!, gritaron, 

Y al combate volaron 

Al son de himno triunfal. 

¿En su entusiasmo de héroes. 
En sus nobles facciones, 
Conocéis los campeones 
De Salta y de Maipú? 
Son ellos, que atrevidos 
Con grande fe en el alma 
Adornarán con palma 
El estandarte azul; 

(1) Histórico. VéaBe la proclama de Castelli. 



156 KIMAS 

O morirán como héroes 
Legando un alto ejemplo, 
Que brillará en el templo 
De la inmortalidad, 
j Honor para la Patria, 
Si rompen sus cadenas! 
¡ilonor, si de sus venas 
La sangre sólo dan! 

in 

CHASCOMÚS 

Mirad la extensa laguna 
De Chascomús: majestuosa 
Sobre la pampa reposa 
Bajo esa bóveda azul. 
Allí fué que en otros tiempos 
Sobre el indio fugitivo, 
Llegp el español altivo 
Y alzó la gigante cruz. 

¿ Quién, atronando su orilla 
Con acento furibundo, 
Turba el silencio profundo 
Que reina en la soledad? 
Por una parte, un gran pueblo 
Que sus derechos reclama ; 
Por otra, turba que infama 
A Dios y la humanidad. 



ARMONÍAS DE LA PAMPA 167 

Hoy la víctima y verdugo 

Se han mirado frente a frente, 

Y van en batalla ardiente 
A deslindar la cuestión. 

j Oh señor, tú que los orbes 
Sustentas entre tus manos. 
Dispénsale a mis hermanos 
Tu divina protección! 

Toca el clarín a la carga, 

Y cargando a los esclavos. 

Se arroja el pueblo de bravos 
Con alientos de titán. 
¡Viva la Patria! ¡Victoria! 
¡Muera el tirano! clamando, 
Van las legiones segando 
A sable, lanza y pn';al. 

Mas ¡ ay !, sus nobles cabezas 
Se doblan ensangrentadas, 

Y se miran pisoteadas 
Por la mesnada feroz. 

¡Será, gran Dios, que tu diestra 
Mi patria infeliz azota, 

Y que su bandera rota 
Sea alfombra al opresor! 

¡Aun no! Del fuerte Castelli 
En medio de la pelea 
Aun la azul bandera ondea 

Y es un punto de reunión. 



158 



Recorriendo va a galope 
Las legiones desbandadas, 
Gritando: "Tenéis espadas; 
*' ¡Venid, morid con honor! " 

Sereno a su lado marcha 
Crámmer, valiente y experto; 
Pero cayó al suelo muerto, 

Y la pelea cesó. 

Sólo los muertos quedaron 
En la llanura tendidos, 

Y huyeron despavoridos 
El vencido y vencedor. 

Gloria y honor y laureles 
Al que muere batallando, 

Y que sus ojos cerrando 
Aun exclama: '^ Libertad!" 
Gloria eterna a los que alzaron 
La bandera de esperanza, 

Y elevaron en su lanza 
Los dogmas de la Igualdad. 

Nada importa una derrota : 
¡No hay que plegar su bandera! 
¡ El tigre del Plata muera ! 
¡ O ser libres o morir ! 
Argentinos, a caballo, 

Y mil veces más, vencidos. 
Otras mil veces reunidos. 
Volvamos a combatir. 



AEMOÍTÍAS DE LA PAMPA 159 



IV 



CASTELLI 



Por los llanos inmensos de la pampa 
Vaga Castelli triste y silencioso, 
Y en su semblante pálido y ansioso 
Está grabado el sello del dolor; 
Fiel adalid de un pueblo generoso 
Cayó con él en medio del combate, 
Mas la derrota que al cobarde abate 
No ha destemplado el varonil valor. 



Extiende en torno suyo la mirada, 

Y en la patria cautiva piensa el bravo ; 
No ve sino al tirano y al esclavo, 

Al verdugo y la víctima infeliz. 
A espectáculo tal cae de rodillas 
Con la vista clavada al firmamento, 

Y prorrumpiendo en dolorido acento : 
** ¡Oh Patria mía, mísera de tí!" 

Oyese entonces en el vecino bosque 
El rumor de las armas estridente, 

Y apretando la espada fuertemente, 
Con ademán resuelto se erguió ; 



160 KIMAS 

Y vio venir a él, husmeando sangre, 
Los feroces lebreles del tirano, 

Como a la hambrienta jauría que en el llano 
A su víctima acosa con furor. 

" ¡Muere, salvaje! ", rugen los bandidos, 
y él les responde: — " Moriré peleando; 
** Si no triunfé en el campo batallando, 
" Con mi muerte, de todos triunfaré. " 

Y a Dios encomendando su alma fuerte, 
Traba con todos angustiosa lucha, 

Y circundado, con tesón relucha, 

Y repite: — " Peleando moriré. " 

Al suelo cayó al fin hecho pedazos 
Sin desmayar su espíritu valiente, 

Y dio a la patria con valor consciente 
Cuanto podía como mártir dar. 

Y los feroces tigres carniceros 
El cadáver caliente degollaron, 

Y con impía planta profanaron 
Los despojos del héroe popular. 

Y su busto sangriento y palpitante 
Pusieron por escarnio en la picota ; 

Y su sangre que cae gota por gota 
Marcando está las horas del dolor. 
El pueblo le contempla con asombro 

Y de su labio cárdeno y helado 
Parece que esperase atribulado 

El grito de Es'peranza y Redención. 



ARMONÍAS DE LA PAMPA 161 



Clavada está en un palo su cabeza 
Cual señal que concita a la venganza, 
Como faro que alienta la esperanza 
Para un tiempo de paz y libertad; 
Que si hoy como trofeo al despotismo 
Se mira torpemente escarnecida, 
Un día llegará en que bendecida 
La circunde aureola celestial. 

Héroe del Sud, tus pálidas cenizas 
Por la pampa se encuentran dispersadas, 
Pero de todo un pueblo veneradas 
Tienen sepulcro en cada corazón ; 
En la inmortal memoria de tu pueblo 
Que nunca el heroísmo ha renegado, 
Tu nombre como en bronce está grabada 
Tiene tu noble espíritu mansión. 



V 
LOS EMIGRADOS 

Los rotos escuadrones 
Salvados del cuchillo, 
Buscando otro caudillo 
Volviéronse a reunir; 
Y en el Tuyú cercados, 
Con varonil fiereza 
Juraron con firmeza 
Libertad o morir. 



Ii2 KIMAS 



El vencedor soberbio 
Cubierto de humor rojo, 
En su brutal enojo 
Esto llPíTÓ a decir : 
" Rendiréis vuestras armas 
*' Y seréis mis esclavos. " 
Y responden los bravos: 
** ¡Libertad o morir! " 

Olmos y Rico dicen 
A sus fieles guerreros: 
*' Valientes compañeros, 
** Ya vamos a partir; 
" El fuego de la Patria 
*' En el alma llevemos 
*' Y por ella juremos 
** Libertad o morir. 

** Para salvar las armas, 
*' Dejamos este suelo; 
" Buscando con anhelo 
" Campo en que combatir: 
" Y sea nuestro grito 
" Al dejar esta playa, 
" Y al entrar en batalla, 
* * ¡ Libertad o morir ! ' ' 

** ¡Busquemos otro campo! 
Mil voces contestaron... 
¿Pensáis que derramaron 
Un llanto femenil? 



ARMONÍAS DE LA PAMPA 163 

En mísero abandono 
Sus hogares dejaban, 

Y tan sólo exclamaban : 
*' ¡ Libertad o morir ! " 

Antes que como infames 
Doblegar la cabeza, 
Supieron con firmeza 
Sus cabezas erguir: 

Y dejaron la Patria 

Y a las naves subieron, 

Y otra vez repitieron : 

" ¡ Libertad o morir ! '* 

" Adiós, patria, " decían, 
" Para tí viviremos, 
" Y por tí moriremos 
" En la porfiada lid ; 
" Que si tus caras playas 
" Piemos abandonado, 
" Es porque hemos jurado 
" Libertad o morir, " 



164 BIMAS 



EPILOGO 

Por las llanuras del Sud 
Yacen do quier esparcidas 
Las semillas bendecidas 
Del árbol de libertad. 
Con la sangre del martirio 
Ha sido ese árbol regado : 
Si sus ramas han cortado, 
El tronco intacto quedó. 

Cuando en los campos del Sud 
Clave su pendón la gloria, 

Y el arcángel de victoria 
Bata su palma inmortal, 
Con potente lozanía 
Brotarán esos raigones, 

Y gigantes dimensiones 
El árbol adquirirá. 



LIBRO TERCERO 



POESÍAS DIVERSAS 



LIBRO TERCERO 



POESÍAS DIVERSAS 



EL VALS 



Le valz bondit dans son sphérique empire. 
Alfred de Tigny. 



Del valse los acordes 
Cual aves voladoras, 
Batiendo alas sonoras, 
El aire hace vibrar ; 
Y a sus alegres notas 
Los grupos se estremecen 
Como los vientos mecen 
Las ñores de un rosal. 

15 



168 BIMAS 

Ya la armonía 
Con freno de oro, 
Gobierna el coro 
Puesta de pie: 
Su alada planta 
Traza ligera 
Mágica esfera 
Que nadie ve. 



Unamos 
El brazo 
Con lazo 
Tenaz, 
Con doble 
Latido 
Sentido 
A compás, 

Y en rápidos 
Giros, 
i Suspiros 
De amor, 
La brisa 
Se lleve 
Con leve 
Rumor ! 



I 



POESÍAS DIVERSAS 169 

Ya cruzan las parejas 

Y alegres se suceden, 

Y todos se preceden 

Y giran sin cesar, 
Como se balancean 
Las matinales brumas, 
O candidas espumas 
Del agitado mar. 



¡ Oh vals, trasunto 
De la armonía ! 
Tú de alegría 
Sabes colmar 
El alma triste 
De los dolientes 
Que en tus corrientes 
Miras flotar. 

Tú eres la imagen de nuestra vida, 
Cuando con giros precipitados 
Por tus cadenas aprisionados 
A tus cautivos miras correr. 

Así del hombre giran las horas 
Encadenadas por el destino, 
Y en torno suyo cual torbellino 
Pasan... ¡más nunca se ven volver! 



170 KIMAS 

Cada giío presenta un aspecto 
Como faro que brilla y se eclipsa : 
Ya es un rostro con grata sonrisa, 
Ya una frente que anubla el dolor. 

Así el hombre mezclado a la danza 
De las horas con paso diverso 
Ve un aspecto propicio o adverso, 
Que entristece o que llena de amor. 



¡Mas veo que mi alma su vuelo levanta! 
Reclina en mis hombros tu candida sien. 
Que el círculo breve que ocupe tu planta 
Será mi universo, mi mágico Edén. 

¡Yo quiero cautivo vivir en tus brazos, 
Yo quiero a tu ritmo mi paso arreglar, 
Y unido a tu vida con mágicos lazos 
Mirando tu rostro por siempre valsar! 

1841. 



I 



II 

DESESPERACIÓN 

(CANCIÓN ARREGLADA A MÚSICA) 

Todos se alejan de mí 
Como de un hombre maldito, 
Que lleva en su frente escrito 
Signo de reprobación. 

¡ Corazón ! 
Triste estás y solitario, 
Como vaso funerario 
En túmulo de expiación. 

¡Oh mundo!, a la playa estéril 
Me lanzaste de tu seno, 
Cual deposita en el cieno 
Su hirviente espuma la mar; 



172 EIMAS 

Y al trazar 

Mi oscuro nombre en la arena, 
Tu planta allí me condena 
A ver mi nombre borrar. 

Peregrino en tus hogares 
Viviendo en perpetua guerra, 
Llena de espinas la tierra 
Bajo mi planta sentí... 

¡ Ay de mí ! 
A la fuente de la vida 
Por el mundo bendecida 
¡Sólo llanto y sangre di! 

Una llama celestial 
Ardió una vez en mi pecho, 
Velando junto a mi lecho 
Un ángel consolador . . . 

¡Era amor, 
Que los dolores suaviza ! 
¡Mas se convirtió en ceniza 
Aquel sueño encantador! 

Pedí consuelo al saber, 
Y sus ardientes misterios 
Eran horribles cauterios 
A mi atormentada sien ; 

Y al vaivén 
De las olas de la duda 
Mi inteligencia, desnuda 
Quedó de esperanza y bien. 



4 

I 
I 



POESÍAS DIVERSAS 173 

Con la sonrisa en el labio 

Y con la miel en el alma 
Un día tuve de calma 

Al presentir la amistad. 

¡ Falsedad ! 
Sus manos estaban frías, 
Yertas quedaron las mías 

Y volví a la soledad. 

Culto a la patria rendí, 

Y por conquistar un nombre 
Que lustre diese a mi nombre, 
Combatí por su pendón. 

¡ Ilusión ! 
Alcancé lauro bastardo, 

Y una corona de cardo 
Fué todo mi galardón. 

¡ Azoten mi sien tus alas ! 
¡ Que tus cordeles me amarren. 
Que tus uñas me desgarren. 
Sombrío genio del mal ! 

Que un fanal 
Alza otro genio divino, 
¡Alumbrándome el camino 
Que cruza el alma inmortal! 

1838. 



« 



I 



III 

EN LA TUMBA DE UN POETA 

(FRAGMENTOS) 



Poeta, que cual sombra fugitiva 
Cruzaste por el valle mundanal, 
Duerme, mientras un hombre a tu sepulcro 
Llega a entonar un himno funeral. 

¡Leve te sea el polvo! Mis acentos 
No vengan tu reposo a perturbar . . . 
Que ensalzando tu genio y tus virtudes, 
Una lección al pueblo quiero dar. 



176 El MAS 

Que aunque yaces helado en ese lecho, 
Aun vive aquí tu espíritu inmortal, 
Como un perfume que la vida impregna 

Y pasa de una edad hasta otra edad. 

Y la musa que vela en tu sepulcro 
En medio de la triste soledad, 
Aun hace estremecer tu dulce lira, 

Y en cenizas, el fuego hace brotar. 



II 



Como una flor purísima y lozana 
Nacida en estancado cenagal, 
Así vivías tú, genio ignorado. 
En medio de este páramo glacial ; 

Y cual se eleva del pantano infecto 
De su perfume grata suavidad, 
Así tu acento se elevaba puro 

A la mansión de la eternal bondad. 

i Pobre poeta ! Ni un hermano tierno 
Llegó tu mano candida a estrechar, 
Mientras que en tu volcánica cabeza 
Germinaba la idea fraternal: — 
Que debían los hombres agruparse 
Enarbolando símbolo de paz, 

Y ayudándose todos como hermanos 
Conquistar la anhelada libertad. 

Hoy sobre el yerto polvo que te cubre 
Nadie su llanto viene a derramar, 



POESÍAS DIVERSA.S 177 

Porque proscripto por feroz tirano 
Moriste lejos del país natal. . . 

Y al extranjero muerto en el destierro 
Nadie llega su ofrenda a tributar. 

Jamás excelso circundó tu frente 
El lauro hermoso que la patria da, 

Y que en la sien augusta del poeta 
Semeja una aureola celestial. 

La corona de espinas del martirio 
Ensangrentó tu macilenta faz. 
Ignoto y melancólico pasaste 
Para volar al cielo a descansar ; 
Porque el genio es un pobre jornalero 
Que fecunda la tierra con afán, 

Y la hace producir sabrosos frutos 
Que no es dado a sus labios el gustar. 

¿Quién, como tú, sembró, noble poeta, 
Esa semilla fértil y vivaz. 
Que en los hermosos días venideros 
Ha de regenerar la humanidad? 
Republicano de alma incontrastable 
Cantaste a la divina libertad. 
Con una voz intensa y poderosa 
Que agitaría la ola popular, 

Y despertase la alta inteligencia. 

Que al cielo remontara en vuelo audaz, 

¡Mientras tranquilo, el mundo contemplando, 

Como estatua sobre alto pedestal. 

Podías con los ojos del espíritu 

Yer los hombres y días de otra edad ! 



178 KIMAS 

¡Y te arrojó la patria de su seno 
Porque rendiste culto a la verdad! 
No la patria, verdugos que su cuello, 
Oprimieron con planta criminal. 
Errante por el mundo con tu lira 
Fuiste sus infortunios a cantar. 

Ora en las ruinas de la antigua Roma 
Do se asienta la inercia y liviandad, 
Evocando la sombra de los Gracos 
En las tumbas te vieron meditar : 
Que impelida del soplo democrático 
Midió el mundo con paso colosal, 
Pero cayó sin fuerzas cuando airada 
Su escudo le quitó la libertad, 
Que deserta las glorias de los pueblos 
Si la virtud su apoyo no le da. 

Saludaste las playas de la Grecia 

Libre del torpe yugo musulmán ; 

Que un pueblo, si desplega su bandera 

Movido de potente voluntad, 

O muere cual Leónidas en Termopilas, 

O triunfa cual la Grecia en nuestra edad. 

En las montañas de la fresca Helvecia, 
En la voz del torrente y huracán. 
Creíste sentir el silbo de la flecha 
Con que a su patria Tell dio libertad ; 
Que la naturaleza habla a los hombres 
Para los grandes hechos recordar. 



I 



POESÍAS DIV BESAS 179 

Bajo el arco grandioso de la Estrella, 
De estéril gloria monumento audaz, 
Pensaste en los principios fecundantes 
Que al mundo reveló la libertad, 

Y en la palabra que batía en brecha 
Cuatro tablas que alzó la vanidad. 
Desde ellas el coloso de este siglo 
La libertad del hombre quiso ahogar, 
Pero tendiendo su ala abrasadora 
De su labio brotó la tempestad, 

Y lo estrelló en la roca solitaria 

Que es a la vez su túmulo y altar (1). 

En el solar de nuestra madre patria 
Te miraron su historia interrogar: 
Do quier hallar la religión y gloria, 
Sin encontrar jamás la libertad : 
Flor que ostenta del iris los colores 
Sin el perfume que la rosa da. 

Te vieron de Albión en los umbrales 
Esa fábrica altiva contemplar, 
Donde se quema incienso a la justicia 

Y se ensancha la esfera intelectual . . . 
Pero al llegar al interior del templo 

Y doblar la rodilla ante el altar, 
Viste el becerro de oro entronizado 

Y minado en su base el pedestal. 

Que no es cimiento sólido de un pueblo 
La opulencia sin pública moral. 

(1) Esto se escribía en 1838. 



180 KIMAS 

Pero al volver los ojos a tu patria 
Era tu pecho de esperanza un mar, 
Que al través de la niebla de los siglos 
El porvenir quería iluminar. 
La mirabas ceñida con la oliva 
Brindar al mundo el néctar de la paz, 
Derramar el bautismo de la ciencia 

Y de virtud la miel en el hogar, 

Y al ensalzar del hombre los derechos 
Su culto tributar a la verdad. 

Las creaciones fecundas de los genios 
De su frente mirabas irradiar, 

Y veías en zona luminosa 

A la espada civil sobre el altar; 

Mudo el cañón, que en los presentes días 

Al más potente la justicia da, 

Y alumbrando este cuadro de ventura 
De la verdad el fúlgido fanal. 
¡Dulce era entonces el mirar la patria. 
Que era tu canto de la fe raudal, 

Y daba aliento al corazón cobarde 
Para esperar los días que vendrán! 

Tú nunca renegaste la esperanza 

Y a su manto te asiste con afán : 
Ella fué tu constante lazarillo 
En medio de la densa oscuridad, 

Y al seguir tras su huella luminosa 
Decías : — ' ' Yo te veo ¡ oh libertad ! 
" Pija en el horizonte nebuloso 



POESÍAS DIVERSAS 181 

" Como el astro del polo en alta mar: 

" Te veo por el orbe peregrina 

" Vestida con el rústico sayal, 

" Pero el báculo fiel de la esperanza 

■' Me indica que tú A^as a descansar 

" En las hermosas playas de mi patria, 

** Más hermosas el día en que entre palmas 

" Te reciban con cántico triunfal." 

Sí, poeta, algún día nuestra patria 
Los himnos de la unión entonará, 

Y entonces en la plaza y la tribuna 

De un gran pueblo la voz se escuchará, 

Y sus nobles instintos dirigidos 
Nos darán la común felicidad; 
Porque libre, pacífico y virtuoso 
Residirá su fuerza en la moral. 

¡ Esperemos los días venideros : 

El rocío la flor fecundará. 

El sol relucirá tras negra noche, 

Y el cielo nos dará la libertad! 

Un himno fué tu vida, que la muerte 
Hizo en tus dulces labios expirar. 
Como expira el sonido de una cuerda 
Que la tensión obliga a reventar. 
Moriste, y en tu lecho de agonía 
Perdió la patria, en su temprana edad. 
Un lauro que adornara su cabeza 
En los fecundos días de la paz; 



182 EIMAS 

Perdió el pueblo la luz que lo guiaría 
En medio de la densa oscuridad, 

Y lo llevase al linde del camino 
Que un destino feliz marcando está. 

Mas el mundo, poeta, no veía 
De tu genio la excelsa potestad. 
Como luz encerrada en vaso opaco 
Que llena el interior de claridad, 
Sin que perciba el ojo indiferente 
La misteriosa lumbre que allí está. 
Así resplandecía tu alma pura 
Bajo el opaco cráneo del mortal. 

Y por eso tu estatua no erigieron, 
De pie, sobre marmóreo pedestal, 
Ni entonaron el himno funerario 
Los poetas en coro universal... 

¡ Mas qué importan las pompas de la tierra 
Que no mira en su necia vanidad, 
Que mientras honra la corteza fría 
El alma noble vuela a lo inmortal ! 

En tu fosa los hombres colocaron 
Pobre inscripción en tabla sepulcral : — 
"Aquí yacen los restos..." más abajo: — 
' ' ¡ Que murió de veinte años a la edad ! ' ' 
¡Veinte años! Cuando el pie aun vacilante 
Ponías de la vida en el umbral, 
Cuando para tomar aliento nuevo. 
Te sentaste un momento a reposar. , . 

Y reposaste en ese frío lecho 

En que se acuesta el mísero mortal, 



POESÍAS DIVERSAS 183 

Con la cabeza de la fe en la almohada 
Y en brazos de la inmensa eternidad. 

¡Oh tú, que en esa mente generosa 
Abrigaste una utopia celestial, 
Antes que ver los infortunios nuestros, 
En tu lecho de tierra duerme en paz! 



m 



Era una chispa de la luz divina 
Que en una noche descendió del cielo 
Para alumbrar tu mente peregrina, 
Y que, al brillar la estrella matutina, 
Se oscureció en el suelo. 

Era una nota del celeste coro 
En los espacios del amor perdida. 
Que al encontrar tu corazón sonoro 
Le hizo vibrar, como a la urna de oro 
Por el acero herida. 

Era una gota de divina esencia 
Por un ángel en tu alma destilada. 
Emanación de la alta inteligencia, 
Que al impregnar tu rígida conciencia 
Dejóla perfumada. 

Se oscureció la luz pura y radiante, 
Se apagó la suavísima armonía, 



184 BIMAS 

Se evaporó el perfume penetrante . . 
Todo se encierra tibio y palpitante 
En esa tumba fría. 

rv 

Descansa en tu fría almohada, 
Con la frente coronada 

De laurel ; 
y no te importe que el hombre 
No haya grabado tu nombre 

Con cincel. 

Porque un dorado letrero 
Se compra por el dinero 

Con baldón; 
Mas no se compra la gloria, 
Ni en el templo de la historia 

La mansión. , 

Tú has dejado tus canciones 
Que a nuevas generaciones 

Pasarán, 
Y que ante el genio postrados 
Nuestros hijos extasiados 

Leerán . 

Tus páginas inspiradas 
Veránse un día alumbradas 
Con fulgor, 



POESÍAS DIVERSAS 18& 



Sin que se estrellen tus ecos 
En cráneos y pechos huecos 
Sin amor. 



Con mi simpático lloro 
Quiero esta tumba regar, 
Poeta que tanto adoro, 
Sin que el dulce sueño de oro 
Venga mi eco a perturbar. 

La muerte es sueño profundo, 
Descanso del viajador: 
Cuando yace moribundo, 
Se adormece en este mundo. 
Despierta en otro mejor. 

En el albor de la vida 
Es muy hermoso vivir, 
Porque su senda florida 
Nos da la imagen querida 
Del puerto a que hemos de ir. 

Pero esas horas benditas 
Pasan con velocidad, 
Y envueltas en negras cuitas 
Nos quedan rosas marchitas 
Que arrastra la tempestad. 



186 EIMAS 

Y con su manto de hielo 
La eternidad nos envuelve, 

Y en ancho mar de consuelo 
Se esparce el ardiente anhelo 
Que la existencia revuelve. 

VI 

Como antes de la victoria 
Suele caer el guerrero, 
Tú caíste, jornalero. 
Sin concluir tu misión j 

Y como el soldado fiel 
Sobre sus armas expira, 
Caíste sobre tu lira 
Con noble resignación. 

Pero tu nombre no ha muerto : 
El vivirá en la memoria, 

Y será grande la gloria 
Del poeta popular; 

Que en el corazón del pueblo, 
Cuando algún poeta gime. 
Su canto noble y sublime 
Siempre se oye resonar. 

Y sus ecos se difunden, 

Y se escuchan con encanto, 
Llenando al pueblo de espanto 
O haciéndole conmover: 



POESÍAS DIVERSAS 187 



Que el vate en su inspiración 
Nuestros sentidos sujeta, 

Y con su brazo de atleta 
Postra y alza nuestro ser. 

Cual vorágine furiosa 
Todo arrastra en su carrera, 
Cual las pajas de la era 
Que arrebata el huracán; 

Y del genio poseído, 
Ríe, llora, nos encanta, 

Y atrevido nos levanta 
En sus hombros de titán. 

Tus cantos serán oídos 
En el pueblo Americano, 
Como el nombre de Belgrano, 
De Bolívar, San Martín, 
Como se oyó en otros días 
La corneta atronadora, 

Y la armonía sonora 
De Chacabuco y Junín. 



VII 

Ayer el almendro cargado de flores 
Estaba, más vino furioso huracán, 
Y hoy roto y marchito, sin flores, sin hojas, 
Se ofrece a los rayos del gran luminar. 



188 EI3IA8 

Ayer a mi patria miré que gozaba 

Los bienes preciosos de paz e igualdad, 

Y hoy veo que esclava, y en sangre revuelta, 
Se ofrece a los rayos del gran luminar. 

Ayer un tirano con saña decía : — 

**¡Yo soy el que manda, y esclavos serán!" 

Y hoy roto en pedazos su trono sangriento 
Se ofrece a los rayos del gran luminar. 

Ayer un poeta cantaba inspirado, 
Más vino la muerte con soplo letal, 

Y hoy hueco y helado su cráneo potente 
Se ofrece a los rayos del gran luminar. 

VIII 

En este lecho de silvestre grama 
No te vendrá a turbar ningún mortal, 
Ni el eco torpe que al tirano aclama, 
Ni el rumor de la orgía mundanal. 

¡Nunca te turbe el grito del hermano 
Qae cae herido del furor tenaz, 
Y que al posar sobre esta cruz mi mano. 
Puedas, poeta, descansar en paz! 



1838. 



4 



IV 



PLEGARIA 



PARA ADORMECER A UNA SONÁMBULA 



Espíritu invisible, que enajenas 

Las potencias del alma, y con cadenas 

Atas la voluntad: 
Tú que gobiernas la imantada barra 
Cuando preñada nube se desgarra: 
Ven a ensayar aquí tu potestad. 



II 



Y tú, mujer, bañada en mi creencia, 
Recibe en tu alma su impalpable esencia 
Cual vaso de elección: 



190 BIMAS 

Sé tú de la verdad sacerdotisa, 

Y ciñe como nueva pitonisa 

La aureola que da la inspiración. 



in 



Duerme, mas no por siempre inanimado, 
El sueño por mis manos derramado, 

Ángel de castidad; 
Como la flor que en noches del estío 
Se adormece con gotas de rocío, 
Y se despierta en plena claridad. 



IV 



Reclínate en el ala misteriosa 

Del imantado sueño, niña hermosa, 

Para soñar de amor; 
Que la mujer que sueña es como el ave, 
Que oculta su cabeza en ala suave, 
Blanca como los velos del pudor. 



Permite que a tus ojos ponga venda, 
Y que en el fondo de tu mente encienda 
La antorcha de la fe, 



POESÍAS DIVERSAS 191 

Para que pueda ver tu inteligencia 
Los mundos que se ocultan a la ciencia, 
Y lo que el hombre al despertar no ve. 



VI 



Tu cuerpo cercaré de espesas nieblas, 
Para que arda tu mente en las tinieblas 

Cual místico fanal, 
Y se extiendan las alas de tu alma, 
Para volar a la región de calma 
Donde se olvida el mundo terrenal. 



VII 

Vuela a ese mundo do el error no existe, 
Do la verdad magnética se viste 
Con casta desnudez : 

Y cuando el manto de la fe te cubra, 
Dinos lo que tu vista allá descubra, 

Y desde lo alto de ese mundo ves. 



vin 

Duerme en un lecho de flotantes nubes 
Para ir a despertar entre querubes 
En la región de luz, 



192 EIMAS 

Cual ave peregrina que se ausenta 
Donde la noche el negro trono asienta 
Para buscar regiones sin capuz. 



IX 



Duerme, de ignotas flores coronada, 
Entre el aura por Dios magnetizada, 

Cual ángel infantil. 
Para entreabrir tu vista adormecida 
Al soplo embalsamado de la vida, 
Que refresque tu cuerpo juvenil. 



Más allá de ese sueño hay otra vida, 
Que como flor a todos escondida 

Te da su emanación: 
Nueva tierra de América ignorada, 
Que en alas de la brisa perfumada 
Anuncia su existencia a otro Colón. 



I 



UNA LAGRIMA DE AMOE 

(CANCIÓN ARREGLADA A MÚSICA) 



Cuando sus alas opacas 
Tiende la noche sombría, 

Y vaga melancolía 

Nos circunda en derredor, 
Yo me siento consolado 
Al contemplar tu belleza, 

Y disipa mi tristeza 
Una lágrima de amor. 

"Como una fúlgida estrella 
En la bóveda del cielo 
Llena el alma de consuelo 

Y de amor el corazón, 



194 BIMA6 

Así en medio de la noche 
Admiro tus bellos ojos, 

Y disipa mis enojos 
Una lágrima de amor. 

"Esos ojos, que derraman 
Amores y poesía, 
Encantan el alma mía 

Y la colman de dulzor. 
De esos astros de mi cielo 
Sobre mi frente marchita 
Caiga una gota bendita, 
Una lágrima de amor'". 

De su guitarra al compás 
Esto un poeta cantaba, 

Y bajo un balcón estaba 
Del objeto de su ardor. 
Caer sintió sobre su frente 
Una gota suave y pura, 
Una gota de ternura. 
Una lágrima de amor. 



VI 



A LA BIUERTE DE ADOLFO BEREO 

POETA ORIENTAL 



That Uve to weep, and sing their fall 
Grey, oda X. 



Yertos están sus labios generosos, 
Sellados por la muerte y la quietud; 
Mudos están sus ecos dolorosos: 
Mudo también su armónico laúd. 

Mustios están los ojos que abatía 
Al contemplar un libro amarillento, 
Buscando en él como en la fuente fría 
Saciar su sed el viajador sediento. 



196 BIMAS 

Marchita está su frente luminosa 
Sellada por el genio del dolor, 
Pero aun brilla la chispa misteriosa 
Que estampó con su dedo el Hacedor. 



Llorad, llorad en tomo de la fosa 
Del bardo fiel que su misión llenó, 

Y que a las plantas de su Patria hermosa 
Sus balsámicos versos derramó. 

Llore también el mísero mendigo, 

Y el desvalido en miserable lecho; 
Cayó sin vida el que con voz de amigo 
Defendiera su pan y su derecho. 

Llorad, llorad, poetas orientales, 
Al que cantó las penas del Esclavo, 
Al que en la Cruz, con versos celestiales. 
Con blanda mano le limó su clavo. 



Pasajero en el valle de la vida 
Clavó su tienda en medio del desierto, 
Y en busca de una linfa apetecida 
Cruzó animoso el arenal incierto. 



POESÍAS DIVBBSAS 197 

Y al percibir en su cabeza ardiente 
Del genio de la muerte helada brisa, 
En su rostro de luz resplandeciente 
Brilló inefable y plácida sonrisa. 

Y era porque su mente se adormía 
Sobre la almohada de la eterna fe, 

Y era que el desterrado sonreía 

Al estampar sobre su patria el pie. 

Y al apagarse en su fulgor naciente 
La purísima aurora de su edad 
Brilló sobre su tumba, refulgente, 
La aurora de la inmensa eternidad. 



Envuelto por el humo del combate 
Su canto fué de paz y bendición, 
Y de la lucha entre el feral embate 
Puro permaneció su corazón. 

El genio le ciñó con sus espinas, 
Su herencia fué una lágrima de hiél, 
Pero de sus creaciones peregrinas. 
Brotan torrentes de armonía y miel. 



198 EIMAS 

Descendió como un mártir a la arena, 
Atleta de la Paz y la Igualdad: 
Destrozando del hombre la cadena, 
Dio consuelo a la triste humanidad. 

Con el último soplo de su vida, 
De la verdad la antorcha reanimó, 
Y al caer al abismo de la muerte, 
Encendida a su boi'de la dejó. 



VII 
AL VIOLINISTA CAMILO SIVOEI 

(IMPROVISADO DESPUÉS DE UN CONCIERTO) 



Mudos todos de asombro en tu presencia 
Cuando vibraba el arco palpitante, 
Con eco penetrante 
Sienten la cuerda armónica cantar. 

Un acorde del alma estremecida 
Acompañó tus blandas armonías, 
Y en dobles simpatías 
Juntos vibraron el arco y corazón. 



17 



200 BIMAS 

Al eco misterioso de los bosques 
Uniste el trino puro de las aves^ 

Y en oleadas suaves 

Brotó tu inspiración como raudal. 

El genio de celestes melodías 

Tu frente acarició con alas de oro. 

Y en tu violín sonoro 

De Paganini el alma suspiró. 

El pueblo, que en silencio te escuchaba, 
Ante tu genio doblegó la frente, 

Y escuchó reverente 

De tu arco la genial revelación: 

Que si al pisar la corte de los Reyes. 
Una joven te dio de sus coronas, 
De América en las zonas 
Al pueblo soberano diste ley. 



1850. 



í 



VIII 



ADIÓS POR SIEMPBE! 



Dulce y triste al errante peregrino 
Es hallar a lo largo del camino 
Una floí que lo colma de embriaguez; 

Y continuar la marcha fatigosa 
Dejando tras de sí la flor hermosa 
Que no verá en sus días otra vez. 

Así al cruzar el valle de la vida 
Te miré y admiré, flor bendecida, 
Caída de la corona de mi Dios, 

Y sería feliz al contemplarte 

Si no tuviese pronto que dejarte 

Y decirte por siempre: ¡Adiós! ¡Adiós I 



202 EIMAS 



II 



Mas si el dejarte es triste y doloroso, 
Recordarte será muy deleitoso 
Si una dulce memoria he de llevar; 
Porque el recuerdo es la perenne esencia 
Que perfuma del hombre la existencia 

Y en el tiempo pasado hace gozar. 

Y por eso en la copa de amargura 
Que en este trance el seco labio apura, 
Encuentro algunas gotas de dulzor, 

E inclinando ante tí la frente mustia 
Comprendo que aun en medio de la angustia 
Hay consuelo en decirte: ¡Adiós ¡Adiós! 



III 



Como árbol que dio sombra en el desierto, 
Cual la estrella guiadora en viaje incierto, 
Como las hor'as de la verde edad, 
Como agua clara al viajador sediento. 
Cual pan sabroso para el labio hambriento. 
Así recordaré yo tu beldad. 

Como la lumbre en noches del inAdemo, 
Como el recuerdo de un afecto tierno, 
Como el acento de la amada voz. 



POESÍAS DIVEESAS 203 



Así, tú serás grata a la memoria 

Del que al darte una ofrenda transitoria, 

Te dice entristecido: ¡Adiós! ¡Adiós! 



TV 



Las personas que ^ñven siempre unidas 
Suelen a veces contemplar caídas 
Las hojas del amor y del placer; 
Hojas que de la espléndida guirnalda, 
Bajan de la belleza hasta la falda, 
Y el \dento del dolor viene a barrer. 

Pero no lloran su ilusión perdida 
Los que se van en medio de la vida 
Para en<3ontrarse en ]>razos de su Dios, 
Poi^que siempre se miran en la mente 
Como cuando exclamaron tristemente, 
Al dejarse por siempre: ¡Adiós! ¡Adiós! 



Sólo puede dejarte mi cariño 
Esta guirnalda que a tu frente ciño 
Adornada con flores de amistad; 
Flores del alma que brotaron bellas 
Al calor de esos ojos que destellas 
Iluminando el alma en su mirar. 



204 KIMAS 

¡Adiós! ¡Adiós! No quede yo perdido 
Entre la negra noche del olvido, 

Y que el recuerdo sea de los dos; 

Y cristaliza en tu alma aquesta gota 
Que tibia y pura de mis ojos brota, 

Al díícirte por siempre: ¡Adiós! ¡Adiós! 

1848. 



1 



IX 
¡COMO TU! 

(ESCRITO A ORILLAS DEL QUEGÜAY) 



Es el Queguay (1) un río trasparentt 
Cual urna de purísimo cristal, 
Cuyo fondo se ve pui'o y tranquilo 
Como el fondo de tu alma angelical. 

Quieta es la superficie de sus aguas 
Que el viento riza con rumor fugaz 
Como cuando dibuja la sonrisa 
Su leve trazo en tu serena faz. 

(1) Hermoso río de la Banda Oriental, que corre sobre un 
lecho de piedra y cuyas aguas son de rara trasparencia. 



206 RIMAS 

Eu el lecho pedrovso do descansa, 
Se des'lizan sns aguas con quietud, 
Como tus horas corren no sentidas 
Por el sendero fiel de la virtud. 

Los ubajáis (1) ocultan en sus ramas 
Pájaros bellos, raros en matiz, 
Como tu mente abriga mil ideas 
Que hace brotar la inspiración feliz. 

Del Uruguay (2) dos gigantescos brazos 
Oprimen su cintura en derredor, 
Como tu talle esbelto y delicado 
Circuye en tomo el brazo del amor. 

Esconde la ribera entre sus guijas 
Las perlas con el nácar y el coral (3), 
Como atesora tu alma rica y bella 
De angélicas virtudes un caudal. 



La brisa de la noche entre sus hojas 
Hace brotar perfumes del vergel, 
Cual brotan de tus labios perfumados 
Dulces palabras con sabor de miel. 



(1) Árbol giganteí-oo que crece a la margen del río j en el 
cual las aves del bosque hacen eu nido. 

(2) Los maEníficos bosques de este río se extienden por ambas 
márgenes del Queguay, que derrama en él sus aguas. 

(3) Toda la ribera está sembrada de piedras preciosas, espe 
cialmerte de ágatas de mérito, que pueden tomarse a puñados. 



POESÍAS DIVEESAS 207 

La selva umbría que lo guarda en tomo 
Impide ver sus ondas de cristal, 
Cual del pudor el velo misterioso 
Sombrea tu semblante sin igual. 

La blanca aurora rompe el denso velo 
Que sobre sus espaldas se ve ondear, 
Cual tú, graciosa, al despertar apartas 
El pelo de oro que robó tu faz. 

En sus ondas azules se reflejan 
Del cielo la bonanza y tempestad, 
Cual tus ojos azules reproducen 
De otros ojos la sombra y claridad. 

Sus linfas puras entre fango nacen, 
Pero en su lecho corren cristalinas, 
Cual tú, nacida de la tierra impura, 
Sobre su lodo pura te encaminas. 



1841. 



X 



DESPEDIDA 



Adiós, mujer nacida para inspirar amores, 
Nacida como nacen en el jardín las flores 
Para esparcir en torno su aroma y su color. 
¡Adiós! palabra triste que brota de mis labios, 
Y borra, si es que ha habido, recíprocos agravios. 
Guardando las memorias de inextinguible amor. 

i Adiós !, mas no por siempre ; si un mundo hay más hermoso. 

Cuando tu vuelo tiendas al cielo esplendoroso. 

Volverte a ver espero tan bella como aquí ; 

Pero si en el inmenso, divino paraíso 

No te encontrara acaso, mi celestial hechizo, 

Los celestiales goces tristes serán sin tí. 



210 RIMAS 

TÚ has sido mensajera de incógnito destino, 
A quien pusiera el cielo delante mi camino 
Para llenar las horas del incesante afán. 
Desde el fatal momento que pude contemplarte, 
Mi corazón ardiente tan sólo supo amarte, 
Como en la vida se ama, sólo una vez, no más. 

-Adiós, sueño querido, que me halagó un instante 
Cuando soñé despierto que un corazón amante 
Vibraba a })ar del mío su armónico compás. 
Acaso fué el encuentro feliz de dos auroras 
O conjunción fatídica de dos errantes horas 
Que como dos palomas volaron a la par. 

Adiós, adiós por siempre, fugaces fantasías, 
Que al corazón tranquilo y en más serenos días. 
Brindaron halagüeñas dichoso porvenir; 
Pasad, engañadoras visiones peregrinas; 
En vez de frescas rosas, tan sólo piso espinas, 
y el sol de la esperanza no veo ya lucir. 

¡Adiós!. . . mas no es posible dar un adiós eterno 
A tu imborrable imagen y a tu recuerdo tierno 
Que mi inmortal memoria no olvidará jamás. 
Delante de mis ojos siempre estarás presente, 

Y en mi alma y en mi pecho y en mi abrasada mente 
Tu imagen deliciosa se grabará tenaz. 

Yo sentiré en la brisa tu perfumado aliento. 
Tu voz consoladora traerá a mi oído el viento, 

Y te veré en las nubes flotar como visión. 



I 



I 



POESÍAS DIVERSAS '211 

Yo sentiré tus pasos en medio a las tinieblas, 
Y al ver cubrirse el aire de trasparentes nieblas, 
Tus blancas vestiduras veré yo en mi ilusión. 



Hoy, impregnada mi alma de tu divina esencia, 

Comprendo que ligado mi amor a tu existencia, 

Mi porvenir entero se cifraría en tí; 

Porque al mirar tu rostro tan lleno de promesas, 

Los días que pasaron son pálidas pavesas 

De la celeste llama que siento arder en mí. 



Pienso que tú serías la refulgente estrella 

Que iluminases pura la fatigosa huella 

Que el hombre en este mundo tiene que atravesar. 

Sueño que tú serías el numen de mi vida, 

Y la sonora cuerda del alma estremecida 

Que haría en los espacios tu nombre resonar. 

Entonces por tus gracias celestes inspirado. 
De inspiración intensa me viera coronado 
Para arrojar coronas de glorias a tus pies. . . 
¡Qué digo de coronas de gloria en mi delirio K 
Yo siento la corona del perennal martirio 
Clavando sus espinas en mi marchita sien. 

j Adiós ! y adiós por siempre ¡ sueños encantadores ! 

Dejad en mis oídos de susurrar amores, 

Que aunque soñar es dulce, muy triste es despertar. 



212 EIMAS 

)Y vuelen esos sueños, cual flores misteriosas, 
Hasta la blanda almohada donde tu sien reposas. 
Para poder, dormida, con la ilusión soñar! 



1847. 



XI 

TU ESTRELLA 

(canción arbeglada a músic-*^ 



En medio de la noche 
Al contemplar tu efttrella, 
En su fulgente huella 
Mi alma te busca, a ti ; 
Y pienso que al mirarla 
Brillando placentera 
En la celeste esfera, 
Te acordarás de mí. 

Ausente de tu lado, 
Mirando ese astro bello 
Creeré ver un destello, 
Emanación de ti ; 



'21 -i KIMA8 



Y exclamaré con ansia : 

\ Tal vez la hermosa mía 
En medio a la alegría 
Se olvidará de mí! 

Cuando de ti me aleje 

Y a los combates vaya, 
En medio a la batalla 
Me acordaré de ti, 

Y esperaré la noche 
Para calmar mi anhelo, 
Interrogando al cielo : 
¿Se acordará de mí? 

¡ Adiós ! nunca me olvides, 

Y que tu estrella amiga 
Siempre a tu mente diga 
Que estoy pensando en ti; 

Y si en el campo caigo 
Por la metralla muerto, 
Mira ese rayo incierto 

Y acuérdate de raí. 

1838. 



Xll 



NADA DIRÉ 



La belleza se ciñe la corona 

Que entreteje el amor o la amistad. 

Arrancando una flor a cada zona^ 

Y un pensamiento nuevo a cada edad, 

Y la contempla el mundo entusiasmado, 
Coronada, de pie sobre el altar, 
Sobre el altar de flores matizado 

Que embalsama el jazmín y el azahar. 

Por eso guardo mi modesta ofrenda 
Que es la silvestre y solitaria flor, 
Que a tu corona, de las gracias prenda, 
Dar no puede fragancia ni esplendor. 



13 



216 RIMAS 

Yo que no tengo cortesano genio 
Nada quiero decir ante tu altar, 
Cuando otros mil las flores de su ingenio 
A tus plantas vendrán a derramar. 

Nunca con alabanzas fementidas 
Incensaré las luces de tu faz, 
Sólo palabras tiernas y sentidas 
En vez de incienso mentidor tendrás. 

No en la trípode de oro del poeta, 
Belleza celestial, te cantaré, 
Pero tendrás mi admiración secreta, 
Y poseerás del corazón la fe. 

No te diré si es bella tu cabeza. 
Ni si tienes de Fidias el perfil, 
Ni si tu frente, cielo de pureza, 
Está cubierta con estrellas mil. 

No te diré si tu alma resplandece 
Como diamante en urna de cristal. 
Ni si tu seno blando se estremece 
Como la niebla al soplo matinal. 

No te diré si el labio que enamora 
En sus palabras desparrama miel, 
Ni si al caer, cual perlas del aurora. 
Hacen brotar las flores del verjel. 



POESÍAS DIVERSAS 217 

No te diré si tus hermosos ojos 
Son dos astros que Dios dejó caer, 
Para alumbrar los púdicos sonrojos 
Que tus mejillas suelen encender. 

No te diré si tus cabellos rubios 
Que circundan tu frente cual capuz, 
Llamas son de magnéticos efluvios 
Que de tu mente vuelan a la luz. 

No te diré si tus airosos brazos 
Los gajos son de madreselva en flor. 
Si se entreabren para dar abrazos 
Y al pino añoso visten con amor. 

Sólo diré: — "¡Jamás a tu cabeza 
Falte la eterna flor de la virtud, 
Ni la sonrisa falte a tu belleza, 
Ni al corazón le falte su quietud!" 



1850. 



i 



xni 



EN EL ÁLBUM 



DE LA HIJA POSTUMA DE UN COMPAÑERO DE ARMAS 



En el libro inmortal de nuestra historia 
Busco un nombre que guardan mi memoria 

Y tu filial amor, 
Y al encontrar la página enlutada, 
La veo al mismo tiempo señalada 
Por una fresca y perfumada flor. 

1869. 



XIV 



UN RETRATO SIN NOMBRE 



Quisiera retratarte, mujer bella, 
Al mirar de tu rostro la hermosura, 
Que irradia en torno suyo la luz pura 
Como desde los cielos una estrella . . . 



Mas no tengo un pincel con que pintarte, 
Que el cielo me ha negado el don precioso 
Que al lienzo da trasunto primoroso, 
La inspiración unida con el arte. 



Y el más hábil pintor nada podría 
Sin poseer del iris los colores, 

Y los varios matices de las flores, 
Que en tu persona brillan a porfía. 



222 KIMAS 

¿Cómo pintar tu rostro de azucena, 
Sin combinar los candidos jazmines 
Al brillo de la nieve en los confines 
Alumbrada por luz blanca y serena? 

¿Cómo pintar tu rubia cabellera 
Que en ondas de oro baja de tu frente, 
Sin las hebras de luz del sol ardiente 
Cuando espléndido brilla en alta esfera? 

Sin el sereno azul del firmamento 
¿Cómo pintar de tus ojos la dulzura, 

Y esa mirada cariñosa y pura, 
Manantial abundoso del contento? 

Sin las rojizas nubes de Occidente, 
¿ Cómo dar vida a tus purpúreos labios, 
Que hacen borrar del mundo los agravios 
Cuando al hablar se entreabren dulcemente? 

¡Oh, jamás del artista la paleta 
Esas tintas tendrá para pintarte ! 

Y si alguno pudiera retratarte, 
¡Sería en su entusiasmo algún poeta! 



No encuentro nombre que darle, 

Y la ardiente fantasía 

No tiene la poesía 

Que esa imagen tiene en sí. 



4 



POESÍAS DIVERSAS 223 

Cantaré sus perfecciones 
Mucho más bellas al verlas, 
Mas si queréis comprenderlas, 
A contemplarlas venid. 

Es blanca como la luna, 
Es pura como una estrella, 
Es tan candida y tan bella 
Cual la primer luz del sol, 
Como esa luz que se mezcla 
A los tintes de la aurora, 

Y el verde campo colora 
Con espléndido arrebol. 

Es una cosa sin nomÍDre 
Entrevista en un ensueño. 
En que se mira el diseño 

Y no se puede explicar; 

O cual los ecos sin nombre 
Que en mágica melodía 
De la noche en la armonía 
El alma suele escuchar. 

Es una cosa sin nombre 
Cual las quejas del amante. 
Cuando suspira anhelante 
Del alma al dulce compás; 
Como el perfume que exhala 
El cáliz de una flor pura. 
Que inspira amor y ventura, 

Y pasa en vuelo fugaz. 



224 EI3IAS 

Como el sol en el ocaso 
Cuando moribundo arde, 
Cual la estrella de la tarde 
En la calma celestial: 
Como el canto de las aves 
En la enramada florida, 
O cual sílfide vestida 
De vaporoso cendal. 

Es una cosa sin nombre 
Como impalpables visiones. 
Que en largas meditaciones 
Pasan con velocidad; 
O como el blando murmullo 
Que se oye en la selva umbría, 
Cuya secreta armonía 
No es posible acompañar. 



Sol, estrella, luna, flor, 

Aurora, sílfide, brisa, 

Que encanta con su sonrisa 

O alumbra con su mirar, 

Es original sin tipo 

Que encierra en sí al universo, 

¡Y que no es dado, ni al verso, 

Ni al pincel el retratar! 



POESÍAS DIVERSAS 226 

La lira cae de mi inexperta mano, 

Y rae siento vencido en tu presencia : 
Perdóname si quise en mi demencia 
Tu simpática imagen retratar. 

No es dado a los pinceles ni a la lira 
Ofrecer de tus gracias una idea, 

Y todo aquel que tus encantos vea 
Admirarlos podrá, mas no copiar. 

No vivirás en mármoles ni en lienzos, 
No robarán tus formas ios cinceles, 
Ni colores darás a los pinceles 
Para causar al mundo admiración: 
Por eso yo, tu rostro contemplando, 
Hice un bosquejo en vez de tu retrato, 
Mas me consuela el pensamiento grato 
Que tu retrato está en mi corazón. 



XV 



NOCHES DE DICIEMBRE 



En esas noches serenas 
De diciembre delicioso, 
Cuando entregada al reposo 
La tierra parece estar, 

Y cuando la blanca luna 
Cruza el ancho firmamento, 
Absorto en mi pensamiento 
Yo me complazco en vagar. 

Miro brillar en el cielo 
Las estrellas encendidas. 
Letras de luz esparcidas 
Por la mano del Creador, 
Que en inefables palabras 
Eevelan nuestro destino, 

Y señalan el camino 
Del audaz navegador. 



228 EIMAS 

Y miro la onda agitada, 
Que corona leve espuma 

Y entre misteriosa bruma 
Melancólica gemir; 

Y en la playa solitaria 
Extenderse blandamente, 

Y bajo otra ola rugiente 
Desfallecida morir. 

Miro del árbol sombrío 
Cómo se agita el ramaje, 
Mientras el verde follaje 
A compás se oye vibrar, 
Como si un aéreo coro 
En él tuviese su nido, 
Para recrear el oído 
Con misterioso cantar. 

Miro cruzar por el aire 
Mil fantasmas vagarosas, 
Cual las sombras vaporosas 
Que en sueños vemos pasar, 

Y por la mente, alumbradas 
Con el reflejo del alma, 
Las miro en plácida calma 
Ligeras atravesar. 

Entonces mi alma extasiada 
Se desprende de este suelo, 

Y se remonta hasta el cielo 
A contemplar la creación; 



POKSÍAS DIVERSAS 229 



Y desplegando sus alas 
Como el águila altanera, 
Vuela de esfera en esfera 
En rápida sucesión. 

Si por acaso una voz 

Dulce, tierna y melodiosa 

A lo lejos hace oir, 

La miisica me figuro 

De la danza de las horas, 

Que con sus plantas sonoras 

Hacen el aire crujir. 

Si a la vez la mansa brisa, 
Que a los jazmines halaga 

Y entre su copa se embriaga, 
Viene mi rostro a besar. 
Creo que alguna süfide 

Que cruza por el ambiente 
Toca mi pálida frente 
Con sus alas al pasar. 

Y si una mujer hermosa 
De blanco cendal vestida. 
Ante mi vista abstraída 
Pasa como aparición, 

En éxtasis arrobado 

Bajo influjo de un hechizo 

Creo que del paraíso 

La puerta abre una visión. 



230 EIMAS 



Pero el aire de la noche 
Mis pensamientos enfría, 

Y apaga cual lluvia fría 
De la mente el resplandor: 
Que así el vapor de la tierra 
Se desprende en forma leve, 

Y luego en forma de nieve 
Debilita su calor. 



XVI 



DOS PENSAMIENTOS 



Como una estrella fugaz 
Que luce en noche sombría, 
Brilló un instante María 
En el valle del dolor: 
Era una virgen, tan pura 
Cual de la tarde la brisa, 
Cuya mágica sonris<i 
Reflejo era del amor. 

Se marchitó como rosa 
Que su perfume derrama. 
Como fosfórica llama 
Un solo instante vivió; 
Porque faltaba a su alma 
El aire puro del cielo, 
Y al tender el raudo vuelo 
Otra atmósfera buscó. 



19 



232 RIMAS 

Un día que en un jardín 
íbamos juntando flores, 
(Emblemas de los amores 
Que en la tierra puso Dios), 
Un pensamiento le di, 

Y ella me dio un pensamiento, 

Y animada de contento 
Formó un ramo de los dos. 

Aquellos dos pensamientos 

Su vida simbolizaban, ■ 

O quizá identiñcaban " 

Su vida, su alma y su ser, 

Porque apenas en su pecho m 

Hallaron tibia guarida, 

Pálida y desfallecida 

Dobló la marchita sien. 

Sobre el lecho de agonía 
Cayó, como ñor tronchada 
Por el viento deshojada, 

Y su frescura perdió ; 

Y cual se exhala el perfume 
Del cáliz de lirio hermoso. 
De su cuerpo primoroso 
Su alma angélica voló. 

Antes de cerrar sus ojos 

Y dar el último aliento, 
Con blando y lloroso acento 
A su lado me llamó : 



r 



POESÍAS DIVERSAS 233 

Su bello rostro cubría 
La palidez de la maerte, 

Y con mano casi inerte 
Dos pensamientos me dio. 

Y me dijo: — ''Dulce amigo, 
"Solo en el mundo te dejo: 
"Del valle triste me alejo, 
"Y no te veré ya más, 

"Y hasta que llegue el instante 
"De oir de Dios los acentos 
"Guarda esos dos pensamientos, 
"¡Y no me olvides jamás!" 

Esos pensamientos mustios 
Dados de muerte en el leclio, 
Yo los conservo en mi pecho 
Cual secreto talismán. 
Porque se hallan impregnados 
Del espíritu invisible 
Del alma pura y sensible, 
Que anima soplo inmortal. 

Yo que profeso en el alma 
La religión de la muerte. 
Sobre su sepulcro inerte 
Llanto y flores esparcí, 

Y entre las fúnebres flores 
Vertí lágrimas piadosas, 

Y a par de las blancas rosas 
Mis pensamientos le di. 



234 BIMAS 

Y al pie del mustio sepulcro 
De la candida María, 

Mis ojos vieron un día 
Dos pensamientos brotar, 

Y luego vi el huracán 
Llegar con vuelo violento, 
Deshojar un pensamiento , . . 

Y uno tan sólo dejar. 

1838. 



I 



XVII 



EL VELO 



La mies se corona de espigas doradas, 
Las nubes esmaltan el cielo turquí; 
El árbol se viste con hojas variadas, 
Y grato perfume nos da el alelí. 

Levanta el guerrero su palma triunfante, 
El rey con diadema circunda la sien, 
La falsa coqueta prefiere i>n diamante. 
Que, a par de ella, muchas prefieren también. 

Se ciñen los montes coronas de hielo, 
De blancas espumas las olas del mar. 
De fresco rocío las plantas del suelo. 
De llamas rojizas la esfera solar. 



236 RIMAS 

Mas hay una bella que dulce y modesta 
Ni flores, ni nubes, ni llamas buscó. 
Y en vez de la joya que adorno le presta. 
Con diáfano velo su frente ciñó. 



Si fuese al combate, colgara en mi lanza 
Con lauros de triunfo su leve crespón, 

Y altivo, animado de doblo esperanza. 
Sería de guerra mi tenue pendón. 

Si fuese marino, colgara ese velo 

Por vela a mi buque, por toldo a su imán, 

Y en calma mirando los astros del cielo, 
Las iras burlara del negro huracán. 

Si fuese poeta, mi armónica lira 
Pondría al amparo del blanco cendal, 

Y al son de la brisa que mansa suspira 
Le diera inspirado su acorde final. 

Si fuese viajero, deseara una palma 
Que sombra propicia me diese a su pie, 
Como esa que el velo, con plácida calma. 
Derrama en la frente que el ojo entrevé. 



Feliz el que pueda del candido velo 
Alzar el extremo que cubre la sien. 



POESÍAS DIVEESAS 237 

Porque ése, olvidando las penas del suelo, 
La luz habrá visto del mágico Edén. 

Feliz el que pueda con él envolverse 

Y dar extasiado su espíritu a Dios, 

Y ver a la tierra de vista perderse, 
Cual ave que asciende con ala veloz. 

Feliz el que pueda colgar a su extremo 
La excelsa corona de rosa y laurel, 
Cual símbolo hermoso del genio supremo 
Que indique a la reina de todo el verjel. , 

Feliz el que pueda mezclar sus despojos 
Al polvo impalpable que el viento alzará, 
Cuando esa belleza con llanto en los ojos 
Desgarre ese velo que sombra le da. 



Mas esto es muy triste; tal vez, distraído, 
Su frente he podido de nieblas cubrir, 

Y al velo que lleva sólo es permitido 
Con nubes ligeras su frente circuir. 

El es como nube que cruza su frente. 
Cual cruza los cielos la bruma fugaz, 

Y realza el fondo de brillo esplendente, 
Templando las luces que irradia su faz. 



23.8 RIMAS 

Yo soy como un ciego que canta a la puerta 
Deseando al que me oye placeres y amor, 
Deseando que nunca se mire cubierta 
La gasa, con perlas que borde el dolor. 

¡ Mas no soy tan ciego ! pues miro en el cielo 
Brillar las estrellas con tibio fulgor, 
Y luego eclipsarse si entreabre su velo 
Mostrando dos ojos que irradian amor. 



XVIII 



LA agonía del poeta 



i Oh juicio divinal ! 

Cuando más ardía el fuego 

Echastes el agna. 

Manrique. 



Genio, inspiración divina, 
Fuego devora mi mente, 
Y siento en el alma ardiente 
Una llama circular , . . 
Mas ¡qué importa! si a la tumba 
Pronto caerá el genio mío, 
Como el torrente bravio 
Que va a morir en el mar! 

Ya del carro de la vida 
Los corceles fatigados, 
Caen al suelo postrados 
Con anheloso estertor; 



240 KIMAS 

Y ya el genio de la muerte 
Gira en torno a mi cabeza, 
Cual ave que de su presa 
Va volando en derredor. 



Como el náufrago se abr&za 
De las astillas flotantes, 
De las horas vacilantes 
Me abrazo con ansiedad ; 
Pero en vano, que la urna 
De mis años, agotada. 
Sobre el abismo inclinada 
Se ve de la eternidad. 



i Qué importa morir, si el alma 
Cual humo se ha disipado, 
Si el ser moral se ha gastado 
Persiguiendo un ideal ! 
i Si cual la flor del desierto 
Que en soledad se consume, 
He dado al viento un perfume 
Que nunca sintió el mortal ! 

Mis ecos se han confundido 
Con la música lejana, 
Que se alza cada mañana 
Del seno de la creación; 

Y entre el canto de las aves, 

Y el aroma de las flores. 



POESÍAS DIVERSAS 241 



Del valle de los dolores 
Han silbido a otra mansión. 



Como las nubes de mirra 
Que perfuman el sagrario, 
Y brotan del incensario 
De las brasas al calor, 
Al fuego del entusiasmo 
De mi cabeza han brotado 
Los cantos, que he consagrado 
De la patria al noble amor. 

Jamás prodigué alabanzas 
A un miserable tirano, 
Ni del pueblo soberano 
Las banderas deserté: 
Fija la vista en el cielo. 
Nutrido de amor intenso, 
A Dios y al Pueblo el incienso 
Del corazón consagré. 



La libertad fué la musa 
De los cielos mensajera, 
Que llenó mi alma nevera 
Con su espíritu inmortal; 

Y en las negras tempestades 
Seguí, con paso valiente. 

Su antorcha resplandeciente 

Y su faro celestial. 



242 KIMAS 

i Oh, Dios, inspírame un himno, 

O una fúnebre elegía ! 

¡ Que baje a la tumba fría 

Cantando a la libertad! 

¡Permite que adorne un lauro 

Mi cadáver macilento, 

Y que no muera mi acento 

Cual voz en la soledad! 



i Pero ya es tarde ! La mano 
Que marca la última hora, 
Se levanta aterradora 

Y vuelca el reloj fatal; 

Y las cuerdas de mi lira 
Como nervios doloridos. 
Producen tristes sonidos 
Una a una al reventar. 



En vano aplico el oído : 
Enmudece la memoria, 
Y a mis cánticos de gloria 
No responde el porvenir; 
Que al descender al abismo 
La corteza de mi alma. 
No se verá ni una palma 
Mi mustia frente ceñir. 



i Oh musa 1 vuelve otra vez 
A tu celeste morada, 



POESÍAS DIVERSAS 243 



Que el abismo de la nada 
Pronto me va a devorar; 
Pero antes rompe las flechas 
De mi carcax no vacío; 
¡Mi brazo perdió su brío, 
Y el arco se va a quebrar i 



LIBRO CUARTO 



POESÍAS FAMILIARES 



LIBRO CUARTO 



POESÍAS FAMILIARES 



A MI HIJA DELFINA 



No te hicieron los cielos tan hermop» 
Sino para ser madre y ser esposa. 

Olmedo. 



Blanca flor que embalsamas mi existencia 
De tus perfumes con la grata esencia; 
Música cuya suave melodía 
Estremece de amor el alma mía; 
Rayo de luz que caes sobre mi frente 
Disipando las sombras de la mente ; 
Lágrima de los ojos desprendida 
Del serafín que guarda nuestra vida; 
Linfa donde apagué mi sed ardiente, 
Como el viajero en agua trasparente; 

20 



24S KIMAS 

Pichón que bajo el ala adormecido 
Desafías las lluvias en tu nido ; 
Hija mía, entre sueños virginales, 
En%'nelta por los brazos maternales, 

Y en esa fuente del materno seno 
Bebe un raudal que de virtudes lleno 
En cada gota verterá en tu mente 
De nobles pensamientos la simiente, 
Que dormirán hasta que en torvo ceño 
El tiempo venga a perturbar el sueño ; 

Y puros sentimientos, ángel mío. 
Que germinando cual la flor de estío, 
Derramarán en tu alma ese perfume 
Que la virtud de la niñez asume; 

Y beberás un bálsamo del cielo 
Para expresar dolores en el suelo, 
Para exhalar mil gotas cristalinas 
Oomo su aroma blancas clavelinas; 
Porque el llanto es la flor que brota hermosa 
En el alma sensible y candorosa, 

Y el rostro donde nunca ha resbalado 
Es arenal que el cielo no ha regado. 
Así cual de la espléndida natura. 

El llanto es la expresión de la criatura : 
El cielo llora gotas de rocío 
En las serenas noches del estío, 

Y al ausentarse lánguida la aurora 
Entre luces y sombras también llora : 
Pero todo desciende suavemente 

De la mJsericordia al ancha frente: 
Fertiliza el rocío los eriales, 



POESÍAS FAMILIAKES 249 

Y la aurora los lirios virginales, 

Y caen las dulces lágrimas del niño 
En un seno purísimo de armiño, 

Y más tarde entre manos cariñosas 
Que se ahuecan sensibles y piadosas, 

Y guardan siempre como en urna de oro 
Del amor del hogar el gran tesoro. 

¡ Oh tú, que de tu vida en la mañana 
Te meces en el valle tan lozana ! 
Que sea tu cabeza bendecida 
Sobre la dura almohada de la vida ; 
Que recorras tu plácida alborada 
Por angélicas voces arrullada; 
Que el viento de la dicha infle tu vela 
Mientras la luna del placer riela ; 

Y que si acaso un día, negro velo 
Mirases extender sobre tu cielo, 
Veas llegar a tu arca placentera 
La paloma de dichas mensajera 

Para anunciarte, en tu hombro reclinada : 

" La tempestad se ve ya apaciguada, 

" La luz del sol de nuevo te ilumina 

" Y las flores esmaltan la colina: 

" Tersa se ve la frente de tu río 

" Y no haj'' en él ni un áspero bajío : 

'* Mucho vagaste, niña, por los mares: 

" Al fin reposarás entre tus lares, 

" En la ribera nítida y risueña 

" Que allá en el horizonte se diseña, 

'' Do encallará tu barca suavemente 

** Como de manso arroyo la corriente. " 

Ora, hija mía, lejos de huracanes. 



250 KIMAS 

Duerme ajena de míseros afanes, 
Mientras tu madre tu cabeza pura 
Bautiza con sus gotas de ternura, 
Las que tu padre enjuga blandamente 
Al deponer un ósculo en tu frente, 
Dejando en esas lágrimas escrita 
Una dulce palabra: — " ¡Eres bendita! 

¡Iris de paz y ventura, 
Sueño de toda mi vida, 
Que naciste para mí 
Como el sol tras noche fría! 
i Ah ! cuando tus bellos ojos 
Entreabriste adormecida, 
Sentí que en esa mirada 
Me llenabas de delicias; 
Como el ciego que cobrando 
Loco de gozo la vista, 
Quiere abrazar a la luz 
Pensando que lo acaricia. 
Si tú entendieras mis sueños. 
Mis esperanzas perdidas. 
En esos labios de rosa 
Con besos te contaría 
Que antes de venir al mundo 
En mi mente eras nacida, . . 
¡ Olí, si tú me comprendieras, 
Cuántas cosas te diría ! 
Entonces supieras tú 
Que era muy triste mi vida, 
Antes de ver a tu madre 



POESÍAS FAMILIARES 251 

Que la convirtió en delicias; 
Entonces fué que la llama 
Brotó de tibias cenizas, 
Entonces fué que mi pecho 
De nuevo se abrió a la dicha, 

Y desde entonces serenos 
Se deslizaron mis días. 
Entre esperanzas risueñas 
Que el futuro embellecían, 

Y gratas conversaciones 
Llenas de amor y alegría 
Que terminaban diciendo : 

" ¡Ah, no tener una hija! " 

Cuántas veces, paseando, 
En una tarde tranquila, 
Al sentarnos cavilosos 
Del ancho mar a la orilla. 
Con el bastón, en la arena 
Mil caracteres ponía : 
Ya una palabra aislada. 
Signo de melancolía ; 
Ya una línea caprichosa 
Cual la idea fugitiva; 
Ya una letra mutilada 
Cual del infeliz la vida, 

Y sin pensar de repente. 
Si estas líneas recorría. 
Encontraba escrito en ellas : 
" ¡Ay, no tener una hija! " 

Muchas veces junto al fuego 



252 RIMAS 

En las noches invernizas 
Cruzaban breves las horas 
Mirando al fuego que ardía, 
Siguiendo su oscilación 

Y viendo brotar sus chispas, 
Que en sus fantásticos giros 
Todo el hogar recorrían, 
Hasta caer soñolientas 
Entre pálidas cenizas; 

Y entonces en los carbones 
Que a trecho en trecho lucían. 
Como dos ojos ardientes 
Sobre frente encanecida, 

Nos parecía leer : 

" ¡Ah, no tener una hija! " 

Naciste tú, y has colmado 
La copa de nuestra dicha; 
Ya no en fantásticos sueños 
Nuestra mente se fatiga : 
Fijos delante tu rostro 
Con nuestra vista en tu vista, 
Bebemos miel deliciosa 
En tu inefable sonrisa; 

Y pensamos en tu suerte 
Cuando vengan otros días, 
Cuando corazón .y mente 
Con doble peso te aflijan. 
Haciendo inclinar tu frente 
Como una rosa marchita ; 
Cuando a los pies de tu cama 
Colocada de rodillas 



4 



POESÍAS FAMILIASES 253 



Alabes a tu Criador 

En tus plegarias de niña; 

Cuando pidas a tus padres 

Que amorosos te bendigan, 

Dándote un beso en la frente 

Para ir a dormir tranquila ; 

Cuando indagues cavilosa 

En mi frente encanecida 

Los hondos surcos que marquen 

El tránsito de la vida ; 

Cuando recorran tus ojos 

Estas paternales líneas, 

Que, si eres feliz, leerás 

Con angélica sonrisa, 

Y si sufres, se verán 

Por tu llanto humedecidas; 
Cuando en un mar proceloso 
Pueda servirte de guía, 
Llevándote, ángel hermoso, 
Hasta el puerto de la dicha, 
Como te llevo en mis brazos 
Hasta la cuna tranquila. 

Abre esos ojos azules 
Do la ternura se anida, 
Oye mis tiernas palabras 

Y luego duerme, hija mía. 

¿Ves de tu madre la húmeda pupila 
Que como una doméstica sibila 
Parece que interroga el porvenir? 



254 KIMAS 

Sí, le interroga, y pide que el destino 
Matizando de flores tu camino 
Embalsame de dichas tu vivir. 

Hoy que yaces envuelta en la inocencia 
y no puede abarcar tu inteligencia 
Lo que es la maternal contemplación, 
Entenderás la voz del sentimiento 
Que inoculado en mi amoroso aliento 
Penetrará en tu puro corazón. 

No te señalaré de las estrellas 
Ni el claro sol, las rutilantes huellas, 
Para elevar tu mente al Hacedor; 
No obligaré a que dobles la rodilla 
Al que arrojó en el mundo la semilla 
Del árbol que se eleva a su Criador. 

No te diré si el vicio desbocado, 
Cual torrente del monte desatado, 
Quiere hacer las virtudes zozobrar; 
Oh, no sabrás si, alzada la cabeza, 
Enarbola bandera la impureza 
De la familia en el derruido altar. 

Nunca tu padre manchará tu frente. 
Donde brilla la luz del inocente 
Como en los ríos nubes de zafir; 
Por mostrarte la crápula del vicio, 
Jamás te acercaré del precipicio 
Que vértigo derrama en el vivir. 



POESÍAS FAMILIARES 255 

Me inclinaré sobre tu boca pura 

Y te daré consejos de ternura 
En el ignoto idioma del amor; 

Y mis palabras bajarán a tu alma 

Cual en noches de estío, en grata calma, 
Se inocula el rocío entre la flor. 

Inefables consejos ignorados, 
Sin traducción, como ecos tribulados 
Del aura de la noche en el jardín; 
Nadie entiende sus quejas doloridas, 
Pero al nacer la aurora, entretejidas 
Se ven brotar doquier rosas sin fin. 

Nadie comprenderá ahora mi acento: 
Mas llegará, hija mía, algún momento 
Que se verán las rosas germinar, 

Y alzando ufanas sus cabezas rojas, 

El viento murmurando entre sus hojas 
Se bañará en lo que hizo fecundar. 

Algún día serás lozana rosa 
Cuando mi frente pálida y rugosa 
Se incline en tu perfume a refrescar; 
Cuando el labio marchito de dolores 
Quiera gozar el aura de las flores 
Sintiéndote, ángel bello, respirar. 

Dios te colme de santas bendiciones 
Apretando los duros eslabones 
Que separan del vicio a la virtud. 



256 KiaiAS 

Y tierna madre, enamorada esposa, 
Mire brotar pimpollos de mi rosa 
Para aliviar mi ingrata senectud. 

El genio de la paz y la armonía. 
Cubriendo tu cabeza noche y día. 
Te guarde del aliento del dolor ; 

Y el ángel puedas ser de tu familia 
Que en las eternas noches de vigilia 
Des amparo a las prendas de tu amor. 

Y de los niños fiados a tus manos 
Salgan fuertes y buenos ciudadanos 
Formados en el halda maternal. 
Donde aprendan a odiar la tiranía 

Y a combatir con ínclita porfía 

Por los santos principios de igualdad. 

Que la misión de la mujer es santa: 
Ella la flor de las virtudes planta 
Del niño en el fecundo corazón, 

Y cuando ve a la patria que agoniza, 
Desprende de su seno a el ancha liza 
De patriotas audaz generación. 

Así en Mayo nacieron los campeones 
Que rompieron los duros eslabones 
Que nos forjó la torpe iniquidad, 

Y con la leche encima de los labios, 
Fuertes guerreros, gobernantes sabios 
Contempló con asombro aquella edad. 



POESÍAS FAMILIARES 257 

Y ho3^ en la lucha santa que emprendimos 
Niños sobre la arena descendimos 
Para arrimar el hombro al patrio altar, 
Y al darnos nuestra madre abrazo estrecho, 
Nos pone sollozando sobre el pecho 
Los colores de Salta y Tueumán. 

De la virtud modesta de los lares 
Guarda el fuego sagrado en tus altares, 
De la familia candida vestal; 
Que ese fuego que el casto hogar calienta 
Es la luz que nos guía en la tormenta 
De la vida, cual místico fanal. 



1842. 



II 



A UN AMIGO DE 24 HORAS 



En los ardientes climas tropicales 
Con el rocío de una sola noche, 
La perfumada flor abre su broche 

Y al sol y al aire entrega su beldad. 
Así en mi corazón, de savia lleno, 
Ha brotado en un día una flor pura, 

Y esa flor, desenvuelta en noche oscura, 
Es por tí mi simpática amistad. 



184fi. 



I 



I 



líJ 



LAS TRES MARÍAS 



(consolando a un amigo que había perdido tres 

HIJAS, LAS TRES CON EL NOMBRE DE MarÍa) 



¿Por qué lloráis, esposos, la prematura muerte 
De las criaturas bellas, frutos de vuestro amor. 
Cuando al morir cambiaron perecedera suerte 
Por la que goza el ángel en mundo superior? 

¿Lloráis porque sus rubias cabezas inclinaron 
Sobre la fría almohada del lecho sepulcral, 

Y cual mortales tristes al sueño se entregaron, 

Y ángeles despertaron del coro celestial? 

Fueron tres flores bellas en un rosal brotadas. 
Que al ostentar ufanas su grato rosicler, 
Cruzaron por el cielo nubes encapotadas 

Y el viento tempestuoso las arrancó al nacer. 



262 EIMA8 

Fueron tres gotas de agua lloradas por la noche 
En el virgíneo cáliz de la fragante flor, 

Y que, al brillar el día, cuando entreabrió subroj 
Se evaporaron todas al matinal calor. 

Fueron tres mariposas de alas tornasoladas, 
Que al encontrar amargas las flores del jardín, 
Al cielo se elevaron, buscando atribuladas 
Las flores con que ciñe su frente el serafín. 

Fueron tres chispas tenues de la divina hoguera 
Que vuestros corazones de casto amor llenó, 
Chispas que remontaron a la celeste esfera, 

Y que en estrellas fijas el cielo convirtió. 

?,Por qué lloráis entonces, cuando en las noches bel 
Podéis hasta los cielos vuestra mirada alzar, 

Y contemplar brillando las tres blancas estrellas 
En que a las tres Morías Dios quiso transformar? 



Esas estrellas puras son vuestras tres Marías : 
Flores de una mañana que no tuvo su ayer. 
Mariposas que huyeron de las regiones frías, 
Gotas de agua perdidas del cielo al descender. 

Felices esos seres, que nunca conocieron 
La punzadora espina que labi'a el corazón, 
Y el inocente labio jamás humedecieron 
En la dorada copa que mana corrupción. 



I 



I 



POESÍAS FAMILIARES 263 

Felices esos seres, que nunca calentaron 
Las engañosas manos de la amistad infiel, 
Que nunca las miserias del mundo presenciaron 
Ni el díctamo sagrado vieron trocarse en hiél. 

Tú, padre, que navegas en borrascosa vida, 
Eleva a Dios tus manos porque a su lado estén, 
Como el audaz marino que en nave combatida 
Recuerda que sus hijos expuestos no se ven. 

Tú, madre, que has sentido las santas alegrías 
De ver brotar la vida del seno maternal. 
Espera : aun no ha pasado la aurora de tus días 

Y ha de brillar un día de gozo sin igual. 

En las calladas noches alzad la vista al cielo. 
Mirad a vuestras hijas resplandecer allí, 

Y sentiréis el alma bañada de un consuelo 

Que para el alma enferma nunca se encuentra aquí. 



1852 



21 



4 



IV 



EN UN ÁLBUM 



Que a cada hoja del álbum de tu vida 
Que desdoble la mano del destino, 
Al seguir los inviernos su camino, 
Las primaveras queden en tu sien; 

Y así, que en cada año que transcurra 
Añadas una flor a tu guirnalda, 

Y que cruzando prados de esmeralda, 
Llegues hasta las puertas del Edén . 

1862. 



I 



1 



AL PEIMOGENITO DE UN AMIGO 



Hoy que el placer corona tu cabeza, 
Quiero estrechar tu mano con terneza 

Y darte el parabién : 
Porque en los días de contento o duda 
La mano del amigo nos ayuda 
En el pesar, y en el placer también . 

Hoy un hijo ha nacido en tu familia, 
Como tras larga noche de vigilia 

Se ve brillar el sol; 
Y su sonrisa pura cual la aurora 
Todo el hogar doméstico colora 
Tiñendo los semblantes de arrebol. 



268 KIMAS 

¡ Bendito sea Dios ! Triste 'en el mundo 
Has sido presa del dolor profundo 

Que roe el corazón, 
Hasta que ángel de amor con blando anhelo, 
Te dio en su labio plácido consuelo, 

Y te abrigó en sus brazos con unción. 

De su frente nacieron tres estrellas, 
Como ella puras, cual su rostro bellas, 

Que volaron a Dios 
En alas de la brisa rumorosa, 
Que repitió la queja dolorosa 
Que brotó el alma rota de los dos. 

Hoy en vez de una estrella fugitiva 
Ves brillar una flor fragante y viva 
Que rebosa salud, 

Y no ha de marchitar el cierzo helado 
Si en el materno seno enamorado 
Bebe tu hijo la vida y la virtud. 

Como conozco tu alma generosa 

Y el corazón sencillo de tu esposa, 

Tu hijo conozco ya, 
Porque la flor lozana y perfumada 
Por la mano divina destilada 
Su balsámica esencia siempre da. 

Conociendo la flor, siento su esencia, 
Que a pesar, caro amigo, de la ausencia 
La brisa trae a mí 



j 



poesías familiabes 



La brisa del recuerdo y del cariño 
Enviada por el hálito de un niño, 
Que hoy me refresca y que te baña a tí. 

Que nunca a tu vi^dr falte ese aliento, 
Que siempi'e de tu esposa el blando acento 

Mitigue tu dolor; 
Que nunca falten flores a tu almohada, 
Ni miel en tu colmena perfumada, 
Ni en el hogar el hijo de tu amor. 



VI 



¿POR QUE LLORAR? 



(EN UN ÁLBUM FÚNEBRE, RECORDANDO A UNA MADRE 
SU HIJO MUERTO EN EDAD TEMPRANA) 



¿Por qué sobre el torrente de la vida, 
Como una ñor del árbol suspendida 

Te inclinas a llorar? 
Madre y esposa, veo en tus miradas 
Que buscas en sus olas agitadas 
Al hijo que en su fondo viste ahogar. 



Te diré donde está : bajo una losa 

Su blando cuerpo trémulo íeposa, 

Tibio aún con tu calor. 



272 EIBIAS 

¡ Blanca flor que cayó de tu guirnalda 
Y que, al bajar a la materna falda, 
Llevó marchita el viento del dolor! 



¿ Quieres sentir su espíritu invisible ? 
En el hogar doméstico apacible, 

Nido de la quietud, 
Sentirás un perfume penetrante, 

Ese es de tu hijo el corazón umante 
Impregnado en tu amor y tu virtud. 



Así sucede en la colmena rota 
Cuando el invierno asolador agota 

La balsámica miel : 
Siempre queda el perfume, y más nutrida 
Llega a encontrarla la estación florida 
Rica con los productos del verjel . 



Mira ese cielo. ¿Ves aquella estrella. 
Que entre las otras fúlgida destella 

Del mar en el confín? 
Ese es tu hijo también. ¡Chispa divina, 
Que brotó de tu mente peregrina, 
Y en sus alas llevóse un serafín! 



POESÍAS FAMILIARES 273 



¿Por qué llorar? ¡Feliz tú, que amorosa 
Aun puedes suspirar sobre una losa, 

Tibia con tu calor, 
Y aun puedes aspirar el suave aroma 
Del alma de tu hijo, que ora asoma 
En el cielo cual astro de tu amor! 



1851. 



VII 



A LA NIÑA LEONOR 



Eii el seno de tu madre 
Tu frente oculta, ángel mío, 
Cual la gota de rocío 
En el cáliz de la flor, 
Y mientras nube sombría 
No empañe de tu cabeza 
El sello de la pureza. 
Duerme tranquila, Leonor. 

Flor delicada y hermosa 
En el jardín de la vida, 
Hoy te miras protegida 
Por el maternal amor. 
¡Ay! antes que por los cierzos 
Te mire despedazada. 
En esa blanda almohada 
Duerme tranquila, Leonor^. 



276 RIMAS 

En esa edad infantil 
Exenta de sinsabores, 
Es tu camino de flores, 
Tu vida sueño de amor; 
Pero antes de penetrar 
A otro camino de abrojos, 
Cerrando tus bellos ojos, 
Duerme tranquila, Leonor. 

Paloma de la inocencia 
Tan candida como bella. 
Tan pura como una estrella 
De la mañana en su albor. 
Si quieres vivir feliz, 
No dejes tu blando nido. 
Mientras te canto al oído: 
Duerme tranquila, Leonor. 

Pimpollo apenas abierto, 
Algún día serás rosa. 
Que derramará pomposa 
Su perfume encantador . . . 
Pero i ay ! entonces tal vez 
Te oprimirán las congojas! 
Antes que esparzas tus hojas. 
Duerme tranquila, Leonor. 

1847. 



VIII 



ELISA EN LA TUMBA 



¿A dónde fuiste, blanca ñor, caída 
Del árbol de esperanza de la vida 

A ese abismo sin fin, 
Cual de la palma, al borde de un torrente. 
Hoja que arrastra rápida corriente, 

Y la lleva a regiones sin confín ? 

Al borde de ese abismo te lloramos, 

Y con vista anhelosa te buscamos 

Sin poderte encontrar, 
Como busca con ansia el marinero 
Al que cayó del alto mastelero 

Y se perdió en las ondas de la mar. 



278 KIMAS 

Y tus padres te llainan con teínura, 

Y en esa piedra silenciosa y dura 

Se estrella su dolor, 
Como el llanto que el párpado humedece 
Se retira, se oculta y desparece 
Al encontrar un mundo sin amor. 

Al despertar, ya no verán, Elisa, ^ 

Resplandecer tu plácida sonrisa, " * 

Como luz matinal; 
Ni al asomar la estrella vespertina, 
Cuando en el Occidente el sol se inclina, 
Te mirarán los cielos contemplar. 

Tu lecho se halla solitario y frío. 
Tu asiento acostumbrado está vacío 

En el paterno hogar, 
Como el nido de candida paloma 
Que al mirarse con alas, Aoielo toma 

Y al cielo sube para no tomar. 

¿Por qué cambiaste la materna almohada 
De amor y de inocencia perfumada 

Por esa terrenal, 
Cual virgen consagrada a los altares 
Que deja la guirnalda de azahares 
Para dormir en losa sepulcral? 

Tú dejaste el mundo, niña pura. 
Porque al probar del mundo la amargura. 
Lloró tu corazón, 



POESÍAS FAMILIARES 279 

Y en su llanto se ahogó, como esas ñores 
Que al derramar suavísimos olores, 
Se ahogan con su propia emanación. 



13-19. 



aa 



4 



i 



IX 



A UN AMIGO 



QUE ME asistía EN UNA ENFERMEDAD, SIENDO MI 

Medico un amable filosofo 



Mi médico suaviza mis dolores 
Hablándome de ciencia y poesía, 
Como Platón el ático lo haría, 
Filósofo en el gi*emio de doctores. 

Tú, en los remedios que haces, viertes flores 
Que impregna la amistosa simpatía, 
Y de tu mano brota noche y día 
Bálsamo aliviador de sinsabores. 

Me hallo como el viajero que ha colgado 
Su hamaca entre dos árboles floridos; 
Que envuelto en un ambiente perfumado. 



282 KIMAS 



Le acarician sus gajos extendidos; 

Y que al fin se adormece blandamente, 

Y hojas y flores caen sobre su frente. 



I 



¿QUE PODRE DECm? 

(EN EL ÁLBUM SIN VERSOS DE UNA JOVEN ESPOSA> 



Todos dicen, Señora: — "Albam sin versos 
Es arpa no pulsada todavía, 
Donde duerme tranquila la armonía 
Esperando la suave vibración ; 

Y que si el vate arroja una palabra 
En medio de sus hojas incoloras, 
Se estremecen sus páginas sonoras 

Y cual hojas del árbol dan su son." 

¡ Oh, no es cierto ! Sin duda quien tal dijo, 
Jamás tu álbum purísimo ha tenido, 
Porque entonces habría allí leído 
Lo que en sus hojas blancas yo leí : 



284 EIMAS 

Lo que se lee en las oudas de los ríos 
Cuando la blanca luna los colora ; 
Lo que se lee en las nubes del aurora 
Entre celajes de oro y de carmín. 

¿Qué podré yo decir que ya no diga 
Esta páííina blanca de azucena? 
Aquí se ve lucir pura y serena 
Tu frente que selló la castidad ; 
Aquí se leen tus albos pensamientos 

Y la inefable candidez de tu alma, 

Y una elocuente imagen de la calma 
En la apacible vida del hogar. 

Aquí toda tu vida está en compendio 
Donde dice con cifra misteriosa: 
Bella argentina, madre cariñosa, 
Esposa tierna... ¿qué más quieres, di? 
Yo te juro que todo cuanto he dicho 
Diciendo está tu libro en su pureza, 

Y en su nivea blancura hay más belleza 
Que la que el numen puede darte a tí. 

Tampoco creas que el pensil más bello 
Pueda exhalar más inefable aroma, 
Cuando el lucero en el oriente asoma 

Y la tierra le ofrece su ovación; 
Que aquí, de las domésticas virtudes 
Un misterioso olor llena el ambiente, 
Que baña al peregrino blandamente 

Si se acerca a tu umbral con emoción. 



POESÍAS FAMILIARES 985 

Todo lo dice un libro inmaculado 
Para expresar una existencia pura, 

Y esa misma elocuencia la natura 
Manifiesta en el agua y en la flor; 
Pero si algo deseas, joven bella, 

Que en este álbum purísimo te diga, 
Diré: — El cielo tu existir bendiga 
Bajo el ala azulada del amor. 

Puedas volver al seno de tu patria 
En brazos del esposo que te adora, 

Y esa prole que el alma te enamora 
Le dé días de gloria y esplendor. — 
Mi voto es tal, y el corazón me dice 
Que si mi patria fuese tu familia, 
Pasaría su noche de vigilia 

Y brillaría de esperanza el sol. 



I 



XI 



A UN AMIGO 



DEVOLVIÉNDOLE ÜN LIBRO DEL QUE UNA MANO 

QUERIDA HABiA ARRANCADO UNOS VERSOS DEL AUTOR, 

QUE FUERON REEMPLAZADOS POR LOS SIGUIENTES: 



Los tristes ecos que a mi humilde lira 
En otros días arraneó el dolor, 
Hoy los apaga con su l)ella mano 
El ángel puro que rae dio su amor. 

Así el guardián que vela sobre el íiombre 
Si ve en su frente el polvo sombrear, 
Tendiendo el ala, cual la seda blanda, 
Quieíe la mancha de su sien borrar. 

Aquellos versos fueron líneas truncas 
Que en arenas movibles escribí, 
Al borde del torrente de la vida, 
Y que borrados por un soplo vi. 



288 RIMAS 

Mas, nada importa que mis pobres versos 
En este libro vuestro ya no estén, 
Cuando otras flores de frescura eterna 
Entre sus hojas relucir se ven; 

Cuando del cielo el estrellado manto 
Ligera nube empaña su esplendor, 
La faz hermosa de los astros luce 
Si un viento leve limpia ese vapor, 

Pero diréisme que un lunar es bello, 

Y en blanco seno fúnebre crespón, 
O en negros rizos un jazmín nevado, 
Que en su contraste forman la ilusión. 

Mas no es bella la ortiga en los jardines, 
Ni negra mancha en grato rosicler, 
Ni las gotas de lodo salpicado 
Sobre túnica blanca de mujer. 

Al reemplazar mis vei-sos con mis versos, 
Pienso que los dedico a la amistad, 

Y si en el cambio poco se adelanta, 
En algo apreciaréis la voluntad : 

Fueron los unos quejas de mi alma 
Que en horas solitarias exhalé, 
Al ensayar las cuerdas de la lira, 

Y entrar al mundo con incierto pie; 



4 



POESÍAS FAMILIARES 289 

Y no tienen los místicos perfumes 
Del balsámico aliento del amor, 
Ni del artista los ligeros tintes, 

Ni el trazo fuerte del pensar creador. 

Son el aroma de las flores secas, 
Ecos errantes de canción fugaz, 
Gotas amargas a la vez que dulces 
Con que el destino humedeció mi faz. 

No me pidáis los versos arrancados 
Que el viento del oh^ido llevará, 

Y que marchitos cual la flor de otoño, 
Mustios y tristes por el suelo van. 

Ya no se pueden levantar del suelo, 

Pues son cual hojas de papel fugaz, 

Que aun después de quemadas tienen forma, 

Y si se tocan son polvo y nada más. 

Así se pasan los serenos días 

Y uno por uno bajan de la sien, 

Y al levantarlos de la tierra fría. 
Polvo y ceniza son ellos también. 



1841. 



XII 
UNA FLOR DEL ALlilA 

(A UNA AMIGA ANCIANA) 



Yo te diera una flor de los jardines 
Para adornar tu blanca cabellera 
Si su vida no fuese tan ligera 
Que nace, brilla y muere con un sol; 

Y darte quiero cosa más durable 
Que no marchite el viento del olvido, 

Y que a pesar del tiempo transcurrido 
Conserve su frescura y su color. 

Como hay una que llaman flor del aire. 
Hay otra que se llama flor del alma, 
Que a veces brota en apacible calma, 
O al soplo de la recia tempestad: 



292 EIMAS 

Nacida en horas quietas y serenas 
Hoy te ofrezco una flor del alma mía. 
Bañada en el raudal de simpatía 
Que la vieja amistad hace brotar. 

Es una flor humilde e inodora, 

Y si quieres que viva eternamente 
Báñala con el rayo de Occidente 

Que en tus sienes aun vierte resplandor; 
Refrésquela el recuerdo de otros años, 
Reanímela benévola sonrisa, 

Y que de dos edades una brisa 

Le preste su perfume y su frescor. 

Y si miras su cáliz, en su seno 
Hallarás una gota cristalina, 
Perla de la corona matutina 
Caída de tu aurora en el verjel. 
Que otra gota simpática la bañe, 
Pues dos lágrimas puras derramadas, 
Son amargas, si se hallan separadas, 

Y juntas, son dos lágrimas de miel. 



XIII 



MI ESTRELLA 



Tú eres la estrella que mis p;isos <¿iiU 
En el camino del desierto mundo, 
Y de tu lumbre el esplendor divino 
Siempre me halaga. 

Echeverría. 



La corona de fuego 
Del astro rey del día, 
Entre la onda fría 
Del mar, se sumergió; 

Y la apacible noche, 
Su frente plateada 
De estrellas coronada, 
Serena levantó. 

Alza tu vista al cielo 

Y admira ese diamante, 
Que brilla rutilante 
Sobre tu blanca sien : 



294 BI3IAS 

Amiga, esa es la estrella 
Que unida a mi destino, 
Siempre alumbró el camino 
Que me condujo al bien. 

Ella es la precursora 
De las felicidades, 
Que en tristes soledades 
Me viene a consolar; 
La que al venir yo al mundo 
Lució en el firmamento, 
Cual si el divino aliento 
La hiciera allí brotar . 

Cuando perdí la senda 
Que a ti me conducía. 
Yo vi nube sombría 
Turbar su claridad; 
Pero brilló risueña 
Cuando te hallé amorosa, 

Y en tu cabeza hermosa 
Vertió su claridad. 

Cuando al cnizar los mares 
Se ha acongojado mi alma, 
Me ha inoculado calma 
Su rayo celestial; 

Y si las tempestades 
Mi nave han combatido, 
Al punto se ha encendido 
Cual místico fanal. 



POESÍAS FAMILIARES 295 

Lejano de mi patria, 

Y errante, desterrado, 

Su luz me ha acompañado 
Do quiera que yo fui, 
Como un reflejo tenue 
Del argentino suelo. 
Que plácido consuelo 
Derrama desde allí. 

Tu ser identifica 
Con esa blanca estrella, 
Porque de tu alma bella 
Parece el resplandor; 

Y así, la voz suave 

Que irradia tu semblante, 
Cual lámpara brillante 
Presidirá al amor. 

Su blanquecino rayo. 
Emanación del cielo. 
Como plateado velo 
Te envuelve en derredor, 
Y de tu frente en torno 
Te forma una diadema, 
Cual luminoso emblema 
De castidad y amor. 

Pidamos a los cielos 
Que unidas nuestras almas 
Entre cerúleas palmas 
Se eleven hasta Dios; 



296 BIMAS 



Y que esa blanca estrella 
Que es de otros raundos viso, 
I Sea en el paraíso 
La tumba de los dos ! 



LIBRO QUINTO 



IMITACIONES Y TRADUCCIONES 



I 



LIBRO QUINTO 



IHITKIOHES Y TRPaCCIOHES 



EL CEMENTERIO DE LA ALDEA 

(ELEGÍA DE THOMAS GREY) 



La campana lamenta el fin del día, 
Muge el rebaño en torno del vallado; 
El labrador retorna a su alquería 

Y me deja de sombras circundado. 

Ya se borra el paisaje entre las nieblas; 
Callada está la atmósfera tranquila: 
El insecto susurra en las tinieblas, 

Y se oye el eco de lejana esquila. 



300 EIMAS 

En la torre de yedra tapizada 
Su luz esparce la apacible luna, 

Y su secreta oscuridad callada 

El bullo con sus quejas importuna. 

Aquí, a la sombra de olmos y de abetos 
En tumbas que la grama festonea, 
Duermen en tierra, ya por siempre quietos, 
Los rústicos abuelos de la aldea. 

Ya no irá a despertarlos en su lecho 
La brisa matinal embalsamada, 
Ni oirán cantar en su pajizo techo 
Al gallo anunciador de la alborada. 

Ya no recibirán junto a su hoguera 
De la esposa solícitos cuidados, 
Ni sus hijos el beso de la espera 
En sus rodillas les darán sentados. 

Ellos la mies ante su hoz rindieron, 

Y el surco abrieron en la dura gleba ; 
Ellos al bosque secular vencieron 

Y a par del buey se ataron a la esteva. 

De la ambición insana preservados 
Su vida oscura fué, sus penas leves . . . 
¡Mas no sean por esto despreciados 
Del pobre los anales simples, breves! 



IMITACIONES Y TEADUCCIONE'!? 301 



Del orgullo la pompa deleznable, 
La opulencia, el poder y la belleza, 
A todo llega su hora inevitable : 
De la gloria el camino va a la huesa. 

¡ Soberbios de la tierra ! Nada importa 
Que estas tumbas no ostenten un trofeo, 
Ni que en templo que mármoles soporta 
No se eleve en su honor un clamoreo. 

¿La urna historiada, el busto cincelado 
Reanimar puede acaso el polvo inerte? 
¿Suena de la lisonja el canto osado 
En los oídos sordos de la muerte? 

Cabezas que animó fuego sagrado, 
Manos dignas del cetro y de la lira, 
Yacen tal vez en túmulo ignorado 
En este campo que ninguno admira. 

No leyeron el libro portentoso 
Que enriquece del tiempo la corriente : 
La pobreza con soplo silencioso 
Congeló de sus genios el torrente. 

Así la mar en su insondable seno 
Guarda la perla, honor de una corona ; 
Así la flor lejos del prado ameno 
Da su fragancia en solitaria zona. 



302 RIMAS 

Tal vez aquí hay un Hampden sin historia 
Que afrontó de su campo a los tiranos, 
O algún Milton sin cantos y sin gloria, 
O un Cromwell puro, con incruentas manos. 

No dominó su voz en el senado, 
Ni fué su lote ruinas y despojos, 
Ni leyeron su fin predestinado 
De una nación en los inquietos ojos. 

Pero si el crimen no marcó sus pasos, 
Si al solio entre matanzas no se alzaron, 
Ellos al mundo con impíos brazos 
De la piedad las puertas no cerraron. 

No negaron su oído a la conciencia, 
Ni el pudor sofocaron torpemente. 
Ni tributaron culto a la opulencia 
Con inciensos quemados en la mente. 

Lejos de la contienda fratricida 
Sus deseos jamás se descarriaron, 

Y a lo largo del valle de la vida 
Una quieta existencia atravesaron . 

Sus huesos protegidos del insulto 
Descansan bajo toscos monumentos, 

Y un epitafio pide en verso inculto 
Un suspiro al viajero, unos momentos. 



IMITACIONES Y TRADUCCIONES 303 

Es SU edad y su nombre aquí esculpido 
Una elegía para el pobre aldeano, 

Y un texto por el tiempo carcomido 
Conforta al moralista comarcano. 

¿Por qué no se resigna al mudo olvido 
Nuestro ser al dejar el mundo inquieto, 

Y mira atrás con ojo entristecido 
La luz buscando con ansiar secreto? 

Es porque el alma en nuestro ser revive 
Guardando el ojo una piadosa gota, 
Que hasta en la tumba la natura vive 

Y el fuego extinto de cenizas brota, 

i Oh tú, que cantas la honradez sin gloria 
En estas líneas que inspiró la muerte, 
Tal vez alguno guarde tu memoria, 

Y quiera un día averiguar tu suerte ! 

Feliz entonces si un pastor anciano 
Puede decir: — ''La estrella matutina 
" Le vio ágilmente recorrer el llano, 
" Sorprendiéndole el sol en la colina. 

" Allí, a la sombra de la encina añosa, 
" Pasaba el abrasado mediodía, 
" Y recostado en su raíz nudosa 
" El rumor del arroyo le embebía. 



304 KIMAS 

" Al cruzar poi* el bosque silencioso 
" En sus ojos las lágrimas brillaban, 
" Murmuraba en un tono lastimoso 
" Voces que amor o pena revelaban, 

'' Un día no le vi sobre el collado, 

" Ni sentado de su árbol a la sombra, 

'* Ni en el bosque, ni arroyo sosegado, 

" Ni entre el brezal que la pradera alfombra. 

" En un negro ataúd al oti'o día 
'' Le vi llevar al campo de los muertos: 
" Llega, y leerás en esa losa fría 
' ' El epitafio de sus huesos yertos • ' ' 



EPITAFIO 



Yace envuelta en el polvo la cabeza 
De un joven que vivió desconocido: 
Puso en su frente el sello la tristeza 

Y el estudio su tinte indefinido. 

En su alma la bondad tuvo un abrigo : 
Dio a la miseria simpatía y lloro. 
Colmó Dios su ambición con un amigo, 

Y así partió su amor y su tesoro . 



IMITACIONES Y TRADUCCIONES 305 

Sus virtudes no pongas en balanza 
En la mansión solemne del pavor; 
¡Yace en brazos de trémula esperanza, 
A los pies de su Padre y su Señor! 



1839. 



I 



í 



II 



EL SALMO DE LA VIDA 

(De Longfellow) 
(LO QUE EL CORAZÓN DEL JOVEN DICE AL SALMISTA) 



¡Oh! no me digas que la "vida es sueño", 
Triste salmista, en tu cantar amargo, 
Porque el alma no vive en el letargo 
Que es de la muerte pálido diseño. 

La vida es real y su destino es serio, 
Y no es su fin en el sepulcro hundirse ; 
Que "ser polvo y en polvo convertirse" 
No es del alma el divino ministerio. 

Ni es del hombre la senda o el destino 
El reposo, el dolor ni la alegría, 
Sino la acción, para que cada día 
Avance una jornada en su camino. 



308 EIMAS 

Que la ciencia es muy larga, el tiempo estrecho, 
y el corazón más varonil y fuerte, 
Bate el fúnebre paso de la muerte 
Cual velado tambor dentro del peclio. 

¡En el vivac del mundo, alza tu escudo! 
¡ En el campo de acción, arma tn diestra ! 
¡Sé un héroe de la vida en la pale;5tra, 

Y no el rebaño que se arrea mudo! 

Del porvenir los pasos son inciertos: 
Vive y obra sin tregua en el presente, 
¡ Tu corazón en tí, Dios en tu mente. 
Deja al pasado sepultar sus muertos ! 

Los héroes que en tu mente divinizas 
Te muestran que la vida es noble y bella, 

Y ellos te enseñan a estampar la huella 
Del tiempo en las arenas movedizas. 

Tal vez algún hermano fatigado, 
Náufrago de los mares de la vida, 
Recobre aliento en su alma decaída 
Al encontrar tu paso señalado. 

¡ De pie, en acción, con varonil pujanza ' 

Y el corazón dispuesto a todo evento, 
Sigamos de la vida el movimiento. 
Guiados por el Trabajo y la Esperanza. 



1868. 



111 

EL APÓSTOL DE BERANGElí 

(DEDICADO A LAMENNAIS) 



¿A dónde vas? — Voy a salvar al mundo 
Propagando de Dios la ley de amor. 
— Apóstol, tu labor será infecundo, 
Ven al festín, y enjuga tu sudor. 

— No, no: yo voy a eraaneipar el mundo 
De Dios, siguiendo santa ley de amor. 

¿A dónde vas? — ¡A predicar al hombre 
La justicia, la paz, la caridad! 
--No corras ¡ay! en pos de un vano nombre 



I 



310 EIMAS 

Que jamás se convierte en realidad. 
— No, no : ¡yo voy a predicar al hombre 
La justicia, la paz, la caridad! 

¿A dónde vas? — A las humanas almas 

Voy a enseñar la senda de los cielos. 

— Busca otro triunfo entre gloriosas palmas 

Y consagra a la musa tus desvelos. 

— No, no : yo voy a las humanas almas 
A enseñar el camino de los cielos. 

¿A dónde vas? — A alzar en las campañas 
Templos al Dios que cría la gramilla. 
— Huye del precipicio en las montañas, 
Teme de bandoleros la gavilla. 
— No, no : yo voy a alzar en las campañas 
Templos al que bendice la gramilla. 

¿A dónde vas? — En medio a las ciudades 

Voy a purificar los corazones. 

— Deten, que si al impío no persuades. 

La rabia exaltarás de las pasiones. 

— No, no : yo voy en medio a las ciudades 

A curar los viciados corazones. 

¿A dónde vas? — Buscando al afligido 
Para decirle : ¡ Sólo Dios es fuerte ! 
— ¡Ah! teme al poderoso envanecido, 

Y que el esclavo contra tí despierte! 
— No, no: yo voy buscando al afligido 
Para decirle : ¡ Sólo Dios es fuerte ! 



Á 



IMITACIOKHÍ Y TRADUCCIONHS ftll 

¿A dónde vas? — A i'eeorrer la tierra 
Confortando crej^entes que f laquean. 
— ¡Qué! ¿la edad, las fatigas y la g'ierra 
No han domado tus sienes qnc blanquean t 
— No, no : yo voy a recorrer la tierra, 

Y a confortar creyentes que f laquean. 

I A dónde vas? — A quebrantar Idr jnigos 
Con que oprimen al pueblo los tiranos. 
— i Tiembla ! te entregarán a los verdugos, 

Y el pueblo inerme batirá las manos. 

— No, no : yo voy a quebrantar loís 3'ugoíj, 
Con que oprimen al pueblo los tiranos. 

¿A dónde vas? — A confesar mi culto 
En presencia del juez y sus lictores. 
■ — Se perderá tu voz en el tumulto 
Que alzarán los serviles oradores. 
— No, no: yo voy a predicar mi culto 
En presencia del juez y sus lictores. 

i A dónde vas? — Voy a entregar mi cuello 
Sobre el cadalso donde Dios me aguarda. 
— Di una palabra, y de tu gracia el sello 
Pondrá la mano que las leyes guarda. 
— No, no : yo voy a doblegar mi cuello 
Sobre el cadalso donde Dios me aguarda. 

I A dónde vas? — Entre ángeles divinos 

A descansar ctj brazos de mi Dios. 

— ¡ Tú nos conviertes ; sig\ie tu destino ! 



819 RIMAS 

¡En tu sepulcro llorarán! ¡Ad¡ú«! 

— ¡Sí, sí! ¡yo voy entre ángeles divinos 

A descansar en brazos de rai Dios! 

1859. 



IV 

LO QUE ES AMOn 

(IMITACIÓN DE VÍCTOR HUGO) 



Al principio, el nraor ef? un espejo, 
Do la coqueta busca su reflejo 

Llena de vanidad : 
M';s tarde al corazón da grata calma 
E inoculando la virtud en el alma 

La impregna en castidad : 
Y luego es un abisnio en que la mano 
Un borde de que asirse busca en vano, 

Y resbalan los pies : 
Como sucede al niño, que, inocente, 
Se contempla y se baña en una fuente 

jY se ahoga después! 



1848. 



VIVO EN ELLA 

(IMITACIÓN DE BYRON) 



Hay un hilo misterioso 
Tan unido al de mi vida, 
Como liana entretejida 
De gnieso tronco alredor ; 
Nunca el hacha del destino 
Consc^irá separarlos, 
Que a los dos ha de cortarlos 
O conservar a ios dos. 

Hay un ser en cuyo rostro 
Mis ojos se han detenido, 
Y en su mirada han bebido 
Felicidad y placer; 



316 . BIMAS 

Este ser, durante el día 
Me encanta con su belleza, 

Y cuando la noche empieza 
Viene a encantarme también. 

Hay una voz armoniosa 
Cuyos mágicos acentos 
Despiertan los sentimientos 
Que atesora el corazón; 

Y no quisiera escuchar 
De serafines un coro. 

Si esa voz que tanto adoro 
No se uniera con su voz. 

Hay un rostro celestial, 
Que si el rubor lo colora 
El corazón enamora, 

Y expresa el más puro amor; 
Pero en cada despedida 
Palidece su semblante, 

Y más que su labio amante 
Me dice su turbación. 

Hay un seno todo mío 
Donde reclino mi frente. 
Cuando el dolor inclemente 
Viene mi pecho a turbar; 
Hay labios que sólo se abren 
A mis labios con encanto, 

Y ojos que vierten un llanto 
Que al mío se va a mezclar. 



TII'TACIO^H? Y TBADUC virNBS 817 

Hay dos puros corazones 
Tan estrechamente unidos, 
Que de los dos los latidos 
Se responden a la par: 
Unos mismos sentimientos 
A los dos a un tiempo agitan, 
y si a un tiempo no palpitan 
Cesarán de palpitar. 

Hay dos almas que se buscan 

Y en un amor se refunden, 

Y de modo se confunden, 
Que al llegarse a separar... 
i Separarse ! ¡ No es posible ! 
Que si lo estuvieron antes, 
Esas dos almas amantes 
Hoy forman una no más. 

1840. 



I 



VT 

¡ADIÓS! 

(IMITACIÓN DE BYRON) 



I Adiós, adiós ! si el niego del que adora 
Llega al oído que mi voz implora, 
Tu nombre subirá al trono de Dios, 
Y en alas de los ángeles llevado 
Mientras al cielo suba atribulado, 
Murmuraré en la tierra ¡ adiós, adiós ! 

Los ojos secos y sin voz los labios 

No recuerdo del mundo los agravios, 

Que agravios nunca ha habido entre los dos; 

Pero, al tenderte cariñosa mano, 

Acuérdate que te he adorado en vano, 

Para decirte al fin ¡adiós, adiós! 



1850. 



vn 

LA SANTA ALIANZA 

(IMITAOION DB BERANGER) 



La paz bendita descendió a la tiorra 
Sembrando su camino de oro y flores; 
Y, al apagar del genio de la guerra 
Con su aliento los rayos destructores, 
Dijo: — "Vosotros en valor iguales, 
" Hijos del vasto mundo aracricano, 
" Pueblos, formad una Santa Alianza 
" Uniendo vuestra mano, 

** ¡Infelices! el odio va a mataros: 
" Sufrís penoso y agitado sueño: 
" Abandonáis el bien para amarraros 
"En el carro triunfal de vuestro dueña 



393 KIMAB 

" Inmenso es vuestro hogar, y en él hay sitio 
" Para el rico y el pobre y el anciano. 
" Pueblos, formad una Sant?» Alianza 
** Y presentaos la mano. 

" Dais, fuego del vecino a la techumbre 
" Y el aquilón lo lleva a vu^^stro lado, 
" Y al resplandor de la siniestr-i lumbre 
" La reja cae del brazo mutilado 
"En el límite estrecho que os separa 
" Nada está puro del licor humano. 
*' Pueblos, formad una Santa Alianza 
*' Uniendo vuestra mano, 

" En las ciudades do el incendio brama 
" El cacique con látigo sangriento, 
" Abusando del triunfo que le infama, 
*' Marca y cuenta los hombres ciento a ciento. 
" ¡Débil rebaño que se inclira iiiorme 
" A un yugo ignominioso o inhumano! 
" Pueblos, formad una Santa Alianza 
" Y presentaos la mano. 

" Enmudezca la trompa fratricida 
" Y cure la piedad vuestros dolores. 
'* Sin prodigar vuestra precie sa vida 
" Ni a torpes demagogos ni a oi)resores. 
" De los meteoros conj.irad ía influencia: 
*' Disiparánse como el humo vano 
" Pueblos, formad una Santu Alianza 
" Uniendo vuestra mano. 



IMITACI')KB'! Y TFADUCCirNnS 3-23 

" Qne, libre en fin, América respire; 
" Sobre el pasado caiga denso velo, 
"Y al son de dulce lira que susj)-re 
" Quemad inciensos, fecundad el suelo; 
" Que la riqueza guíe a la isperanza 
" Y coseche los frutos del veran»i. 
" Pueblos, formad una Santa Alianza 
" Y presentaos la mano." 

Así dijo la virgen adorada, 

Y la tierra de amor se estremeció, 

Y de brillantes flores esmaUr.da 
Como en la primavera re miró. 

¡ Ah ! que se olvide el nombre de exfTfinj'^.ro, 
Que el extranjero sea nuestro hermano. 
Pueblos, formemos una Sant» Alianza 
Y démonos la mano. 



1888. 



vm 

EL PESOADOE DE PEALAS 

(IMITACIÓN DEL PRANOBS) 



Cuando la reina, su soberbia frente 
Quiere adornar con joya refulgente, 

De precio sin ijfual, 
Le dice al pescador: — " Baja a loá mares, 

Y róbale a sus genios tutelares 

La perla de sus urnas de cristal. " 

Y el pescador con ánimo sereno 

Del mar se precipita al hondo seno... 
¡Al sepulcro, tal vez! 

Y por las frías ondas arrastrado 
Arranca su tesoro al mar airado, 
Que lleva de su reina ante los pies. 



326 BIMAS 

Yo soy el pescador, amiga mía. 

Tú eres la reina, que si acaso Tin día 

Pidieses a mi ardor 
Una joya de adorno a tu belleza, 
Como esclavo, en el mar de mi cab?za 
Fuera a buscar la perla del amor. 

1849. 



ÍX 
A UNA MUJER 

(IMITACIÓN DE AaCTOB HUGO) 



Si fuese rey, te diera mi corona, 

Y mi imperio desde una a la otra zona, 
Del mar undoso las flotantes quillas, 
Mis vasallos postrados de rodillas. 
Por obtener de tí, mujer amada, 

¡Tan sólo una mirada! 

Si fuese Dios, te diera los espacios, 

Y las nubes de grana y de topacios, 
Esos astros que pueblan los confines, 

Y el coro de celestes serafines, 

El mar, la luz, del cielo el embeleso, 
¡Tan sólo por un beso? 

1839. 



2S 



A COLOlSí 

(IMITACIÓN DE SCHILLER) 



Voga, voga con ánimo valiente, 
Empuñando el timón eon firme mano. 

Y no te arredre ese murmullo vano 
Del vulgo necio y del motín j atente. 

Marcha, marcha derecho al Occidente. 
Allí de un nuevo mundo está el arcaao. 
Que adivinó tu genio soberano, 

Y que ves con los ojos de la mente. 

Fíate en Dios cuando los mares sondas, 
Que si no existen mundos ignorados, 
Han de surgir del seno de las ondas: 



330 RIMAS 



Naturaleza y genio son aliados, 

Y todo cuanto el genio ha prometido. 

Naturaleza siempre lo ha cumplido. 



1S50. 



XI 



EL UTOPISTA RIVADAVIA 



(FRAGMENTOS TRADUCIDOS DE UN CANTO EN HONOR 

DE RIVADAVIA, TITULADO: «LES BREBIS MERINOS 
DANS LE RIO DE LA PLATA» POR CARLOS PELLEGRINI) 



En un tiempo la pobre campe.isina 
Erraba por las pampas peregrina, 

Y era su prole, bendición del cielo, 
Una calamidad, un desconf^uelo, 
Que las puertas del rico le cerraba^ 
Cuando sus puertas trémula pisaba. 
El avaro veía en la familia 

Sólo bocas hambrientas de vigilia, 

Y guardaba su estancia y su riqueza 
Con un gaucho y un perro en la maleza 



332 EIMAS 



n 



¡Oh tú, que con prof ética inirada 
Trajiste a esta comarca desolada 
El hermoso rebaño, cuyo seno, 
De noble sangre y de riquezas lleno, 
Vertió a raudales la simiente rica 
Que una bastarda raza purifica! 

Haley te precedió con valentía, 

Pero víctima fué de su osadía. 

Su rebaño, no bien aclimatado, 

Fué por ardiente fueg'O devorado: 

Al resplandor de rojas Humaradas 

Se alzan las vacas, y huyen espantadas. 

Y el toro mugidor, despavorido, 
Huye y deja al ternero desvalido. 
Pero la oveja, del incendio al brillo. 
No abandona a su débil corderillo. 
¡Y en el círculo ardiente y chi^-peante 
Busca a sus compañeras .irthelante 1 

Y la majada muere en la llanura. 
¡Víctima de su unión y su ternura! 
¡Ay! no se ve en el erial humeante 
Sino el rebaño unido y expirante, 

Y un pastor que entre ruinas se lamenta 
Cuando los muertos de su campo cuenta! 
Así arrastra su cruz en este mundo 

El promotor de todo bien fecundo: 
Que no alcanzamos nunca un adelanto 
Que no reguemos con amargo llanto 



IMITACIONES Y TEADUCCIOlfES 333 



m 



¡ Oh Rivadavia ! tu aima generosa 

Hoy preside esta fiesta donciosa, 

¡Y tu nombre querido, en dulce coro 

Brota del corazón, húmedo en ¡loro! 

¡Cuan hermosa es tu gloria! Es preferible 

Al cruento lauro de adalid terrible! 

Seres virtuosos honran tu memoria. 

Y sus virtudes son tu eterna gloria: 
El nuevo habitador de la ilanura 
El bienestar te debe y la "*"ent\ira, 

Y el sudor enjugando de su frente 
Lleva al labio la copa alegremente, 

Y la madre después del esquileo 
A sus hijos enseña el deletreo. 

i De tu existencia un mínimo segundo 
Produjo un beneficio tan fecundo ! 
¡ De tu carrera un punto imperceptible 
Regeneró este pueblo perfectible ! 
i Oh, bien mereces ser llamado sabio ! 
¡ Que en tu alabanza se desate el labio. 
Que tu sepulcro en lágrimas bañemos, 

Y que tu noble imagen perpetuemos! 



XII 
AMOR SECRETO 

(REMINISCENCIAS) (1) 



Si te dijese: " ¡te amo! " ¿qué dirías, 
Mujer hermosa de azulados ojos? — 
¿Quizá encendida contra mí en enojos 
Con ojos de rigor responderías? 

Si te dijese : — " En tí tan sólo pienso, 
" ¡Ángel hermoso de cabellos de oro! 
' * Ante tus pies rendido ¡ yo te adoro ! ' ' 
¿Rechazarías mi amoroso incienso? 

Si dijese: — " Tu imagen sólo veo, 
" ¡Virgen pura, de rostro de azucena! " 
Con esa voz que el alma me enajena 
¿Me dirías risueña: — " No lo creo "? 

(1) Véase la nota. 



336 EIMAS 

Si dijese: " ¡Por tí tan sólo vivo, 
" Esbelta ninfa, la del talle airoso! " — 
Volviendo acaso tu semblante hermoso, 
¿Me contestaras con acento esquivo? 

Si dijese: — "¡Feliz el que tú adores, 
" Graciosa niña, de amorosa boca! " — 
Abriendo el labio que el amor provoca 
¿Pagarías desdenes por amores? 

Te amo más que a las flores olorosas 
Cuyo grato perfume nos embriaga. 
Más que a la brisa que la frente halaga 
Del estío en las noches deliciosas. 

Yo te amo, por tu gracia y gentileza. 
Por tus ojos azules como el cielo, 
Por tus cabellos, que cual áureo velo 
Tiendes sobre tu angélica cabeza. 

Mas te amo en mi interior, sin esperanza, 
Como a virgen en ara colocada. 
En donde la criatura arrodillada 
De sus pecados el perdón alcanza. 

Si es una ofensa amarte en el secreto, 
Yo rogaré a tu bondad inmensa 
Que, como Dios perdona toda ofensa, 
Perdones un amor puro y discreto. 



IMITACIONES Y TRADUCCIONES 337 

Culpa no es mía si eres tan hermosa, 
Si yo te adoro con pasión ardiente, 
Si noche y día en mi abrasada mente 
Vive sólo tía imagen amorosa. 

Culpa será de mi alma el extravío . . . 
Mas dije mal, la culpa es de tus ojos, 
En los cuales, brillando entre sonrojos, 
Amor no busco por no hallar desvío. 

Por eso te amo cual lejana estrella 
Que resplandece en el inmenso cielo, 
Y que, sin alcanzarla desde el suelo. 
En nuestra frente su fuljcor destella. 



XIII 
¡ABIOS! 

(LA ULTIMA CANCIÓN DE BERANGEB) 



¡ Voy a morir ! Ya todo me lo anuncia : 
Madre querida, patria mía ¡Adiós! 
Ultimo nombre que mi voz pronuncia, 
¿Quién te adoró en el mundo más que yo? 
Yo te di las primicias de mi lira 
Y al entregar el alma a su Criador, 
Tu nombre ¡ oh patria ! con mi acento expira ! 
Por tanto amor, una lágrima. ¡Adiós! 

Cuando los reyes en su triunfo impío 
Tu cuerpo hollaban con su carro atroz, 
Hijo constante en tu dolor sombrío, 
Yo te brindaba el bálsamo de amor. 



340 BIMAS 

Más grande que en el triunfo en tu ©aída, 
Tu sacrificio el cielo consagró: 
Tu sangre ha sido el riego de la vida 
Que fecundó la libertad ¡Adiós! 

En mi sepulcro encomendarte quiero 
Las prendas que aquí deja el corazón: 
Algo debes ¡ oh patria ! al jornalero 
Que en tus mieses jamás se alimentó. 
Para que a todos llegue mi plegaria 
Cuando percibo ya la luz de Dios, 
Aun sostengo mi piedra funeraria , . . 
El brazo cae ... la piedra cae ... i Adiós ! 



XIV 
LA MUJER caída 

(TRADUCCIÓN DE VÍCTOR HUGO) 



j Nunca insultéis una mujer caída! 
Nadie sabe qué peso la agobió, 
Ni cuántas pruebas soportó en la vida 
Hasta que al fin cayó. 

¿Quién no lia visto mujeres sin aliento 
Asirse con afán a la virtud, 
Y resistir del vicio al duro viento 
Con serena actitud? 

jGota de agua pendiente de una rama 
Que el viento agita y hace estremecer; 
Parla que el cáliz de la flor derrama, 
Fango al caer! 



342 BI5IAS 

Pero aun puede esa gota peregrina 
Su nativa pureza recobrar, 
Y resurgir del polvo cristalina 
Y ante la luz brillar. 

Dejad amar a la mujer caída, 
Dejad al polvo su vital calor, 
Porque todo recobra nueva vida 
Con el sol y el amor. 



1888. 



XV 
LA ORACIÓN POR TODOS 

(TRADUCCIÓN DE VÍCTOR HUÜO) 



Reza, ¡ ilija mía ! — Ya la noche extiende 
Sus sombras, y un planeta de oro enciende, 

Y la bruma nos cerca en rededor. 
Tardo carro en la sombra se desliza: 
Todo reposa : la nocturna brisa 
Sacude el polvo al árbol y a la flor. 

Ya brotan en el cielo las estrellas 
Siguiendo del crepúsculo las huellas, 

Y el Occidente apaga su carmín. 
La noche su plateada luz difunde : 
Surco, sendero y brezo se confunde, 

Y vaga el viajador en el confín. 



26 



344 EIMAS 

¡Al día el mal, los odios y la pena! 
¡He aquí la noche plácida y serena! 
El viento en las almenas del torreón, 
El ganado, el pastor, con voz quebrada, 
Todo sufre y se queja, fatigada 
Pide natnra sueño, paz y amor. 

Es la hora en que los niños, de rodillas, 
Con los ángeles hablan maravillas, 
Mientras buscamos el placer letal. 

Y en igual oración, en igual hora, 
Juntas las manos, su mirada implora 
La dulce paz al Padre universal. 

Y luego dormirán, y vagarosos 

Los sueños de oro, enjambres tumultuosos, 
Al apagarse el día, acudirán *- 

Sobre sus bocas frescas y bermejas : 
Cual en flores se posan las abejas, 
De la inocencia el sueño libarán. 

i Rezo de iíif ancia, sueño de la cuna ! 
¡ Voz que acaricia sin ofensa alguna ! 
Que alegra y ríe i oh dulce religión ! 
i Preludio blando de la noche grave ! 
Cual bajo el ala se adormece el ave, 
El niño se adormece en la oración. 

Reza, hija mía, por tu madre reza. 
La que meció tu cuna con terneza 

Y con el ser te diera su alma fiel; 



IMITACIONES Y TRADUCCIONES 346 

Por la que amante en el amor nutrida, 
Hizo dos partes de la amarga vida: 
Bebió el acíbar y te dio la miel. 

Ruega por mí, que bien lo necesito: 
Tú eres buena cual ella al infinito, 
¡Con pecho casto y faz angelical! 
Exenta de la envidia, fué piadosa, 

Y abnegada, con alma bondadosa, 

Sin saber quién lo hiciera, sufrió el mal. 

Ella ignora ¡que goces tú su calma! 
Esas miserias, torcedor del alma, 
Remordimientos, penas, vanidad. 
Que dentro al pecho como espuma impura 
Flotan con el sabor de la amargura 

Y de vergüenza cubren nuestra edad. 

Sé bien la vida, y ya podré decirte 
Más adelante acaso, por instruirte, 
Que ir en pos de fortuna o de poder 
Es demencia, y que la urna es aleatoria, 

Y a veces da el oprobio en vez de gloria 
Perdiendo el alma en juego tan cruel. 

La alma humana se altera en su existencia, 

Y aunque la causa vea en trasparencia. 
Vicio y error nos postra en senectud. 
Cuando no se domina su destino. 
Dejan en los zarzales del camino. 
Vellón la oveja, el hombre su virtud. 



34B RIMAS 

Todo en la tierra encuentra su pendiente ; 
El río al mar dirige su corriente, 

Y halla la abeja de la miel la flor. 
Toda ala a su destino se encamina, 
Di águila, gavilán o golondrina, 

Y hasta los cielos vuela la oración. 



1889. 



FIN DR I-AS RIMAS. 



NOTAS 



) 



NOTAS 



Nota 1" — Página 4 

Si manejó la phiuin o si empufié la lanza 
«N'lutma mao senipre a espada, n'outra a penna.» 

CAMOBS — Lusiadaii, 

2" — Página 6 

No veo fi allí! torre del templo majestuoso, 
Cuyo círcnlo c.ibrc la !;loria ton mis alas, 
Almena acribillada por las rugientes balaa 
Que el cañón argentino lanzara a WhitteloV 

La torre de la iglesia de Santo Domingo, donde se refugió 
la columna del coronel Pack que fué hecha prisionera en la 
segunda invasión de los ingileses, y que conserva todavía las 
cicatrices de las halas de cañón disparadas desde la fortaleza. 

3" — Página 6 

No veo aquellos muros que consagró la gloria. 
Cuando asilado en ellos ejército extranjero, 
El pueblo en son de guerra, con ademán severo, 
Hizo rendir la espada del bravo Borresford. 

La Fortaleza de Buenos Aires, antigua morada de los Vi- 
rreyes. En la primera invasión de los ingleses, Berresford, 
atacado por todas partes por el pueblo, tuvo que encerrarse 
dentro de sus muros con todo su ejército, resuelto a hacer re- 
sistencia, o por lo menos con el objeto de obtener una capi- 
tulación honrosa; pero al aspecto del pueblo armado que se 
disponía a marchar al asalto, arrió la bandera inglesa, ee 
rindió a discreción y entregó su espada, terminando así la cé- 
lebre jornada de la Reconquista, en que los argentinos se mi- 
dieron por la primera vez con la primera potencia del mundo. 



350 EIMAS 

4' — Página 6 

No veo el foro inmenso, do fueron nuestros padres 
A proclamar del pueblo la ^ran soberanía. 

La plaza de la Victoria, donde hoy se levanta la pirámide 
de Mayo, en conmemoración de haberse reunido en ella el 
pueblo de Buenos Aires, dando así el primer paso en el sen- 
dero del sistema representativo al iniciar con ella la emanci- 
pación del continente americano. 

5* — Página 6 

Ni el balconaie rústico donde el cabildo un día, 
La libertad de América por bando proclamó. 

La galería desde donde anunció el Cabildo la instalación de 
la primera Junta Revo'.ucionaria, nombrada a petición del 
pueblo el 25 de Mayo de 1810. 

6* — Página 7 

Leopardos, quinas, leones, mostrar cada pendón. 

Alusión a las banderas inelesas, brasileras y españolas con- 
quistadas por la Reoública Argentina en sus guerras con es- 
tas tres naciones; las cua'es existen en los templos de Santo 
Domingo, La Merced y la Catedral, y sólo se desplegan en las 
grandes festividades cívicas. 

7* — Página 7 

¡Oh Patria 1 como esclava suspiras en cadenas. 

Esta composición fué escrita en Mayo de 1838. 
8' — Página 9 

CANTO A LA DERROTA DEL QUEBRACHO 

Esta composición, escrita bajo la impresión que causó en 
Hontevideo la noticia de aquel desastre, se publicó por la pri- 
mera vez en una Corona Fúnebre dedicada a la memoria de 
Rufino Várela, a cuya formación contribuyeron todos los poetas 
argentinos que han consagrado sus cantos a la libertad. Don 



NOTAS 351 

Juan María Gutiérrez, qne escribió la interesante biografía 
que precede a esa colección, dijo con este motivo: 

Sobre la tumba sansrifnta 
Oiip ahr'6 rl p'omo d< 1 tirauo, 
Donde rppoFa un heDYiano 
Que me di6 la sociedad. 

Derramaron ya las flores 
Dp poética armonía, 
Yafps de la patria mía, 
I Bardos de la libertad. 

La composición que hoy se publica difiere algún tanto de la 
primitiva, pues ha sido limada por su autor al tiempo de 
corregir las pruebas, que sin agregarle estrofas nuevas ha su- 
primido de ella muchas que no correspondían a la entonación 
general del canto, lo que le ha hecho conocer la verdad de la 
observación de Alfieri en sus Memorias, cuando hablando de 
los tres años que empleó en corregir las pruebas de sus obras 
poéticas, dice que sin esta última corrección, todo el trabajo 
ác- su vida habría quedado perdido; "tan cierto es, añade, que 
el colorido y la lima forman una parte esencial de toda poe- 
sía". En este caso si el canto no ha ganado en cualidades, 
porque el material era pobre, ai! menos no tendrá asperezas, y 
quizás alcance la cualidad negativa de ausencia de defectos 
de forma, 

9* — Página 16 

El Exruadrón de Maza 
Por la campaña rara 
Se avanza con valor. 

Tal era el nombre del escuadrón que mandaba Zacarías Al- 
varez el día de su muerte. Este nombre le había sido dado por 
el general Lavalle en memoria del infortunado coronel Ra- 
món Maza, fusilado por Rosas en el momento en que prepa- 
raba una revolución contra él. en Buenos Aires. 

10» — Página 17 

T en medio a sus fusiles 
"Y bayonetas viles 
Su caballo deió. 



352 EIMAS 

En el parte de la batalla de Don Cristóbal se leen las si- 
guientes palabras: — «El valiente coronel don Zacarías Al- 
varez dejó su caballo muerto sobre las bayonetas eneuiigas.» 
— Cito de memoria. 

11" — Página 21 

Niágara nudoso y alto Tequendama. 

Considerando la Revolución Americana como una cadena su. 
cesiva de revoluciones, que deben confundirse con un ceníro 
común — la libertad en la república — he creído deber vincular 
en este canto el presente y el porvenir de los dos grandes con- 
tinentes, cuyas cataratas evoco. Su posición geográfica parece 
estar indicando en el istmo de Panamá el lazo que los debió 
ligar. 

12" — Págiua 23 

« Derribemos su trouo al despotismo, 
« Abramos ancha vía al patriotismo, 
« Alcemos los fanales de la lity. 
« Rompamos su barrera a la iguorancia, 
« Alumbremos la mente de la infancia 
« Y ennoblezcamos a la humana grey.» 

Moreno fué en efecto el apóstol político de la Revolución 
de Mayo, y estas pa'.abras que ponemos en su boca no son 
una suposición gratuita, sino literalmente las que pronunció 
en la mañana del mismo día 25, al saber que había sido nom- 
brado Secretario de la Junta: — « La variación presente, dijo 
« él, no debe limitarse a suplantar los funcionarios públicos 
« e imitar su corrupción e indolencia. Es necesario destruir 
« los abusos de la administración, desplegar una actividad que 
« hasta ahora no se ha conocido, promover el remedio de los 
« males que afligen al Estado; excitar y dirigir el espíritu 
« público, educar al pueblo, destruir los enemigos y dar nueva 
« vida a las provincias. Es preciso etnprender un nuevo ca- 
« mino, en que lejos de hallarse alguna senda, sea necesario 
« practicarla por entre los obstáculos, que el despotismo, la 
« venalidad y las preocupaciones han amontonado después 
« de sigjo« ante la felicidad de este continente.» {Vida y Me- 
tnorias del Dr. Moreno). — Sin embargo, Rosas y los que como 
él se empeñan en oscurecer las glorias de ía patria, en las que 
ninguna parte han tenido, se han atrevido a negar iñapúdl. 



NOTAS 353 

camente la existencia del grande pensamiento que presidió 
a la revolución de Mayo. Las palabras de Moreno desmienten 
esta calumnia, y ellas forman el verdadero y único programa 
de! 25 de Mayo de 1810. 

13" — Página 23 

Parto de mil ideas geucrf>sas 
Que volaron en chispas luminosas 
Por todo el continente do Colón, 

La revolución del 25 de Mayo de 1810 no fué la primera de 
América, como algunos creen. Antes de ella, el 25 de Mayo 
de 1809, había estaClado en la Paz y Chuquisaca una revolu- 
ción; pero habiendo sido sofocada, sus corifeos se hallaban 
presos en Buenos Aires, cuando en la plaza que hoy decora 
un sencillo monumento, el pueblo se presentó como entidad. 
A la revolución de Mayo, ejecutada sin bayonetas ni vio- 
lencias, presidió una solidez de ideas que prestándole vigor 
desde sus primeros pasos, le dio lugar a establecer un inmen. 
so sistema de propaganda, que, antes de seis meses, por los 
esfuerzos directos de sus agentes y de sus armas, se extendió 
a Chile y el Perú. La revolución de Mayo nunca fué sofocada: 
todas las demás lo fueron, y en medio de los mayores con- 
trastes de la guerra de la Independencia no hubo una sola Re- 
pública que no respirase libre de congoja, al mirar de pie a 
las Provincias Unidas del Río de la Plata. La revolución 4e 
Mayo no es, pues, la primera por su orden cronológico, sino 
por su objeto, por su poder, por sus resultados y su inr.uencia 
en los destinos de la América toda, en cuya balanza puso su 
inteligencia, su oro, su sangre y su espada, y hasta su por. 
venir. 

14" — Página 2;") 

Contempla al Norte, en trec« fajas bellas 
Cómo flamea el pabellón de estrellas 
Simbolizando libertad y unión. 

Al recordar a Mayo, debíamos este tributo a la revolución 
norteamericana, que fué el heraldo de la de Sud América; y 
un recuerdo aJl primer pueblo del mundo que reconoció nues- 
tra independencia, y que reivindica en nuestros días el honor 
de las instituciones republicanas. 



354 EIMAS 

15° — Página 25 

Como se esparcn jugos y colores 
En el fecuudo polen de las flores. 

Aunque el fenómeno de la fecundación de las flores ha sido 
siempre un objeto común de comparaciones poéticas, debo en 
conciencia hacer mención de la de M. Delavigne en sus <iiTrois 
jours de Chriatophe Colomh» por referirse a la revolución 
norteamericana. 

« Tel un jeiine palmier, pour fécnnder ses sfPnrB, 
Fleurit et livre au-* vents ses parfums voyageurs. » 

33* — Página 99 

La que, Atenas del mundo americano, etc. 

Antes que yo, la ha llamado así un escritor célebre por su 
amor a la libertad y ardientes simpatías por las Repúblicaa 
fle Sud América: el abate de Prad. 

17' — Página 28 

La tribuna de Agüero y de Dorrego. 

Al nombrar dos célebres oradores argentinos, no he querido 
en ningún modo establecer la supremacía suya sobre los de- 
más. He tenido en vista, al elegirlos, el tomar el nombre del 
orador más popular que ha tenido cada uno de los partidos en 
la arena parlamentaria, y manifestar, en este amalgama, que 
la herencia que nosotros hemos recogido es la de la patria y 
no la de los partidos. 

18» _ Página 28 

■Hoy la ocupan estúpidos sectarios 
Donde Iren un papnl sin cniTientarios 
En abono del crimen y maldad. 

« La tiranía es un libro sin comentarios que tienen sus fa- 
náticos. J> (NoEviNs — Historia de Napoleón.) 

19' — Página 29 

o maidicióii tremenda del Eterno 
Porque el lazo rompimos de la unión. 



NOTAS 355 

No hay uno solo de los jóvenes poetas que hoy escriben que 
no haya bebido alguna inspiración en g1 Oanto del Cisne que 
don Juan Cruz Várela dedicó a Mayo poco antes de morir. Por 
nai parte, al escribir estos versos he tenido muy presente la si- 
guiente estrofa, que pertenece a ese canto: 

I Oh Dios! I no supimos vivir como hermanosl 
De la cara patria, nuestras mismas manos 
Osaron el pecho sagrado romper, 

Y por castigarnos, al cielo le plugo 
Hacer que marchemos uncidos al yugo 
Que oscuro tirano nos quiso imponer. 

20' — Página 32 

En vano viejos pueblas enervados 

Escriben por el miedo dominados: 

«¡El oro! ¡El oro es de la tierra el Dios!» 

Que ella dice con hechos elocuentes: 

«En los pueblos viriles y valientes 

«El Dios es de la patria el santo amor.» 

La idea de estos versos me fué sugerida por un valiente 
apostrofe de la composición del Sr. Luis Domínguez en el 
Certamen de Mayo de 1844, y añadí posteriormente esta estro- 
fa, porque no debía pasarse en silencio ¡a gloria que cabe al 
pueblo oriental de haber sostenido una guerra sin dinero. El 
conde Daru dice en su Historia de Venecia: « La máxima 
« que el dinero es el nervio de la guerra, verdadera bajo al- 
« gunos aspectos en administración, no ha podido acreditarse 
<? sino en pueblos incapaces de esfuerzos generosos: cuando 
« se aspira a la independencia, a la gloria y al poder, es ne. 
a cesario saberlo conquistar por sí mismo. » 

21" — Página 33 

Y sus hijas también, con patriotismo, 
Bendan al que cayó con heroísmo. 

Las damas orientales y argetinas fundaron a su costa un 
hospital de sangre, en que fueron asistidos personalmente por 
ellas más de dos mil heridos del sitio de Montevideo. 

22* — Página 36 

El mundo entero aplaudirá ese golpe. 



356 RIMAS 

No necesito confesar que he tenido muy presente la bella 
imprecación del Sr. D. José Rivera Indarte, en su elocuente y 
erudito discurso: « Es acción santa matar a Rosas » — Con 
este motivo transcribiré en este lugar mi opinión sobre la 
doctrina del tiranicidio, predicada por Rivera Indarte. He 
aquí lo que dije al escribir su biografía: — « Sin aceptar el ti- 
ranicidio como doctrina absoluta, sin creer que un puñal pue- 
da operar una revolución social, y sin participar del entu- 
siasmo poco reflexivo que ha colocado una corona sobre las 
sienes de Bruto matador de Julio César, ¿quién es aquel que 
llamaría bárbaro y criminal al brazo levantado contra Rosas? 
¿Quién aquél que reputaría inmoral la acción de acabar con 
una existencia manchada por el crimen, de paralizar una ma- 
no apta tan sólo para el degüello, y de librar a la sociedad 
ultrajada de un verdugo que ha conculcado las leyes humanas 
y divinas? — No han faltado sin embargo enemigos de Rosas 
que hayan calificado de inmoral la predicación de acabar con 
la vida de Rosas, elevada al rango de teoría política y de me- 
dio lícito de guerra. Nosotros, sin desconocer que como doc- 
trina y como medio de guerra puede ser funesta y corrup- 
tora, aplicada a un hombre cuyo proceso ha sido formado por 
la conciencia universal y considerando su desarrollo como 
la piedra destinada a dar ñlo al puñal tiranicida, no nos sen- 
timos con fuerza para reprobar una acción que aplaudiríamos 
si hubiera tenido lugar, como aplaudimos a Carlota Corday, 
la vengadora de la virtud, aunque su heroico sacrificio haya 
sido estéril para la libertad de su patria. » 

Todas estas notas, hasta el número 22, fueron escritas en 
1844, y la publicación en el mismo año con la composición a 
que se refieren en un libro que lleva por título Cantos de 
Mayo. 

23" — Página 38 

Maere, para vivir vida inmortal. 

« Cuyos nombres viven en el libro de la vida, inmortales 
<<: en la memoria de los mortales. » El Inca GABcnjiso. — Co- 
mentarios del Perú. 

24' — Página 41 

EL CORSARIO 

Como lo indica el epígrafe de esta composición, eflla es 
una variación sobre el conocido tema de la Canción del Pirata 



NOTAS 357 

de Espronceda. La originalidad, si es que la tiene, consiste en 
haber dado una forma dramática a la actualidad en que se 
publicó el periódico político con el título de Corsario^ del cual 
esa poesía fué el prospecto. Las alusiones contra los ingleses 
en favor de la Francia muestran que ella fué escrita en 1839, 
época en que la Inglaterra era hostil a la causa de la liber- 
tad, mientras que la segunda era nuestra aliada. 

25° — Página 47 

elegía al general lavalle 

Esta elegía, así como algunas otras que se registran en las 
páginas de las Rimas, debieron formar parte de una colección 
que con el título de Elegías Argentinas pensé publicar en mis 
primeros años, y de las cuales he quemado la mayor parte. 
En ellas me proponía sacar la Elegía del carril en que se 
arrastraba, dándole la forma y el movimiento dramático, que 
es el que más poderosamente hiere la imaginación y conmue- 
ve el alma. Esto mismo es lo que ha hecho Delavigne en al- 
gunas de sus Mesenianas. Tal fué mi objetivo: dudo de ha- 
berlo alcanzado. 

De esta elegía se hizo en Montevideo una incorrecta edición 
suelta, en que figuraba el nombre de Melchor Pacheco y Obes, 
quien, a pesar de no haber tomado parte en su confección 
(como había convenido con el autor), quiso sin embargo aso- 
ciarse como oriental a esta manifestación de dolor y simpa- 
tía, cuando los poderes públicos de su patria negaban al ge- 
neral Lavalle hasta la justicia postuma. 

Esta composición se ofrece hoy corregida en su forma de- 
finitiva. 

26" — Página 48 

i Cuál página más grande para inscribir su nombre 
Que esas gigantes moles que mundos equilibran? 

Olmedo dice en el Canto a Junín, hablando de los Andes: 

«El mundo con su peso equilibrando.» 

27" — Página 48 

Como para la tumba del inmortal Moreno 
Sus agit.iii.-'S ondas abrió el profundo mar. 



358 BIMAS 

Don Mariano Moreno. Todo3 saben que habiendo muerto 
durante la navegación, su cadáver fué arrojado al mar. 

23' — Página 52 

Así, en otros fifmpos, rn campo extendido 

El fuerte guerrero yacía caído, 

¡Y el carro que hollaba seguir triunfador t 

Sin poder determinar de dónde, recuerdo haber tomado el 
fondo de esta imagen de un escritor contemporáneo. Creo que 
de Nodier. 

29" — Página 55 

Y Eus puras palabras. 
Al tiempo de verterlas, 
Se convierten en perlas 
En la urna funeral. 

Es una creencia popular en el Oriente que las lágrimas de 
los niños se ccnvierten en perlas al caer en el mar. 

30" — Página 57 

JOSÉ CAMPÓN 

El 19 de Octubre de 1839, hallándose acampado el ejército 
de la República Oriental sobre el Arroyo del Sauce, frente al 
paso de Seferino (Santa Lucía Chico) una división enemiga 
de mil quinientos hombres trató de forzar el paso del Sauce. 
Veinte hombres que lo ocupaban lo sostuvieron va'.ientemen. 
te, hasta que envueltos por el número tuvieron que abando- 
narlo. El oficial que los mandaba se llamaba don José Cam. 
pón, capitán del primer escuadrón de Tiradores de la Liber- 
tad, que era la escolta del Presidente General en Jefe. Ha- 
biendo recibido Campón por dos veces la orden de sostener el 
paso a todo trance, mandó decir al jefe de la avanzada, que 
le era el coronel Santander, estas notables palabras: «Dí^'ale 
Vd. al Coronel que los enemigos son más de mil, que si quiere 
que me haga matar con mi gente, que me haré matar». No 
había aún concluido de prenunciar estas palabras, cuando el 
paso fué forzado y arrollada toda su fuerza. Santander cargó 
en protección de Campón y fué derrotado; en seguida el co. 
ronel Blanco, jefe de vanguardia cargó con el escuadrón nú. 



NOTAS 359 

mero 7 de Milicias y el de Tiradores de la Libertad, los que 
después de tres cargas fueron arrollados, dejando en el cam- 
po treinta y nueve muertos, entre ellos al capitán Campón y 
al subteniente Alberdi. El coronel Núñez se avanzó entonces 
con su división y al amago de la carga se retiraron los ene- 
migos. 

Tal es el episodio sobre el cual está fundado este romaneo 
histórico, género poco cultivado por nuestros poetas sin em- 
bargo de ser uno d"; los más adecuados para popularizar loa 
recuerdos de la historia. 

31" — Página 89 

Pidamos Yara rl campo laB mieFee atwndofae, 
Fl pnn para !np pohrrs, virtud a 'as hrrmosas, 
Y para ti pueblo todo, la lu7 de la razón. 



« Pad a nnertros campas mípsps abundosas, 

« Arroiip nirfurs fii bril'o a los metales; 

« Pfid navrs a los piurlos, 

« Pni blos a los df^irrtos, 

« A las armas victoria, 

« Alas al genio y a las musas gloria. » 

or.MKPO — ■ Canto a Jnnl>u 

32' — Página 92 

Corro, cap, se Icvar'a y de laureles 
Resplandece su f r( nte coronada. 

« Enfin le tírme arrivp.... il court, il vo!p, il tonibe, 
« Et se releve roi ! » 

v/oTOK iiuao — Mazeppa. 

33" — Página 99 
LA CAMPANA 

Cuando escril-í esta comporirión en 1837, época en que sa 
publicó en el Iniciador de Montevideo, no conocía aún el mag- 
nífico canto de Schüler que lleva el mismo título. Posterior- 
mente lo he leído, y él me ha inspirado algunas adiciones que 
h-í colocado en su lugar al tiemno de darle el último golpe de 
lima y la ú'.tima poda, quitándole las estrofas que tenían un 
carácter de circunstancias pasajeras, 

27 



360 KiiíAs 

34" — Página 100 

Y colgado de tus cuerdas 

Un pueblo de audacia lleno, 

Hizo brotar de iu seuo 

La voz de revolución. ' 

€ La rebelión, suspendida a las cuerdas de la campana, la; 
« hace gemir en los aires, y convierte un instrumento de paz 
< en instrumento de violencia. » 

SCHILLKE— Lo Campana. 

35' — Página 100 

Cuyo vivífico rayo, 
Como un martillo de oro, 
Te d'ó fl acrnto sonoro 
De la estatua de Memnón. 

Es bien conocida la poética tradición que cuenta que, el pri- 
mer rayo deíl sol naciente, que hería la estatua de Memnón, 
le hacía producir un sonido armónico. Lamartine se ha ser- 
vido alguna vez de esta comparación, pero sin desenvolver 
la imagen. 

36" — Página 107 

Sangre bebas en vez de linfa pura, 
Sangre tan sólo bebas por doquier. 
I Y al entrar fn el lecho, sangre impura 
De la almohada veas tú coiTer! 



« En tanto a sus verdugos 

€ Persiga en triste sueño, 

« El Prado Madrileño, 

« Espectro aterrador: 

« Sangrienta el agua beban, 

<s Sangriento el cielo miren, 

« Y en sangre al cabo expiren 

« Por hierro vengador. » 

NICASIO aALIiBOOS. 



37" — Página 107 

Y que te brinde copa reluciente, 
Y al apurarla, lleno de embriaguez, 
En la l(-n?-ua te pique ima serpiente 
Que surja enfurecida de la hez. 



NOTAS 361 

Al hablar de las torturas del infierno, era imposible no 
traer a la memoria los admirables versos del Dante en el 
Canto XXV de su poema, en que describe el suplicio de los 
ladrones, al pintar a las culebras que devoran a aquéllos, cam- 
biando de forma y transformándose recíproca y sucesivamen- 
te unos y otros, ya en culebras ya en hombres, oprimidos por 
los anillos de los reptiles. 

38" — Página 108 

Y levantando un coro de clamores 

Los demonios, al son de innoble trompa, 

Te arrojen, etc. 



« Chiama gli abitator dell'onibre eteme 
« II rauco snon della tartárea tromba. » 

(T.\sso — Gerusalemme Liberata.} 

39' — Página 119 

Y el pueblo agradecido 
Sus nombres rememora, 
Que el sol de Mayo dora 
Kn la urna tumular. 



« La gloire, aube tcujours nouvelle, 

« Fait luiré leur mémoire et redore leurs noms. » 

VlCTOE HUCiO. 

40' — Página 127 
A SANTOS VEGA 

Esta composición pertenece a un género que puede llamarse 
nuevo, no tanto por el asunto cuanto por el estilo. Las cos- 
tumbres primitivas y originales de la pampa han tenido entre 
nosotros muchos cantores, pero casi todos ellos se han limi- 
tado a copiarlas toscamente, en vez de poetizarlas poniendo 
en juego sus pasiones modificadas por la vida del desierto, y 
sacar partido de sus tradiciones y aun de sus preocupaciones. 
Así es que, para hacer hablar a los gauchos, los poetas han 
empleado todos los modismos gauchos, han aceptado todos 
sus barbarismos, elevando al rango de poesía una jerga, muy 



362 EiMAa 

enérgica, muy pintoresca y muy graciosa, para los que cono- 
cen las costumbres de nuestros campesinos, pero que por sí 
no constituye lo que propiamente puede llamarse poesía. La 
poetía no es la copia servil, Fino la interpretación poética de 
la naturaleza moral y material, tanto en la pintura de un 
paisaje, como en el desarrollo lógico de una pasión o de una 
situación dada. Así como en pintura o en estatuaria la verdad 
artística no es la verdad material, puesto que no es el mejor 
retrato el que más exactamente copia los defectos, así tam- 
bién ".a verdad poética es muy distinta da la realidad concreta, 
es decir, que sin ser precisamente el trasunto da la vida de 
todos los días, es sin embargo hasta cierto punto su ide'^.'iza. 
ción que sin perder de vista el ori'^inal, lo ilumina con los co- 
lores de la imaginación, agrupa en torno suyo los elementos 
que no se encuentran reunidos en un solo indiviiuo, y que no 
obstante existen dispersos, y que reunidos forman lo que se 
llama un tipo. Así es como he comprendido la poesía, y así la 
h?n comprendí :1o todos los grandes maestros, si estudiamos 
con atención sus obras. La elegía a Santos Vega no es sino la 
aplicación ingenua de esta teoría: en ella he procurado ele- 
varme un poco sobre ?a vida real, sin olvidar el colo'-ido lo- 
cal y sin dejar de mantenerme a la altura de la inteligencia 
del pueblo. Por le demás, ella se funda en la tradición popu- 
lar que ha hecho de Santos Vega una especie de mito; que 
vive en la memoria de todos, envuelto en las nubes presti'^io- 
sas del mi-terio, sin haber dejado otra co'sa que la tradición 
de sus versos improvisados, que el viento de la pampa se ha 
llevado. 

41" - Fkg-na 129 

De noche baio de tm árbol 
Dicen que brilla una llama. 

Los gauchos dan el nombre de vela (encendida) a los fue- 
gos fatuos que se levantan de los sepulcros, y que suponen 
ser el alma en pena de los muertos. 

42" — Página 132 

Y In ba de esciiohar. el ?aucho 
Tfnd:do en sn duro lecho, 
Mit ntras en pajizo techo 
Cante el gallo matinaL 



NOTAS 363 

Reminiscencia de nn pensamiento de Thomas Grey, que,, 
aunque lejana, tuve presente al escribir estos versos. 

43=' - - Página 133 
EL PATO 

Esta composición pertenece también al género gaucho, tal 
como lo había concebido en la época en que me ocupaba en 
escribir poesías. Es un cuadro de costumbres bajo una forma 
dramática, en el cual, evitando la monotonía del género des- 
criptivo, he procurado desenvolver una acción sencilla en tor- 
no del juego que forma el verdadero asunto. El juego del pato 
no existe ya en nuestras costumbres; es un recuerdo lejano. 
Prohibido bajo penas severas, a consecuencia de las desgra- 
cias a que daba origen, el pueblo lo ha ido dejando poco a 
poco, pero sin olvidarlo del todo. En su origen, este juego ho- 
mérico, que tiene mucha semejanza con algunos de los que 
Ercilla describe en la Araucana, se efectuaba retobando un 
pato dentro de una fuerte piel, a la cual se adaptaban varias 
manijas de cuero también. De estas manijas se asían los ji- 
netes para disputarse .a presea del combate, que generalmente 
tenía por arena toda la pampa, pues el que lograba arrebatar 
el pato procuraba ponerse en salvo, y la persecución que con 
este motivo se hacía, era la parte más interesante del juego. 
Posteriormente se ha dado el nombre de pato a todo ejercicio 
en que dos jinetes, asidos de las manos o ligados por medio 
de un lazo atado a la cintura, procuran derribarse de sus res- 
pectivos caballos. Después de haber descrito el paso primi- 
tivo, creí que el cuadro no quedaría completo si no presentaba 
al mismo tiempo una pintura del modo de jugarlo por medio 
del lazo, y tal es el objeto de la lucha que tiene lugar entre 
Obando y Zamora. 

44=* ^ - Página 154 

j Compatriotas 1 se acerca el fausto día 
De ventura, de paz y de alegría, ttc. 

La proclama que se pone en boca de Castelli, es la traduc- 
ción casi literal de la que él dirigió a los pueblos, en el mo- 
mento de levantar el estandarte de la revolución del sud. 



364 KIMAS 

45" — Página 158 

Sereno « sii lado marcha 

Crámmer, valiente y experto, 

Pero cayó al suelo muerto ' 

T la pelea cesó. 

Crámmer, que era el segundo de Castelli, murió en la bata~ 
lia de Chascomús. Nacido en Alemania, se había distinguido 
en la guerra de la Independencia, y en la batalla de Chaca- 
buco mandaba un batallón de infantería con el cual contri- 
buyó al éxito de la victoria. 

46" -- Página 159 

Por los llancs inmensos de la pampa 
Vaga Castelli triste y silencioso. 

Según algunos, Castelli murió insensato, como el rey Lear, 
sintiendo las angustias de un corazón magnánimo devastado 
por el infortunio. Esta situación sublime, poetizada por Sha- 
kespeare, hubiera podido explotarse en este poema, al apagar 
en el héroe de la revolución del sud la luz de la razón, j^ po- 
ner en su boca palabras delirantes de patria y libertad, pero 
dejando intacto su corazón para sentir. Tal era, sin duda, la 
situación que adopte el poeta futuro que cante ese hecho, dig- 
no de la epopeya, aun cuando no fué coronado por la victo- 
ria. Por lo que a mí respecta, cantor de circunstancias, te- 
niendo en vista producir un poema patriótico dedicado a mis 
contemporáneos he preferido la situación más vulgar, y por 
consecuencia la menos poética, a trueque de llegar más direc- 
tamente al objeto que me proponía, que era exaltar el senti- 
miento grandioso del sacrificio deliberado. 

47" — Página 177 

Porque el genio es un pobre jornalero 
Que fecunda la tierra con afán. 

« Milicia es la vida del hombre, y sus días son como los 
días del jornalero sobre la tierra. » (Antiguo Testamento. Li- 
bro de Job.) 

48' - - Página 179 

y lo estrelló en la roca solitaria 
Qije es n 's ytz fv túninlo y altar 



I 



NOTAS 3fi5 

La isla tie Sinta Elena. Estos versos fueron escritos ea 
1837, cuando aun no se habían trasladado a Francia las ce. 
nizas de Napoleón. 

49^' — Página 179 

Flor que ostenta del iris los colores 
Sin el perfume que la rosa da. 



I 



« Flor inodora, 

« Que hnlaera dulcemente los sentidos 

« Y que iiueusiblo el corazón no adora. » 

QI.'TÍÍTANA.. 

50" — l'ágina 182 

Como luz encnrrada en vaso opaco 
Que llena el interior de claridad, 
Sin que perciba el ojo indiferente 
La mistvrio.sa lumbre que allí está. 

Imagen tomada de la Sagrada Escritura. 
51" — Página 183 

Con la cabeza de la fe en la almohada, 
Y en brazos de la inmensa eternidad. 

Camilo Desmoulins dijo, con motivo de la abolición de la 
religión cristiana en Francia, que « era privar de la almohada 
de la esperanza de una vida mejor a los que se dormían oh 
brazos de la eternidad. » — (Thiers — Revolución Francesa). 

52" — Página 189 
PLEGARIA 

Una parte de esta composición está fundada sobre pensa- 
mientos escritos en prosa por don Juan B. Alberdl, de los 
cuales los versos que se han leído son una traducción poética 
Como podrán observarlo los que hayan estudiado los fenóme- 
nos de lo que se llama el magnetismo animal, las ideas y las 
imágenes se hallan estrictamente ajustadas a las teorías cien- 
tíficas más o menos dudosa.s de sus tratadistas. 



36 i5 EIMAS 

53" — Pág'-na 396 

lilore también el mísfro me ndiero, 
Y rl desvalido en miEerable lecho. 
Cayó pin vida el que con voz de amigo 
Defendiera su pan y fu derecho. 

Alusión a la composición de Berro que lleva por título El 
llendigo, y a la circunstancia de ocupar el empleo de defen_ 
Bor de pobres y menores al tiempo de morir. 

54' — Página 196 

Al qne cantó las penas del Esclavo. 

El Esclavo fué la primera composición poética que Berro 
dio a luz, y por la cual conquistó en un solo día el merecido 
nombre de poeta. Es también la más bella de todas cuantas 
componen la colección que de sus obras formó d"n Andrés La- 
mas, haciéndolas preceder de un interesante discurso prelimi. 
nar. En ella se encuentran estos hermosos y sentidos versos: 

iBertrnye con tu snplo 
Qne ,T>3fp las nacinnrs, 
Ií8S lardaras prifiones 
Del hombre de colorí 

55" — Página 209 

Pero si en el inmenso, divino paraíso 

No te encontrara aca.'o, mi celeftial hechizo, 

IjOS celestiales goces tristes serán sin tí. 

Pensamiento de una canción corsa. 

56" — Página 227 
NOCHES DE DICIEMBRE 

Esta composición fué inserta en la página 362 del tomo 3." 
de las Obras completas de Esteban Echeverría, como pertene- 
ciente a este autor. A este respecto dice su hi^'^rafo, el Sr. D. 
Juan María Gutiérrez, en el vol. IV pág. LXVIII lo que sigue, 
a propósito de algunas líneas escritas por el autor en honor 
de la memoria de Echeverría: — « El general Mitre ha escrito 
estos recuerdos con el cariño del amigo y la gratitud del dis- 



NOTAS 367 

cípulo. Los primeros trabajos literarios se revisten de la in_ 
fluencia del maestro y ha acertado a veces a imitarle tan de 
cerca en las composiciones ligeras que aprovechamos esta oca. 
Gión para devolverle la propiedad de la poesía titulada — 
Ifoches de Diciembre — que por inadvertencia atribaímos a 
Echeverría. 

57' — Página 227 

Miro brillar en el cielo 
Las estrellas encfndidas. 
Letras de luz orparcidas 
Por la mano del Criador, 



« Letrae de luz, mieterios encendidos. »• 

58' — Página 232 

Aquellos dos pcnpamirntos 

Su vida simhnliiaban, 

O quizá idinfficaban 

Su vida, su alma y sn Ber. 

Hay en estos cuatro versos una reminiscencia de la Pasio- 
naria de Zorrilla, que podrán advertir desde luego los que 
hayan leído esa interesante leyenda. 

59» __ Página 239 

Mae iqué importa! si a la tumba 
Pronto carra el genio mío. 
Como el torrrnte bravio 
Que va a morir en el mart 



« NnpFfras vidas son los ríos 
« Que van a dar rn la mar, 

« Que es el morir: 
« Allí vaa los sfíioríoB, 
« Derechos a se acabar 

« y consumir. » 

JOROH MAlf&XQUK. 



368 RIMAS 

60" — Página 240 

Como el náufrago se abraza 
De las astillas flotantes, 
De las horas vacilantes 
Me abrazo con ansiedad. 



« Les insensés en' vain s'attacheront aux heures, 

-; Comme aux débris épars d'un vaisseau submergé. » 

TfOrOR HUGO. 

61' — Página 242 

¡Oh Mufa! vuelve otra vez 
A tu celeste morada. 

«O Muse, qui daii^nas me soutenir dans une carriére aussi longue 
«■que périlleuse, retourne maintenant aux celestes demeures.» 

CHATEAUBRIAND. — Martyrs. 

62=" — Página 243 

Pero antes, rompe las flechas 
De mi carcax no vacío: 

¡Mi brazo perdió su brío, 
Y el arco se va a quebrar! 



■; Mourir tans vider mon carquois!... 

ANDRÉ CHENllfR. 

63" — Página 265 

Al seguir los inviernos su camino, 
Las primaveras queden en tu sien. 

«Aquellos veinte años habían pasado, dejando tan sólo las pri- 
maveras sobre su frente...» (Chateaubriand — Memoiias ñ.^ 
Ültra-Tumba.) 

64° — Página 269 

Que nunca fallen flores a tu almohada, 
Ni miel fn tu colmena perfumada. 
Ni on el hogar el hijo de tu amor. 



NOTAS 369 

« Seigneur! próeervez-moi, preserven ceux que j'aime, 
« Fréres, parents, amis, ct mes ennemis méms 

<; Dans 1« mal tricmphants, 
<'. De jamáis voir, Seigiieurl l'été saus fleurs nonvelleE, 
. La cage eans oiseaux, la ruche sans abeilles, 

« La maison sans enfants. » 

VÍCTOR iruGO. 

65" -■ Pág:iiia 271 

i Por qué sobre el torrente de Li vida, 
Como una flor del árbol suspendida. 
Te inclinas a llorar? 



« Sur le fleuve du temps mollement cndormie, 
•í; Laisse les flots suivre leur cours. » 

VÍCTOE HUOO. 

66" — Página 299 
EL CEMENTERIO DE LA ALDEA 

De esta elegía ha dicho Lord Byron, que su autor sería el 
primer poeta inglés, si no hubiese escrito otra cosa. Tradurida 
a todos los idiomas vivos, su celebridad ha ido crccieíaio con 
el tiempo. En español conozco cinco traducciones, que no 
eon sino pálidos reflejos del original o amplificaciones del texto, 
adoleciendo todas ellas del defecto capital de -ier por denuls 
compendiosas o arrastrarse demasiado sin ser coaapletamente 
fieles. Habiendo hecho un estudio especial de esta composición, 
me ensayé muy temprano en su traducción por consejo del 
Dr. Florencio Várela. Hoy, con más meditación, he vuelto a re- 
hacer mi trabajo, separándome tanto de mi antigua versión, 
cuanto de las demás traducciones conocidas. Según el precepto 
de Chateaubriand, he querido hacer una versión casi literal, 
al ceñirme al mismo número de versos del original y adoptar 
metro análogo por su gravedad, reproduciendo su movimiento, 
repitiendo sus sonidos por otros aproximados y dar a los pen. 
pamientos su concisión y al estilo la noble sencillez que lo ca- 
racteriza, procurando así acercarme en cuanto me ha sido 
posible a la fuente primitiva de que brotó esta sublime poesía. 
¡Feliz aquel que consiga inocularla en su lengua materna! 



370 KIMAB 

67' — rágina 305 

Yace en brazos de trémnla esperanza. 
« Paventoea rpeme. » — PETRARCA 

68' — Página 309 

EL APÓSTOL DE BERANGER 
Dedicado a Lamennais 

Las PnTnhros de un Creyente de Lamennais ha pHo el lihro 
de cabecera de una generación que ha crntí-ihuí-ío a dar'A 
eu temple mo'-al. E'^pecie de Evans^elio popular, que conte- 
niendo toios los pnncinios d'?l d'^cllo'ro democrático encierra 
en eí el Idea! de todos los tiempos, uni^fo a las asDÍ''3ciones 
generosas de la érora moderna, sus p^iginas han sido por mu- 
cho tiempo el encanto del Joven, el ali'Tiento de lih'-or«eri'5ador 
y el consuelo del afligido, a la vez que han impres^nado con el 
perfume de una poe^íi austera el cora7rtn d^^ los hombres ca- 
paces de apasionarse por tof^o lo que es bello y bueno. 

El lih'-o ha hecho su tiempo, su forma ha envejendo, sus 
vegetaciones exuberantes y parásitas se han marchitado, su 
filosofía, que no es una novedad, es de! dominio d<?l sentido 
común de fa humpnidfd. y la razón emancipada necesita hoy 
pasto más fuerte y horizontes más dilatados que los que puede 
ofrecer su lectura. 

La embriaguez sagrada, a que contribuía la efervescencia 
d€ la savia Juvenil de los lectores, ha pasado. El díctamo con- 
solador que destüaban sus páginas no tiene ya la misma vir- 
tud: sin embargo, el rastro luminoso de la Idea que le dio 
vida, la vibración de aqueüa palab'-a revela'^ora, no se ha bo- 
rrado de! todo de la mente y la perciben aún los sentidos. 

Es que Lamennais formó una escuela política y religiosa, 
cuyos discípulos le contemplan todavía como una eso^cie de 
apóstol inspirado que ha predicado al mundo la santa doctrina 
de la libertad de la igualdad, de la frater-ni-'ad de la perf^C- 
tiMüdad humanas, deducida de la ley de amor que formaba el 
fondo de sus creencias. 

Poeta y filósofo, religioso y librepensador, hombre de con. 
cepción y capaz de acción y sacificio, Lammenais tiene algo 
de San Pablo, cuyo nombre llevaba, y mucho de los hombres 



■ NOTAS 371 

de todas las edades y de todas las creencias, unidos por el doble 
vínculo del sentimirnto y de la idea, y mancomunados por el 
culto de las verdades eternas que forman el patrimonio del 
género humano. 

Esta noble y simpática figura era digTia de inspirar a la 
musa popular del gran cancionero del siglo XIX, arai-^o y 
admirador de Lamcnnais, y que como él profesaba la religión 
de la libertad del pueblo y tributaba culto a la verdad. 

Béranger sintetizando los principales rasgo-j de su carácter 
moral y de su apostolado intelectual, ha colocado sob'-e su cibca 
inspirada la aureola fulgurante de la poesía, imitando el cono- 
cido carítulo del libro de Lamrnnais que ticuG por e^í^rafe: 
«¿A dónde vas, joven soldado? — Voy a combatir por mi creencia.^» 

Cusndo las canciones postumas de Bé"an~e- (fnt'e las que 
se halla esta composición) llegaron a mis manos, acababa de 
dar la b^-talla de Cepeda y me prep^nba a dar la de Pavón, 
que decidió de los destinos de la nacionalidad ar'^entim. 

Ocupábame entonces rn redactar El Informe sobre la Consti- 
tución Nacional, y a la vez que adelantaba esta obra, dedinué 
algunas horas a traducir en verso varias de las canciones que 
más me habí.an imp'-ejiomdo. Una de eFas fué El AnóH'^l, 
que entonces se publicó anónima en los diarios por temor de 
desacreditar mi trabajo constitucional, y que hov nn-^di firmar 
a la luz dsl día cuando la doble tarea ha sido cumplida. 

Esta canción, leída en momentos sole'nn3s f^n nue nrich'^a 
creencias flaqueaban, trar^'ucida en medio de estudios serios que 
deVí?n influir en los d-^stinos de un pueblo, e interpretada con 
el auxilio de las «Palabras de un Creyente» que traím .a la 
memoria las esperanzas de la p'-imera edad, no dejó de con- 
tribuir en algo a robustecer mi fe en la doctrina d? la vedad 
y el triunfo definitivo de los buenng princioios. P'V eso la 
anoto con estas fugacps reminiscf^ncias, como una p'^ueba de 
que la verdadera poesía puede nufir la miente, retemplar el 
alma e inoculir aliento viril en medio de la lucha y del trabajo 
de todos los días. 

69' — Página 317 

JTay floB pvrop corn'"in'S 
Tsn pptvrhflin'-iifp rn'fl'i<!, 
Oiie flp |ní dnp Ins Int'dus 
Se reepondtn a la par. 

Antes de esta imitación do By^on, había aparecido una tra. 
ducción de d"n Juan María Gutiérrez, de la cual el autor tomó 
el siguiente gira poético: 



372 RIMAS 

Se hallan dos corazones 
Tan fiiortemente tinidos. 
Que unos y otros latidos 
Se escuchan a la par. 

Aunque Byron conocía el idioma español, como lo prueba la 
traducción del romance sobre la toma de Alhama no parece 
que haya tomado la idea fundamental de su composición de 
los siguientes versos de Calderón en el Pintor de su (lesh'''nra, 
que transcribimos aquí como una feliz coiaelder.cia entre dos 
grandes genios poéticos. 

Las dos fuimos 
Tau amigas, que pudieron 
Juzcrar nuestros corazones 
Regidos de un movimiento, 
Que había en un cuerpo dos alma^, 
O estaba un alma en dos cuerpos. 

70" — Página 335 
AMOR SECRETO 

Recuerdo que cuando escribí esta composición ahora muchos 
años, el plan me fué su.gerido por la lectur^i de unas estrofas en 
francés que desde entonces no he vuelto a leer y que adop- 
tando la ingeniosa idea de hacer una declaración de amor, 
protestando que no se tiene tal intención procuré vestirla con 
Imágenes y pensamientos originales. Don Juan María Gutiérrez 
ha hecho de aquella composición una imitación que bajo el tí- 
tulo de Vo lo diré se publicó en el Iniciador de Montevideo. 
AJ escribir la mía tuve presente algunas de sus mejores estrofas. 

71" — Página 337 

Por eso te amo cual lejana estrella 
Que resplandece en el inmenso cielo, 
Y que, sin alcanzarla deede el suelo. 
Ka nuestra frente su íulgor deetella. 



« Qni pouffrp, vers de terre amoureux d'une étoile: 
« Et aui se menrt en has, qnand vous LriUez en haut. » 
/ víCTOE Hroy. 



índice 



Bartolomé Mitke 

Mitre poeta, pok José Cantarell D.vrt 

Advertencia a la 3." fuioiÓn 

Advertencia del editor í)e la segunda edició: 
CARTA-PREFACIO de I a primera edición . 



Págs. 

IV 

VII 

XVII 

XIX 

XXIII 



LIBRO PRIMERO 
poesías PATRIÓTICAS 

I — Recuerdos de Buenos Aires 3 

II — A la derrota del Quebracho y 

III — La muerte de Zacarías Alvarez . "5 

IV —Al sol del 25 de Mayo de 1844 21 

V —El Corsario 41 

VI — Elegía a Lavalle 47 

VII — José Campen 57 

VIII — ^Himno a los inártires de la libertad ... 65 

IX — Invocación . 79 

X —Al Cóndor de Chile 83 

XI — La oración de Setiembre 87 

XII — A la América 91 

XIII — A los mártires de la Independencia .... 93 

XIV —El Inválido 95 

XV — La Campana 99 

XVI — Sátira a Sandoval 103 

XVII —Grito de alarma 1^19 

XVIII— Himno al 25 de IVayo 117 

LinRO SEGUNDO 
ARMONÍAS DE LA PAMPA 



I —A un Ombú en medio de la pa^pa 

II — A Santos Vega, Payador Argentino 

III — El Pato. Cua-lro de costumbres 

IV — El caballo del gaucho .... 



12?, 
127 
133 
145 



374 ÍNDICB 

PáSS. 

V — La revolución del sud .... 14'J 

— I A Buenos Aires 149 

— II El Alzamiento 151 

— III Chasccmús 156 

—IV Castelli 159 

— V Los emigrados 161 

—VI Epílogo 164 

LIBRO TERCERO 
poesías DIVERSAS 

I —El Vals 167 

II — Desesperad 'n 371 

III — En la tumba de un poeta 175 

IV — Plegaria para adormecer a una sonámbula . . 189 

V — Una lágrima de amor 193 

VI — A la muerte de Adolfo Berro ir5 

VII — A", violinista Camilo Sivori 199 

VIII —¡Adiós por siempre! 201 

IX — ;Com.o ti'i! 205 

X . — Desperlida 2f!9 

XT —Tu Estrella 213 

XII —Nada diré 215 

XIII — En el álbum de la hija postuma de un compa- 

ñero de armas 219 

XIV — Un retrato fin nombre 221 

XV —Noches de Di-iembre 227 

XVT — Dos Pensamientos 231 

XVn —SI Ve^o 2^5 

XVIII — La agonía del poeta 239 

LIBRO CUARTO 
poesías FAMILIARES 

I —A mi hija Delfina 247 

II — A un amigo de 24 horas 259 

ITI -Lps Tres Marías 261 

IV —En un álbum . 265 

V — Al pnmo^órito de un amigo 267 

VI — ;.Por qué llorar? 271 

VII — A la niña Leonor 275 

VIH — E'.isa en la tumba 277 

IX — A un ami'-o (y a un médico) 281 

X —¿Qué podré decir? 283 

XI — A un ami^ro, devolviéndole un libro .... 287 

XII —Una flor del alma 291 

XIII —Mi Estrella 293 



ÍNDICE 375 

LIBRO QUINTO 

IMITACIONES Y TRADUCCIONES 

Págs. 

I — El Cementerio de la aldea 299 

II —El Salmo de la vida 307 

III — El Apóstol de Béranger 309 

IV — Lo que es amor 313 

V —Vivo en ella 315 

VI —¡Adiós! 319 

VII —La Santa Alianza 321 

VIII — El pescador de perlas 325 

IX —A una mujer 327 

X —A Colón 329 

XI — El Utopista Rivadavia 331 

XII —Amor secreto 335 

XIII — ¡Adiós! (La última canción de Béranger) . 339 

XIV — La mujer caída . 341 

XV — -La oración por todos 343 

Notas 347 



I 



§2P'iO^SíS 



Tall. Gráf. L. J. Rosso y Cía. 
Belgrano 475 — Buenos Aires 



Revista de Filosofía 

CULTURA - CIENCIfíS - EDUCñCIÓN 

Publ¡c2c¡ón bimestral dirigida por JOSÉ INGENIEROS 



APARECE EN VOLÚMENES DE 150 A 20C PÁGINAS 

Estudia problemas de cultura superior e ideas generales 
que excedan los límites de cada especialización científica. 
No edita artículos literarios, políticos, históricos ni forenses. 

Desea imprimir unidad de expresión al naciente pensa- 
miento argentino, continuando la orientación cultural de 
Rivadavia, Echeverría, Alberdi y Sarmiento. 

Ha publicado artículos de Florentino Ameghino, José M. 
Romos Mejia, Agustín Alvarez, Joaquín V. González, 
Rodolfo Rivarola, Ángel Gallardo, Pedro N. Arata, Jorge 
Duclout, Carlos O. Bunge, Francisco de Veyga, J. Alfredo 
Ferreyra, Víctor Mercante, Julio Méndez, Enrique Martínez 
Paz, Gregorio Araoz Alfaro, Carlos Ameghino, Martin 
Doello Jurado, Salvador Debenedetti, Juan W. Gez, Ricardo 
Rojas, Maximio S. Victoria, Alfredo Colmo, Alicia Moreau, 
Emilio Zuccarini, Augusto Bunge, Vicente D. Sierra, Raúl 
A. Orgaz, Teodoro Becú, Ramón Melgar, Julio Cruz Ghlo, 
Nerio A. Rojas, A. Alberto Palcos, José M. Monner Sanz, 
etc., etc. 

Las personas estudiosas que deseen recibir la EEYISTA 
deben adjuntar el exiguo importe de la suscripción, estric- 
tamente reducido a los gastos tipográficos y postales. En 
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Suscripción anual: 10 $ m¡n. 
Exterior, anuali 5 $ oro» 



Redacciin y Ailíninistracílin: CALLE VIAHONTE 7S3 

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1 



'ia Cultura Argentina" 

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Biblioteca, formato mayor: $ 2 m¡n, 

Mariano Moreno 
Domingo F. Sarmiento 
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Florentino Ame^Iiino 
José M. Ramos Mejía 
Martín García Mérou 
Bartolomé Mitre 
Amancio Alcorta 

Juan B. Alberdí 
Vicente Fidel López 

Biblioteca 

Esteban Echeverría 
Bernardo Monteagudo 
Juan B. Alberdí 
Juan B. Alberd? 
Juan B. Alberdi 
Juan B. Alberdi 
Domingo F. Sarmiento 
Domingo F. Sarmiento 
Domingo F. Sarmiento 
Domingo F. Sarmiento 
Andrés Lamas 
Olegario V. Andrade 
Lucio V. López 
Ricardo Gutiérrez 
Ricardo Gutiérrez 
Hernández, Ascasubi y 

Del Campo 
Nicolás Avellaneda 
Francisco Ramos Mejía 
Florentino Ameghino 
Agustín Alvarez 
Agustín Alvarez 
Agustín Alvarez 
Vicente G. Quesada 
Martín García Mérou 
Martín García Mérou 

Juan Cruz Várela 
Aristóbulo del Valle 
J. I. Gorritl 
Gregorio de Laferr£re 



— Escritos políticos y económicos. 

— Conflicto y armonías de las razas. 

— Origen y Desarrollo de la Enseñanza Pú- 

blica Superior. 

— Filogenia. 

— Las Neurosis de los Hombres célebres. 

— Alberdi - Ensayo crítico. 

— Rimas. 

— La instrucción secundaria. 

PRÓXIMAMENTE 

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— Historia Argentina. 

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— Dogma Socialista y Plan Económico. 

— Escritos políticos. 

— El crimen de la guerra. 

— Bases. 

— Luz del día. 

— Cartas Quillotanas. 

— Facundo. 

— Recuerdos de Provincia. 

— Argirópolis. 

— Las ciento y una 

— Rivadavia. 

— Poesías completas. 

— Recuerdos de viaje. 

— Poemas. 

— Poesías líricas. 

— Martín Fierro, Santos Vega y Fausto. 

— Escritos literarios. 

— El Federalismo Argentino. 

— Doctrinas y descubrimientos. 

— La Creación del mundo moral. 

— ¿Adonde vamos? 

— Manual de patología política 

— Historia colonial argentina. 

— Recuerdos literarios. 

— Estudios Americanos. 

PRÓXIMAMP5NTB 

— Poesías completas. 

— Oraciones magistrales. 

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1916